DISCLAIMER: Los personajes aquí señalados no son míos, son de J.K Rowling y Masashi Kishimoto. Sólo la historia es mía.
Hola! Este es mi primer crossover de estas franquicias, espero que les guste, dejen sus reviews y ayudenme a mejorar, por favor!
-Capitulo 1: El Encargo-
La palabra "preocupación" no empezaba siquiera a definir lo que sentía, aunque tal vez "miedo" era el sentimiento más abrumador para ella en ese momento, caminaba hacia el despacho del profesor Dumbledore con la cabeza hecha un lío, ¿por qué? Sencillo: Hacía mucho que no sabían nada de ellos, de allá; no podía imaginar lo que el anciano diría; los engranes de su mente ya se habían sobre calentado de lo rápido que éstos intentaban encontrar una razón para lo que estaba pasando.
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Hermione estaba sentada en la mesa de Gryffindor en el gran comedor acompañada de sus amigos, a pesar de la tensión y el miedo, todos reían y conversaban. Estaban en su séptimo año, después del ataque de los Mortífagos a Hogwarts a finales del año anterior, y que estos atacaran al Director en un fallido intento de asesinato, todo el mundo mágico había entrado en un estado de "Alerta Máxima" como solía decir Ojocolo Moody. Todos disfrutaban del inicio de clases pues apenas llevaban dos semanas de curso, se escuchaban las risas de los estudiantes, los susurros, las conversaciones y uno que otro explosivo de los tan populares sortilegios Weasley.
De pronto una lechuza hizo acto de aparición en el salón, era raro pues estaban cenando y la hora del correo había pasado ya hace mucho, el ave dio un par de vueltas hasta posarse en la mesa de los leones, más concretamente frente a Hermione Granger. La chica levantó una ceja confundida, pero desató la carta de la pata de la lechuza y acto seguido esta se fue volando; estudió lo que tenía en las manos, era un pergamino cualquiera y a la lechuza no la había reconocido, desdobló el papel y al comenzar a leer su corazón dio un vuelco:
"Querida Kunoichi:
Señorita Granger, antes que nada le deseo una buena tarde; me temo que tenemos un problema y requiero de su presencia en mi despacho para tratar el antes mencionado asunto.
La espero después de la cena.
Att: Albus Dumbledore"
Su corazón latía desbocadamente, ¿qué demonios era eso? Dumbledore había comenzado su carta refiriéndose a "Kunoichi" el jamás hacía eso, pero ¿POR QUÉ?, se levantó de un salto.
-Hermione ¿a dónde vas?- preguntó Harry quien la miraba confundido y preocupado por la palidez que había adquirido el rostro de su amiga después de leer la carta.
-Tengo que buscar algo en la biblioteca- declaró para después salir a paso rápido del gran comedor.
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Llegó a la entrada del despacho del director y se detuvo, tomó un gran suspiro y puso su cabeza en alto, llamó.
-Pase- se escuchó una voz desde dentro.
Hermione entró, el director estaba sentado en su escritorio y la miraba con una sonrisa cálida en el rostro y un brillo particular en sus ojos azules.
-Señorita Granger me alegra que haya venido- declaró el anciano mirándola tras sus anteojos de media luna –Por favor tome asiento-
Solo asintió pues su boca se había secado al instante en que puso un pie allí dentro, no sabía que pasaría, ¿Estaba su aldea en problemas? ¿La Hokage había mandado un mensaje? ¿Estaba bien su sensei? ¿Podría regresar ya?
-Puedo decir que está nerviosa señorita Granger, así que seré breve: necesito de su ayuda- Hermione le miro confundida, eso no era lo que se esperaba en absoluto. ¿Estaba el viejo bromeando?
-¿Mi ayuda?- preguntó desconcertada – ¿Para qué?, ¿no me sacará del colegio?-
-¿Sacarla del colegio? Claro que no ¿Por qué habría de hacer eso?- el anciano frunció el ceño claramente confundido por el pensamiento de su alumna.
-Pero usted hizo referencia a mis habilidades, usted sabe lo que soy, lo que hago. ¿Por qué recurrió a mí de esa manera? ¿Hay noticias de mi aldea? - preguntó Hermione dejando ver la ansiedad en su tono de voz. – ¿Ellos están bien? ¿Qué es lo que sabe?
-Tranquilícese señorita Granger, si le hice mención de su secreto es porque necesito de su ayuda- la voz parsimoniosa logró su cometido.
Hermione dejó salir todo el aire que inconscientemente estaba conteniendo y asintió con la cabeza. No podía precipitarse y gritar su desespero por saber algo de su aldea, de la Hokage, de todos sus amigos, de su hermano,de su sensei, de su mundo… pero aun así le inquietaba el favor que le pudiese pedir el tan venerable anciano, aunque al igual que su mejor amigo Harry, ella le tenía total confianza por lo cual no dudó al mirarlo a la cara y decir:
-Lo que sea profesor Dumbledore, dígame ¿En qué puedo ayudarle?-
-No acepte sin antes escuchar de qué se trata señorita Granger, lo que voy a pedirle bien puede ser incómodo para usted. ¿Recuerda el incidente que tuvimos a finales del curso anterior?, y ¿Usted sabe quién fue el causante?, ¿Quién dejó entrar a los Mortífagos?- preguntó mirándola intensamente.
-Fue Malfoy- concretó la chica con convicción – yo lo miré salir de la sala de los menesteres con los Mortífagos- Ella nunca le había dicho a nadie eso, ¿por qué? Ni ella lo sabía, pero como Malfoy no había regresado al colegio no le pareció necesario, aunque en su pecho sentía que había una razón escondida del porqué de su acción, más no pensaba descifrarla.
-Así es, el señor Malfoy fue quien le permitió la entrada a los seguidores de Voldemort, así como fue quien me aviso de ello, y por lo cual estoy aún con vida-
Hermione se quedó estupefacta, ¿había escuchado bien? Enserio ¿Malfoy había anunciado al director del ataque?, oh por Merlín ¿qué estaba pasando?
-Verá, el joven Malfoy fue forzado por su padre a convertirse en Mortífago; al principio del curso pasado él se acercó a mí pidiendo ayuda; me informó de la misión que le fue asignada, y yo le brindé protección a cambio de que fuera nuestro espía, él aceptó y por tanto estoy con vida, pero ahora reside el problema; señorita Granger el peligro que hoy corremos es grande; Harry se enfrentará a Voldemort y una gran guerra está a cuestas. Por eso le pido ayuda en una misión, y esa es: proteger al señor Malfoy- El hombre mostraba tranquilidad, como siempre lo hacía, aunque no fuera lo que sintiera o pensara.
-¿Protegerlo? ¿De qué?, Además ¿cómo podría protegerlo si él no regresó al colegio?- El profesor tenía que estar bromeando, la idea era absurda; ¿ella? ¿cuidando a Malfoy? ¡Por favor! Y aunque fuera cierto estaba completamente segura que Malfoy no estaría de acuerdo con eso; no, él primero desearía estar muerto.
-No creo que falte de qué protegerlo señorita Granger, verá; nosotros somos magos y nos enfrentaremos contra magos, unos buenos y otros malos, unos con grandes habilidades otros con unas no tanto, pero magos a fin de cuentas; y así como todos los magos, somos inútiles sin varita; nuestra magia se concentra allí y sin ellas no somos nada, si en batalla perdemos nuestra varita quedamos a merced del enemigo señorita Granger; pero usted no, usted sabe defenderse sin artefacto es por eso que acudo a usted para tan importante requerimiento, sé que es algo muy pesado para sus hombros por eso le pido que lo medite, pero tenga en cuenta que si le pido esto a usted es porque no tengo a quien más recurrir para la protección del joven Malfoy. El chico arriesgó su vida todo el curso anterior y ahora por desgracia tengo motivos para creer que Voldemort ya sospecha de su doble cara, por tanto es crucial que el joven Malfoy se vea protegido en todo momento por si algo llega a suceder, por ahora sólo lo tienen como informante de mis movimientos pero si le piden algo más se pasará por completo a nuestro bando; pero de igual manera existe otro inconveniente, la madre de Malfoy también actúa de nuestro lado, sin embargo ella no puede dejar la mansión, por tanto él hace visitas de encubierto a su madre, y es allí donde requiero de su presencia; Hermione en esas visitas usted será "guardaespaldas" e intervendrá si llegan a haber problemas- Por la manera en que sus manos se quedaban quietas y sus ojos se fijaban en ella se podía notar que había ensayado su discurso, tal vez para hacerlo sonar más convincente para la castaña.
Hermione sentía que su cabeza explotaría, era demasiada información que absorber en ese momento, para empezar Malfoy: era bueno, era espía de Dumbledore, le había salvado la vida o algo así, corría peligro y ella debía cuidarlo, aún dudaba que él estuviera de acuerdo, y también estaba Narcissa Malfoy y a ella estaba decidida a ayudarla, siempre la había visto como una mujer mancillada por la voluntad de su marido y lo que ella creía como protección para su hijo la había llevado a tomar malos caminos, y si ahora la mujer veía la luz ella se encargaría de que estuviera sana y salva.
-Acepto, profesor Dumbledore puede usted contar conmigo- declaró con la convicción de su pensamiento anterior –pero también debe saber que no descuidaré a Harry, mi propia misión es ver por mi mejor amigo y no dejare que nada le pase-
-Señorita Granger no sabe cuánto le agradezco, y sé qué no hay nada que le hará dejar a Harry, sin embargo con referente a Malfoy no es algo que pueda decidir usted sola- anunció el viejo director mirándola cálidamente y con una sonrisa de satisfacción.
-¿Cómo?- preguntó Hermione confundida, ¿no podía decidir sola? ¿Por qué no? Era su vida y ella escogía lo que hacía con ella.
-Sé qué en usted cabe aceptar o no, pero yo le juré al Hokage que estaría segura aquí cuando llegó, por tanto le ruego que lo comente con él, yo ya le he mandado una carta explicándole el asunto y requiere su presencia mañana a primera hora- concretó Dumbledore con calidez pero con la fuerza necesaria en la voz para que la castaña no se opusiera.
-Mañana, profesor entonces necesito su permiso para salir del colegio- La alegría se le salía por los poros pero intentaba contenerla con el mayor de los esfuerzos
-Claro puede salir mañana a primera hora, pero antes de irse debo informarle que el joven Malfoy ya regresó al colegio- esto último lo pronunció como sentencia, no sabía que podía interpretar de ello, pero no creía que era más que un "dese prisa"
Hermione solo asintió y con una pequeña sonrisa salió del despacho, debía alistar sus cosas para salir mañana a su amada aldea, el lugar que la vio crecer y que tanto extrañaba, Konoha.
