CAPÍTULO 1

LA INVITACIÓN

Era una tarde nublada y fría. La nieve caía lentamente y la Navidad se acercaba, sin embargo, había pocas personas alegres y las tiendas de magos y brujas cerraban antes del anochecer. Las casas estaban poco adornadas a diferencia de hace muchos años, pues nadie quería llamar mucho la atención.

A pesar de la falta de decoración, había una casa que resaltaba de las demás por la total y completa ausencia de símbolos navideños; era una pequeña casa que se encontraba al final de la Calle de La Hilandera. El dueño de la casa era un joven de 20 años, quien hacía poco había quedado huérfano, pues su padre había sido asesinado hacía poco tiempo por los Mortífagos, sin embargo, eso no le importaba, ya que él mismo había participado en el asesinato.

El joven salió de la habitación con la imagen de consternación dibujada en su rostro. Dejó una carta en la mesa junto con un boleto y se sirvió un vaso de vino. La carta decía:

Querido Severus:

El motivo de mi carta es para invitarte a mi boda. Yo sé que no soportas a James y a él tampoco le agradas, pero para mí tú siempre serás mi mejor amigo y me gustaría que fueras. No necesitas responder. Si decides ir, las instrucciones están en el boleto.

Besos Lily

PD: Perdón por mandarla por correo muggle, pero ya sabes que hoy en día es peligroso mandarla por lechuza.

Severus se bebía el tercer vaso consecutivo y al terminar volvía a observar la carta a lo lejos. No sabía cómo reaccionar. Él amaba a Lily y odiaba a James; no sólo por el colegio, sino también por haberle arrebatado el cariño de Lily. No podría soportar ver cómo ellos se quedaban juntos y juraban un "felices para siempre"; pero ella confiaba en él, y una prueba de ello era que le había mandado una invitación. Se sirvió el cuarto vaso y se lo bebió de golpe. No sabía qué hacer, no podría soportar verlos juntos, no otra vez. Estaba decidido. Tomó la carta con el boleto y lo dejó encima de la chimenea, debajo de un libro. No iría. Tomó la botella de vino, la copa, subió las escaleras y se encerró en su habitación.

Una semana después Severus se encontraba en una mesa de la fiesta, completamente solo y bebiendo otra copa de vino (para entonces ya había olvidado cuántas llevaba). La gente bailaba y se divertía, pero Severus sólo admiraba la sonrisa y el bello rostro de Lily quien bailaba con James con una copa en la mano. Terminó la pieza y todos aplaudieron, algunos se sentaron a descansar, puesto que los músicos iban a tomar un descanso y dejaron que los instrumentos tocaran solos. Unos cuantos seguían bailando al son de la música.

Lily no se sentó cuando James la acercó a la mesa principal para que descansara del baile.

- Voy a cambiarme de vestido – le dijo con la voz un poco arrastrada – o me voy a caer ¿me ayudas, Laurie?

La esposa de Remus era una joven de la edad de Lily, además de ser increíblemente parecida a ella, salvo por el color del cabello y los ojos azules (aunque a veces cambiaban de color sin poder explicar porqué). Cualquiera diría que eran hermanas. Ella provenía de Australia (o al menos eso había dicho ella) y llegó a Hogwarts en quinto año, allí había conocido a los merodeadores y al finalizar sus estudios decidió quedarse a vivir en Inglaterra. Laurie se levantó y caminaron hacia la casa para ayudarle a Lily a que se cambiara el vestido, ya que éste era muy extraño y difícil de quitar. Severus las vio alejarse y sin pensarlo dos veces las siguió.

- Lily, estás borracha – dijo Laurie con una sonrisa en los labios

- Yo no estoy borracha – respondió Lily hablando muy barrido y casi sin despegar los labios – sólo estoy muy cansada de tanto bailar

- Claro – dijo Laurie, quien obviamente no se iba a tragar esa mentira – Entra a la habitación, voy al baño y ahorita vengo

- Pero no te tardes y tráeme otra copa ¿sí? ¡Hip!

Laurie salió de la habitación y no notó a Severus escondido en el armario. Severus esperó a que Laurie entrara al baño para salir de su escondite y entrar a la recámara donde se encontraba Lily.

- Lily ¡hip!

- ¡Severus! ¡Qué bueno que viniste! ¡hip! James juraba que no te atreverías pero yo ¡hip! confiaba en ti.

- Lily ¡hip! Vine a decirte que ¡hip! que significas mucho para mí ¡hip!...

- ¡Oh Sev! ¡hip! eres tan dulce…

- Te amo Lily, te amo ¡hip!

- Yo también, Sev ¡hip! Eres mi mejor amigo y…

Severus no resistió más la tentación y se lanzó sobre Lily y la besó. El beso era dulce y suave. Lily no supo cómo reaccionar, al principio intentó quitarse a Snape de encima, pero poco a poco sucumbió a su beso tierno y cariñosamente. De los ojos de Severus resbaló una lágrima de felicidad. Laurie venía de regreso cuando escuchó lo que estaba sucediendo en la habitación, así que cerró la puerta con mucho cuidado y murmuró: "muffliato". Se sentó en la sala de la casa y comenzó a beberse una copa de vino. Al parecer Lily había decidido comerse una torta antes del recreo.

Tiempo después, Laurie se había quedado adormilada en el sofá cuando escuchó que alguien salía de la habitación. Aún con la visión borrosa notó una figura oscura tratando de acomodarse la túnica y con el cabello aún despeinado. La figura salió de la casa y Laurie entró a la habitación con la visión más clara. Lily se encontraba frente al espejo intentando peinarse y con el vestido de novia desabrochado.

- Se nota que te costó trabajo quitártelo – le dijo Laurie para hacerle saber a Lily que había entrado – perdona por tardar, James no me dejaba traerte más vino.

- No te preocupes, Laurie, no hay problema – respondió Lily ruborizada

- No vas a lograr peinarte como antes, Lily, deja que te ayude.

Lily se puso el vestido de fiesta (verde botella que hacía juego con sus ojos) y Laurie le peinó el cabello y se lo recogió en media coleta. Estaba lista en un tiempo récord. Salieron de la casa y Lily volteaba como buscando a alguien. Al poco rato ya estaba bailando con James de nuevo, pero seguía buscando a alguien.

- Lily y tú tardaron mucho ¿pasó algo? – preguntó Remus con curiosidad a su esposa

- Nada interesante, amor. Su vestido era muy difícil de quitar – respondió Laurie sin darle mucha importancia

- Se quedaron platicando ¿verdad?

- Sí, algo así

- ¿Cómo te sientes? – volvió a preguntar Remus después de un silencio muy corto

- Bien, mi amor. Me lo has preguntado varias veces. – respondió Laurie con cansancio

- Trata de entenderme, no sabemos nada del embarazo entre los de nuestra especie.

- …y no me quieres perder – terminó Laurie y volteó a ver a Remus para tranquilizarlo – Lo sé, mi amor, no te preocupes. Ya han pasado 3 lunas y no le ha pasado nada al bebé ¿o sí?

- No, pero todavía faltan otras 6 lunas ¿no es cierto? – señaló Remus – Cualquier cosa te podría pasar y más en ésta época.

- Si me siento mal, te aviso ¿de acuerdo? – le tranquilizó Laurie y le dio un beso.

- Y cambiando de tema ¿has visto a Snape? – preguntó extrañado y señalando una mesa vacía – Estaba ahí, se levantó y ya no volvió.

- Supongo que ya se fue – respondió Laurie sin alterarse

- Sí, supongo – contestó Remus sin darle importancia


Seis meses después de la boda de Lily con James los merodeadores (excepto Colagusano) se encontraban en casa de Remus, sentados en la sala. Remus era el único que se encontraba dando vueltas en la sala entre nervioso y emocionado.

- Tranquilo, Lunático – le dijo James a Remus mientras leía El Profeta – Sólo va a dar a luz

- Sí, no es como si fuera a morir – apoyó Sirius recostado en el sofá de la sala.

- Me gustaría verte cuando esté pariendo Lily – le reprochó Remus a James.

Desde la puerta del dormitorio principal se escuchó un grito de dolor lo bastante fuerte para despertar a toda Inglaterra y para que Sirius saltara.

- ¡AAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH!

- Laurie… - dijo Remus en un susurro

- Ok, retiro lo dicho. Sí parece que va a morir – dijo Sirius volviéndose a acomodar.

- Gracias, Sirius – respondió Remus haciendo una mueca irónica. De pronto se escucha un grito y el llanto de un bebé.

- ¿Ya ves? Listo, ya está – dijo James. Entonces todos se levantaron. Lily salió de la habitación (a quien se le notan los 6 meses de embarazo que lleva) y le sonríe a Remus.

- Felicidades. Es un niño.

- ¡Vaya! ¡felicidades, Lunático! – le dijo James dándole una palmada en la espalda a Remus

- ¿Un niño? – preguntó Remus con los ojos brillantes y muy abiertos. Estaba a punto de llorar de la emoción.

- Sí, un niño. Laurie está bien, muy cansada, pero el sanador le está dando una poción para que se relaje.

- ¿Puedo verlos? – preguntó Remus, pero antes de que Lily pudiera responder ya se dirigía a la puerta de la recámara y entraba en ella.

- Un niño. Vaya sorpresa – dijo James mientras se volvía a acomodar en el Sofá.

- Lunático tiene razón, ya te quiero ver el día en que Lily dé a luz – dijo Sirius recostándose nuevamente en el sofá.

- Pero si ellas son las que hacen el trabajo pesado – opinó James – no nosotros.

- Sigo aquí, eh – reclamó Lily muy ofendida.

- Lo siento – se disculpó James y agregó entusiasmado – les vamos a demostrar a todos que nosotros dos somos mejores que ellos dando a luz.

- Pero si yo soy la que hace todo el trabajo

- Ya entendiste mi punto – observó James y Lily lo miró con cara de pocos amigos.

- ¿Y cómo llamarán al chamaquito? – preguntó Sirius curioso, pero sin levantarse

- No lo sé, al parecer le quieren poner Manuel – dijo Lily indiferente

- ¿¡MANUEL!? – gritaron Sirius y James a la vez incorporándose sorprendidos

- Sí. Manuel – reiteró Lily.

- ¿Remus Manuel? – preguntó para sí James sentándose de nuevo con cara de extrañeza.

- Demonios – exclamó Sirius igual de extrañado que James – Es como si… como si… alguien juntara nuestros nombres.

- Como James Sirius – observó Lily sentándose en una silla cercana.

- Ándale – le dijo Sirius

- ¡Qué horror! – exclamó James con cara de haber visto algo muy feo – Si nuestro hijo le pone nombres tan raros y feos a nuestros nietos lo desheredo.

- No creo que haga eso – opinó Lily

- Pues si hay gente como Laurie que nombra a su hijo como Remus Manuel, todo es posible – observó Sirius

- Quiero ver al cachorro – dijo James de pronto y se levantó – tengo curiosidad

- No creo que sea apropiado entrar – dijo Lily

- ¿por qué no? – preguntó James a su mujer

- Porque yo te traigo a mi hijo – dijo una voz familiar en la puerta de la habitación

- ¡Yo también quiero verlo! – dijo Sirius incorporándose de un salto

- ¿Quién va a ser el padrino? – preguntó James rápidamente

- ¡James! – gritó Lily escandalizada

- No te apures, Lily. Laurie y yo decidimos que Sirius va a ser el padrino, para que si el segundo es una niña Lily pueda ser la madrina y si es niño, James sea el padrino.

- ¡VIVA LA SOLTERÍA! – exclamó alegremente Sirius

- Oye, Remus. Éste cachorro es idéntico a ti – le dijo James observando de cerca al bebé.