Los personajes de BLEACH NO ME PERTENECEN, fueron creados por Tite Kubo, pero pronto me voy a Japón a secuestrar a Tite y aplicarle el teguacanazo para que me escriba un buen final IchiRuki, aun así la historia me pertenece.
Negritas = Dialogos personajes.
ADVERTENCIAS: - Narración en 3era. persona.
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Cinco años de matrimonio y aun no lo superabas, se te enchinaba la piel cuando la veías, tu rostro se contracturó de manera casi invisible pero mostrando cierto terror, el terror de perderla por exceder el tiempo límite a su shikai, porque de su bankai realmente no querías saber nada puesto que te aterraba aún más.
No era una batalla simple la que se desencadenaba a tu alrededor. Hubo un levantamiento de hombres shinigamis y otros cuantos del Rukongai exigiéndole al Gotei 13 que revelara toda la información oculta en los viejos libros y hasta los secretos de voz en voz que el rey ocultaba para ellos.
Siendo sinceros ninguno podría ponerte en jaque ni en sus sueños, de cierta manera aceptabas —con cierto disgusto —que eras de los shinigamis más poderosos, pertenecías a una especie desconocida, eras el guerrero perfecto y no conforme también de la Elite de la nobleza, sangre pura shinigami, sangre pura Quincy y tal vez sangre pura vasto lord.
Un crujido y grito de dolor te sacó de tus pensamientos causándote preocupación y volteaste a lo alto, ahí, tu Yuki-onna se convertía casi en hielo macizo tras haber vencido/congelado y traspasado a su enemigo. Suspiraste con una sonrisa melancólica y con destellos de orgullo. Le viste bajar del cielo al igual que lentamente iba tratando de bajar su temperatura corporal, frio aire salía de sus pulmones ¿Le dolería? Fue el pensamiento que pasó por tu mente y corriste un poco apresurado a ella.
Al llegar al suelo te pareció que se tambaleaba y con un poco de shunpo llegaste para tomarla por la espalda evitando que diera contra el suelo.
—¿Cómo está tu temperatura corporal? –Preguntas tratando de no sonar preocupado.
—-58°, va disminuyendo.
—Ya has peleado suficiente —La tomó en brazos —. Te llevaré a casa.
No diste tiempo a replicas y también ella se miraba cansada para reprochar, la llevaste a su habitación y le arropaste con todo lo que tuviste a tu alcance.
—Tu habitación es más cálida, debería de ayudar a subir mi temperatura. —Volteó el rostro para verlo.
—Así que ya estas cediendo a mis encantos. —Le miraste con malicia, querías hacerla enojar un poco.
—Idiota, fuiste tú el que quiso casarse por compromiso.
—Lo sé idiota, pero eso no significa que no te amé —Le diste la espalda para salir pronto —. Volveré rápido.
Desenfundaste tus armas sin voltear a verla y saliste de ahí con un shunpo tan veloz que temiste destruir por poco la habitación, tenías prisa, tu esposa esperaba por ti.
