El mundo y los personajes de Digimon no me pertenecen.

Para svabutterfly.


Kibō to hikari

1. La armonía de los colores

Takeru estiró la mano para tomar el lápiz color azul pero no lo encontró en el lugar que lo había dejado. Levantó los ojos de la hoja y paseó por todos los colores desparramados en el suelo con sus dedos. Le tomó un segundo darse cuenta que Hikari, acostada sobre su estómago a unos pocos pasos, sostenía el color azul. Concentrada como estaba en su tarea, con el ceño apenas arrugado y la punta de la lengua asomándose entre sus labios, parecía ajena al mundo.

Takeru se encontró riendo, fuerte y alto.

El sonido rompió el silencio en la habitación de Koushiro, haciendo que los presentes les diesen una mirada de tibia atención. Taichi y Yamato habían estado conversando lo sucedido en su última llamada al Mundo Digital y se preguntaban por qué los querrían esta vez por lo que la risa fue olvidada en pos del tema que los había convocado.

Habiendo llegado temprano, Takeru se había cansado de esperar a los demás y la ansiedad del lento paso de las horas lo impulsó a sacar su cuaderno para dibujar. Solía llevarlo a todas partes para dibujar las cosas que le llamaban la atención. Lo hacía desde que Koushiro les había dicho que podían enviar mensajes al Mundo Digital y lo cierto era que Takeru quería darle sus dibujos a Patamon pero prefería hacerlo personalmente y gracias al señor Gennai y a Koushiro tendría la oportunidad.

El mundo estaba lleno de cosas que Patamon no había conocido en su breve estancia, quería que tuviese oportunidad de conocer las cosas que él había visto desde que se separaron el año anterior.

—¿Quieres hacerle un dibujo a Tailmon? —le había preguntado a Hikari y con esa sencilla cuestión los dos se habían enfrascado en un mundo de crayones y colores, lápices y hojas rebeldes que se doblaban en las puntas.

—¿Sucede algo, Takeru-kun? —preguntó Hikari, que había salido del trance con su risa.

—Es la segunda vez que terminamos buscando los mismos lápices para usar —le dijo, en voz baja. No quería molestar a sus amigos y a su hermano, que estaban conversando tranquilamente en el otro rincón del cuarto.

La sonrisa de Hikari iluminó sus ojos y luego extendió su mano para darle el color azul. La primera vez, él le había cedido el color rosa.

—Ya terminé —le dijo ella, brillante y alegre. La idea de volver al Mundo Digital les había cambiado los colores a su humor. Hikari estaba más luminosa y feliz de lo que recordaba—. Puedes usarlo ahora.

Sintió que sonreía en respuesta a ella y estiró el brazo para tomar el lápiz que le ofrecía.

—Gracias —hizo una pausa, pequeña y luego la miró con curiosidad. Se levantó un poco, cambiando su posición en el suelo y estiró el cuello—, ¿Y qué dibujaste?

Hikari dudó un poco, sus mejillas rosadas, y luego movió la hoja para que él la pudiera ver. Takeru reconoció a los monigotes de los digimon con una sonrisa y amplió su sonrisa cuando vio dos ángeles en el centro del dibujo, uno rosa y uno azul.

—Angemon y Angewomon —murmuró Takeru, sonriéndole con todas sus ganas. Hikari movió la cabeza con alegría—. Mi mamá me dijo que son como ángeles guardianes.

La conversación de los mayores era como un rumor lejano.

—¿Sabías que Patamon iba a digievolucionar en un ángel?

Takeru no dejó que la imagen de plumas y un huevo llegaran a sus ojos pero sintió la agitación en su estómago y el ardor detrás de la memoria. Movió el color azul sobre el fondo de la hoja, el cielo sobre los demás garabatos. Durante las noches en el Mundo Digital, él le había hablado de algunas cosas a Hikari, de lo que vivieron antes de que ella llegase.

No le había contado lo que pasó en el Monte Infinito. Siempre que trató, las lágrimas inundaban su pecho y él se ahogaba. Algún día, esperaba, le diría lo que sintió, lo que pasó.

Sentía que podía decirle. A ella, sí.

—No lo sabía. No sabíamos en qué se iban a convertir ellos, todavía no sé en que se convertirán si vuelven a digievolucionar como pasó con nuestros hermanos.

Hikari frunció los labios en gesto pensativo. Él quería preguntarle si se había sorprendido ella que Tailmon se haya transformado en un ángel pero se mordió la lengua.

—Tailmon dijo que ellos estaban configurados de forma diferente— recordó, tranquila en su pequeña charla—, ¿crees que sea porque se transforman en ángeles los dos?

La puerta se abrió, interrumpiéndolo todo.

—¡Lamento la tardanza!

No habría sido una sorpresa que Jou llegase tarde en días de escuela. Él había empezado sexto grado en una escuela privada y solo el domingo tenía libre entre los siete días de la semana.

Que llegase tarde debido a Mimi era aún menos sorprendente.

—Es que ustedes viven tan lejos de mi casa que se nos hizo tarde —explicó Mimi, con los labios en una línea tensa. Dio un suspiro falso y luego rompió a reír, contagiando a todos con el sonido—, ¿Nos vamos, entonces? Quiero ver a Palmon y a los demás de nuevo.

Sora sonrió y cambió miradas con Taichi y Yamato. Ellos se volvieron a Takeru y Hikari por primera vez en un largo rato con toda la atención. Siguiendo su orden silenciosa, Takeru tomó las hojas y las dobló con cuidado mientras que Hikari guardaba las cosas dentro de la mochila, con ayuda de Sora.

—El señor Gennai dijo que con nuestros digivices podremos ir al Mundo Digital —Koushiro llamó la atención de todos cuando su habitación quedó despejada.

Apoyó la laptop en su escritorio y la giró, para que todos pudieran ver. En la pantalla, una pequeña ventana se abrió y Takeru reconoció el paisaje vivo y verde del Mundo Digital. Un chispazo de emoción lo atravesó como una flecha.

Por instinto buscó el digivice que llevaba en el bolsillo y se sintió confortado por su peso y calidez.

Estaban tan cerca.

—¿Qué debemos hacer? —preguntó Taichi, con curiosidad.

—Solo apuntarlo a la pantalla.

Por tácito acuerdo, dieron pasos al frente, Taichi y Yamato.

No era raro que ellos tomasen las riendas de la situación, azul y naranja complementarios en batallas y compañeros de lucha. Takeru sintió a Hikari moverse a su lado. Podía imaginarla preocupada, la misma sensación que lo invadía. Ya una vez, en la primavera, había visto a su hermano desaparecer dentro de una computadora.

—¿Hermano? —preguntó ella.

—El señor Gennai ha insistido mucho en que vayamos, pero nunca hemos ido a través de la computadora al Mundo Digital sino que fuimos a ese espacio que usaba Diablomon... Iré primero.

—Y yo iré también —comentó Yamato, con una de sus manos en el bolsillo y la otra sosteniendo el digivice. Levantó una ceja en dirección a Taichi, que no lo había incluido en su afirmación.

Taichi le dio una sonrisa que podría ser disculpa o desafío, y luego miró a Sora. Ella apoyó una mano en el hombro de Takeru y una en el de Hikari. Instintivamente se volvieron a mirar su rostro amable.

—Iremos enseguida, detrás de ellos —comentó.

—¿No podemos ir todos juntos? —Takeru propuso, su voz rompiendo la quietud y la duda sembrada tras las palabras de sus amigos. Podía sentir el peso de todas las miradas en él y él quería que lo escucharan— Como antes lo hicimos.

Taichi miró a sus amigos, rostros expectantes que le devolvieron la mirada y luego sonrió.

—Claro que sí. Lo haremos todos.

Los ojos de Hikari buscaron los de Takeru, la sonrisa de ella se reflejó en la de él.

Las palabras de la última batalla en el Mundo Digital contra Apocalymon siguieron retumbando en los muros del recuerdo.

Todos los emblemas para uno, y un emblema para cada uno de ellos.

No volverían a otra aventura si no estaban juntos. Y así, los ocho levantaron los digivices al mismo tiempo.


N/A: Me di cuenta que no tenía ninguna colección Takari y decidí cambiar eso. Tardé mucho tiempo en elegir un nombre y al final quedaron sus emblemas como título, esperanza y luz.

Esta historia está basada en una idea genial que Fly dejó en el topic Takari y es un regalo muy, muy atrasado de mi parte. ¡Feliz no-cumpleaños!

¡Gracias por leer!