Los kwamis han existido desde el comienzo de todo con el deber de mantener el equilibrio de todo, volando en la infinidad del Universo y conociendo planetas, estrellas, asteroides y cuánto cuerpo celeste les incitara a conocerlo. Sin embargo, su ir y venir se detuvo cuando conocieron el planeta Tierra.

El lugar era peculiar en su totalidad, la vida había surgido como en muchos otros lugares que habían visitado, pintado de mil colores y con millones de millones de ecosistemas coexistiendo en su interior.

Salvo por una cosa, una de las especies en la Tierra era autodestructiva.

Los seres humanos peleaban, saqueaban y mataban a su propia especie, condenándolos a la destrucción y con ello, podían romper el frágil equilibrio al que pertenecían.

Los kwamis sabían perfectamente que hasta el cambio más insignificante podría tener consecuencias desastrosas y no podían permitirlo. Para eso estaban ahí después de todo.

Y aunque dentro de cada kwami existía una fuerza sin igual, esta no podía ser liberada si no era adecuadamente canalizada en el ecosistema que los rodeaba.

Más pronto que tarde encontraron a alguien en el mundo humano que les ayudaría con aquel problema, vinculando su poder con objetos comunes para su especie; dejándolos con un único problema, encontrar a quienes tenían un corazón puro para brindarles su poder.

Así empezó la historia, en el viejo Egipto, con el portador de la creación y la destrucción buscando equilibrar el odio de la raza humana.

Hace miles de siglos atrás, junto a los demás kwamis.

Los primeros siglos fueron conflictivos, después de todo ellos no entendían nada de los sentimientos humanos que parecían ser la piedra angular de los problemas en la Tierra y tuvieron que aprender a vivir con ello, pues no podían erradicarlo de la mente humana.

Hacer algo como eso era cambiar su naturaleza extraña, provocando el mismo caos que deseaban impedir, así que tuvieron que soportarlo.

Con el paso del tiempo Tikki y Plagg han visto miles de portadores y apenas pueden recordar hoy en día los rostros de aquellos que les han ayudado a canalizar el mal, pero hay cosas que no se pueden olvidar.

Como los nobles corazones y todos los problemas que tuvieron que afrontar, fortaleciéndolos. Es increíble lo que el dolor le puede hacer a una persona.

Pero hay algo que fortalece más que otra cosa en este mundo y eso es el amor.

Los portadores siempre estuvieron unidos por un vínculo incapaz de romper, visible para todos quienes quisieran verlo. Era la magia de los kwamis que permitía verlo a cualquier mortal.

Los llamativos sonrojos, los latidos frenéticos, los incontables suspiros y los pasos dados en el cielo.

Una y otra vez lo vieron pasar, como una película que no dejas de reproducir pero que aun así disfrutas verla cada vez.

Porque cuando los portadores se daban cuenta de aquel vínculo se aferraban a él como si fuera la vida misma y hacían tonterías impertinentes a pesar de sus obligaciones.

Pero así es la naturaleza humana, indescifrable para ellos que estaban más allá de ese tipo de necesidades.

Eventualmente lo aceptaron, como todo, tanto como para hablar de ello cuando la oportunidad se presentaba.

Y ahí estaban ahora, sentados en la azotea del Colegio de sus portadores, los cuales vivían ignorantes de sus esporádicas huidas, hablando del tema que era más reciente en sus existencias.

—¿Cómo crees que es mejor? —se aventuró a preguntar Tikki mientras veía una paloma pasar.

—¿A qué te refieres? —contestó Plagg que estaba dormitando junto a ella.

—De ellos, de como sucede todo.

—¿Ellos?

—¡Nuestros portadores! —volvió a decir entusiasmada la kwami.

—Oh, esos tontos.

—¡Plagg! No seas grosero.

—¡Pero lo son! ¡No son capaces de darse cuenta de nada!

—Plagg...

—Bien, bien, yo no he dicho nada—. Un breve silencio se hizo antes de que Tikki hablara otra vez.

—Me gusta como es Marinette cuando es Ladybug, es más segura de si misma.

—Pero no voltea a ver a mi muchacho que está loco por ella y cuando están juntos significa que hay problemas, lo cual termina con el uso de sus poderes y eso significa que yo termino muy cansado.

—Tienes razón, Marinette es muy testaruda cuando se trata de Chat Noir.

—¿Solo con Chat Noir? ¿Qué hay con Adrien? ¡Siempre tartamudea! Y por lo que dices piensa que es imposible que él se fije en ella.

—Tampoco es que Adrien haga algo para acercarse más a ella —defendió Tikki a su portadora.

—No, no la hace, pero porque está enamorado de su identidad secreta ¿Lo ves? Son tontos.

—A mí me gusta cuando Marinette puede controlar sus nervios frente a Adrien.

—Pero no puedes verlo, estas dentro de los aretes.

—No importa, me siento feliz por ella.

—A mí no me gusta, puedo escucharlo todo y me empalaga.

—¿Y si fuera al revés?

—¿Qué? ¿Chat Noir y Marinette?

—¡Sí! No tendrías que escucharlos y yo podría verlos avanzar.

—Pero acabamos de decirlo, Chat Noir no vería a Marinette porque esta cegado por Ladybug, lo mismo con tu portadora.

—Sí, pero Marinette podría actuar como normalmente y Chat Noir no pasaría el tiempo intentando deslumbrarla con su personalidad; podrían conocerse realmente.

—¿Estás proponiendo lo que yo creo que estas proponiendo? —la catarina le dirigió una mirada cómplice a su compañero.

—¿Tu qué crees?

Plagg empezó a reír a carcajadas, listo para escuchar cualquier idea descabellada que su compañera tuviera en su cabeza.

Después de todo ellos eran sus guías y nunca estaba mal darles un empujoncito en la dirección correcta.


Gracias por leer, votar y comentar.

Una nueva actualización para esta semana en la que estamos de celebración por el año que llevo escribiendo, agradeciéndoles que me brinden un poco de su tiempo para leerme.

Les comento que Crixar realizó una cuenta en Amino llamada Spots On! Claws Out! dedicada a los escritores del fandom, buscando ayudarnos unos a otros y conocer nuevas historias. Si tienen cuenta en la aplicación hagan el favor de verla. (: