PROLOGO:

El tiempo pasa, de eso se trataba la vida. Un día eres un niño lleno de esperanzas, de fantasías, llevando por delante una vida cuyo verdadero lado aún está escondido detrás de una máscara de caramelos y sonrisas; y al otro días eres un adulto, te conviertes en un individuo con un pensamiento ético, una ideología marcada, un trabajo estable y, al final, con la necesidad de formar una familia que reitere este milenario ciclo. Después de todo, ¿qué es la vida sino una montaña rusa cuyas idas y vueltas llevan a la mente humana a un grado "mayor" de sabiduría acerca de ésta? ¿Qué es la vida sino un inmenso océano repleto de las lágrimas derramadas por los amantes trágicos? Ah, los amantes trágicos, la historia de un amor turbulento semejante al cual él mismo había atravesado. Una etapa de aquella montaña rusa que no había representado más que una larga e interminable subida, cuya caída se había tornado agónica.

Todo comenzó en su primer año de universidad, cuando Eddward Marion Anderson aún se debatía por su futuro, sumido en la presión de preparar exámenes, trabajos, exposiciones y diversas investigaciones.

Había optado por seguir la carrera de leyes, después de todo, su amor por el orden y el buen comportamiento lo habían guiado durante un largo tiempo de su existencia, ¿qué otra profesión podría ocupar? Cierto, también tenía un aprecio por la ciencia y todo aspecto del entorno adyacente a su persona, mas no podía imaginarse a sí mismo prestando un servicio de inmensa importancia para la nación, o encontrando la cura para el cáncer. No, sus ambiciones, aunque muy complejas, no aspiraban al gran éxito, ni a dinerales. En pocas palabras, se conformaba con la abogacía.

Desde que se vio obligado a dejar su antiguo hogar, ubicado en Cul-De-Sac, Edd rompió todo lazo con aquellos que habían dicho llamarse sus amigos. No había sido una decisión a la ligera, para nada, acababa de enterarse de la muerte de sus padres, y no le quedaba más que mudarse a Chicago con un pariente lejano y finalizar sus estudios secundarios allí. ¿Cuánto tiempo había pasado desde aquél entonces…? Tres años, tal vez. Tres años que sirvieron perfectamente para esfumar los sentimientos de camaradería y amistad de tres jóvenes de bajos recursos económicos.

Los recuerdos se materializaban en forma de lágrimas cada vez que Edd pensaba en su pasado, aquellos buenos momentos que el destino le había quitado y que por nada del mundo sería capaz de recuperar. La corriente había avanzado y él había sido acarreado en ella.

Había pensado en recuperar contacto con ellos, pero siempre se había visto detenido gracias a una pequeña pero persistente inseguridad de "ellos ya no te extrañan, acéptalo". ¿Y si era cierto? Nunca se podía estar del todo seguro de quién se tiene al lado, después de todo, de un día para otro podía llegar a convertirse en una carga más que en un compañero. Eso le helaba la sangre. También podía agregar que, debido a su nuevo porte académico, le costaba imaginarse en un sofá repleto de manchas de gaseosa o cerveza, en una habitación consumida por la humedad, mirando programas de poco contenido intelectual. Sin embargo, los amigos son los amigos, y le dolía no poder volver a verlos.

Y ahora, tres años después de aquella prácticamente insoportable pérdida, Eddward no hacía más que estudiar. Siempre se caracterizó por ser un muchacho increíblemente retraído e introvertido, pero en aquellos años su aislamiento había aumentado considerablemente, y esto se atribuía al esfuerzo que le brindaba a su educación. Y a qué más brindarle esfuerzo, sino a la razón por la cual se vería obligado a vivir por el resto de su vida. Estudios, trabajo, luego vida. Ese era su lema autoimpuesto.

Se podría decir que el muchacho tampoco se sentía del todo a gusto en lugares de ocio; el contacto reiterado con sus compañeros de aula le resultaba algo agobiante, tal vez porque no compartía la mayoría de las propuestas y pensamientos que usualmente tienen los jóvenes de su edad.

No, él era más maduro, creció con la necesidad de ser maduro, de enfrentarse a la vida que sus padres le habían brindado, más allá de su constante ausencia. Con tan sólo su propia conciencia, había tenido que valerse por sí solo con respecto a la higiene tanto personal como hogareña, la correcta nutrición y, por supuesto, la distribución de los bienes. ¿No era demasiado para un niño como él? Sí, lo era, mas nada podía hacer para cambiar su destino.

¿Tal vez era esa la razón por la cual no podía entablar una amistad? ¿Un noviazgo? Oh, había pensado algunas veces que la solución a sus problemas podría llegar a ser la obtención de una pareja, de una muchacha que le hiciera más llevadero el día a día, pero, en el hipotético caso de que llegase algún día a tener una, ¿Cómo tratarla? ¿Cómo contentarla? Él no era la clase de persona que disfrutara en su totalidad de la compañía femenina, y mucho menos tenía idea de qué debería hacer para mantenerla a su lado; si no podía mantener una amistad, mucho menos podría mantener una relación.

Allí quedaban sus miras sociales, enterradas bajo toneladas de inseguridad y de responsabilidades, las cuales, como siempre, ocupaban el mayor lugar en la lista de "prioridades de Marion".

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¡Hola! Este es mi primer fic de esta ship, la verdad es que no acostumbro mucho a shippear este tipo de series (?), pero bueno, todo es culpa de una amiga mía (por cierto, gracias Agustina). Intentaré subir un capítulo semanal, aunque como éste es el prólogo, el primer capítulo estará en tan sólo unos días.

Los personajes de Ed Edd n Eddy no me pertenecen.

¡Gracias por leer!