Dedicada para mi amiga: Soraya Andrew en honor a nuestro querido, enigmático y serio George Johnson

EN BUSCA DE UN AMANTE

CAPITULO # 1

Por. Tatita Andrew.

George no sabía que razones lo habían traído de vuelta a Londres, se sentó a esperar que ambos llegaran.

Allí estaba él, un hombre que en su juventud había pasado hambre necesidad, y que por esa misma razón, las mujeres pagaban por estar con él, ahora ya tenía más de cinco años que no se había acostado con una. Su gran amigo Rafael apareció anunciando que la mujer había llegado.

En aquel entonces ambos eran unos jóvenes de 13 años, que se habían escapado de casa. Ahora se habían convertido en hombres de cuarenta años, todavía huyendo de su pasado.

-¿Esta sola?

-Sí

Solo de pensar el placer que le esperaba con aquella mujer sus testículos se encogieron ante la expectativa.

-¿Todavía no es tarde George? Sí deseas aun le puedo decir que se vaya.

Pero ya habían pasado cinco años, y no podía dejar pasar esa oportunidad una mujer que lo deseara de verdad.

-No te preocupes por mí, llévala a mi mesa

-¿Estas tan desesperado por una mujer George?

Sí lo estaba pero como decirle a su amigo, que todos esos años había podido enterrar el dolor de su infancia, entre el sabor y el olor de las mujeres. A través del placer que sentía, encontraba un poco de paz y consuelo, para su alma. Que llevaba más de cinco años, que no había tocado otra mujer desde la última vez que había amado con todas sus fuerzas. No podía dejar pasar esta oportunidad.

-¿No lo estarías también tú? En mi caso.

Y sin decir más su amigo se había perdido tras la cortina en busca de la mujer que esperaba.

Después reapareció en la puerta con una mujer cubierta con una capa de terciopelo gris, que ocultaba su cara, se veía que era muy elegante, con toda seguridad se notaba que no vestía como una prostituta.

Espontáneamente su miembro viril se endureció como preámbulo de lo que le esperaba.

Imagino lo que sería acostarse con una mujer que lo deseara de verdad. Estaba dispuesto a hacer todo lo que estaba en sus manos para llevarla al orgasmo, todo lo que había aprendido en esos años, sus labios, su lengua, sus manos, su masculinidad, la llenaría de besos ardientes, caricias atormentadoras, mordiscos todo lo que fuera necesario para que aquella mujer no pudiera olvidarlo jama.

Sin decirse nada podía sentir su mirada a través de la capucha gris que no lo dejaba apreciar mejor su rostro.

Allí estaba parada junto a él la mujer la cuál le estaba pagando para tener sexo con él. Al fin rompió el silencio.

-Buenas noches soy George Johnson

La mujer se acercó hasta una silla sentándose frente a él.

-George Johnson, saludo en voz baja, culta y un poco seductora ¿Cómo está?

La luz lo dejo una barbilla firme y un rostro hermoso, aunque parecía estar calmada él podía notar su nerviosismo por lo que decidió tranquilizarse un poco, el notario de ella le había dicho que tenía que pasar por esa entrevista del primer encuentro, si quería que ella aceptara el negocio. No quería parecer desesperado. Quería que ella lo deseara tan intensamente que lo hiciera estremecerse de deseo.

Empezó a hablar tranquilo, como si no hubieran pasado cinco años desde que estuvo tan cerca de una mujer, si no hubieran pasado cinco años desde que se sentaba a una mesa con una mujer.

-¿Desea champan madame?

-¿No estoy casada? Si esa es su pregunta

Le sabía todo sobre ella que se llamaba Rosemary Andrew, que era soltera, tenía 30 años, sus ojos eran verde casi del color de la esmeralda, a través de la capa podía ver un hermoso cabello rubio.

-¿No me importaría que usted estuviera casada? Dijo mintiéndole un poco.

-Creo que sí, me gustaría tomar una copa, gracias.

Después de hacer seña con la mano, inmediatamente apareció un caballero con una bandeja con champan, dos copas y unos cubos de hielo.

-El servicio aquí es excelente comento la chica con amabilidad.

Y George se preguntaba si dijera lo mismo al saber que aquel camarero, también prestaba servicios sexuales allí, que si ella seguiría siendo tan delicada, envuelta en unas suaves sabanas de seda.

- La casa de mi amigo Rafael es conocida por los servicios que presta.

Al pasarle la copa entre las manos, no pudo evitar sentir una electricidad que le recorrió el cuerpo incluso a través de los guantes que ella llevaba podía apreciar su piel. Hacía cinco años que una mujer no tocaba sus manos.

-Porque tiene el apodo de tres metros sobre el cielo.

-Por mi habilidad de llevar a las mujeres al orgasmo y cuando lo alcanzan conmigo las llevo a tres metros sobre el cielo. Pudo notar el asombro y la sorpresa en los ojos verdes de aquella dama.

Ella trago saliva mientras preguntaba

-¿Usted ha estado con muchas mujeres?

-Sí con muchas

-Y a todas las ha llevado al orgasmo.

-A todas – dijo mientras jugaba con la redondeada base de su copa- Y todas las veces.

La impresión hizo que ella derramará la copa sobre sus guantes y dijo.

-¡Soy virgen!

Dios mío, jamás él se imaginó esa confesión. Se preguntaba porque en todos estos años, no se había acostado con nadie.

Y lo peor es que el jamás se había acostado con una virgen.

Acercándose hacia adelante para mirarla a los ojos le dijo.

-Porque está haciendo esto, con todo el dinero que me piensa pagar, cualquier soltero de este lugar se casaría con usted, cualquiera se casaría con usted. ¿Por qué está haciendo esto? ¿Por qué conmigo?

-Tal vez Sr. George porque he visto demasiada veces la muerte en mi trabajo como enfermera. Tal vez porque al igual que otras mujeres también desee llegar a tres metros sobre el cielo.

-Sabe que la acariciare y le hare cosas, que nunca en su vida se ha imaginado, sabe lo que le pasará cuando la lleve a la cama.

-Sí no lo supiera no estaría aquí.

-No es demasiado tarde Rosemary, todavía se puede arrepentir. Dijo tratando de disuadirla que se retirara a tiempo.

-No deseo cambiar de opinión dijo con convicción.

A pesar de todo su respuesta lo alegro, y no la iba a decepcionar durante el tiempo que estuviera con ella.

-Un mes de placer, Haré todo lo que usted desee, y cuantas veces usted lo desee.

-Eso es lo que estoy comprando Sr. George.

George sabía que Rosemary había adquirido su fortuna hace poco al morir sus ancianos padres.

-Le aseguro madame que no olvidaré lo que usted está comprando.

Se levantó de su asiento y le ofreció su mano para ayudarla a ponerse de pie.

Ella dudo un breve instantes antes de aceptarla.

George la condujo entre las mesas, mientras las demás personas cenaban, ella ocultando su cara mientras el levantaba más su rostro para que todos pudiera verlo, ante los hombres con cuyas mujeres, esposas, hijas y amantes se había acostado él tantas veces, ya era hora que sepan que George Johnson había regresado.

Ella se detuvo al ver que el la conducía hasta la salida.

-Tenía entendido que en la parte de arriba hay habitaciones para alquilar.

Sí en el piso de arriba había toda clase de habitaciones, pero él no quería que su primera vez fuera en un lugar como ese.

Y volviéndose hacía ella la recostó contra el marco de la puerta mientras tomaba con las dos manos su rostro. Al ver que ella no puso resistencia al contacto de su piel, calculadamente la aprisiono más contra la pared y la presiono contra su ingle.

Su cuerpo debajo del vestido parecía responderle con tanta sensualidad, a pesar del vestido y el corsé de ballena no ocultaba la erección de sus pezones, sus mejillas eran tan suaves como el terciopelo. Incluso más que su vestido.

El inclino la cabeza hacia delante inhalando los olores de su jabón, de su inocencia y el perfume seductor de su deseo.

-Debe confiar en mí- le susurro George al oído, Cuando finalice la noche conoceré cada milímetro de su piel. Exploraré todos los resquicios de su cuerpo, Si no puede contemplar la idea de fiarse de mí de manera completa e incondicional, los términos de nuestro contrato no podrán cumplirse. Y me veré obligado a decirle adiós ahora mismo.

Pero eso era una mentira después de esa noche él no era capaz de abandonarla, ni esa noche ni tampoco mañana.

La besó ligeramente con sus labios intactos por el fuego que le había quitado todo.

Fue la esperanza de un beso, el susurro de su aliento, el chasquido de su lengua. Un preludio y una promesa.

La electricidad fluyó entre ellos.

La necesidad de él.

La necesidad de ella.

Ella deseaba acostarse con un hombre.

Él deseaba perderse dentro de una mujer.

Ella jadeo por la presión de beso, con un aliento tan dulce. Y sintió que se acercó furtivamente hacía su masculinidad y sus pechos presionándose contra el suyo. Cuando al fin pudo respirar le dijo

-Le aseguro que los términos del contrato serán cumplidos Monsieur George. ¿Nos vamos?

George Johnson ocupa el asiento al frente de ella, sentía que se le robaba el aire, su presencia era imponente en su mente todavía estaba vivo el recuerdo de ese beso que la dejo anhelando más. Lo deseaba lo que George no sabía, es que ella lo había conocido 18 años antes y había pensado que él era el hombre más apuesto que hubiera visto en su vida. Y ahora era suyo, había pagado por él, con el dinero que sería su dote de haberse casado.

-Ha dicho que haría todo lo que yo quisiera pregunto Rosemary con audacia – Y ha dicho que lo haría tantas veces como yo quisiera.

-Para eso me paga Rosemary

-Pero que pasa si una mujer no sabe que pedir- pregunto con una voz sorprendentemente fuerte - Que pasa si no sabe cuántos dedos quiere tener dentro de ella.

-Entonces se los introduciría uno por uno —dijo George con una voz oscura y áspera—, hasta que ella no aguantase cómodamente ni uno más.

Rosemary apretó los muslos ante la punzada de deseo que iniciaba en ella y por la dureza de sus palabras y lo explicita que estas eran.

-¿Cómo sabrá que estoy completamente preparada?

-Cuando su cuerpo este caliente y húmedo.

Pero ella ya sentía todo su cuerpo caliente y húmedo en la espera de lo que podría pasar esa noche.-

-¿Cuántas veces puede... llevar a una mujer hasta el orgasmo?

-Tantos orgasmos como ella quiera. Tantos orgasmos como quieras, mi amor.

Cuando el pronuncio aquellas palabras, su voz se hizo más profunda y sensual, que prometía todo lo que ella siempre había querido, actos sexuales que ninguna virgen se atrevería a soñar y tuvo miedo.

-Le pido de favor que no me diga mi amor- yo no soy su amor soy su patrona.

Dios mío. ¿Qué estaba haciendo?

Sus padres, viejos y enfermos, habían muerto hacía menos de un año. Sin embargo, en vez de llorarlos, sólo se preocupaba de sus propias necesidades egoístas.

-¿Has visto alguna vez a un hombre desnudo, querida?

Rosemary tuvo que haberlo reprendido por la forma familiar con que le hablaba, pero no pudo, tantos años y nunca una persona le había dicho una palabra cariñosa ni siquiera sus padres o sirvientes, y además porque en el interior sabía que toda la vida había estado enamorada de ese hombre desde el primer día que lo vio, y ahora era su oportunidad aunque hubiera tenido que pagar por ella.

-No jamás he visto a un hombre desnudo.

-¿Sabes con qué profundidad voy a poseerte cuando me introduzca dentro de tu cuerpo?

-Si me pregunta que sí sé lo profundamente que va a penetrarme, la respuesta es no —dijo Rosemary sin desviar la mirada de sus ojos color miel.

-Pero quiero saber, George. Quiero saber lo profundamente que van a penetrarme sus dedos y su cuerpo. Si no quisiera saberlo, no estaría con usted en este carruaje.

El carruaje se detuvo de forma brusca.

Se le estremeció el corazón. George sin decir nada bajo del vehículo y le ofreció su mano. Ella en lo único que pensaba al ver sus manos era ¿Cómo sería cuando el introdujera sus dedos dentro de ella? ¿Sería dos o tres o cuatro? Los que introduciría, como prepararía su cuerpo para recibir a un hombre tan bien dotado. Ella acepto su mano, sintió que un calor abrasador atravesaba incluso los guantes que llevaba en su mano. ¿Sería así de caliente su miembro al introducirse dentro de ella? Esa y un sinnúmero de preguntas pasaban por su mente en ese momento.

Por un momento al ir de la mano donde e, la llevaba pensó en salir corriendo detrás del carruaje que se alejaba, ciertamente podría casarse con algunos de los hombres que vio en el bar donde estuvo, ciertamente cualquier hombre quisiera hacerla su esposa, pero ella deseaba más, como lo había hecho hace años cuando conoció a George.

Se dejó guiar por él hacía arriba a través de una escalera, brevemente pudo contemplar la casa que la había llevado, aquella casa no tenía el aspecto de una residencia. Parecía más bien un hogar. Todo olía a flores no como su casa, que olía a enfermad, a polvo, a humedad.

El abrió la puerta de una habitación, en donde estaba una enorme cama, todo en ella era hermoso al igual que el hombre que estaba parado frente a ella.

-¡Dame tu capa! Dijo él acortando la distancia entre ambos.

-¡Gracias!, aquellas manos se acercaron a ella, y desabrocho los botones de su capa uno a uno, hasta sus senos.

Una sensación de calor, se apodero de toda ella. Las cosas iban demasiado rápido.

-No he traído camisón- dijo impulsivamente.

Sus pestañas negras se levantaron muy despacio y fue atrapada por sus ojos negros.

-No lo necesitarás mientras la iba despojando de todo, de su bolso, de su capa.

Ella se sentía desnuda y ya se imaginaba la siguiente prenda que le quitaría, no quería que le viera sus senos, pero ansiaba tanto con verlo desnudo, jamás había visto uno. Y por la suma que estaba pagando bien valía.

-¿Desnúdate para mí por favor? Ni ella misma se reconocía la voz.

-¿Quieres verme desnudo? Eres virgen y no quiero que te asustes ante un hombre desnudo.

-Y si te asustas.

-Te aseguro que no pienso correr. Dijo insinuante.

Hábilmente George se empezó a quitar la chaqueta, desabrochando uno a uno los botones, sin dejar de mirarla. Y empezó a quitar los botones de su chaleco blanco, pero George al sentir la mirada de deseo de Rosemary, se puso nervioso y ella lo noto.

-Deja que yo te ayudo dijo acercándose y retirando las manos de él, para ella empezar con la ardua tarea, las manos le temblaban, el pulso se le aceleraba, nunca se había sentido tan inepta ante un enfermo, pero la sangre se le agolpaba en sus mejillas que las tenía toda roja.

Él se agacho colocando sus labios en los suyos.

-¿Qué es lo que quieres Rosemary?

Ella tuvo miedo, pero no quería retroceder antes sus estúpidos temores virginales.

-Lo que quiero es que me lleves al orgasmo

-¿Cuántas veces?

Las veces que mi cuerpo lo permita.

-¿Y cuántos dedos quieres?

-Los que mi cuerpo acepte.

-¿Y a qué profundidad quieres que llegue?

-Tan hondo como puedas penetrarme.

Sus ojos negros se encendieron.

-¿Algún hombre te ha tocado alguna vez los senos?

-Qué difícil era admitir la verdad. -No.

El corazón de Rosemary golpeaba con fuerza mientras el terminaba de quitarse la camisa. Y empezaba por los pantalones, cada botón que desbrochaba revelaba cada vez más el rizado vello negro que descendía de su pecho y se arremolinaba alrededor de su estómago.

Se terminó de quitar los pantalones ella casí se queda sin respiración al verlo acercarse hacía ella, con su miembro viril que se balanceaba a medida que se acercaba, tenía razón George al decir que no estaba preparado para verlo desnudo. Él se acercó tanto a ella que rozo su miembro contra su falda de seda.

Él se estremeció.

Ella se estremeció.

-Te daré el placer que buscas, dijo muy cerca de sus labios- Pero debes confiar en mí.

Una mano morena se alzó hacía su cabello levantado en un moño que ella misma se había alzado, y lentamente empezó a despojarla uno a una todas las horquillas cayendo al suelo.

Ella no sabía qué hacer ni que decir, solo se quedó quita como le habían enseñado, mientras su corazón latía desesperado.

CONTINUARA…

Espero que les vaya gustando y me dejan algún comentario gracias..