- Isabella, te dejo -

- ¿Qué dices Edward? –

- Que te dejo, Isabella nunca te quise, eres una simple niña para mí – me respondió Edward con voz seria.

No lo podía creer, que era lo que estaba diciendo, si yo me le había entregado en cuerpo y alma a este hombre que juro siempre amarme y nunca dejarme. Al escuchar sus palabras solo pude entrecerrar los ojos y haces una mueca con mi boca cuando estaba confundida.

- ¿esto no es una broma Edward? – pregunte, tenía que ser una, él no me podía estar diciendo esto así de un de repente, ayer estábamos tan bien me dijo que me amaba no había cambiado nada hasta ahora.

- no es ninguna broma, isabella – respondió cortante, metiendo las manos a sus pantalones de vestir caros.

- bueno – di un suspiro, me tenía que tomar esto con calma, como una vez dijo mi madre, "nunca le demuestres a nadie que te duele". – si eso es lo que tú quieres – resignada respondí, si ninguna expresión en mi cara.

- Si, isabella eso es lo que quiero –

- Solo respóndeme algo ¿sí? – dije cruzada de brazos – tanto me dijiste que me quería solo ¿para acostarte conmigo, era eso lo que quería, gran señor Cullen? – dije la última frase, con sarcasmo.

Solo vi, como cerraba los ojos con fuerza – si, isabella, solo por eso – contesto y mire como pasaba saliva.

- Está bien, espero señor Cullen que le haya gustado aprovecharse, al parecer sabe cómo actuar muy bien, pero como ya no hay que hablar más, ya está todo dicho aquí – dije y le sonreí y me voltee, para ir camino a mi casa.

- isabella – dijo con voz contenida haciendo que voltee a verlo.

- ¿Que Edward? – suspiro.

- nada – contesto y agacho la cabeza.

- eso pensé – me mordí el labio y camine hasta alejarme de él, dios como pude ser tan estúpida, tan bajo caí, era obvio como el gran empresario Edward Cullen, podría fijarse y querer a una niña como él me había dicho, de 17 años, era ilógico, muchas veces lo pensé, pero después de tantas promesas de amor, caí.

Llegue a mi casa llorando, cuando me encontré con mi papa, y mi hermano que estaban viendo la televisión.

- ¿hija que tienes por qué lloras? – pregunto mi papa preocupado, parándose del sofá y abrazándome.

- nada papi – dije y lo abrace mas fuerte - ¿te acuerdas de la beca que me ofrecían en Italia? Como sigue en pie la tomare.

- hija, pero… – lo interrumpí – papa por favor, es una muy buena oportunidad, y te juro que regresare al terminar mis estudios pero por favor déjame ir – lo abrace.

- pero hija ¿y Edward que no te quedabas por él, el que opina? – me pregunto separándose, para mírame a la cara.

- papa, eso ya no importa, tengo que aprovechar eso, ya estoy en las finales de mi último semestre y podre estudiar medicina en Italia, y volveré trabajare aquí y estaremos bien, por favor papa déjame ir ¿sí? –

- Si es lo que quieres, te dejo hija – me sonrió y abrazo.

- gracias, gracias – le dije – no te defraudare papi, te amo –

- eso lo sé hija, lo sé -

algunos días después…

- hija, espero que todo te vaya bien, te queremos – me dijo mi papa abrazándome.

ya estábamos en el aeropuerto, que me llevaría de Seattle hasta Italia, me daba tristeza dejar a los dos hombres de mi vida, a mi padre y a mi hermano.

- adiós hermana – mire hacia abajo y ahí estaba mi hermanito de apenas 5 años – te extrañaré.

- yo también Nick, no sabes cuánto – me agache a su altura y le di un fuerte abrazo – en algunos años cuando vuelva espero verte muy grande, cuida de papa ¿sí? – el solo asintió.

Después de la despedida me subí, ya tenía todo planeado llegaría a la escuela me instalaría y solo me concentraría en eso tenía que ser la mejor doctora y triunfar, y que lo de Edward no me afecte aunque hubiera sido el amor de mi vida.

"nunca demuestres que te duele" siempre me recordaba en la mente, había sido lo más doloroso el momento cuando me decía que me dejaba, pero ya no podría hacer nada.

Al tiempo tenia síntomas, con el tiempo sospeche y si estaba embarazada, dios mío como iba a hacer esto, conocí a un chico, Christopher Paolino el hombre más italiano que había visto en mi vida, rápido tuvimos mucha confianza entre los dos, pero solo éramos amigos, nos contábamos todo, comíamos juntos y el supo lo de mi embarazo y una noche de estudio intenso para un examen le conté todo lo de Edward y después de ahí nos hicimos inseparables, paso el tiempo y mi vientre crecía, Chris era el mejor tío del mundo le hablaba a mi vientre, siempre me apoyo en todo, a veces que los chicos en la universidad me decían que nunca iba a poder, pero yo nunca acepte, le hice una promesa a mi padre y la iba a cumplir.

Pasaron los nueve meses y Jamie Swan Capobianco nació, era el niño más hermoso que había visto sus ojo eran chocolate como los míos y tenía el cabello cobrizo de Edward. Mi padre nunca supo de esto, y creo que nunca se lo diría hasta el día en que volviera, hablábamos a diario, pero nunca me atreví a decirle sentía que me regresaría o no quería a Jamie. Como lo mantuve gracias a Chris y mis grandes ahorros que tenia, sinceramente la vida de Jamie se la debo a Chris.

4 años después…

- Chris puedes apurarte – le dije mientras que el corría hacia mí.

- Ya voy mujer, no me estreses – me dijo – estaba hablando por teléfono, por lo del taxi.

- pero si yo ya tengo uno aquí, mande a traer un auto para lo que estamos en Seattle-

- así que si eres sabia, siempre lo creía, pero ahora lo compruebo -

- que bueno ahora vamos, que ya quiero ver a mi padre, y le tendré que explicar lo de este pequeñito hermoso – dije mirando a Jamie, que lo traía en brazos.

- Vamos pues – me contesto.

- Fuimos al auto que había comprado para traerlo aquí, era una camioneta, para todas las cosas de Jamie y eso. Cuando iba manejando miraba todo con tristeza este era mi pasado y ahora mi presente, espero que mi padre no se altere con lo que paso y Jamie.

llegamos a mi vieja casa y me estacione enfrente y suspire, tenía que ser fuerte y enfrentar a mi padre. me baje al mismo tiempo que Chris y el bajo a jamie poniéndolo en sus brazos.

toque el timbre y espere a que alguien abriera, pasaron solo unos segundos para que ahí estuviera mi padre, con barba y algunas canas, pero seguía siendo mi papi, solo vi cuando rápidamente se acerco a mí y me abrazo.

- hija como te e extrañado ¿Por qué no me dijiste que venias? – me sonrió dándome un beso en la mejilla.

- quería darte una sorpresa – le conteste y mire como sus ojos estaban fijos en Jamie y Chris - ¿y ellos?

- papa quiero hablar contigo, pero creo que es mejor que entremos hace calor aquí – dije algo nerviosa y el acepto y entramos, todo estaba igual hasta las fotos de mi madre, escucho un torbellino bajar las escaleras, y ahí estaba Nick, estaba el doble de grande a como lo vi, ahorita tendría unos 10 años, cuando llego a mi me abrazo fuertemente.

- ya regresaste hermana – grito y me siguió abrazando.
- se los prometí, ¿recuerdas? – el asintió – y ya no me volveré a ir te lo prometo. – el me soltó y fue hacia lo que recordaba era la cocina, lo bueno es que no alcanzo a ver a Jamie.

Ahora mi mirada la dirigí hacia mi padre – papa siéntate, mira el es Chris un amigo – y vi como Chris lo ofrecía la mano y mi padre la tomo dudoso – el es Jamie, mi hijo y tu nieto– susurre lo ultimo y puse a Jamie en mis brazos.

- el te embarazo cierto – dijo furioso y señalo a Chris, rápido reaccione.

- no papa, cálmate, cuando yo me fui de aquí ya estaba embarazada, el hijo es de – dude un poco en decir el nombre – de Edward.

- ese hijo de puta por eso te quisiste ir verdad, el ya no te quiso por eso, tanto que me dijo que te quería – dijo enojado, pero ya no contra Chris que estaba totalmente callado.

- Papa, Edward no lo sabe, si te acepto, el día en que llegue llorando a casa fue porque él me dijo que ya no me quería, pero me entere hasta cuando estaba en Italia – vi su cara entre sus manos, suspiro y vio a Jamie.

- tiene tus ojos Bella – sonrió levemente, y se acerco a mi - ¿Por qué no me dijiste nada hija, te hubiera ayudado?

- pensé lo contrario, y quise demostrarte que yo podía, me gradué y ahora estoy aquí, empezare en unos días mi trabajo y Chris también el me ayudo mucho – mi papa vio hacia Chris – gracias muchacho y perdón por mi reacción

- no importa señor lo entiendo – contesto Chris y le sonrió a mi padre.

- puedo cargarlo bella – me pregunto mi padre, y vi un brillo especial en sus ojos. Sonreí.

- claro que si papa – le dije y le tendí a Jamie que balbució al estar en los brazos de su abuelo.

- el es tu abuelo, mi cielo – dije dirigiéndome a Jamie. Y él solo se puso a mirar a mi padre.

- ¿belo? – Se escucho su linda y tierna voz y mi padre soltó una carcajada – sabes bella tu madre estaría orgullosa de ti – me dijo y sonrió.

Pasó la semana, y tenía que entrar a trabajar al hospital como neuróloga, Chris había comprado una casa cercas y yo estaba pensando en comprar una más grande, para estar más cómodos todos.

Jamie se había quedado con su abuelo, en la mañana había dejado a Nick al colegio y de ahí fui hacia el hospital.

Cuando entre estaba lo típico, todos corriendo gente esperando.

- ¿tú eres la doctora Swan, la neuróloga? – pregunto un hombre grande que traía una pijama quirúrgica, era rubio y bastante guapo.

- si, estas en lo correcto y ¿tú eres? – Pregunte – soy Travis Raymond – contesto sonriente – estoy encargado de enseñare todo, y mostrarte tu despacho ¿vienes de Italia no? -

- si, ¿Cómo sabes tanto de mi? – Soltó una risa – tengo que saber quién será la nueva neuróloga de este hospital, aparte de ser una belleza - solo sonreí y lo mire – gracias por el cumplido -

Después de media hora Travis me enseño todo el edificio y mi despacho, me dio todos los registros de paciente pasados, que podían tener consulta. En eso entra quien hace unos minutos se presento como mi secretaria Ángela.

- Doctora Swan, ahora tiene dos consultas – dijo y sonrió también lo hice.
- Ángela, dos cosas, primero dime Bella, y segundo dime los nombres por favor -
- de acuerdo Bella, en un momento te doy el registro de esos dos pacientes, en unos momentos te deben de llegar a tu computadora – salió de mi oficina y regreso unos minutos después. – ¿te llegaron? mire hacia la computadora frente a mí y ahí estaban dos documentos – si, Ángela, gracias.

- de nada doct… digo Bella – me miro – si ocupas algo mas me avisas en media hora llega el primer paciente.

Salió y yo desvié mi miraba hacia los dos documentos abrí uno y lo leí.

Carlisle Cullen
55 años
sospecha de un meningioma o angioma en el lado posterior de la cabeza, pendiente.

Mira nada más que suerte, el señor que nunca me soporto, el que nunca me quiso con Edward, ahora yo le puedo salvar la vida, las vueltas que da la vida, n es que le desee al mal, pero ese señor Cullen de verdad era malo ahora no lo sé, pero no creo que haya cambiado nada.

Eras las 10:25am y a las 10:30am debería llegar el señor Cullen. En eso escucho el llamado del teléfono de mi oficina, era Ángela.

- Bella, el señor Cullen está aquí -
- hazlo pasar, Ángela – dije decidida, colgué y espere hasta que entrara.

vi a dos hombres entrar, primero a Carlisle Cullen, rubio, enfundado en uno de sus trajes caros y detrás venia nada más y nada menos que Edward Cullen, el amor de mi vida que ahora no era nada para mí.

No quise mirar a Edward y dirigí mi mirada nomas a Carlisle.

- Buenos días, señor Cullen – me levante y le tendí mi mamo – gusto verlo de nuevo – el me miro sorprendido con los ojos muy abiertos y trago saliva y si acepto mi mano.

- Isabella – escuche el suspiro del hombre a la derecha de Carlisle

- gusto verlo también a usted señor – dije con la voz de mi perra interior, como me había dolido recordar el día en que me dijo que no me quería que solo era para acostarse conmigo.

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