Título: La llave de los siete sellos
Autor: Xxaos
Resumen: Al principio de su tercer año Harry es secuestrado por unos extraños...¿Cómo seguirá Hogwarts después de que el salvador del mundo mágico haya desaparecido?...y, ¿qué diablos es ese colgante que lleva en el cuello?
Rating: M
Género: Acción/Aventura/Fantasía
Disclaimer: NO PIENSO ESCRIBIRLO DE NUEVO) Los personajes no son míos, todo pertenece a J.K. Rowling. Esta historia está escrita sin ánimo de lucro.
Era de noche y, en la calle Privet Drive la quietud nocturna se vió rota por los gritos de una mujer inchada hasta más de lo imaginable, que salía flotando por el jardín del nº 4.
De repente se olló un grito del dueño de la casa:-¿NOOOOOOO!- e instantes después un chico moreno y delgado ,arrastrando un baúl y con una jaula para pájaros debajo del brazo, salía de la casa y daba un estruendoso portazo.
Después de recorrer varias calles se detubo y se dejó caer en la acera de la calle Magnolia. Después de pensar en lo terrible que sería el verse expulsado de Hogwarts por haber hecho magia siendo menor de edad, se decidío a no dejar que le pillaran así por las buenas, y abrío el baúl para sacar la vieja capa invisible de su padre. Cuando se disponía a sacar la capa sintío que había alguien detrás de él. Se giró rápidamente y sacó la varita de su bolsillo, murmurando una palabra lo más bajo que pudo y la punta de su varita se iluminó con un resplandor amarillo. A no más de tres metros de él, debajo del porche de la casa que tenía enfrente se encontraba una figura descomunal con unos ojos enormes y brillantes.
Dió un paso atrás tropezó con el bordillo de la acera, y su varita rodó por el suelo. De repente se oyó un estruendo, y apareció de la nada un autobús de dos plantas y pintado de rojo vivo. De él salió un chico de no más de diecinueve años, con orejas salidas y muchos granos, que le soltó sin nisiquiera mirarle un gran discurso de bienvenida, pero que por su tono monótono era obvio que lo repetía cada vez que alguien subía al autobus.
El chico calló al ver que Harry aún seguía en el suelo. Harry recogío la varita y sus cosas y se incorporó.
-¿Qué hacías ahí?-le preguntó Stan (el cobrador).
-Me caí-contestó Harry.
-¿Para qué?-preguntó Stan con una sonrisa burlona.
-No me caí a propósito-contestó Harry enfadado.
Se giró a ver si todabía seguía el enorme perro en el porche, pero ya se había ido. Se dió cuenta de que se había roto los vaqueros y que le sangraba la mano.
-¿Qué miras?-preguntó Stan.
-Había un perro enorme en ese garaje...
Se volvío hacia Stan que le miraba con la boca abierta.
-¿Qué tienes en la frente-le preguntó Stan.
-Nada-dijo Harry, intentando taparse la cicatriz, pues no sabía si el Ministerio le estaba ya buscando.
-¿Cómo te llamas?-insistió Stan.
-Ummm...Ne..Neville Longbotton-dijo Harry, dando el primer nombre que se le vino a la cabeza-.Así que este autobús...-dijo, tratando de cambiar de tema-.¿Te lleva a dónde tú quieras?
-Sí-dijo Stan con orgullo- A dond...
-¿Cuánto me costaría ir a Londres?-le cortó con prisa Harry.
-Once sickles -dijo Stan.
Harry sacó el dinero de su monedero con prontitud, y al cabo de unos segundos estaba agarrado con todas sus fuerzas a la cama donde estaba sentado, intentando no caerse mientras el autobús seguía con su recorrido suicida.
Cuando faltaba poco para llegar a la parada de la señora Marsh, en Avergavenny, el autobús se paró de repente. Cuando Stan iba a salir y soltar su discurso con cara de fastidio cuando un rayo rojo impactó en él y cayó inconsciente, otro le dió al conductor, Ernie, mientras intentaba sacar su varita. Harry se incorporó lo más rapidamente posible de su cama, justo lo necesario para ver como unos hombres vestidos de negro y con unas capuchas echadas sobre la cabeza, que no dejaban ver más que unas puntiagudas barbillas entraban en el autobús. Justo cuando iba a coger su varita e intentar defenderse unas manos frías le cogieron suavemente por los hombros. Mientras su vista se nublaba y sentía su cuerpo caer de nuevo en su cama oyó una voz lejana y susurrante que le decía:
-Tranquilo, ya estás a salvo mi señor-.
