Sin éxito

Anya es apática. Puede que la indignación no queme su pecho y la levante hecha una furia contra Mónica, que después de mentirle a Suzaku, cancelando su cita por San Valentín enviándole un mensaje de texto, asegurando estar enferma, se muestra en la sala común, ordenando té a los sirvientes y sintonizando el canal de las noticias en la televisión. Solo entonces nota que no es la única persona allí (ya que los criados son poco más que muebles) y saluda con algo de nerviosismo, sabiendo que Anya irá directo al grano. Cosa que hace.

-No sé por qué te tomaste la molestia de invitarlo a salir hoy si cancelarías a último momento. ¿Ha sido solo para humillarlo?

Un fuerte rubor tiñe las mejillas de Mónica, que se pone de pie y se saca los guantes con un gesto digno que disimula el dolor. Hay ampollas cubriendo el dorso y las palmas. Están hinchdas y son recientes. Anya las observa primero y luego junta sus ojos con los de Mónica, que brillan.

-Oí acerca de esa tradición de los On…japoneses. Las mujeres preparaban el chocolate para sus amados. Por desgracia…no pude convencer al ingrediente de que cooperara, sin importar los métodos que utilicé.

Mónica luce sentida en las primeras líneas y sombría al pronunciar las palabras que conforman la última. Anya espera a que termine para aclararle que son las mujeres y los hombres pasivos, evidentemente o le habría sido más difícil a Gino substituírla de buen humor.