Capítulo 1: El comienzo de todo

Era un 10 de Octubre, un niño rubio de mas o menos 10 años, iba por la calle temeroso de que, como en todos sus cumpleaños, le pegaran una paliza, por algo que ni siquiera sabía. Pero como todo el pueblo le pegaba palizas todos los años, debía de ser algo terrible de lo cual no se acordaba.

Después de que un grupo de aldeanos furiosos le golpearan gritando:

- ¡Así aprenderás cual es tu lugar demonio!- -¡Por tu culpa el Yondaime ha muerto!- -¡Mereces esto y más, maldita basura!-

En cuanto estos se fueron llegaron otros, y así la mayoría del día. Lo único bueno era que su recuperación era bastante más rápida de lo normal. En un descanso de sus palizas se fue corriendo a su puesto de ramen favorito, uno de los pocos puestos donde no le pegaban.

-Hola pequeñín, ¿que te pongo?- pregunto de forma amable el jefe.

-¡Un ramen bien grande de miso!- dijo el pequeño rubio de ojos azules como el mismo cielo.

-Marchando, y no te preocupes por el dinero, hoy tienes ramen gratis.-

-¡SIIII, RAAMEEEN DATTEBAYO!-

Después de comerse sus cinco tazones se fue corriendo a su departamento puesto que ya estaba anocheciendo. Pero un grupo de tres ninjas se lo encontraron y le empezaron a dar una paliza. Le empezaron a arañar todo el cuerpo con kunais y después se los dejaron clavados en la espalda, mientras intentaba defenderse en el callejón donde lo habían arrinconado.

Después de media hora de palizas, se despierta en una especie de alcantarilla y decide ir a investigar. Sigue un camino hasta que escucha una voz que le dice que se acerque, y como si supiera de donde viene esa voz comienza a caminar hasta encontrarse en una habitación enorme en la cual hay unas rejas y un papel que las une que pone "sello". Sigue hasta que se encuentra con un gran zorro con nueve colas ondeando como si las estuviera moviendo el viento. El rubio queda asombrado hasta que este le dice:

-¿Quieres que te salve?-

-¿Tu puedes?- preguntó desesperado.

-Si.- respondió cariñosamente, extraño, pensó el rubio, puesto que el creía que lo iba a comer.

-Entonces hazlo, por favor.-dijo suplicante.

Sin saber que pasaba en el interior del chico, los ninjas seguían pegándole, hasta que una capa rojiza cubrió al rubio y los kunais ya no le hacían daño. Sus heridas se empezaron a curar de forma asombrosa, y una voz grave les dijo a los ninjas:

-¡Como osan atreverse a golpear a mi jinchuriki, escorias!-

Y el rubio escupió una bola de fuego sin necesidad de sellos lo cual hizo arder a los ninjas hasta que se volvieron cenizas, no les dio tiempo siquiera a gritar. Cuando el rubio tomo el control salió corriendo a casa a dormir, ese día había sido muy intenso.

Cuando cerró los ojos apareció de nuevo con el inmenso zorro.

-¿Quién eres y por que me ayudaste?- preguntó con una de sus sonrisas, aunque aún le tenía miedo a la imponente criatura.

-Verás, mi nombre es Kyubi, aunque tú me puedes llamar Kurama. Y yo te ayudé porque si tú mueres yo moriré también, pero tranquilo, no volverán a meterse contigo durante un tiempo.- dijo tranquilo.

-Que bien, ¿pero porque estas aquí, no te mató en Yondaime?- preguntó.

-Pues verás, todo empezó hace seis años. Era el día donde mi anterior jinchuriki iba a tener un bebé, pero en el parto al nacer el niño, el sello se debilitó y un tipo enmascarado me extrajo de ella para usarme como un arma contra la aldea. La única forma de derrotarme era sellarme de nuevo, entonces el Yondaime sacrificó a su propio hijo, porque confiaba en que él conseguiría dominar mi poder. Pero yo no quería ser sellado e intenté matar a ese niño, pero como un buen padre y como una buena madre se interpuso entre mi garra y su hijo y me selló, pero a cambio de su vida y la vida de su esposa. Así fue como yo acabé en tu interior.- respondió serenamente

-Entonces yo…yo soy…soy el hijo del Yondaime y tu anterior jinchuriki.- dijo al borde de las lagrimas.

-Así es, eres el hijo de Minato Namikaze y Kushina Uzumaki. Pero de verdad que me arrepiento de todo lo que hice, si pudiese ayudarte de verdad lo haría.- dijo con voz triste.

-No te preocupes Kurama-san, yo te perdono, se que no lo querías hacer.- le dijo con una de sus sonrisas "marca uzumaki".

-Gracias y tranquilo, ya sé como te voy a ayudar. Te voy a entrenar para que así seas muy fuerte y ya no te puedan hacer daño.-

-Muchísimas gracias, Kurama-sensei.-

-Pero ahora a dormir que mañana por la mañana tienes que empezar la Academia.-