Kuroko no Basket = Tadatoshi Fujimaki, unión inseparable por mucho que algunos fans deseemos algunos personajes para nosotros


Cuando llego a la central el aviso de que había que rescatar a un animal, sinceramente, nunca se espero eso. Ni nadie se lo hubiera esperado. Parecía un trabajo tan fácil, que solo lo habían enviado a él, los demás tenían demasiado trabajo con la ola de calor y los incendios que se estaban dando. Y ahora maldecía su propio destino. ¿Quién se habría imaginado que tendría que enfrentarse a su peor miedo de esa forma? No creía que nadie estuviera preparado para una situación como esta. Y sabía que no podía huir, no con todos esos grandes ojos ilusionados mirándole con lo que solo podía calificar como "brillos". Y él solo quería chillar un poquitito y correr tan lejos y rápido como sus fabulosos piernas pudieran, lo cual, por cierto, sería bastante lejos. No se había hecho bombero para esa mierda.

- Entonces, me está diciendo, señor…

- Kuroko.

- Que hoy, el primer día que trajo a su mascota a la guardería donde trabaja para enseñársela a sus alumnos, esta se subió a un árbol y por eso llamo a la central de bomberos más cercana.

- Exactamente, se lo comente a un amigo y me dijo que era lo que tenía que hacer.

Y lo más raro no era el cliché que toda esta situación era, sino que además no era ni cliché, porque…

- Se da cuenta de que su mascota es un perro, ¿no?

- Soy plenamente consciente de eso.

- Y que los perros no pueden subir a los árboles.

- Digamos que mi perro siempre ha sido algo más listo que la mayoría de perros o personas – como que se iba a creer eso – No sé como lo habrá hecho, pero lo consiguió – el tono de orgullo que se notaba en esa, hasta ese momento, inexpresiva voz, lo dejo impresionado – Nigou es perro excepcional, pero ahora agradecería que lo bajara de ese árbol.

Mierda multiplicada por dos. No era justo, notaba la mirada maligna de esa bestia encima suyo, calibrándolo, juzgando hasta el más mínimo pecado que hubiera cometido en su vida y esperando para hacerle pagar por ellos.

Y nunca reconocería lo que paso el resto de la operación de rescate ante sus compañeros. No después de lo que había pasado la última vez que se habían juntado los diferentes grupos de fuerzas de seguridad para hacer un entrenamiento conjunto. Solo digamos que el perro termino seguro en brazos de su dueño y que él no soltó ningún sonido estridente y extraño cuando esta bestia lo lamió para probar su sabor. Definitivamente no lo hizo, lo juraría ante un tribunal contra todos los testigos que claramente lo habían visto y oído mal. Pero la mirada de alivio del chico pálido valió un poco el esfuerzo.

- ¿Cómo dijo que se llamaba? – No lo había dicho.

- Kagami.

Y aunque los demás lo acusaran de ser un tonto despistado, no lo era tanto. Esa mirada de entendimiento y de saber algo en común entre esas dos caras familiares (ahora que se fijaba) era demasiado evidente como para pasarlo por alto. Durante unos segundos la cara de póquer del más bajo fue abandonada, y repuesta fácilmente. El chico era todavía mejor que Tatsuya.

Cuando le ofrecieron pasar a tomar un café y a comer algo con los niños, que ahora lo aclamaban como a un héroe, declino la oferta tan educadamente como pudo y salió por patas. Y más tras ser observado por dos pares de ojos similares que lo miraban examinándolo y planeando algo. Cuando llego a la central se encontró que la historia del rescate a un animal había sido sustituida por el rescate al gato de una vieja loca… no sabía cómo. Pero sobre todo se encontró con que había demasiado trabajo para historias y que estaba tan ocupado que no pudo hacer más que enterrar lo sucedido en lo profundo de su mente. Hasta que fue llamado una vez más. Y una tercera. Y otra más… Y por alguna extraña razón siempre en su turno. Y siempre le asignaban el rescate. Estaba empezando a tener pesadillas con esas bestia que parecía perseguirle. Porque solo había coincidido con el dueño dos veces, las otras veces habían sido un rubio histérico y un gigante perezoso. El acosador era el peludo psicópata.

Y a la quinta fue la vencida, estaba cansado después de demasiada horas de trabajo para que lo llamaran para sacar a un perro de un árbol. Ese perro tenía más fijación por los arboles que los gatos de todas las señoras de ese lugar juntos. Debían ser una especie de droga para él, además de la emoción de molestarlo. Pero a punto de terminar un turno doble demasiado movidito (jodidos universitarios alegres de terminar su tortura y jodido aquel que les vendió fuegos artificiales) como para que la jefa de departamento lo mandara para allí. Y encima no podía contradecirla. Iba a tener una seria charla con Kuroko para mandar a su perro a clases de entrenamiento o clases de desintoxicación. Cinco veces en dos semanas, cada vez con más frecuencia y nadie había descubierto todavía como lo hacía. Ese perro debía llevar sangre ninja encima. Cuando llego a la escena del crimen, se encontró con una casa grande, de estilo tradicional. Porque encima el perro no podía conformarse con subirse encima del mismo árbol siempre, no… era tan chulo que no repetía truco. Y eso que era un cachorro, cuando esa bestia acabase de crecer no sabía lo que podría hacer. Mejor renunciaba a ese trabajo de una vez. Pico al timbre y espero a que salieran a abrirle la puerta, cuando se presento el rubio molesto. No podía creer su mala suerte cuando se encontró dentro de un sala a otras cuatro personas, entre ellas al gigante perezoso y a Kuroko. Otro de ellos lo conocía de vista, médico del hospital sino recodaba mal. ¿En serio era trabajo suyo bajar a un perro del árbol con tantas personas en buena forma por ahí? Tenía que ser una broma de mal gusto, en la que solo el rubio era inocente. Nadie podía fingir histeria tan bien, el resto tenían en su cara una mirada entre diversión y expectación que no podía dejar de temblar. No sabía en que se había metido, pero quería salir de esa casa lo antes posible. Fue guiado hacia el jardín, mientras a su vez era seguido por el sequito de curiosos. Y encima tendría que darles un espectáculo gratuito, lo que le faltaba. Sentía su ira aumentar por segundo, cuando alguien le trajo una escalera. Recochineo, eso era lo que era esto. ¿Por qué no subía el gigante?¿O cualquiera de los otros dos? Por no hablar de los otros dos jóvenes. Que una cosa era ayudar a una ancianita cuando no podía subirse a una escalera, pero el perro no estaba tan alto como para necesitar a un bombero, y menos cuando el gigante casi podía alcanzarlo sin más que subirse a una silla.

Toda su ira se difumino al enfrentarse al perro. Pobre criaturita, teniendo que vivir algo así, teniendo que salvar a un perro gamberro salido del infierno para atormentarlo por quinta vez.

- Os dais cuenta de que lo podíais haber bajado vosotros mismos sin tener que llamar a los bomberos.

- Kagami Taiga, ¿verdad? – nunca recordaba haber dado su nombre completo a nadie de ese grupo de raritos, lo que quedaba por saber era de donde lo había sacado ese terrorífico pelirrojo – Es labor de los bomberos proteger a los ciudadanos, ¿no es así?

"La labor de los bomberos el apagar fuegos y operaciones difíciles, y no hacer algo que podríais hacer perfectamente, jodidos vagos", quiso decir, pero la verdad no podía decidir que le acojonaba más, si el chucho o esa mirada penetrante. Que mierda de Hannibal Lecter o Anthony Hopkins con ese espécimen delante. Se dispuso a subir las escaleras, pero llegado al segundo peldaño perdió el equilibrio. Demasiado trabajo y encima ahora se reirían esa panda de raros. "No puede pasar nada peor", nunca lo pienses, por que el cabrón de Murphy tiene razón. Y ese día Kagami lo descubrió. Durante un momento se sintió caer, hasta se encontró sujeto contra otro cuerpo. El instante de alivio que tuvo fue cortado cuando miro hacia abajo y vio esos brazos. Por que no conocía muchos hombres de esa estatura más o menos y con ese tono de piel. Pero podía ser otra persona, se dice que la esperanza es lo último de que pierde.

- ¿Qué pasa aquí?

Joder… así se fue volando la esperanza, partida en pedazos por esa voz junto con ese:

- Aomine-kun, menos mal que llegaste.

Mierda, lo que le faltaba, otro espectador para el grupo y la persona a la que menos quería ver después de lo que había pasado. Y ahora le vería hacer más el ridículo.

- Pregunte que qué pasa aquí.

- Kagami-kun esta rescatando a Nigou del árbol - contesto Kuroko como si fuera lo más normal del mundo.

- ¿Qué cojones hace tu perro subido a un árbol y como llego ahí? – por fin alguien lo preguntaba y todo lo que quería hacer era huir. De todas las personas del mundo, tenía que entrar en casa de uno de los amigos de Aomine para rescatar a su perro. Como que no habría casas con perros que hicieran eso. "Es que no las hay" contesto su molesta voz interior.

- Nigou ha estado subiendo a los árboles últimamente, te lo comente.

- Pensé que me estabas tomando el pelo – por lo menos no era el único que lo había pensado.

- Claro, porque iba a subir a mi perro a un árbol para reírme de ti, como que me hace falta eso – y golpe directo al orgullo y KO . Había que reconocer que el pequeño se sabía defender – Además estamos hablando de Nigou, si quiere subir a un árbol, subirá – No, eso no era tan fácil, no le valía que todos los presentes tuvieran caras de decir "totalmente cierto".

- Vale, acepto eso – no, no lo aceptes tan fácilmente – Lo que no me explico que hace Kagami subido a una escalera en tu casa para rescatar a tu perro.

- Llame a los bomberos.

- Sabes que ese día bromeaba contigo cuando te lo dije ¿no? – con que toda la culpa era de Aomine, debería habérselo imaginado. La mayoría de las veces en las que había estado en ridículo últimamente habían tenido que ver casi siempre con él – además, no creo que sea labor de los bomberos venir a casa de una persona físicamente sana para subirse a una escalera – ¡por fin alguien estaba de acuerdo con él! – y menos que obliguéis a Kagami a acercarse a un perro así.

La mirada de incomprensión que siguió a la declaración de Aomine (sumada a la de "no me importa toda esta mierda" del gigante) le fue suficiente para adivinar que había disimulado bien las demás veces como para no hacer el ridículo. Aunque ahora le quedaba la duda de que iba toda esa mierda. Pero bueno, vivía mejor con la duda que con sacando el tema, le deban mala espina, no sabía lo que podían estar planeando.

- ¿A qué te refieres Aomine-kun? – y antes de que pudiera reaccionar, y frenar lo que se avecinaba…

- Porque tiene miedo a los perros – no pudo detener lo que al otro se le había escapado. ¿Pero como quería alguien que se concentrara lo suficiente como para pensar alguna escusa cuando tenía a Aomine abrazándole? – La última vez que hicimos un entrenamiento conjunto la policía y los bomberos con la unidad de recate…

- ¡Aomine! Dejadlo, mejor subo, suéltame de una vez – si, su cuerpo todavía reaccionar si era capaz de volver a recordar lo que había pasado ese día. Pero no, las cosas con Aomine no podían salir tan bien.

- Kagami, tranquilízate

- ¡Ya estoy tranquilo! – No lo soltaba y tampoco podía hacer mucho por liberarse – Ahora déjame hacer mi trabajo.

- ¿Para qué te caigas otra vez de una escalera de mano? – sí, ahora el jodido poli encima le estaba intentando tocar las narices.

- ¿Quieres dejar de hacer el tonto y soltarme? – Si era poco lo que ya había pasado durante las últimas horas, encima tenía que estar en esta situación. En serio, de todas las personas delante de las que podía hacer el ridículo, tenía que ser Aomine el elegido por el destino. Porque no podía ser otro que no tuviera ese olor, esos asombrosos brazos y esa voz que parecía estar acariciándole todo el cuerpo. Porque no podía ser otra persona de la que no se sintiera tan atraído.

- ¿Te recuerdo lo que paso la última vez? Era un cachorro de un mes y te abrazaste a mí durante casi media hora– No, por eso no iba a pasar de nuevo.

- Eso no tiene nada que ver con esto, no seas pesado – como que no había aguantado lo suficiente al correrse la historia por todos sus conocidos – ¡Y suéltame ya!

- Cállate, no vas a subir, en todo caso lo haré yo – Se preparaba para enfrentarse a Aomine, era su trabajo y se negaba a quedar de manera más patética delante de la persona que le gustaba, cuando una voz le saco de esa discusión con un:

- Aka-chin, el perro ya se bajo solo del árbol.

- Atsushi, cállate, que estamos llegando a la parte interesante.

Y ahí estaba. El gigante no mentía. Sentado en el suelo, mirando lo que pasaba entre Aomine y él como quien mira una telenovela. Y al resto solo les faltaba sacar un bote de palomitas por lo que observaba. Hasta el rubio parecía por fin entendido el plan de los demás. Y él no quería pensar cuál era el plan, tenía la sensación en su estomago que no debería pensar sobre él, y sus instintos no solían fallarle. Aprovechando la sorpresa de Aomine, consiguió librarse de los brazos a su alrededor. Se negó a echar de menos esos brazos y ese cuerpo.

- Como ya está todo solucionado, mejor me voy – y se dirigió hacia la puerta.

- La próxima vez dile a otro que se ocupe de este trabajo, no tienes que hacerte el valiente en cosas tan pequeñas, te puedes terminar haciendo daño y no me gustaría – se negó también a buscar más significado del que podrían tener esas palabras – Vuelve de una vez a casa y descansa, mañana tienes el día libre, pasare a buscarte para jugar un rato – no, no, no… sin más significado.

Estaba ya cruzando la puerta de la entrada cuando una voz le sorprendió por detrás.

- No creo que Nigou vuelva a subir, así que puedes estar tranquilo Kagami-kun.

- De acuerdo – y por alguna razón creía en esas palabras.

Despidiéndose se dirigió a la central. Entrego las llaves del vehículo, se ducho, se cambio de ropa y cogió su coche para irse a casa. Solo en ese momento se permitió pensar en lo que había pasado las últimas horas. Mierda, iba a ver a Aomine al día siguiente. Y todavía podía notar su olor en su nariz. No creía que esa noche consiguiera dormir nada.