Disclaimer: nada de "Practical Magic" me pertenece,


Las dos niñas caminaban hacia la gran mansión, cogidas de la mano y cada una portando su maleta. Hacía tan sólo un mes que su madre había fallecido tras la muerte de su padre, a causa de la terrible maldición que pendía sobre la familia. Antes de que los servicios sociales se hicieran cargo de las niñas, sus tías decidieron hacerse cargo de ellas.

Mientras caminaban hacia la casa, las dos vieron cómo sus tías bajaban las escaleras. Lo cierto es que apenas conocían a Bridget y Frances Owen. Las habían conocido hacía años y sólo aparecían en las ocasiones especiales, como por ejemplo las Navidades. Eran las hermanas mayores de su madre, pero su padre no se llevaba muy bien con ellas. Sea como fuere, para Sally y Gillian Owen, aquellas dos mujeres eran unas perfectas desconocidas. Por ello, cuando ya las tuvieron delante, se esperaban la actitud propia de viejas brujas amargadas. Sin embargo, la tía Frances les rodeó los hombros, sonriendo y dijo:

—En esta casa tomamos tarta de chocolate con el desayuno. Y no nos importan pequeñeces como cepillarse los dientes.

Las dos niñas sonrieron. Su madre era muy estricta con la higiene personal, así como las tartas eran manjares exclusivos de cumpleaños y demás celebraciones. Pero en cuanto entraron en la casa, lo primero que les vino fue el olor del chocolate caliente.

—Hay una tarta recién horneada que espera a que la probéis, niñas —dijo la tía Bridget.

Fueron hasta la cocina, donde las cuatro se sirvieron un buen pedazo de tarta aderezada con nata montada, mientras reían y conversaban. Pronto las niñas olvidaron momentáneamente a sus padres y se hicieron a vivir en aquella gran casa.

La Mansión Owen se situaba cerca de un acantilado, muy alejada del pueblo, pues los habitantes de este apenas querían tratos con las Owen, de las que se decían eran brujas. La Mansión, que al parecer había empezado a ser construida por Maria, su antepasada y primera mujer de la rama Owen.

La casa estaba rodeada por un enorme jardín del que Bridget y Frances extraían multitud de plantas para sus remedios medicinales y también para sus pociones. Las Owen disponían, a su vez, de un invernadero donde cultivaban las plantas más delicadas, así como una despensa donde guardaban los ingredientes.

Para Sally, aquellos lugares eran los que más le gustaban, pues estaba deseosa de aprender magia, algo que su madre jamás les había enseñado a ella y a Gillian. En cuanto a Gillian, le gustaba aquel lugar, pero no tanto como a Sally, porque Gillian deseaba volar libre, viajar a muchos lugares y conocer a mucha gente. A fin de cuentas, Gillian había salido a las Owen que echaban a volar. Sin embargo, era demasiado pequeña y, por el momento, tendría que quedarse donde estaba.

Y así era la Mansión de las Owen, un lugar ciertamente mágico donde Sally y Gillian vivirían por muchos años. Tanto ellas como sus hijas y las hijas de sus hijas.