Alrighttttt aquí estamos de nuevo con una traducción recién salida del horno. El fic original está en francés y escrito por Layla Guilden, y si os manejáis en la lengua de Shakesp de Voltaire os recomiendo que os deis un voltio (juas, otra muestra de mi finísimo e inteligente humor. Voltaire, voltio… en fin, perdón, ya sigo) por ahí porque los fics son como las series, la versión original siempre mola más. Salvo Supernatural y Los Simpson, esas hay que verlas dobladas. Esta es mi segunda (2) experiencia traduciendo un fic (os recomiendo que le echéis un vistazo al otro, "Dos cafés, uno solo y otro con azúcar, por favor", de Linpatootie. Me lo pasé pipa traduciéndolo) y nunca está de más recordar que aunque se acepten críticas constructivas, hago esto por amor al arte, no gano un duro ni el francés es mi idioma materno, así que por favor, haya piedad. Aquí una servidora hace lo que puede. Cada vez que ponga NdT es nota de la traductora y soy yo interrumpiendo vuestra lectura para hacer alguna aclaración innecesaria.

¡Espero que os guste! :-*.

P.D.: Sé que la nota de aquí abajo es un poco raruna, pero confiad en mí, seguid leyendo el fic. Mola. De verdad que sí, coño, que sino no estaría aquí traduciendo cuando podría estar viendo series, joder.

xxxxxx

(Nota de la autora)

¡Buenos días! Yep, aquí me tenéis de nuevo otra vez.

He de reconocer que esta historia llevaba rondándome por la cabeza desde hace tiempo y que me alegro de poder decir que por fin me puedo poner a escribirla :) Pero os debo algunas explicaciones antes :)

Sin duda os habréis dado cuenta de que me encantan los gatos (mi gato Silencio, que se está convirtiendo poco a poco en mi firma, es la mejor de las pruebas), así que no os sorprenderá que esta historia hable de gatos también (sobre todo si sabéis que "Cheshire" hace referencia a la palabra "gato" en Alicia en el país de las Maravillas). Aun así he de advertir que habrá momentos en los que se me irá un poco la pinza (emberda lo empecé por las risas, pero me gusta cómo ha ido quedando y me apetece intentar concluirlo :) ), teniendo en cuenta que nuestro pobre John se va a ir dando cuenta, poco a poco, de que Sherlock se comporta a menudo de forma muy similar a un felino (las horas de insomnio…), cosa que le va a gustar, lo que le va a dar a este fic… un… ¿toque extraño? No sé, vosotros diréis.

Una última cosilla: yo misma me comporto a veces como un gato (ya me lo han dicho varias veces), así que algunas descripciones que John pueda hacer de chicas que se parecen a gatos son inspiradas en mi persona y en nadie más. No querría herir, criticar o molestar a nadie sin querer, así que lo preciso, en ningún momento me estoy burlando de nadie.

El fic será POV John :). Y tengo intención de meter slash en algún momento :)

Sherlock no me pertenece a mí blablablá (NdT ya nos sabemos todos esta cantinela, ¿no?).

xxxxxx

Todo comenzó por culpa de un gato.

Bueno, para ser más preciso, todo comenzó con la aparición improvisa de Mrs. Hudson en nuestro apartamento justo cuando Sherlock terminaba de disecar una rata en la encimera de la cocina.

Después de largas noches escuchando correteos y ruidos extraños, mi compañero de piso y yo mismo conseguimos, por fin, deshacernos del insoportable bicho que campaba a sus anchas entre nuestros muros. Evidentemente Sherlock ya estaba pensando en alguna experiencia con la colaboración del pobre roedor, el cual fue nombrado "asistente experimental" – una forma elegante de decir que su cuerpo iba a ser donado a la ciencia.

Mrs. Hudson, ya acostumbrada a las manías del detective, no se sorprendió. Lo que sí que hizo fue preguntarnos por el origen del animal, y sus ojos se abrieron de par en par ante la idea de lo que ya imaginaba como "una inmensa colonia de roedores" entre los muros de su casa. Pese a todas las explicaciones tranquilizadoras de Sherlock fue imposible hacerle entrar en razón, y la amable mujer salió del apartamento decidida a "hacerse cargo de la situación".

Y aquí es donde interviene el gato.

Se decidió, sin necesidad de discusión, que sería yo quien se encargara del animal: Sherlock, siguiendo sus principios, se negaba a concederle importancia a cualquier cosa que no pudiese tener fines experimentales (y Mrs. Hudson había sido muy clara en cuanto al tratamiento que debíamos darle al pobre animal). Después de una larga discusión con nuestra casera sobre qué nombre debíamos ponerle a nuestra nueva bola de pelos (que ya me podría dar las gracias por haberle evitado nombres ridículos como Misifuz, Bigotitos, Pelusa, Manchitas y un largo etcétera), fue bautizado Cheshire.

Cheshire era negro y tenía los ojos de un tono gris azulado, que recordaban muy fuertemente a los de Sherlock. Tenía la irritante manía de echarse la siesta en mi sillón favorito, dormir en mi cama por las noches y ronronear al son del violín.

Después de una semana de convivencia Cheshire se iba haciendo suavemente su huequecito personal en nuestro día a día. Aparte de nuestras tazas de té todas las mañanas le llenaba su bol de leche, ya no perdía el equilibrio cuando se enrollaba entre mis piernas y fui cogiéndole cariño poco a poco a nuestro nuevo y peludo amigo (NdT de verdad que me he contenido ahí por no poner "colega". Deberíamos usar colega más a menudo. Y tronco. Seguid leyendo, colegas.)

Si te detenías a pensarlo, el felino tenía bastante más en común con Sherlock, más allá del color de sus ojos. Los dos fríos y desconfiados ante un primer contacto, al final resultaban ser compañeros bastante fáciles de soportar. Ambos tenían esa tendencia de invadir mi espacio personal y no respetar mi vida privada, dar un paso hacia atrás en cuanto me acercaba más de la cuenta y lanzarme esas miradas que gritaban John, deja de decir en voz alta cosas que son evidentes cuando abría la boca.

Una tarde, mientras que Sherlock se había sentado en su sillón dispuesto a pulir su violín mientras que yo leía, Cheshire, que hasta entonces dormía en un rincón, se instaló sobre mis rodillas. Sorprendido, acaricié con cuidado la espalda del animal, que empezó a ronronear con gusto. Una sonrisa se dibujó en mi rostro, dejé el libro de lado y me dediqué a darle mimos al gato, rascándole por detrás de las orejas con cariño. Fui recompensado con unos ronroneos más intensos y continué acariciando a Cheshire, quien parecía bastante satisfecha al ser el foco de toda mi atención.

-John, por el amor de dios, detén el ruido infernal que está haciendo esa criatura.

Di un bote, sorprendiendo al gato, que saltó a la velocidad supersónica de mis rodillas para refugiarse en mi habitación.

-¿Ruido infernal, Sherlock? ¿En serio?

-No consigo concentrarme con esa bola de pelo a mi alrededor. Es incapaz de estarse quieto. Y respira muy fuerte.

Intenté controlar la carcajada que estuvo a punto de escapárseme y la disimulé con una tos ahogada, pero mi compañero, siempre atento a cada mínimo detalle, me dirigió una mirada asesina antes de poner los ojos en blanco.

-Sherlock, Ches' es un gato. Los gatos duermen mucho pero también necesitan moverse, y olvídate de que lo encierre en mi habitación para que su… respiración no interrumpa tus pensamientos.

-Ah, ¿ahora le llamas Ches'? –espetó, con un bufido. El desdén rezumaba en cada sílaba y no pude evitar sorprenderme.

-¿Sherlock?

-¿Esa criatura lleva apenas una semana aquí y ya lo tratas con esas confianzas?

-Es un animal, Sherlock. No es como si tuviese confianza con un extraño de la calle, no hay convenciones sociales que respetar.

Y no, no me pude evitar añadir:

-¿Tampoco te habrás puesto celoso de un gato, no, Sherlock?

El detective se quedó quieto en su sofá durante unos instantes, observándome. Después, bruscamente, se levantó, cogió su violín y su arco, atravesó la sala sin mirarme siquiera y entró en su cuarto, cerrando la puerta con un portazo. Unos segundos más tarde un sinfín de notas musicales invadió el piso entero, y Cheshire bajó las escaleras para arrimarse a la puerta cerrada del detective, con la oreja puesta y un aire expectante.

De verdad que no entiendo absolutamente nada de lo que acaba de suceder.

xxxxxx

Esa noche, una vez Sherlock hubo terminado de tocar violentamente su violín (NdT esto no es una metáfora colegas), Cheshire volvió a subir para dormir sobre mi cama, como acostumbraba.

"La verdad es que es raro que a Sherlock no le guste Ches'… No es agresivo, es limpio, no maúlla sin motivo… es un gatete bien majo."

Un gatete majísimo que acababa de mearse en mi cama. Bueno, vale, no pasa nada, mearse por los sitios viene en el pack de ser-un-gato, qué se le va a hacer.

Me puse el pijama y preparé mi ropa para el día siguiente antes de volverme hacia mi cama donde me esperaba el gato, mirándome de forma extraña.

-Ches', no me seas Sherlock, por favor. No me mires como si fuese un ingenuo con pocas luces.

Lo que probablemente sí que soy, pero eso no se lo voy a decir al gato. Podría ir a repetírselo a Sherlock.

Sacudí la cabeza; ya empezaba a pensar cosas raras. A ver, no porque mi gato y mi compañero de piso se parezcan voy a empezar a asociarlos el uno al otro cada vez que piense en ellos. Dejé escapar un suspiro mientras me introducía entre las sábanas, dejando que el sueño me invadiese poco a poco. Las ideas raras podían esperar a mañana.

xxxxxx

Me desperté a la mañana siguiente con un peso encima de mi pecho. Me entró el pánico durante una milésima de segundo antes de recordar que dormía con un gato, al cual le gustaban las cosas calentitas y tenía tendencia a acercarse a mi cara a lo largo de la noche. Lo aparté suavemente, levantándome para asearme.

Sherlock estaba en la cocina, con una taza de té delante, examinando el periódico del día. No había té para mí pero estaba acostumbrado a que el brillante detective hiciese algo para los dos, así que ni me molesté.

-Buenos días, Sherlock.

No me contestó. Fijo que aún estaba enfadado por lo de ayer. Dejé escapar un suspiro, exasperado.

-Lo siento si te molestó lo de ayer.

-Hmm.

Bueno, algo es algo, pero no ese "hmm" no era suficiente. Le serví otra taza de té caliente, poniéndole dos terrones de azúcar y dejándosela delante. No me ignoró y se la bebió. John 1, Sherlock 0.

Me contenté con un huevo y un par de tostadas para desayunar. Cheshire llegó a la cocina y me levanté para prepararle un tazón de leche.

Sherlock chasqueó la lengua, molesto, pero no comentó nada. Le miré durante un segundo, intrigado, pero me encogí de hombros: si quería ponerse celoso de un gato, pues allá él. No entiendo por qué, pero tendré que observarle, a ver si consigo comprender qué está pasando, el por qué de su envidia.

Esta mañana empieza oficialmente El Caso Cheshire.

.

NdT los capítulos son cortitos I knowwww si no recuerdo mal hay algo así como 25 e intentaré updatear regularmente (prometo no tardar un año como en mi primer y último longfic I swear pinky promise). chao pescao