Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Ohtaka Shinobu.
Narración.
—Diálogo.
—Aclaraciones—.
(Intervenciones en la narración).
"Pensamientos o frases que se dijeron".
Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OOC. Una historia random con sus debidos momentos serios. (?)
Summary: No existen las casualidades, o por lo menos Kougyoku y Alibaba dejaron de creer en ellas porque resultaba obvio que el Destino los quería juntos. Solomon tenía que aburrirse en el Flujo del Rukh para estar de Shipper. Serie de One-shots y Drables Alikou.
Golden Eyes
Todo comenzó con una simple pregunta.
―Ne, Koubun. ¿Crees que los ojos de Alibaba-chan son como el ámbar, el topacio o como un ópalo de fuego?
Kougyoku no estaba segura de en qué momento pasó de mentalizarse para hablar con su hermano mayor y convencerlo de no entrar en guerra con Sindria a pensar en los ojos de Alibaba, pero realmente no le interesaba indagar demasiado en ello. No lo consideraba como algo extraño, ni fuera de lugar. Ella de hecho creía que era bastante común. Él era su primer amigo, después de todo. Era normal que pensara demasiado en el Príncipe últimamente.
Ka Koubun no era tan ingenuo, sin embargo.
Exactamente por eso su consejero se exaltó ante semejante cuestión. Estaba formulada inocentemente, y el propio Koubun sabía que la Octava Princesa Imperial era tan pura que él incluso podía sentirse mal a veces ―y sólo a veces― por utilizarla en sus truculentos planes para escalar de posición, pero dicha pregunta bastó para disparar todas las alarmas en su cabeza.
Medio año atrás habría sido diferente. Entonces, Alibaba Saluja tenía un nombre relevante. Él pudo ser el rey de Balbadd, por lo que habría contraído nupcias con Ren Kougyoku.
Pero el chico no era un rey, ni Kougyoku era su esposa. Él ahora era un forastero exiliado en Sindria y la monarquía en Balbadd ya no existía. Alibaba Saluja ya no era nadie.
No obstante, ese Don Nadie ahora era una amenaza.
El Contenedor Domestico de Vinea no había pensado que su princesa le echaría una segunda mirada, pero demostró estar equivocado cuando ella felizmente le comentó cómo éste le enseñó a hacer una ―vulgar, en su opinión― corona de flores. Él debió haberla regañado, corregido diciéndole que esas actividades no eran dignas de una princesa. Pero Koubun se ablandó en ese momento, viendo la genuina alegría en el rostro usualmente disfrazado con una máscara que ocultaba dolor y una profunda depresión, y en ese instante decidió que no sería tan catastrófico si consentía ese capricho.
Tal error ahora le pasaba factura.
De alguna manera, y él realmente no quería reflexionar por qué, ellos se habían vuelto cercanos. Terriblemente cercanos. Y esa simple e inocente cuestión le hizo tremendamente obvio el camino que iba a tomar ese acercamiento en el futuro.
Ka Koubun tenía que evitar a toda costa que eso pasara. Más importante, él tenía que evitar que la propia Princesa y los Príncipes ―sobre todo estos últimos― se dieran por enterados.
―H-Himegimi ―carraspeó, intentando parecer casual―. ¿Exactamente a qué se debe esa pregunta?
Kougyoku no tenía por qué darle explicaciones, ambos lo sabían. Pero el hecho de que Koubun aparentemente fuese la primera persona que depositó fe en ella siempre la había hecho dócil, lo que permitía al hombre tomar ciertas libertades. Ningún otro miembro de la Familia Imperial sería tan accesible.
―Mhn ―ella meditó en silencio―. Los ojos de Sinbad-sama eran como la miel. Los ojos de Kouen-nii-san son como la hiel. Los ojos de Judal-chan como la sangre. Y los ojos de Hakuryuu-chan son como el cielo y el brillo del acero.
Las respuestas de Kougyoku solamente generaban más incógnitas en su Consejero. No le extrañaba tanta atención para el Rey de los Siete Mares, tampoco para el Primer Príncipe ya que bien conocida era la admiración de la princesa por él. La mención del Oráculo y el Cuarto Príncipe lo perturbó, sin embargo. Pues aunque se trataban personajes definitivamente influyentes, y ambos tenían una razón lógica y perfectamente justificable para aparecer en la lista, no eran ni remotamente lo que él consideraba buena compañía.
Sobre el por qué, no era realmente difícil: Judal era un mocoso malcriado, molesto, irrespetuoso y para nada a la altura de sus títulos; Hakuryuu era hijo del Primer Emperador, el sobreviviente de la tragedia, alguien a quienes los susurros indiscretos jamás dejarían en paz.
―Yo sé exactamente con qué comparar los ojos de cada uno de ellos ―siguió diciendo la Princesa, sin notar el semblante contrariado de Koubun―. Pero no puedo hallar nada que me guste lo suficiente para Alibaba-chan. Quiero decir, hay tantas cosas bonitas que me recuerdan a sus ojos…
El hombre trató de no chillar horrorizado.
―Himegimi ―no supo en qué momento encontró su voz, ni cuando sujetó a la muchacha por los hombros―. Por favor, deténgase ―casi suplicó. No, de hecho, él estaba suplicando―. Estos comentarios no son nada adecuados para una señorita de su posición.
Ella parpadeó.
―¿Por qué?
―No es adecuado ―repitió, respondiendo realmente sin responder.
Naturalmente Kougyoku no entendió a lo que se refería, pero de todas maneras asintió de forma reticente. Koubun siempre le había dicho la verdad (o eso creía ella). Y si él decía que no era adecuado, entonces no lo era.
Eso no quería decir que ella dejaría de pensar que los ojos de Alibaba eran bonitos. Ni impediría que ella siguiera recordando a detalle el momento en que le tendió su mano, con una sonrisa que opacaba al sol que se ocultaba. Tampoco olvidaría el inusual aleteo en su corazón cuando se vio reflejada en esos ojos, brillantes como dos gemas.
Días más tarde, en Rakushou, Kougyoku hallaría su respuesta cuando se viera reflejada fugazmente en el Contenedor Metálico de Vinea: los ojos de Alibaba-chan eran como el oro. Algo tan común, pero valioso. Algo que podía moldearse en tantas cosas. Algo de trascendencia, cuyo valor no puede ser menospreciado.
Fin
Nota de la Autora:
Pues intentaba escribir lo que sea, pero la musa salió con Alikou independiente y no con inspiración para mis continuaciones. So, aquí está. De cualquier forma hace falta Alikou en el fandom y ya me lo han dicho, así que no creo que se quejen.
Chaito.
