Honor

Por Nochedeinvierno13


Disclaimer: Todo el universo de Canción de Hielo y Fuego es propiedad de George R. R Martin.

Este fic participa en el Reto #38: "Lugares al azar" del Foro "Alas Negras, Palabras Negras".

Lugar: Campoestrella.


Eddard Stark desciende de su montura cuando los colores del ocaso bañan las tierras de Campoestrella.

El ambiente es inundando por los vientos calurosos que provienen del lado occidental que limita con Dorne, la poderosa figura de la torre llamada Espada de Piedrablanca se alza en el horizonte y el rumor de la marea del Río Torentine trae consigo olor a sal y a roca.

Sabe que no es bien recibido en el asentamiento de la Casa Dayne. No después de todo lo sucedido durante la Rebelión de Robert, pero igualmente insiste en llevar a cabo aquel acto porque sabe que es su deber como el hombre honrado que es.

Por supuesto que Lady Ashara no está contenta con su llegada y Ned comprende que es esperable debido a la situación por la que atraviesa. Velar a un hermano nunca es agradable y él lo sabe por experiencia.

—Los cuervos llegaron esta mañana, Lord Stark. Si viene a anunciarme la muerte de mi hermano Arthur, me temo que está perdiendo su tiempo.

—«Alas negras, palabras negras.» Es lo que suele decirse mi señora, pero no vengo a darle la trágica noticia.

—¿Entonces viene a burlarse de mi sufrimiento? No es propio de un caballero tener tal actitud.

—Me decepciona que tenga ese pensamiento sobre mi persona cuando nunca le he dado motivos para ello —Ned observa la sala tan lúgubre como nunca—. Vine a devolverle la última pertenencia de su hermano Ser Arthur. Albor pertenece a Campoestrella, a la Casa Dayne.

Él coloca sobre la espada de hoja pálida como las estrellas fugaces, sobre las manos de Ashara y los ojos de ella comienzan a humedecerse.

—Mi hermano es la última Espada del Amanecer.

—Hasta que alguien se merezca el honor de poseerla.

—Nadie podrá jamás ser como mi hermano Arthur.

—No lo pongo en duda, mi señora. Ser Arthur es el más grande caballero que tuve la oportunidad de conocer y lamento su muerte tanto como usted. Un talento como el suyo no debe ser desperdiciado de ese modo.

—Y es justamente por ese talento que ahora no se encuentra conmigo —el cabello oscuro le cae a ambos lados del rostro, enmarcando sus facciones y su mirada llena de soledad—. Le pido que no disfrace los acontecimientos con palabras de cortesía. Al fin y al cabo, Arthur murió por su causa.

—Ser Arthur murió por la causa que él defendía, al igual que otros miles de hombres. De eso mismo se trata una guerra.

—Lo dice como si fuera tan fácil para las mujeres, asumir que es por una cuestión de honor que nuestros hombres parten a la guerra y que es por una cuestión de honor que no vuelven. ¿De qué sirve que mueran sino los volveremos a ver nunca?