T = TEARS
Una obscura silueta se desliza entre los arbustos de espinos que rodean la casa. Mientras corre entre la lluvia parece un lobo herido; pero no es así.
La figura de un hombre se incorpora al alcanzar la puerta. Su túnica negra ondea con cada ráfaga de viento de la tormenta. El cabello castaño escurre agua y cubre su cara. Titubea antes de estirar la mano y abalanzarse dentro de la casa, como si su vida dependiera de ello....
Entré en la casa y la puerta se azotó tras de mí. Los muebles están cubiertos de sábanas blancas, como fantasmas en la penumbra. Dejo mis huellas en el polvo del piso, mientras avanzo hacia la vieja escalera de madera que domina la sala. Los tablones crujen bajo mis pies, no sé cómo se las arreglan para no derrumbarse. No sé cómo lo hago yo, quisiera tumbarme en la cama y no salir de ahí si no es para encontrarme contigo en el más allá.
Un relámpago ilumina por un momento detalles de la casa que reviven mi dolor. Como sal en las heridas que no han cerrado. Estoy seguro de que las mías nunca cerrarán.
Dando tumbos por el pasillo llego a la que fuera su habitación. Tiemblo al pisar el umbral, más por los recuerdos que me atormentan que por el frío que se cuela entre las grietas de la casa.
Todo está tal como lo dejaste. Cierro los ojos e imagino que entras de repente, tirando tu abrigo sobre la cama y quejándote del mal tiempo, que te quitas un mechón de cabello negro del rostro y me preguntas qué hay de cenar. Pero ya no será así, nunca volverás.
A ciegas avanzo hasta la cama y me dejo caer en ella. La sábana está perfectamente lisa, como a tí te gusta, y aún conserva tu olor.
Y abrazo la almohada deseando que fueras tú, aspiro tu aroma y lo sollozos invaden mi garganta y las lágrimas salen a raudales de mis ojos, porque te amaba más que a la vida y te has ido.
Los espasmos del llanto recorren mi cuerpo y me abandono al sufrimiento, con la misma pasión con la que alguna vez me abandoné a tus besos y a tus caricias.
Me siento vacío. Sabes? Tú eras mi mundo, mi todo y ahora que no estás nada parece tener sentido. Me muerdo los labios hasta que sangran y las uñas se encajan en mi piel, quisiera que el dolor fuera tan intenso que me matara de una vez, pero no es así y, sin embargo, puede haber un sufrimiento mayor que el mío?
Estoy desesperado y loco. Nada sé, nada importa. Sólo quiero sentirme entre tus brazos una vez más.
De pronto... oh, ciertamente estoy loco! Siento tus brazos, tus manos, tu aliento en mi cuello. Susurras mi nombre:
- Remus...
Y lloro con más fuerza aún. Porque te amaba con toda el alma, Sirius. Porque aún te amo y... porque cuando te ví por última vez, no te lo dije.
Por un instante de felicidad con aquellos que amas, vale la pena sufrir una eternidad
Una obscura silueta se desliza entre los arbustos de espinos que rodean la casa. Mientras corre entre la lluvia parece un lobo herido; pero no es así.
La figura de un hombre se incorpora al alcanzar la puerta. Su túnica negra ondea con cada ráfaga de viento de la tormenta. El cabello castaño escurre agua y cubre su cara. Titubea antes de estirar la mano y abalanzarse dentro de la casa, como si su vida dependiera de ello....
Entré en la casa y la puerta se azotó tras de mí. Los muebles están cubiertos de sábanas blancas, como fantasmas en la penumbra. Dejo mis huellas en el polvo del piso, mientras avanzo hacia la vieja escalera de madera que domina la sala. Los tablones crujen bajo mis pies, no sé cómo se las arreglan para no derrumbarse. No sé cómo lo hago yo, quisiera tumbarme en la cama y no salir de ahí si no es para encontrarme contigo en el más allá.
Un relámpago ilumina por un momento detalles de la casa que reviven mi dolor. Como sal en las heridas que no han cerrado. Estoy seguro de que las mías nunca cerrarán.
Dando tumbos por el pasillo llego a la que fuera su habitación. Tiemblo al pisar el umbral, más por los recuerdos que me atormentan que por el frío que se cuela entre las grietas de la casa.
Todo está tal como lo dejaste. Cierro los ojos e imagino que entras de repente, tirando tu abrigo sobre la cama y quejándote del mal tiempo, que te quitas un mechón de cabello negro del rostro y me preguntas qué hay de cenar. Pero ya no será así, nunca volverás.
A ciegas avanzo hasta la cama y me dejo caer en ella. La sábana está perfectamente lisa, como a tí te gusta, y aún conserva tu olor.
Y abrazo la almohada deseando que fueras tú, aspiro tu aroma y lo sollozos invaden mi garganta y las lágrimas salen a raudales de mis ojos, porque te amaba más que a la vida y te has ido.
Los espasmos del llanto recorren mi cuerpo y me abandono al sufrimiento, con la misma pasión con la que alguna vez me abandoné a tus besos y a tus caricias.
Me siento vacío. Sabes? Tú eras mi mundo, mi todo y ahora que no estás nada parece tener sentido. Me muerdo los labios hasta que sangran y las uñas se encajan en mi piel, quisiera que el dolor fuera tan intenso que me matara de una vez, pero no es así y, sin embargo, puede haber un sufrimiento mayor que el mío?
Estoy desesperado y loco. Nada sé, nada importa. Sólo quiero sentirme entre tus brazos una vez más.
De pronto... oh, ciertamente estoy loco! Siento tus brazos, tus manos, tu aliento en mi cuello. Susurras mi nombre:
- Remus...
Y lloro con más fuerza aún. Porque te amaba con toda el alma, Sirius. Porque aún te amo y... porque cuando te ví por última vez, no te lo dije.
Por un instante de felicidad con aquellos que amas, vale la pena sufrir una eternidad
