Toda la habitación daba vueltas, cada vez que intentaba mantener los ojos abiertos estos se volvían a cerrar casi de manera instantánea, eso sin contar que sentía que la cabeza en cualquier punto estallaría. Podía escuchar voces lejanas pero a la vez conocidas.
― ¿estas segura Ricchan?― esa sin duda era la inconfundible y suave voz de Mugi ― ¿podrás cuidar a Mio-chan tu sola?―
― ¡que te hace pensar que no puedo cuidar de Mio!― y esa era la voz de la hiperactiva baterista.
―"Ritsu baja la voz, aras que mi cabeza estalle"― pensó Mio por que no era capaz de hablar.
― ¿no tendrás problemas si faltas a clases?― ahora era Yui quien hablaba.
―" ¿clases? ¡Por supuesto que sí! ¡Los exámenes están cerca!"―
―Mio es más importante que cualquier examen― su respuesta fue tajante y llena de seguridad.
Calidez fue lo que sintió Mio al escuchar pronunciar esas palabras de Ritsu.
―nosotras avisaremos que no podrán ir a clases hoy…vendremos a verlas en el almuerzo― pudo escuchar como la voz de Mugi se alejaba y el sonido de la puerta de la habitación de cerrándose.
Sentía mucho frio, quizás producto de la fiebre, justo cuando intento abrir los ojos un paño húmedo fue colocado en su frente.
―ne Mio-chan, descansa…es la gran Tainaka quien te está cuidando―
―"baka eso es lo que me preocupa"― fue el último pensamiento de Mio antes de quedarse dormida.
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¿Cuánto fue? ¿10 minutos? ¿Una hora? ¿Un día? ¿Por cuándo había dormido? Mio abrió los ojos, esta vez a pesar de lo pesados que se sentían los logro mantener abiertos, miro hacia todos lados, estaba en su habitación, en la universidad, lejos de casa y de sus padres para que la cuidaran ahora que estaba enferma. Quiso incorporarse pero un ligero mareo se lo impidió haciéndole caer de nuevo en la cama.
― ¿abre delirado sobre que Ritsu me cuidaba?― se palpo la frente y ahí estaba el paño ahora seco ―quizás no―
La puerta de la habitación se abrió mostrando a una preocupada Ritsu que cargaba unas bolsas de súper, la cual al ver a Mio despierta mostro una de sus mejores sonrisas.
―lamento haberte dejado Mio― dijo mientras colocaba las bolsas en una pequeña mesita ―fui a buscarte algo de comida y medicinas―
Mio observaba a la castaña quien habría un termo y vaciaba su contenido en un tazón.
―Toma― dijo llevándole hasta la cama una bandeja con un tazón de sopa caliente, unos panecillos, un vaso de jugo de naranja y dos tabletas blancas.
―Ritsu― fue todo lo que pudo decir Mio mientras sentía sus mejillas se sonrojaban, por suerte la fiebre lo disimulaba.
―ya no había nada en el comedor así que tuve que salir a buscarte algo decente de comer― dijo mientras sonreía.
―no…no tengo hambre―dijo Mio con voz cansada.
―ne vamos Mio-chuan, así te recuperaras pronto― Ritsu tomo la cuchara y como si Mio fuera un bebe le intentaba dar de comer en la boca.
―es...espera― Mio fue callada por la cuchara estrellándose en su boca ―"rica"―pensó.
Después de unos minutos el tazón quedo vacío, el jugo se acabó y las tabletas tomadas por indicaciones de la doctora Ritsu. Mio volvió a sumergirse en el mundo de los sueños esta vez con la seguridad de que estaba en buenas manos.
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Cuando volvió a abrir los ojos pudo ver desde la ventana como el cielo se tornaba de color naranja, busco con la mirada a su cuidadora y la vio dormir en una silla justo a un lado suyo, tenía la diadema sobre la cara por lo tanto su cabello caía libremente sobre su frente, los labios semi abiertos y los brazos cruzados sobre su pecho, Mio no pudo evitar sonreír al verla de ese modo.
―baka Ritsu, faltando a clases para cuidarme―
La mencionada abrió los ojos y al ver a Mio despierta se levantó de un salto.
― ¿te sientes mejor?― la castaña palpo la frente de la bajista ―aun tienes fiebre― dijo preocupada.
Mio se sintió nerviosa al tenerla tan cerca, podía oler su aroma, podía sentir su respiración, quizás la fiebre la hacía delirar pero quería sentir sus labios. Salió de su pequeño trance cuando el paño frio golpeo su frente.
―descansa Mio, yo estaré aquí―
Quería desobedecer la orden pero su cuerpo la acepto casi de inmediato, poco a poco comenzó a caer en el mundo de los sueños.
―siempre estaré aquí― pudo escuchar muy a lo lejos.
―nunca te dejare sola― la voz cada vez era más lejana.
―Mio…te amo― fue lo último que escucho antes de caer completamente dormida.
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Cuando al fin abrió los ojos lo primero que hizo fue mirar hacia todos lados en busca de esa persona.
― ¿lo abre soñado?... ¿acaso todo fue producto de la fiebre?―
Intento moverse pero su cuerpo estaba atrapado por cierta castaña que tenía sus brazos alrededor de su cintura.
―no importa― sonrió antes de volverse a acostar.
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Holaaaa, ¿qué les pareció? Espero no me haya quedado tan del asco teniendo en cuenta que al igual que Mio moría por la bendita fiebre, gracias a la cual me inspire para esta historia.
Quería ver a una Ritsu responsable que cuidara a Mio.
En esta semana subiré el sig capítulo de "crónicas sin futuro"
Sin más me despido, espero sus comentarios.
