Nota de Nyaar: Bienvenidos ;) Dignitas pretende ser una historia sobre la familia Malfoy, aventuras y desventuras de los miembros varones, sobre todo. Básicamente viene a ser la historia de cómo Draco, de la mano de Lucius y Snape, se da cuenta de que toda la verdad es más dura y peligrosa que sólo la parte que le interesa.

Sí, es un Dramione, pero por requerimientos de la historia… Purebloods forever XD De todos modos, si eres Dramione espero no defraudarte… aunque si eres fan de los Malfoy en general no creo que lo haga. Ahora, si esperas encontrar dramione smut, o que ellos sean los protagonistas indiscutibles, esta no es tu historia.

Y está completa! Así que no os quedaréis sin saber el final…

Dadme un voto de confianza… Lo pasaréis bien ;)


DIGNITAS.

Dignitas: Genuino concepto romano que no traduce el significado exacto de "dignidad". Referido a la categoría personal del individuo dentro de la sociedad, implicando valía moral y ética y su derecho al respeto y a un adecuado tratamiento. De todos los valores que un noble romano poseía, la dignitas era el más sensible, y para defenderlo estaba dispuesto a ir a la guerra o al destierro, a suicidarse, a ejecutar a su esposa o a su hijo.

Coleen McCullough, El Primer Hombre de Roma.

This is the end of all hope: to lose the child, the faith, to end all the innocence, to be someone like me…


CAPÍTULO 1

- ¡Nayara!- la voz de su madre la trajo de vuelta del mundo de los sueños- ¡Nayara, levántate que llegaremos tarde a coger el Expreso de Hogwarts!

- Ya voy mamá…- contestó Nayara remolona, sacando nada más un pie fuera de las sábanas.

- Pues venga levántate ya - dijo su madre sentándose a su lado en la cama -si no vendrá Joelle y te destapará…- Hermione rió mientras le acariciaba el pelo de su hija mayor.

Nayara se desperezó y abrió los ojos grises que había heredado de su padre.

- ¿Ya tienes preparado todo?

- Hmm, sí… creo que no se me olvida nada - Bostezó Nayara apartando perezosamente sábanas y mantas.

- Dale un repaso por si acaso. Voy a hacer el desayuno- hizo una pausa- No tardes en bajar¿eh?- La avisó señalándola con el dedo medio en broma cuando se levantó.

- Siií - Contestó Nayara aún estirándose.

Antes de que Hermione saliera del cuarto de Nayara, su otra hija, la pequeña Joelle entró a la carrera en el cuarto.

- ¡Nayara! - gritó la pequeña casi saltando encima de su hermana- ¿Te vas al colegio hoy?- Preguntó Joelle con los labios dibujándole un puchero.

- Sí - Nayara se incorporó y sentó a la niña en su regazo.

Joelle enseguida agarró uno de los rizos dorados de su hermana mayor y jugueteó con él. Le encantaba el pelo de Nayara. Tenía el pelo rizado de su madre y el color rubio platino de su padre y siempre que tenía la oportunidad de tocárselo, no la dejaba escapar.

- Me voy a poner triste si te vas - Le decía la niña enfurruñada, como intentando convencer a su hermana de que no se fuera.

- Ay, pequeñaja…- Nayara empezó a hacerle cosquillas en la barriguita y la niña empezó a reírse - Sabes que me tengo que ir…

- Jooo… pero es que… ¡te vas mucho tiempo! - Dijo la niña entre risas.

- En las vacaciones de Navidad vuelvo, y además- hizo una pausa para despertar la curiosidad de la pequeña- te traeré chucherías- Dijo Nayara en tono cómplice.

- Woooo - A Joelle se le iluminó la cara- ¿de ésas que mamá y los abuelos no nos dejan comer? - Preguntó la niña en voz baja temerosa de que su madre las oyera mientras planeaban la travesura.

- Sí, de ésas - Le contestó su hermana mayor guiñándole un ojo.

- ¡Qué bieen! - Exclamó la niña abrazando a su hermana.

- ¡Nayara! - llamó Hermione desde abajo- ¡Baja a desayunar con tu hermana!

- ¡Ya vamos!

La casa de Nayara no era especialmente grande ni lujosa, sino que podía pasar perfectamente por una casa más en Inglaterra de no ser porque sus padres utilizaban magia para conseguir cosas que los muggles tenían que hacer manualmente.

Sus padres tenían trabajos dignos, y ganaban lo suficiente para vivir con holgura y permitirse algún capricho a lo largo del año. Las Navidades solían ser abundantes en regalos, una auténtica fiesta para las niñas. Y todo hay que decirlo; los padres disfrutaban con las fiestas casi tanto como ellas…

En la mesa del comedor estaban dispuestos todos los útiles de desayuno, además de un plato con tostadas y mermelada y una jarra de leche que flotaba inofensivamente en el centro.

Joelle se sentó rápidamente, relamiéndose pensando en el festín y Nayara la siguió, buscando a su madre con la mirada.

Hermione, con una mano en su abultado abdomen de embarazada, estaba preparando la comida del día a golpe de varita, pues tenía que dejarla preparada por las mañanas antes de marcharse. Miró hacia sus niñas, un poco triste por tener que empezar a preparar comida para uno menos, pero no dejó que ese sentimiento aflorara. En vez de eso, las sonrió dulcemente.

- ¿Dónde está papá¿Hoy entra tarde? - Preguntó Nayara sirviéndose una tostada e intentando controlar que Joelle no se tirara nada encima.

- No. Creo que se ha puesto malo… Voy a dejar que duerma un rato más y cuando venga veré a ver como está - Le dijo la bruja con un suspiro. La chica rubia frunció un poco el gesto.

- El año pasado papá también se puso malo el día que me iba a Hogwarts… - Comentó dándole un bocado a la tostada. Hermione se volvió y sonrió levemente.

- Será que se pone malo de pensar que te vas tanto tiempo - Se rió, pero pronto volvió a sus tareas con un suave suspiro. Nadie mejor que ella sabía lo que le gustaría a Draco acompañarlas al andén 9 3/4, pero no podía ser. Por su seguridad, era lo mejor que podían hacer…

El desayuno continuó sin contratiempos, con Joelle aprovechando el último desayuno que tendría con su hermana en mucho tiempo. Nayara estaba feliz de volver a Hogwarts, y era toda sonrisas y juegos con la pequeña, a la que echaría mucho de menos.

Lo pasaba bien en el Castillo a pesar de no ser especialmente popular entre sus compañeros. No solía faltar a clase, entregando puntualmente sus deberes, y berreaba en el Quidditch como el que más, jugando con la nieve en invierno y aplicándose para los exámenes de junio. Ciertamente la vida en Hogwarts era muy diferente a la que pudiera llevar con sus padres, pero era toda una experiencia que no se perdería por nada del mundo.

Así, aunque se iba triste de casa porque no le gustaba separarse de su familia, la melancolía quedaba pronto empañada por sus correrías por el castillo.

Una vez que Nayara tuvo listo todo lo referente a su baúl, esto es, después de haber sido obligada a comprobar que llevaba todo lo que pudiera necesitar, corrió a dejarlo en el piso de abajo junto con la jaula de su lechuza.

Joelle la había estado persiguiendo sin tregua mientras hacía las comprobaciones, y más de una vez había tenido que hacerle cosquillas sobre la cama para que la dejara tranquila, pero su madre la había ido a rescatar porque tenía que vestirla.

Miró su reloj y comprobó la hora; faltaba poco para que se marcharan. Miró a su alrededor, a la casita a la que volvería en tres meses, por Navidades, y decidió subir con cuidado al dormitorio de su padre y ver cómo estaba. No quería despertarle, pero tenía que despedirse de él…

La puerta estaba entornada cuando llegó, y la chiquilla entró casi de puntillas para no hacer ruido. Draco dormía boca arriba, con el pelo rubio despeinado sobre la almohada blanca, tapado hasta la cintura, y una expresión indefinida en el rostro.

Era curioso, pensó Nayara, el verle dormir sin su madre al lado…

Se acercó a él despacio y se agachó a su lado.

- ¿Papá? - le llamó en voz baja, y él se movió, remolón, entre las sábanas - Papá… me voy a Hogwarts. Venía a despedirme de ti.

Draco gruñó algo y abrió los ojos perezosamente para volverse hacia su hija. La chiquilla sonrió y se sentó en la cama junto a él.

- ¿Cómo estás?

- Bien… - Le dijo él suavemente alargando un brazo para tocar sus rizos rubios - ¿Ya es septiembre…?

- Sí. Y mamá ya debe estar abajo esperándome - Nayara le dio un beso y se apretó contra él, cariñosa. Él la dio un rápido beso en la mejilla, vergonzoso como siempre que tenía que realizar alguna muestra de afecto, y se separaron.

- Prometo escribir mucho. Ponte bueno pronto¿eh?

- Lo intentaré. Pásalo bien en Hogwarts y no hagas mucho caso a tu madre. Y no acabes en el despacho de Snape o tendré que escucharle durante años… - Por unos momentos, Nayara pensó que su padre iba a saltar de la cama para seguir hablando, pues le estaba poniendo un gran énfasis a sus palabras, pero Draco suspiró largamente y cerró los ojos, silenciándose.

La niña salió del cuarto con rapidez para ir al encuentro de su madre y su hermana y, cuando Draco escuchó el silencio, se levantó de la cama y se estiró perezosamente.

Odiaba tener que mentir así a Nayara, pero era mejor que fueran solas con su madre por Diagon Alley. No quería atraer a los curiosos, ni llamar la atención sobre una familia que la gente no sabía que tenía.

Hermione y él no estaban legalmente casados, nadie sabía que vivían juntos en aquella casita apartada del mundo mágico y protegida por un fidelius. Habían querido casarse, o al menos esa había sido su intención, pero cuando estalló el escándalo de que Draco había sido desheredado decidieron que lo mejor sería no levantar la liebre.

Después de todo, siempre podrían casarse más adelante, cuando todo estuviera tranquilo y nadie le reprochara el haber ensuciado el linaje de su familia.

Volvió a estirarse frente al espejo del cuarto y se revolvió el pelo. Mejor sería que se vistiera y se fuera a trabajar deprisa, o llegaría realmente muy tarde al Ministerio….

- ¡Mira mamá! - Exclamó Joelle señalando con su manita un gran escaparate lleno de artefactos mágicos que se movían sin parar. Nayara sonrió, porque a ella siempre le había gustado la tienda de Instrumentación para las Ciencias Mágicas que había en Diagon Alley. Tenían de todo allí; osciloscopios, multitud de telescopios, medidores de todo tipo de sustancias, trampas elementales para aurors en entrenamiento y un sinfín de cachivaches que nunca había conseguido identificar.

- No tienes que comprar nada¿verdad Nayara? - Le preguntó Hermione condiciendo a sus hijas por entre las multitudes de magos y críos que discurrían por el callejón. A su respuesta negativa, la bruja siguió hablando.

- Entonces vamos directas a donde he quedado con Ronald… aunque seguro que llegará tarde, como de costumbre.

Nayara se puso muy feliz de poder ver de nuevo al auror pelirrojo amigo de su madre, y Joelle aplaudió aprobando la idea. Ron era siempre muy simpático con ellas y casi siempre que las veía les regalaba cosas.

No conocían realmente la historia, pero sí sabía que Ron y su madre habían compartido curso y Casa en Hogwarts. Aunque su padre también pertenecía a la misma promoción, el tío Ronald y su él no se llevaban bien y seguramente no lo hubieran hecho nunca.

- ¿Dónde hemos quedado con él?

- En El Caldero Chorreante, por supuesto…

Las tres siguieron su deambular, parándose aquí y allá en los escaparates que quería ver Joelle, luchando contra la corriente de personas hasta que de pronto se toparon con una multitud de gente que tapaba la calle.

Sus voces eran como el zumbido de una colmena, y apenas se les entendían los murmullos, y sólo se escuchaba claramente a los aurors que intentaban controlar la situación. Hermione se preocupó al ver sus rostros intranquilos e incluso asustados.

- Nayara, quédate aquí con Joelle y no os mováis hasta que venga - Dijo la bruja en un tono serio que ambas sabían no admitía réplica.

Hermione echó a andar hacia la multitud, mirando un par de veces sobre su hombro para comprobar que sus hijas seguían allí, y sintió un peso en el estómago al ver lo que toda aquella gente estaba viendo. Y entonces entendió por qué estaban tan trastornados.

"Gobernados por la Sangre"

Las palabras estaban pintadas con sangre en la pared de la botica, presumiblemente del cadáver que descansaba en ella, y aunque los aurors hacían todo lo posible por eliminarlas las letras parecían repeler la magia.

- ¡Por favor apártense! - Exclamó una de los aurors perdiendo la paciencia mientras otro intentaba un nuevo hechizo anti magia oscura.

- Rebecca, por favor ve al Ministerio y trae a alguien del departamento de Uso Indebido de la Magia y, si puedes, a alguno de los especialistas en romper maldiciones.

Hermione suspiró aliviada al ver que quien dirigía al trío no era sino el pelirrojo Ron Weasley, su amigo de la infancia a quien habían ido a ver. Era más alto que la mayoría de los congregados, y su cabello rojo se distinguía sobre las demás cabezas.

- ¿Qué ha pasado? - Preguntó la bruja a un hombre bajito y canoso que estaba con la multitud.

- Hubo como una explosión, y un crack como de una desaparición. Cuando se aclaró el humo, aparecieron las letras y Mr. Cinnmond muerto - Comentó el hombre encogiéndose de hombros con expresión grave.

- ¿Así, sin más?

- Sí. Nos pilló a todos desprevenidos. La pared comenzó a brillar y escribió eso. Los aurors no pueden borrarlas, ni levantar el cadáver…

Hermione echó otro vistazo a las letras antes de dejar al hombre y volver junto a sus hijas. El hecho de que el asesinado fuera Mr. Cinnmond, defensor de los muggles, le daba qué pensar. Últimamente la Cámara de los Lores estaba bastante revolucionada con discusiones a favor y en contra de los muggles, cosa que no se veía desde que ella iba a Hogwarts…

- ¿Qué pasa? - Preguntó Nayara, quien no había soltado la mano de Joelle en todo el tiempo que su madre estuvo lejos.

- Ha habido un…. incidente. Los aurors se están encargando de ello…- dijo omitiendo parte de la verdad - Ron es uno de ellos, así que me parece no podremos verle hoy…

Las niñas hicieron "ohh" a coro, desilusionadas por no poder ver al pelirrojo.

- ¿Y por qué no le esperamos en El Caldero? Aún tenemos tiempo… - Pidió Nayara, pero Hermione agitó la cabeza.

- No hay caso. No le dará tiempo por mucho que le esperemos…. En fin. Vamos tranquilamente a King Cross y os invito a algo allí…

De año en año, Joelle no recordaba King Cross, y siempre le encantaban los trenes muggles, eléctricos y abarrotados de gente, pero ante todo le gustaba el Expreso de Hogwarts. La locomotora a vapor era de un rojo brillante fantástico, y los vagones relucían de limpios y le recordaban a Nayara a las películas que los muggles llamaban "del Oeste"

Era precioso, y anunciaba el regreso al castillo Hogwarts, lugar al que a todo el mundo le gustaba volver.

Hermione guardó el equipaje de su hija en el tren, y luego el trío fue a una de las cafeterías muggles a pedir un buen desayuno. Las dos horas que faltaban hasta que el Expreso se pusiera en marcha pasaron a gran velocidad entre risas y bollos de crema, y tuvieron que dejar el ajetreo de la cafetería para internarse de nuevo en el barullo de muggles que iba y venía por los grandes andenes de la estación.

El andén 9 y 3/4 estaba abarrotado de familias de magos y de chicos de todas las edades llevando carritos con su equipaje: grandes baúles llenos de ropa, libros y sus mascotas. Hermione llevaba a Joelle de la mano mientras se acercaban al vagón donde se montaría Nayara mientras la rubia miraba a su alrededor en busca de algún compañero de clase con el que poder sentarse.

- Bueno… es la hora. Será mejor que subas al tren - Hermione sonrió y apretó suavemente un hombro de su hija mayor.

- ¡Noooooo! - Joelle tiró de la mano de su madre para soltarse, y cuando se lo permitió se agarró a su hermana para no dejarla partir.

- Ehh…. Tengo que irme, enana… Pero te veré dentro de poco, ya verás. Volveré en Navidades y te traeré cositas de Hogwarts y te contaré historias….

La chiquita hizo un puchero, y Nayara la abrazó con fuerza.

- Además os escribiré mucho, ya se lo he dicho a papá….

- …. ¡Hermione! - Se escuchó por el andén, y la mentada y varias personas más se dieron la vuelta de pronto. Un hombre pecoso, con el pelo pelirrojo revuelto, se acercaba a ellas corriendo y esquivando a las personas que estaban junto al tren.

Hermione sonrió y le hizo un gesto con la mano. Las niñas también se habían vuelto a mirar, y abrazaron al auror alborozadas.

- ¡Ya pensé que no os vería….! Menos mal que he llegado a tiempo… - Resopló Ronald Weasley asiendo a una con cada brazo.

- De milagro, Ron, de milagro. Nayara iba ya a subirse al tren… - Dijo la bruja maliciosa, pero de buen humor. El pelirrojo la sonrió antes de alzarse del suelo con Joelle en brazos.

- Lo siento. No pude venir antes. Había una buena montada en Diagon Alley… -

- Lo sé. Estábamos allí. Te vimos con toda esa gente - El rostro de ambos se oscureció unos momentos, pero Joelle se encargó de hacer reír al auror al pasar las manos por su perilla pelirroja que le resultaba tan graciosa.

El tren resopló por su gran chimenea, signo inequívoco de que iba a salir ya, y Ron dejó a la niña en el suelo para meter la mano en uno de sus bolsillos y sacar una cajita cuadrada anudada con una cuerdecilla.

- Esto es por tu cumpleaños, Nayara. No tuve tiempo de dártelo antes, pero creo que este es un buen momento - ella lo cogió, y cuando iba a abrirlo el auror la detuvo - No, aquí no. Ábrelo cuando estés en tu cama en Hogwarts…. Emmm… En realidad no es tan pequeño, pero puse en la caja un hechizo reductor para transportarlo mejor. También hay una nota. En fin¡espero que te guste!

El pelirrojo era un manojo de nervios, y Nayara no sabía por qué hasta que se dio cuenta de que su madre había dejado caer sobre él todo el peso de su mirada inquisitiva.

- Gracias, seguro que me gustará mucho - le dijo echándosele al cuello para abrazarle. Cuando terminó, abrazó de nuevo a su hermanita y luego a su madre - Tengo que irme ya…. Os escribiré¿vale¡Y recuerda que tienes que avisarme cuando nazca el bebé!

- Sí cariño. Ten cuidado, y no te metas en líos¿eh?

- Y sobre todo pásatelo bien y evita caer en las garras de ese odioso Snape.

- ¡Ronald!

- ¿Qué? - Dijo con su aspecto inocente de siempre, y la mujer agitó la cabeza sin poder evitar una sonrisa.

Estuvieron en el andén hasta que el tren se alejó por las vías mágicas, fuera de la vista de los muggles. En el vestíbulo de la estación, Ron y Hermione iban hablando de lo que había pasado en el Callejón Diagon mientras Joelle miraba a su alrededor fascinada con los trenes.

- Tuvo que venir Alexander J. Nolan en persona a deshacer el hechizo. ¿Te lo puedes creer? Y ya es mucha casualidad que el difunto fuera el miembro más liberal de la Cámara, por no decir que era el más joven. Desde luego quien lo hizo no era ningún aficionado... y tenía sus motivos.

Hermione sintió de nuevo esa sombra de preocupación ganándola. El líder del Departamento contra el Uso Indebido de la Magia había estado al mando de la Academia de Aurors durante los años más tenebrosos del regreso de Voldemort. Era un hombre curtido y experto conocedor de la Magia Oscura que había dejado la Academia cuando su hijo mayor fue muerto por los Mortífagos.

- ¿Crees que aún quede alguien partidario de Voldemort suficientemente íntegro como para intentar alguna tontería? - Preguntó la mujer mientras miraba donde su hija pequeña le indicaba; un gran tren tan repleto de gente que parecía que iba a estallar.

- Llevamos años cazando a alguno cada vez que pensamos haber terminado con todos, así que no me extrañaría nada - Ron parecía molesto con el tema; le ponía de mal humor que hubiera gente así por el mundo después de todo lo que había pasado.

La bruja suspiró ruidosamente y un pequeño silencio se abrió entre los adultos. Hermione miró a su amigo de soslayo y no pudo contenerse más.

- ¿Qué le has dado a Nayara?

Las cejas de Ron se alzaron y una sonrisita traviesa vino a sus labios.

- Nada malo, Mione, pero sí algo que estoy seguro de que le encantará.

- ¿….Roooonald….?

Nayara había ido a sentarse con una de sus compañeras del curso pasado, Helena Hilger, y ambas charlaban animadamente de lo que habían hecho aquél verano. Junto a ellas, un trío de Hufflepuffs con los que habían compartido clase entraba de vez en cuando en su conversación y añadía sus emocionantes veranos mágicos.

A veces, Nayara se sentía un poco excluida entre ellos. Sus padres utilizaban gran cantidad de magia a diario y estaba cansada de verla, pero ellos vivían entre muggles y siempre tenían que tener mucho cuidado con los ruidos o con no ser nunca vistos cerca de la casa.

Su casita tenía un encantamiento fidelius, aquél tan poderoso que permitía esconder un lugar fijo a ojos de todos los que no supieran dónde se encontraba, pareciéndoles como si no existiera. El por qué de su esconder, así como el por qué de que oficialmente en Hogwarts fuera Nayara Granger en vez de Malfoy eran cosas que nunca había llegado a entender del todo.

Sus padres siempre la daban largas, o la daban medias respuestas que no lograba terminar de comprender. Lo único que tenía realmente claro era que si alguien se enteraba de quién era ella y dónde vivía podía poner en peligro tanto su vida como la del resto de la familia.

Aquella amenaza era, casi siempre, suficiente par a que la muchachita no quisiera saber lo que se escondía detrás de ella; por las expresiones de sus padres debía ser algo realmente grave…

Pero había veces como aquella en que le hubiera encantado contarles aquél misterio a sus amigos, que se dieran cuenta de que no era la aburrida que muchas veces pensaban que era.

Llamaron a la puerta con un par de golpes, y pronto la corredera se hizo a un lado para presentar una cabeza morena de gesto sonriente, aunque algo ladino.

- Eh, Granger¿conseguiste que te dejaran practicar con la escoba? - Pregunto la chica. Al momento el rostro de uno de los Hufflepuff se contrajo en una mueca de disgusto.

- Sal de aquí, Serpiente - Le dijo el muchacho desde su asiento de la ventana, los ojos verdosos oscurecidos de animadversión.

Nayara miró unos segundos a Richard Patterson y luego se volvió a Kayla Chillman, que hacía como si el chico que la había imprecado no existiera; sus ojos estaban puestos en la rubia Ravenclaw.

- Sí, aunque no demasiado. Ya te contaré…. - Le dijo haciendo un aspaviento como para que entendiera que aquél no parecía el mejor momento para hablar. La Slytherin echó un vistazo dentro del compartimiento con las cejas muy arqueadas y luego lo volvió a cerrar sin despedirse.

Richard se cruzó de brazos, totalmente ofuscado, y Helena Hilger, su compañera de Casa, palmeó su hombro suavemente.

- Nunca entenderé que seas su amiga. Me parece increíble - Le dijo Richard a Nayara, y ella torció el gesto con ademán triste.

Siempre se nos olvida que hay gente que no aprueba a los Slytherin, suspiró Nayara, pero nosotras somos amigas. Kayla es buena gente aunque sea diferente de nosotros. Todos los Slytherin son peculiares, pero unos me caen mejor que otros, como en todas las Casas… Aunque supongo que si la familia de Richard no hubiera tenido esas malas experiencias podría pensar diferente…

Su mente voló instantáneamente al tío Ron -pues tenía el mismo problema -, y de pronto recordó la cajita que había guardado en uno de sus bolsillos; cajita que había prometido abrir cuando estuviera en Hogwarts.

Una vez las cortinas azuladas de su querida cama la envolvieron y habiendo comprobado que sus compañeras de habitación dormían, Nayara encendió una suave luz en su varita y abrió la caja con cuidado.

Como había dicho el auror, había sido conjurada para que cupieran muchas cosas dentro, de modo que aunque metió dos dedos para sacar un par de papelitos lo que obtuvo fue una carta y un gran pergamino doblado.

Nayara,

Aún a riesgo de que tu madre me despelleje he creído que lo mejor sería que tú tuvieses este pergamino. Es ya muy antiguo, por lo que tendrás que cuidarlo con esmero, pero te darás cuenta enseguida de lo útil que puede llegar a serte.

Si pones tu varita sobre él y pronuncias "Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas", se revelará un mapa. Es todo Hogwarts, y podrás ver dónde está todo el mundo siempre que quieras, incluidos profesores y el desgraciado de tu Director.

Para borrar el mapa y que nadie pueda leerlo, sólo tienes que decir "Travesura realizada"

Por mi bien nunca le comentes de esto a tu madre, pero espero que puedas darle tan buen uso como tu madre, Harry y yo se lo dimos. Eso sí, sé prudente.

El mapa, una vez desplegado, era totalmente asombroso, genial, fascinante. El pergamino estaba ajándose, pero las líneas del castillo y los pequeños pegotes de tinta que a veces se movían por él eran perfectos. Se buscó, curiosa por saber si era cierta la magia que Ron decía que poseía, y al verse a ella y a sus compañeras en el sitio exacto donde debía estar comprobó que también veía a todos los profesores.

Y en efecto, ahí estaban, y también el Director Snape, recluido en la mazmorra atemporal del Castillo, a la que prefería antes que su despacho de Director.

Se sonrió al pensar que llevando el mapa podría recorrer partes del Castillo que nunca hubiera visto sin exponerse a castigos, y que podía esconderse de cualquiera sólo por el mero hecho de saber dónde estaban todos. Eso, sin contar que podría hacer excursiones a la cocina o a la biblioteca siempre que lo necesitara.

Con una sonrisita satisfecha dobló el mapa y lo desencantó, guardándolo junto con la carta en la cajita.

Aquella noche, lo único que pudo pensar antes de dormirse fue en escribir al día siguiente para agradecer aquél regalo tan especial….


Nota de Nyaar: Sé que no pasa mucho en este capítulo :D es la presentación de los personajes y la historia…. Nayara es un pequeño apoyo en la historia, prometido. Más Ronald, mucho más Draco y Hermione, Snape, Lucius y Remus (tortas, broncas y demás asegurados) en próximos capítulos :)

Durante la primera parte de la historia alternaré un capítulo con un bonus de Dignitas. Más o menos, cada bonus tendrá que ver con algo que he contado en el capítulo anterior… :D Está hecho así a propósito pero, como todos los bonus del mundo, no es necesario que los leáis…. Son sidestories para entender mejor… a alguien :D

En el siguiente capítulo : …. Es un bonus! Draco y Hermione con Nayara y Lucius y Draquito cuando era peque nos contarán lo que es inevitable en la familia Malfoy. Marcas y máscaras de mortífago a la orden del día…