Capítulo 1: Cartas y planes.

Ciel Phantomhive no se podía creer lo que estaba pasando. A pesar de todas las cosas raras que le habían ocurrido en su corta vida, aquello era algo que ni en sus sueños más surrealistas habría podido imaginar.

Aquella mañana, la familia Midford al completo había ido a hacerle una visita. Eso ya era de por sí bastante raro, pero lo dejó pasar. Aun así, cuando su tía Frances dijo que tenían que pedirle un favor, se esperaba cualquier cosa menos aquello.

-Creo que no he entendido bien, tía ¿podrías repetir lo que has dicho?- preguntó el conde, sin poder dar crédito a sus oídos.

-He dicho,- respondió la marquesa de Midford con impaciencia- que tienes que hacerte pasar por la prometida de Edward.

Por una vez en su vida, Ciel estaba demasiado sorprendido para responder. Incluso Sebastián estuvo a punto de dejar caer la bandeja del té de la impresión. Claro que, fiel a su naturaleza demoniaca, se recuperó enseguida. Solo Ciel pudo notar su mirada de regocijo por tan prometedora situación.

-P-Pero, no lo entiendo ¿por qué…?-

-Esta mañana- intervino el marqués, con voz inesperadamente grave- hemos recibido una carta de mi tía, Millicent Harcourt. Dice que vendrá a vernos en unos días y, por alguna razón, cree que Edward está comprometido. Sé lo que estás pensando.- se apresuró a añadir, al ver que Ciel iba a preguntar- No podemos simplemente aclararle el error porque sino las consecuencias serían catastróficas. Verás, tía Millicent tiene un genio muy vivo y todo tiene que ser a su manera, y ya se ha hecho una idea de este compromiso…

En ese momento, Lizzie, quien había permanecido sorprendentemente callada y pensativa durante toda la reunión, por fin se decidió a hablar.

-Es una mujer terrible. Aquella vez que fuimos a visitarla empezó a gritarnos solo porque Edward y yo éramos más jóvenes de lo que ella creía. Fue horrible.-

-Cierto- añadió Edward con una mueca de disgusto.-. Tendrías que haber leído la carta. Parece estar convencida de que hay fecha para la boda y todo. Mira, odio tener que hacer esto, pero tienes que ayudarnos. Esa vieja es un demonio.

Ciel no pudo evitar fruncir el ceño. ¿Tan loca estaba esa mujer y tan terribles eran sus ataques de ira? La voz de su tía le sacó de sus pensamientos.

-Entonces, ¿vas a ayudarnos? Esto no se trata solo de evitar una rabieta suya. Tiene bastante poder e influencia gracias a su difunto marido y puede darnos muchos problemas si le llevamos la contraria- dijo con los labios apretados y una expresión furiosa, como si estuviera pensando en atravesar con su espada a la tía Millicent.

Ciel respondió después de pensarlo unos instantes.

-De acuerdo- Por muy humillante que le pareciera ser la "prometida" de Edward, eran su familia y no quería verles en problemas por culpa de una desquiciada.