Esperar el autobús cada día era algo normal en mi vida. Siempre lo esperaba para ir a mi universidad. Dibujar es mi pasión, pero últimamente siento mis dibujos vacíos, sin sueños ni esperanzas, sin expresiones o sin sentimientos.

Cuando mis dibujos comenzaron a vaciarse creí que dejaría de recibir los cumplidos de mis amigos y familia, sin embargo, no fue así, todos seguían opinando igual sobre mis dibujos, su opinión nunca cambio.

En parte eso me mantuvo tranquila, pero a su vez, comencé a ver a mis dibujos como globos; los globos son lindos por fuera, sin embargo, están vacíos por dentro.

Y así es como comencé a comparar mis dibujos con los globos.

Una vez dibuje un globo intentando expresarme, sin embargo nadie lo entendió, y yo no entendí eso, pero lo ignore.

Pero un día, llego un chico a esperar en mi misma parada y se sentó un poco alejado de mí. No era muy guapo a decir verdad, pero había algo en sus ojos que me había capturado, aquellos ojos tan oscuros me habían intrigado.

Sigilosamente saque una hoja y comencé a hacer un boceto de su rostro con mi lápiz.

Pero como era muy lenta dibujando, él siempre se iba antes y nunca podía terminar su retrato.

Mis amigos me preguntaban qué porque ese dibujo avanzaba muy poco, a lo que yo no respondía, pero definitivamente terminaría su retrato.

Y así fue, lo acabe, había terminado de dibujarlo y de pintarlo, me había quedado maravilloso, de alguna manera, sentí que este dibujo se había vuelto diferente al de todos los demás que había hecho.

Cuando levante mi dibujo en el aire para apreciarlo mejor, el viento no estuvo de mi lado y se lo llevo hacia donde estaba el chico de los ojos tan oscuros que me habían intrigado desde la primera vez que los vi.

Reprimí un grito mientras que me levantaba de mi asiento viendo como este levantaba mi dibujo y se quedaba observándolo, sentí mis mejillas ruborizarse y espere a que me mirara mal, sin embargo, el tan solo dijo:

Un dibujo de tu rostro sería mucho más hermoso.

Y por primera vez, nuestras miradas se encontraron y pude apreciar mejor esos bellos ojos con los que Dios le había bendecido.

Su autobús llego, él se fue. Mi autobús llego, yo me fui.

Al siguiente día, con un poco de timidez regrese a la parada de autobús y me senté en el mismo banco en el que solía sentarme siempre, un rato después, ese chico llego y se sentó a mi lado, pero no alejado como siempre, si no que se encontraba cerca mío.

Y con una sonrisa, el me entrego un dibujo, un dibujo hecho por él, un retrato de mí.

Me había quedado maravillada con aquel gesto, ya que nadie nunca hizo tal cosa por mí.

Llevamos un año de pareja.

Desde que estoy con él, mis dibujos se han vuelto más hermosos.

Ya no son globos vacíos, si no que ahora están llenos.

Gracias por devolverles los sueños, esperanzas y sentimientos a mis dibujos.

Gracias por llenarlos.

Gracias por llenarme.