La brisa marina despeinaba suavemente sus cabellos rubios mientras ella caminaba hacia el puerto por una calle empedrada. El suave sol brillaba sobre el mar y a lo lejos se podía apreciar como los barcos cortaban las olas al acercarse al puerto. A Emma le gustaba observar el mar, era tan misterioso y atrayente. Llevaba muchos años deseando viajar y conocer nuevas tierras pero su hermano mayor no la dejaba pues "una dama debe mantenerse a salvo sin importar nada". Sabía que el océano era peligroso pero eso solo lo volvía más deseable.

En más de una ocasión había intentado salir de su hogar, en los Países Bajos del Norte, en uno de los barcos de mercaderes que llegaban y salían del puerto pero la habían descubierto de inmediato, después de todo, al ser una joven de 16 años, rubia y de ojos verdes, llamaba fácilmente la atención. Lo máximo que le dejaba hacer su hermano era vagar por el puerto.

Todos los mercaderes la conocían y la saludaban educadamente pues creían que era tan solo la hacendada más rica de la recién fundada Ostende, pero jamás se imaginaron que ella era la representación de ese territorio. Emma se sentó en el borde del puerto para sumergir los pies en el agua. No entendía cómo, a pesar de tener más de 100 años, su hermano la seguía tratando como una niña.

La chica suspiró pensando que jamás saldría de ahí cuando de pronto vio algo que le alegró el corazón. A lo lejos pudo ver un navío español. Emma se levantó de golpe y corrió hacia el barco con una amplia sonrisa pues no había visto a Antonio desde hacía más de 50 años y ese definitivamente era su barco insignia. Aún podía recordar la última vez que lo vio, cuando él parecía tener 12 años y ella 5.

-¿Sabes algo, Em?-decía Antonio emocionado mientras veía como el mar rugía a lo lejos- Quiero viajar, quiero conocer todo el mundo…

-¡Pero te caerás por el borde!-lloriqueó la niña pues todos sabían que la tierra era plana

-No importa, quizás encontraremos algo interesante allá abajo-nada lo haría cambiar de idea- ¿te gustaría venir conmigo cuando seas mayor? Me gustaría viajar con mi mejor amiga, ¡sería guay!

Ahora que Antonio había regresado a verla, por fin tenía la oportunidad. Al llegar al barco no dudó ni por un momento en subir, pero grande fue su sorpresa al encontrarlo completamente vacío. La joven se paseó por los camarotes hasta que encontró uno lleno de ropas piratas… ¿Qué tal si se disfrazaba para sorprender a Antonio? Eso sería divertido.


La chica acababa de terminar de disfrazarse cuando de pronto escuchó como regresaban los piratas cargados de mercancías. Escondió su vestido entre el resto de la ropa cuando escuchó un grito que la hizo saltar hasta el techo.

-¡Oye novato!-le gritó uno de los piratas y le dio una caja llena de especias-¡Deja de estar holgazaneando y muévete! –Y la empujó escaleras abajo a pesar de sus quejas- ¡Deja de quejarte o lavarás la cubierta con tu lengua, maldita cucaracha!

Emma estaba tan en shock que obedeció sin rechistar más. Estaba acomodando las especias en la bodega del barco junto con otros marineros cuando de pronto escucharon unos autoritarios pasos en la cubierta.

-¡Llegó el capitán!-les anunció el maestre, un hombre de estatura promedio pero musculoso y mal encarado, y todos se empujaron por las escaleras para subir. Arrastraron a Emma como muñeca de trapo hasta la cubierta donde la formaron con los demás novatos, los marineros debiluchos y principiantes que acababan de entrar a la tripulación. La joven rubia vio como una figura subía al barco y caminaba hacia ellos.

Una vez que lo tuvo enfrente, pudo verlo. Era Antonio, definitivamente, pero había cambiado mucho. Ya no se veía como un niño de 12 años, ya era todo un joven de 20 años. Alto, fornido sin exagerar, la piel un poco más tostada de lo que recordaba, con su largo cabello castaño atado en una coleta sobre su hombro y su mirada fría con un ligero toque de decepción.

-¿Qué tal su misión, mi señor?-le preguntó el maestre amablemente – ¿Encontró a la niña?

-No-Antonio negó con la cabeza suavemente- Fui a su casa y una sirvienta me dijo que había salido de paseo, sin embargo, tenemos prisa por lo que no puedo quedarme a buscarla… espero verla en el futuro… le dejé un par de regalos que espero le agraden…

Emma estaba tan emocionada por verlo otra vez que dio un paso al frente para acercarse a él, sin embargo, el maestre la detuvo sujetando su muñeca y poniendo el filo de su espada en el cuello de la joven. Esto no pasó desapercibido por el capitán quién notó a los primerizos.

-Ah sí… la carne de cañón…-dijo el Imperio Español con una sonrisa maliciosa- Bienvenidos al Fénix, ahora que ya aceptaron quedarse en mi tripulación solo diré dos reglas: uno… no hablarán si yo no sé los autorizo y dos… cualquier falta al código del barco es castigada con la muerte, eso incluye los motines, las traiciones y la cobardía ¡¿les quedó claro, malditas cucarachas?!-al grito de "Sí, capitán", Antonio mandó elevar el ancla y partir cuanto antes.

-Ya oíste, saco de mierda, otra falta al código y te cortaremos la lengua-El maestre liberó a Emma con una sonrisa despreciable y le dio un trapo y una cubeta con agua- ¡Quiero está cubierta impecable!-y dicho esto, siguió al capitán a su camarote. La rubia se quedó paralizada en su sitio. Esto era malo, no era nada a como imaginaba que sería. Debía salir de ahí cuanto antes.

Asustada, corrió hacia el borde pero pudo ver que ya se habían alejado bastante del muelle y ella no sabía nadar pues su hermano nunca le había enseñado ni la había dejado alejarse mucho de la playa. Estaba en un serio, serio problema pues si intentaba hablar con Antonio, le cortarían la lengua.

Las lágrimas de ansiedad se remolinaron en sus ojos cuando de pronto otro de los novatos que limpiaba la cubierta se acercó a ella. Era bajo para ser un hombre, delgaducho y de aspecto débil y enfermizo. Tenía una tupida cabellera negra y vestía puros harapos.

-No debes quedarte ahí-le dijo amablemente- Si no trabajas, te echarán por la bor… ¿estás llorando? ¡No lo hagas! Sé que es difícil pero debes resistir, amigo… -y le dio un golpe en el hombro para infundirle aliento- ¡ánimo! –la joven rubia asintió y se secó las lágrimas. Tan solo debía buscar un buen momento para hablar con el español y todo se resolvería.


Antonio estaba contrariado mientras miraba por la ventanilla de su camarote como se alejaban del muelle. Tenía tantas ganas de ver a la pequeña Emma que por eso había reservado una tarde para visitarla, pero le decepcionó no encontrarla en casa. De haber tenido más tiempo, la habría buscado, aunque probablemente la pequeña niña debía estar con su hermano.

Aún la recordaba como la había visto la última vez que habían estado juntos. Esperaba que Emma, al no ser una nación consolidada, seguiría siendo esa adorable princesa de 5 años, valiente, tierna y hermosa como un angelito. ¡Qué pena no haberla visto!

-No se preocupe, capitán, llegaremos a Barcelona en el tiempo acordado para recoger más mercancía antes de dirigirnos al nuevo mundo-le dijo el maestre al ver la tristeza en los ojos del español. Antonio asintió y se sentó en su escritorio para marcar una x un gran mapa.

-Maestre de Calatrava, ¿hizo lo que le ordené?-preguntó de pronto el Imperio Español y su segundo al mando asintió sin dudar

-Sí, capitán-dijo el hombre asintiendo levemente con la cabeza- le pregunté a los habitantes del puerto si habían avistado señales de la Armada Británica y me dijeron que no, así que tenemos el camino libre de aquí a Barcelona.


¡Hola! Soy Ghostpen94, tal vez me recuerden por fics como Clessidra, Giorni di declino y El diario de las 13 colonias.

Ahora les traigo un nuevo fic que ya tenía muchas ganas de escribir, un fic de piratas! :D

Espero que les haya gustado el capítulo y que lo sigan hasta el final.

Gracias por leer y no olviden comentar

-Los personajes de Hetalia no son míos ni la imágen de portada es mía, todo es de sus respectivos autores-