Disclaimer: Ni el universo de Sherlock ni Star Trek me pertenecen, son ambos propiedad de sus respectivos creadores, Sir Arthur Conan Doyle y Gene Rodenberry y sus ahora, respectivos dueños.
N/A: Final alternativo del fic Orígenes y consecuencias, el siguiente fanfic esta compuesto por un conjunto de oneshots sin relación entre si (O puede que si, ya vere que se me ocurrirá en el camino XD), simples situaciones ocurridas entre el fic Revelaciones Inesperadas y el ya mencionado con anterioridad y un desarrollo más profundo de las ya narradas e incluso situaciones futuras. Por ello se aceptan peticiones para capítulos futuros (A partir del tercer capítulo)
Disfruten :)
Capítulo 13*: Explicaciones necesarias.
—Sherlock duerme por favor—pedía John al agitado detective—.No quiero sedarte aun más.
Khan detallaba la escena desde la cama contigua, había tomado la decisión correcta al no traicionarles, al seguir a su lado, y le habían retribuido de una manera que él apenas lograba comprender, quería creer que no era porque le necesitaban, quería creer que habían regresado por él por otros sentimientos.
—Contigo definitivamente no se puede razonar, idiota—reclamó John a un, finalmente, dormido Sherlock—. Lamento eso, Khan—se disculpó John girando hacia Khan—. Empezaré contigo en un segundo.
Khan observó a John trabajar en silencio sobre su cuerpo, sus manos precisas y profesionales manejaban el tricorder y demás equipos médicos con eficiencia.
—No volvimos por ti por necesitarte—murmuró John activando el equipo de limpieza ultrasónico—. Admito que necesitábamos de tu ayuda, si, pero no podía dejarte allá, y se que Sherlock, muy en el fondo esta de acuerdo conmigo.
Khan giró el rostro en dirección contraria.
— ¿Qué ocurrió en esa celda?
—No es de tu incumbencia.
— ¿Trataron de obligarte a hacer algo?
—No me gusta repetirme—siseó Khan enfocando sus duros y fríos ojos sobre los cálidos de John.
Khan no deseaba recordar las insinuaciones de Moriarty, deseaba olvidarlas, llenarse de alegría por ir al encuentro de su amado, después de todo ese era el premio final, por lo que había luchado tanto, por lo que había sangrado, sudado y hasta llorado, aunque desease borrar eso de su cerebro.
—Bien, sólo quiero que sepas que, te debemos la vida, te debo la vida Khan, si necesitas hablar estaré disponible para ti—sonrió, indicándole que se incorporase—. No esa clase de disposición, tú me entiendes—agregó incómodo.
—No te necesito, no necesito de ninguno de los dos.
Y con esa última afirmación Khan abandonó la enfermería.
—Sólo trataba de ser amable—murmuró John por lo bajo, concentrándose en la suave respiración de Sherlock, en el suave movimiento de su pecho al subir y bajar.
—Necesitamos hablar Sherlock—susurró en su oído—.Pero será en cuanto te recuperes por completo, los doctores klingon hicieron un desastre al intentar salvarte.
Sherlock murmuró en sueños, perdido en su mundo personal, profundamente dormido gracias a los sedantes de John.
…
Noche cerrada, o al menos eso marcaba el temporizador de la nave, Sherlock abrió los ojos con pereza, agotado, John dormía a su lado, con la cabeza apoyada cerca de su hombro, en una postura que le ocasionaría dolor de cuello al despertar.
¿Por qué seguía a su lado?
Silencioso, Sherlock se incorporó de la cama, con un fluido y sigiloso movimiento se retiró los tubos del reemplazador de fluidos, aparato que se empeñaba en seguir saturándolo de sedantes ahora que sus sensores habían descubierto que estaba consciente.
—Sherlock, se te esta haciendo costumbre—le regañó John incorporándose de golpe.
—Estoy bien—aseguró el detective, esquivando la mirada.
—No lo estas, saltaste de un edificio de nueve pisos y unos ineficaces doctores klingon decidieron tratarte, no tienes ni idea del desastre que…Espera ¿Dónde vas?
—Descansaré en mi habitación, no se sobre limite en sus acciones "Doctor"—dijo Sherlock con frialdad, apoyando ambos pies en el suelo, con cautela dio unos cuantos pasos hacia la salida.
— ¿Doctor? Sherlock, ¿Qué demonios sucede? —John corrió hasta plantarse frente a la puerta, impidiéndole la salida a Sherlock.
—Sabes que sucede—escupió el detective, abrazando sus costillas, en un ademán defensivo.
—No lo se, Sherlock, no lo se.
—Entonces no busques en mi las respuestas y ve a revolcarte con Khan, lo estas deseando—siseó el detective con dolor, temor y celos aderezando el tono de su voz.
John sintió como su cuerpo perdía las fuerzas, dejándolo inmóvil frente a la puerta, como una fría estatua, libre de expresiones faciales. Malinterpretando su respuesta, Sherlock lo hizo a un lado y salió la de enfermería a paso firme y veloz.
Segundos después John volvió en si, resistiendo las ganas de golpear la pared con la frente salió de la enfermería dispuesto a seguir a Sherlock, pero este ya había desaparecido por el pasillo.
Era evidente lo que había sucedido, de alguna manera Sherlock había visualizado lo ocurrido en la celda con Khan y se había formado su propia opinión. John apresuró el paso, conociendo a Sherlock, había un extremo peligro de que este decidiese refugiarse en las drogas.
— ¡Sherlock! —llamó al llegar al camarote del detective —.Maldita sea, Sherlock abre la puerta.
Sólo el silencio provenía del interior del camarote.
—Código médico de emergencia John Hamish Watson 002MF—recitó el doctor a la puerta, pero esta no se abrió, Sherlock parecía haberla bloqueado por completo.
—Vete de aquí—ordenó Sherlock desde dentro, con los cables del circuito de la puerta colgando de su puño tembloroso.
—Debo explicarte lo que pasó, Sherlock.
—Te revolcaste con él, no necesito los detalles.
—No me revolqué con él—gritó John con la garganta echa un nudo.
—Seré un virgen, John, pero reconozco las acciones necesarias para el coito.
—Sherlock, estas cometiendo un error, si de verdad viste lo que pasó, sabrás que Khan y yo no llegamos al final—explicó John con desesperación.
Desde la habitación de Sherlock llegó un silencio repentino, luego el sonido de la puerta siendo destrabada, finalmente el rostro de Sherlock surgió por una rendija, agitado, enrojecido y con los ojos brillantes.
—Sherlock, déjame pasar, te prometo que responderé todas tus preguntas.
— ¿Puedo confiar en ti? —interrogó Sherlock, con la mirada dolida.
—Sherlock—gimió John ante la pregunta—.Por supuesto que puedes confiar en mi palabra.
Sherlock asintió y con ayuda de John empujó la puerta para dejarle pasar, cuando finalmente John estuvo dentro del camarote, Sherlock se apartó hasta la pared contraria.
—Moriarty, el sujeto que esta detrás de todo esto, me mostró un video—comenzó el detective, tratando en vano de controlar los temblores de su cuerpo.
—Imagino su contenido—murmuró John.
— ¿Era falso?
—No Sherlock, no lo era—ante esa respuesta Sherlock alzó el mentón con ira, dispuesto a echar a John de su habitación—.Pero fue truncado, estoy seguro de eso.
— ¿Truncado?
—Khan y yo nunca estuvimos juntos, nunca llegamos a consumar el acto, Sherlock.
—Se besaron y se manosearon—chasqueó el detective—. La intención estaba ahí.
—Si, no lo niego—murmuró el doctor arrepentido.
— ¿Por qué? —preguntó Sherlock dejándose deslizar por la pared hasta caer sentado en el suelo, la respuesta a esa pregunta era lo que más le atormentaba— ¿Por qué traicionarme, John? —volvió a preguntar, taladrando al doctor con su mirada.
—Ni siquiera sabía lo que éramos, Sherlock—protestó John, arrepintiéndose de lo dicho al instante, con Sherlock no valían los términos usuales usados en una relación.
Sherlock continuo mirando a John, con una expresión dolida poco común en sus ojos "¿No era obvio?".
—Sherlock, yo... Se que no es suficiente con esta explicación, y nunca lo será, créeme—John se acercó al detective tendiéndole una mano, en actitud comprensiva, pero este solo se echó hacia atrás todo lo que le permitía la pared, huyendo del contacto, John retrajo su mano—.Estaba dolido Sherlock, mi alma estaba muerta, yo, me sentía perdido, fue una reacción a toda la presión.
— ¿Pretendías liberar tu estrés con Khan? —inquirió Sherlock con incredulidad.
—Se parecen mucho, físicamente hablando, te creía muerto y el creía todo perdido, era un desenlace inevitable, sin sentimientos, lujuria pura hablando por nosotros, y no sabes cuanto lo lamento en estos momentos—explicó John con tristeza—. Fui débil, lo admito, fue un error, pero jamás se repetirá—prometió con los ojos brillantes, agachándose hasta quedar a la altura de Sherlock, quien le escrutó, buscando la mentira en sus palabras, John le dejó hacer, conciente de que le costaría ganarse la confianza de Sherlock de nuevo y que lo mejor era empezar desde ese preciso momento.
Satisfecho con su análisis Sherlock redujo la distancia que le separaba de John, uniendo sus labios en un beso necesitado, lleno de lágrimas traicioneras y promesas de fidelidad, John envolvió con sus brazos la cintura de Sherlock, estrechándolo contra su cuerpo, ayudándolo a ponerse en pie sin romper el beso.
Sherlock aventuró su lengua hasta los labios de John, quien gimió agradablemente sorprendido, sacando la propia para unirla con la del detective, degustándose mutuamente, en respuesta Sherlock gruñó quedamente, apresando a John entre sus brazos mientras mordisqueaba, posesivo, sus labios.
—Mio, John, eres mío—susurró contra su barbilla, comprendiendo las palabras que Khan le dijera hacía meses.
"Sentimos de manera superior"
—Te amo, Sherlock—contestó John acariciando en círculos la espalda del menor.
Sherlock sonrió contra su cuello, sintiéndose inexplicablemente cálido y feliz, ¿Así se sentía el estar enamorado, el ser correspondido?, volvieron a besarse, caminando juntos hasta que las rodillas de Sherlock tocaron su cama, John sonrió contra sus labios, conciliador y empujó a Sherlock con suavidad hasta dejarlo tendido sobre el colchón. John detuvo un momento sus acciones notando como un tenue rubor cubría las mejillas de Sherlock y sus ojos expresaban el nerviosismo, ante la nueva e incontrolable experiencia, latente en su interior en tan gran medida que el doctor se vio obligado a detener sus acciones, para escrutarle con la mirada.
—Sherlock, ¿Estás seguro de esto? —preguntó con ternura, tendiéndose sobre él, aguantando todo su peso con los brazos y las piernas—.Podemos llegar hasta aquí si te incomoda, no quiero que te sientas presionado.
—Estoy bien, John—contestó el detective altivo—. No soy una tímida virgen.
—Claro que lo eres Sherlock, eres un tímido y sensual virgen—respondió John sonriendo con calidez y antes de que Sherlock pudiera protestar agregó: —. Y por ello quiero que estés seguro de esto.
—Lo estoy.
John estudió aquellos matizados ojos a profundidad, buscando algún atisbo de duda latente, sólo encontró decisión y deseo.
—Bien—aceptó, dejando caer parte de su cuerpo sobre el de Sherlock, cuidando de ir lento para que este se acostumbrase al exceso de contacto físico.
John encantado, descubrió la evidente erección de su pareja apretando la suya, en un roce necesitado y cariñoso. Sherlock gimió en respuesta, sorprendido por la placentera sensación, recordando sin querer, lo similar que era aquella situación a la que John había vivido con Khan. Con un rugido de ira Sherlock giró a John para tenerlo bajo su cuerpo, luego empezó a besar y su cuello con hambre, dejando marcas.
"Mio"
— ¿Sherlock? —musitó John entre gemidos, sorprendido por el cambio de ritmo, al no obtener respuesta, se resigno a apretarle contra su cuerpo, a rozar sus erecciones con un ritmo lento y definido.
Sherlock gimió ante el roce, las nuevas sensaciones le abrumaban, eran tan cálidas, placenteras, casi dolorosas, los pantalones le apretaban. Las manos de John descendieron por su espalda hasta llegar al borde de su camisa, deslizándola sobre su torso para desnudarle.
El repentino frescor le indicó a Sherlock su situación, iba a tener sexo, con John, en su habitación, iba a tocar a alguien mucho más experimentado, alguien que ya había disfrutado a manos de un experto.
Inconcebible, él haría que John gimiese como lo había echo a manos de Khan, si, él lo lograría.
Con pasión desbordante acarició el pecho de John, cubierto aún por su camisa azul, molesto Sherlock le alzó para quitársela, quedando ambos en igualdad de condiciones, pudiendo disfrutar al fin, del roce de sus pechos desnudos. Sherlock gimió ante la nueva sensación, perdido en aquella mezcla de sentimientos encontrados que le llenaban de lujuria, amor y ganas de demostrar que él era mucho mejor amante. Sus manos se colaron al pantalón de John, encontrando sus calzoncillos húmedos, y su erección, cálida y palpitante.
—Sherlock… —gimió John cerrando los ojos.
Lo estaba logrando, Sherlock sonrió contra los labios de John, y dejó que su mano explorara aquel miembro recién descubierto, quizás con demasiada dureza, producto de los nervios, la falta de experiencia y la desesperación. John abrió los ojos, encontrándose con los de Sherlock.
—Espera—le dijo, sujetando sus muñecas para detenerlo, Sherlock bajó la mirada, lleno de dudas, apenado por estar fallando—. Tranquilo, vayamos con calma, esto también es nuevo para mí—susurró John en su oído, mientras le recostaba a su lado.
Sherlock esquivó la mirada, tratando de girarse para darle la espalda a John.
—No, no he dicho que no quiera hacer nada—admitió John manteniéndolo sujeto a su lado—. Sólo, déjame enseñarte.
"Lo que faltaba", pensó Sherlock entristecido.
—Shhh, tranquilo—murmuró John, incorporándose para besarlo, lento, un roce de labios tranquilo y fugaz, luego, manteniéndose erguido, con ayuda de su brazo izquierdo, acarició el pecho del menor con los dedos de la mano derecha, Sherlock cerró los ojos, conteniendo un gemido—. Iremos con calma, Sherlock—y con esas palabras John tomó la mano izquierda del detective y la posó sobre su corazón, permitiéndole sentir sus latidos— ¿Ves como te deseo? No tienes que tratar de compararte con nadie, no debes ganarle a nadie, no tienes que competir por mí porque ya nos pertenecemos el uno al otro.
Sherlock asintió, completamente concentrado en los latidos del corazón de John, perdido en sus pupilas dilatadas.
—Bien.
Volvieron a unir sus labios, permitiendo, esta vez, que sus lenguas se encontraran y danzaran juntas al compás del amor, John continuó sus caricias en el pecho de Sherlock, entreteniéndose largamente con sus pezones, disfrutando de los gemidos ahogados que el detective dejaba ir en su boca
—Sherlock, déjate llevar, siente—le pidió, mientras le desabotonaba el pantalón, rozando levemente su dura erección, luego se desplazó hasta quedar casi sentado en sus piernas, para retirarle con mayor facilidad la prenda. Regresó por las mismas, llenando de besos aquella piel recién descubierta—. Eres hermoso—declaró contra su ingle, provocando que Sherlock se agitara, subió sus dedos en una caricia hasta detenerlos en el elástico de su ropa interior, para engancharlos en ella segundos después.
El miembro de Sherlock saltó al verse libre de su prisión, John lanzó lejos los calzoncillos, tenía un trabajo mejor que hacer.
Sherlock gritó al sentir su pene en la húmeda y cálida boca de John, sus atenciones le estaban dejando alucinado, le llevaban a la gloria, estaba perdido en aquella lengua que acariciaba sus venas, en aquella deliciosa succión que le llevaba al límite.
—Esto es algo nuevo, pero te gustará, ya lo verás—prometió John apartándose unos segundos, para terminar de desnudarse, luego, dejando a Sherlock sudado y tembloroso sobre las sábanas, fue hasta el replicador, regresando segundos después con un bote de lubricante, podía sentir la penetrante mirada de su pareja sobre él, deduciéndolo.
— ¿Qué planeas hacer? —interrogó, al sentirlo entre sus piernas de nuevo, le había extrañado.
John le miró, enternecido por su inocencia dejó el bote a un lado, y volvió a tenderse sobre Sherlock.
— ¿Quieres ir por todo esta noche? —preguntó en su oído.
— ¿Todo? —repitió Sherlock sin comprender, analizándolo con la mirada.
Demasiado inocente, John no podía hacer lo que planeaba, no aún.
—Olvídalo—dijo contra sus labios, para luego unirlos y así acallar las quejas que ya empezaba a soltar Sherlock sobre la falta de conocimientos—. Lo haremos de otra forma.
Antes de que Sherlock pudiera siquiera protestar, John encerró ambas erecciones con su puño, logrando que Sherlock gritara por la sorpresa y lo delicioso de la sensación, tan apretado, tan cálido.
—Te amo Sherlock—declaró John contra su cuello, moviéndose con lentitud, disfrutando del roce de sus cuerpos, besando aquella cremosa piel marcada con esos sensuales lunares.
— ¡John! —gritó Sherlock, aferrándose a la espalda del doctor, perdido en sensaciones y sentimientos que apenas y llegaba a comprender, aterrado por la falta de control.
—Déjate ir Sherlock, no temas—susurró John contra su boca, aumentado el ritmo de su movimiento de caderas, rozando con mayor velocidad el miembro de Sherlock.
Sherlock obedeció, cerrando los ojos, apretando las sábanas entre sus puños, contorsionando sus piernas, mordiendo los labios de John, completamente perdido en la explosión de endorfinas. Tocó el final del cosmos y regresó, entre contracciones y jadeos, humedad y gemidos incontrolables.
Al abrir los ojos, notó la vista nublada, aún así pudo ver la sonrisa que John le regalaba, de su labio corría una ligera línea de sangre, con un pulgar tembloroso Sherlock limpió las consecuencias de su pérdida de control.
—Lo siento.
—Esta bien, no sabía que eras tan apasionado—le disculpó John condescendiente, besando su frente con cariño.
Sherlock notó como la aún dura erección de John se frotaba contra su cadera.
— ¿Por qué no continuas? —inquirió, señalando lánguidamente el bote de lubricante.
— ¿Estas seguro de lo que pides? —dudó John, estudiando los ojos de Sherlock.
Sherlock asintió, enredando sus manos en el pelo de John para exigir la atención de sus labios. John le besó, aprovechando la languidez del cuerpo de Sherlock para deslizar con suavidad un dedo dentro de él, Sherlock dio un respingo, único vestigio de las acciones del doctor.
El miembro de Sherlock poco a poco fue recuperando la rigidez anterior, John rozaba su próstata adrede, buscando que se relajara para poder introducir un segundo dedo, ante aquel nuevo intruso Sherlock gimió, contrayendo sus músculos.
—Relájate, Sherlock.
—No es fácil.
—Lo se, ven aquí —llamó John uniendo sus labios de nuevo, distrayéndole de las acciones que realizaba al sur de su cuerpo.
Sherlock deslizó una de sus manos por la espalda de John, mientras que con la otra aferraba el pene de John, cálido, húmedo, tan necesitado. John gimió gratamente sorprendido, moviendo con suavidad sus dedos dentro de Sherlock, dilatándole, acariciando su próstata mientras que su mano libre acariciaba el miembro de Sherlock.
—John, oh dios, John—gimió Sherlock al sentirse al borde de otro orgasmo, John aprovechó aquello para introducir un tercer dedo.
—No querrás venirte tan rápido de nuevo—dijo juguetón presionando la base del pene de Sherlock, deteniendo el casi inminente final.
Sherlock gruñó en protesta, frotando con mayor velocidad el pene de John.
—No seas tan ansioso—rió el doctor apartando su pene de la mano de Sherlock.
—John—protestó Sherlock al sentir como los dedos del mismo abandonaban su interior.
—Sherlock, te amo, siempre te amaré—murmuró John posicionándose en su entrada.
Al sentir el nuevo intruso Sherlock aferró las sabanas entre sus manos, dolía, no demasiado, pero la sensación era tan extraña, dejar que alguien entrase de esa manera en su vida, que se adueñase de esa manera de su corazón y su cuerpo era algo nuevo para él.
—Siente, Sherlock, concéntrate en sentir—aconsejó John cuando ya estaba por completo dentro del detective, frotando con su mano libre su miembro mientras que con la otra abrazaba a Sherlock contra si.
—Muévete, John —gimió el detective.
John le obedeció, con lentitud, permitiéndose sentir a Sherlock en toda su extensión.
La habitación se llenó de gemidos, gritos, jadeos y sonidos húmedos del choque de dos cuerpos, John buscó las manos de Sherlock, soltándolas de las sábanas, entrelazando sus dedos con cariño, ambos brazos quedaron al lado de la cabeza del menor, sirviendo de apoyo para uno y de conexión con el mundo real para el otro. Sherlock aferró sus piernas a las caderas de John empezando su propio y natural vaivén, cediendo a los deseos de su cuerpo.
—Si, Sherlock, así—afirmó John buscando sus labios para delinearlos con su lengua, pidiendo permiso para entrar por completo a su boca, Sherlock entreabrió los labios, gustoso.
Compartieron jadeos y gemidos combinados, tan entremezclados que era imposible conocer su dueño. El sudor iba y venía por ambos cuerpos fusionados, el calor y la libido los desbordaban.
— ¡Sherlock! —gritó John en la boca del menor, aferrando con fuerza sus manos, cuando sintió su propio fin cercano, en la explosión de energía pura de su vientre.
Al sentir la calidez de John derramada en su interior Sherlock llegó a su propio orgasmo, tan intenso como diferente del primero, gimiendo multitud de veces el nombre de John, soltando sus manos para sujetarle de la espalda y arañarle sin querer, perdido en las convulsiones que invadían su cuerpo, incontrolables, su propio miembro palpitaba sin control, expulsando su semilla entre ambos cuerpos.
—Eso…eso fue magnífico—jadeó John saliendo de Sherlock, besando sus labios débilmente.
Sherlock murmuró algo inentendible, con los ojos aun cerrados y con la respiración irregular.
—Te amo, John—admitió con un suspiro mientras respiraba entrecortadamente, John sonrió en respuesta a sus palabras, sabiendo que no las escucharía muy seguido de labios del detective.
—Y yo a ti, Sherlock—contestó John besando su frente. Con cuidado llevó el lánguido cuerpo de su novio, ahora más que nunca lo consideraba como tal, sobre su cuerpo, Sherlock gimió por lo bajo, reconfortado al sentirse en un lugar que reconocía aún en la semiinconsciencia, el pecho de John, particularmente, su corazón, le gustaba ser arrullado por el rítmico y vital sonido de John—. Duerme, Sherlock, ya todo acabó.
Sherlock frotó su rostro contra la piel de John, tranquilo, con el corazón saciado, como nunca antes lo había estado.
…
La USS Hurakan atracó en puerto espacial días después, Mycroft requería de la tarjeta de memoria que Sherlock tenía en su poder, por lo que los esperaba justo al lado de la puerta de salida.
—Todos los datos de la conspiración—explicó Sherlock tendiéndosela.
— ¿De dónde sacaste esto?
—Una agente de Moriarty, Mycroft conoces la historia detrás, no seas tan obvio—chasqueó Sherlock molesto.
—Pero estos datos… ¿Cómo estas seguro de su validez?
—Confío en la fuente—espetó Sherlock.
— ¿Dónde esta Mark? —inquirió Khan, con el corazón en un puño, poco le importaba la estabilidad política y bélica del cuadrante.
Mycroft le miró con curiosidad, Sherlock y John no se veían incómodos en presencia de Khan, un contraste total a las actitudes presentadas semanas atrás.
—Síganme—ordenó Mycroft echando a andar por el largo pasillo Khan adelantó a John y a Sherlock, finalmente iba a reunirse con Mark, finalmente, después de tanto tiempo estaría con él. Al llegar a la entrada de la habitación apartó a Mycroft de un empujón, nada le alejaría de su pareja, nunca más.
—Esta evolucionando bien—admitió una doctora, toqueteando una tablet al escuchar la puerta abrirse, creyendo que le hablaba al único con autorización para entrar a la habitación—.Sus valores son normales. Podemos dar como satisfactorio el proceso de clonación—informó, girándose hacia Mycroft, dejando ver su sorpresa al notar la habitación llena de desconocidos.
Sherlock y John lucían idénticas expresiones de sorpresa en sus rostros, Khan temblaba de ira.
— ¿Quiénes son estas personas canciller?
—Por favor, déjenos solos—ordenó Mycroft, la doctora obedeció en el acto.
"Moriarty tenía razón", pensó Khan, cerrando los puños con fuerza, el joven que yacía en la cama, rodeado de cables y monitores, lucía exactamente como él recordaba a Mark, cabello castaño, ojos color miel, expresión inocente. El clon le miró desde la cama, un brillo de reconocimiento iluminó su rostro.
— ¿Khan? —inquirió, extendiendo una mano temblorosa, con el dorso conectado por un tubo al reemplazador de fluidos.
— ¿Cómo es que esta cosa me recuerda?—bramó el superhombre, ignorando la mirada dolida que provocó como respuesta.
—El proceso de clonación incluye la recuperación de las conexiones neuronales, recuperando con ello los recuerdos del sujeto, haciendo posible la reeducación—explicó Mycroft con frialdad—. Es Mark física y mentalmente, lo prometido es deuda.
— ¡Esa cosa no es Mark! —gritó Khan, abalanzándose contra Mycroft, John y Sherlock saltaron sobre él y le retuvieron, con esfuerzo, Khan estaba tan fuera de si, que apenas y podía hacer uso de su fuerza sobrehumana, se dejó retener, temblando.
—Khan, soy yo—lloriqueó Mark—. Mírame—exigió, incorporándose, jalando todos los cables y tubos fuera de su cuerpo—.Soy yo Khan, soy Mark.
—No eres él, podrás parecerte a él, pero no eres él, la clonación no devuelve el alma—espetó Khan, cayendo de rodillas al suelo, acompañado de los brazos de John, Sherlock se quedó de pie, a su lado.
—El alma es algo subjetivo—respondió Mycroft—. Fíjate en él, Khan, es Mark, ¿Cómo puedes estar seguro que el "alma" no esta encerrada en el ADN?
—Khan—le volvió a llamar aquella copia barata de Mark, acercándose al superhombre con paso tembloroso.
—Calla—siseó Khan, fulminando con la mirada a Mycroft—. Este no era el trato, esto es un engaño.
Todo lo que había pasado, había sido en balde, el mantener su lealtad, el seguir órdenes, el renunciar a su libertad y su orgullo, todo.
—Por supuesto, ¿Cómo pudiste llegar a creer que el verdadero Mark sobreviviría? —admitió con ironía el canciller.
—Yo... solamente les creí.
"Estaba tan necesitado de esperanza, por eso les creí, por eso confié"
—Es Mark, y es tuyo, ¿Por qué te quejas?
— ¡Porque no lo es! ¡No es mi Mark! Esa cosa no comparte su alma—gimió Khan apartando a John con un golpe—. Esta cosa no es Mark, sólo es el resultado de un experimento de laboratorio, un ser obtenido a base de ADN y condiciones controladas—exclamó, sujetando a Mark por el cuello.
—Khan—gimoteó Mark.
—No es muy diferente a lo que tú eres—justificó Mycroft.
—Ustedes, gente como ustedes me hicieron quien soy, esto, esto pesará en sus conciencias—amenazó el superhombre, apretando entre sus manos la traquea de Mark, blindando su corazón contra los gemidos y jadeos que provenían de su victima, porque no era Mark, no lo era.
—Khan, por favor…Khan—gimió el clon con debilidad.
—Calla, ¡Cállate! ¡Maldita cosa! —gritó Khan apretando sus manos aún más, mirando con furia asesina al clon de su ser amado.
Mark lloraba, tratando de respirar, gimiendo desesperadamente presa de las asfixia, en esos instantes, Khan se sintió caer a través de aquellos ojos convertidos en caramelo líquido, sus manos perdieron la fuerza asesina que las dominaba y su mente, las ganas de matar. Con suavidad dejó a Mark de pie en el suelo, esquivando su mirada, Sherlock corrió hasta el superhombre y le sujetó con fuerza los brazos tras la espalda y John se acercó a auxiliar al aterrado clon.
Mycroft, cuya mano estaba a centímetros del botón de alarma, se retiró unos pasos, dejando entrar a la doctora que segundos antes había leído el informe que había desencadenado todo.
—Permítame doctor Watson—exigió con timidez—. Soy su doctora personal.
—Eh, si, claro, adelante.
Con Mark tranquilo y sedado en la cama, Sherlock se decidió a soltar a Khan, quien a pesar de temblar, parecía haber abandonado todo intento de agresión.
— ¿Es él? —preguntó, fulminando a la doctora con la mirada.
— ¿Te refieres a Mark? —inquirió la doctora con nerviosismo, dejando bien cubierto a Mark con un sábana—. Físicamente es él, mentalmente también.
—Me interesa su alma, su espíritu—gruñó Khan.
— ¿Qué viste en sus ojos? , lo que viste te hizo detenerte, ¿Qué viste en ellos? —quiso saber la doctora con afabilidad.
Khan guardó silencio ante la pregunta, con cautela avanzó unos pasos hacia la cama, seguido de cerca por Sherlock, quien no relajó ni un segundo su vigilancia sobre el superhombre. La pálida mano de Khan se levantó sobre la figura dormida del clon, con lentitud la guió hasta posarla sobre su fría mano, ocasionando que los sensores del ritmo cardiaco se alterasen frenéticos.
— ¿Cuándo puede ser trasladado? —preguntó Khan, frotando, en una acción que se le hacía natural, la mano de Mark.
—Ya mismo, sólo esta bajo tratamiento por el shock causado—contestó la doctora.
—Entonces súbanlo a la USS Hurakan—ordenó Sherlock, rompiendo su silencio—. No tienes donde ir Khan, puedo, acercarte a un planeta deshabitado —afirmó el detective, después de todo, tenía que saldar una deuda con Khan por cuidar de John en su ausencia—. Discutiré esto con Mycroft— Khan asintió, perdido en sus pensamientos y Sherlock abandonó la habitación con un revuelo de su gabardina.
—Tiene corazón—afirmó la doctora, algo atontada—. Que descuidada, soy Molly—se presentó ante John, tendiendole la mano, John la estrechó con efusividad.
—Puedo preguntar… digo, si no es confidencial o algo así—John carraspeó, incómodo, llevando sus manos detrás de la espalda—. ¿Cómo terminaste trabajando en esto?
—Desde que me asignaron su caso, yo era doctora forense—empezó Molly, ajena a la presencia de Khan—. Pero mis conocimientos en genética me hicieron candidata para esta investigación—concluyó, incómoda.
—No te agrada estar metida entre tanta basura.
—No, de verdad, desearía salir corriendo de aquí—suspiró—. Pero no tengo donde ir.
—Ahora lo tienes—sonrió John, recordando como se sentía el con la Flota antes de abandonarla—. Si quieres, puedes venir con nosotros.
— ¿Con Sherlock Holmes? —exclamó emocionada Molly, casi dando brinquitos en su lugar.
—Si, si es tu deseo claro esta, es una vida dura, llena de peligros y…
Molly se abalanzó sobre John, abrazándolo con fuerza y murmurando palabras de agradecimiento entrecortadas.
—Mycroft dice que esta bien, que nos larguemos cuanto antes, y que el planeta que escojamos será clasificado secreto máximo, pena de muerte para cualquier nave de la Flota que se acerqué a un radio de un pársec de distancia—interrumpió Sherlock la escena, alzando una ceja ante la incómoda posición de John.
—Oh dios mío, debo hacer mis maletas—y tropezando al pasar junto a Sherlock, Molly abandonó la habitación.
— ¿Maletas? —quiso saber el detective, acercándose, como un depredador, a John.
—Pues, la invité a abordar, ella, no esta muy conforme con la Flota y… Sherlock—gimió John al tener a Sherlock casi sobre él, acorralándole contra una pared.
— ¿Quién te dio permiso para dejarla abordar? —inquirió el detective, encarcelando a John con sus brazos.
—Pues… Yo…
—John, vas a convertir mi nave en una nave de parias—susurró el detective contra el oído de John.
— ¿No lo es acaso?
—Maldita sea, Sherlock, puedo oler tus hormonas desde aquí, ¿Podrían dejarme solo? —se quejó Khan, aún concentrado en Mark.
—Estaremos fuera—le hizo saber Sherlock, más como una advertencia que como información, mientras jalaba a John contra su cuerpo.
—Lo se, sólo aleja tus despreciables feromonas de mi espacio.
Al verse finalmente solo, Khan se permitió tomar asiento, respirando grandes bocanadas de aire para tranquilizarse, tenía demasiadas cosas que pensar, que analizar, sus sentimientos estaban revueltos, no comprendía porque se había detenido y mucho menos sabía la respuesta a la pregunta formulada por Molly.
Sólo sabía que no se apartaría del lado de Mark, clon o no, por ninguna razón ni poder sobrehumano.
N/A: Bien, final dulce para las amantes de este Ship :)
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