Como siempre, salgo tarde del trabajo, esto no me disgusta particularmente, ya que así puedo caminar tranquilamente por las oscuras calles de la ciudad sin que nadie me moleste, puesto que a estas horas todo el mundo esta ya durmiendo. Paso por las calles casi sin hacer ruido, pérdida en mis pensamientos, ya que se me olvidaron los cascos en casa. Cuándo estoy pasando por un parque cercano a mi casa, un especie de rayo multicolor ilumina el centro del parque durante unos segundos, y cuando se desvanece, deja a una persona en su lugar. La observo, y sin mayor alboroto pienso en continuar mi camino, pero vuelvo a mirar a la persona ahí tumbada, y luego miro a mi alrededor, un suspiro de cansancio escapa de mis labios al saber que no hay nadie cerca para ayudar a esa persona, así que me toca a mi llevarla a mi casa y atenderla. Vuelvo sobre mis pasos y me adentro en el parque hasta llegar a donde está él tumbado, porque sí, es un hombre. Lo cojo como buenamente puedo, porque la verdad es que a pesar de parecer delgado, este tío pesa, realmente me pregunto de qué estarán hechos sus huesos, porque si no, no me explico que pese tanto. Recorro el corto camino que quedaba hasta mi casa con bastante dificultad, hasta que por fin llego a mi pequeño piso, dejándole a él en mi cama. Enciendo la luz, y le observo, pelo negro, ondulado, medianamente largo, rasgos finos, alto, al menos, más que yo, su ropa... Bastante rara, hay que admitirlo, pero lo que más me llama la atención son sus labios, que están cosidos. Eso me enfurece y me hace fruncir el ceño. Voy a por unas tijeras al comedor, para cuando vuelvo él ya esta despierto, mirándome con sus ojos verdes. Me mira con desconfianza y orgullo, yo le miro inexpresivamente, con las tijeras en la mano, seguramente debe pensar que estoy loca, genial. Me acerco a él, él no se mueve, acercó las tijeras a sus labios, cortando el hilo que mantiene sus labios unidos con cuidado de no hacerle daño. Una vez que termino, me vuelvo a alejar, pero esta vez él me mira con agradecimiento. Nos quedamos en silencio unos momentos, hasta que él se aclara la garganta.
-Espera aquí un momento, voy a traerte algo de agua
Aprovecho para huir de la situación, la verdad es que estoy bastante nerviosa, ¿En qué demonios estaba pensando al traerlo a mi casa? Aunque tampoco podía dejarle ahí tirado, por mucho que hubiese querido, mi conciencia no me lo permitía. Vuelvo a la habitación con el vaso de agua y se lo acerco. Él se lo bebe de un solo trago para después volver a mirarme.
-Mi nombre es Loki Laufeyson, hijo adoptivo de Odin y Dios de las mentiras/travesuras/destrucción. Te doy las gracias, midgardiana, por haberme salvado, ¿Me permite usted conocer su nombre?
-Eh... Sí... Supongo... Soy (TN), sin apellidos, un placer
La verdad es que no me habría creído nada de lo que decía si hace un par de meses los aliens, dioses, o lo-que-fuesen no hubiesen atacado Nueva York, aunque ahora que lo pienso...
-Hey, ¿No fuiste tú el que ataco Nueva York?- Mi voz adquirió un matiz de humor, al igual que mi mirada.
-Sí...-Loki bajó la cabeza
-Liaste una buena ¿Sabes? Eso sí que fue una sorpresa, aunque se dice que a los neoyorquinos ya no les sorprende nada.
Él no responde, simplemente se queda con la mirada pérdida entre las sábanas, que, siendo sincera, no tenían nada de interesante.
-Bueno... Así que en realidad no son los ángeles los que caen del cielo, sino los dioses ¿Eh?