Notas de la autora antes de comenzar: Sólo para que conste y no os hagáis ilusiones; aunque estoy trabajando en ello y espero poder empezarlo pronto, esto NO es el fic continuación de SLAYERS CONTINOUS que tanto he prometido (y que cumpliré, pero a su debido tiempo) a mis fieles lectores. Es un fic distinto, que llevaba forjándose en mi cabeza también desde hace bastante tiempo. Espero que a pesar de no ser lo que esperabais, os guste igualmente, yo os invito a que como mínimo le echéis un ojo al primer capítulo, (aunque sea para luego echarme pestes ;P XD, es broma)

El origen del fic se encuentra en uno de los retos para el Altar de Zeros que escribí junto a mi hermana para el reto de Diciembre de 2003 que llevaba por título Comprometidos. No os voy a atosigar con los detalles, sólo os diré que, entre otros tantos personajes, mi hermana y yo nos inventamos a los padres de Lina y Luna… unos padres un tanto singulares, que pese a llevarse como el perro y el gato (algo así como un Zeros/Filia pero más estilo "matrimonio rancio" XD) se quieren de verdad… Pues el caso es que eso me dio qué pensar¿cómo habrían sido estos dos de jóvenes¿Cómo se habrían conocido? Y a lo tonto, me puse a dibujarlos. Y como suele pasar en situaciones así, ya que me pongo a dibujar a los padres de Lina, dibujo también a los de Gaudy, a los de Zel, a los de Amelia… y al mismo tiempo, una historia se fue forjando en mi cabeza ¿El resultado? Este fic del cual, ahora y sin más dilación, vais a leer el primer capítulo….:


Capítulo 1: El reencuentro

A través de la concurrida calle mayor de Zefilia, un extranjero trataba de pasar desapercibido entre la gente. La capa, de color beige al igual que la mayor parte de su atuendo, ondeaba a medida que el hombre esquivaba a los viandantes con paso decidido y la cabeza gacha. Daba la impresión de que aquel hombre no quería ser reconocido…

El extraño se paró de pronto. Acababa de llegar a la plaza mayor, donde se congregaban los mercaderes que pregonaban sus artículos en el mercadillo que Zefilia organizaba todos los viernes. En medio de todo el bullicio nadie vio como el extranjero, apoyado en una farola, sacaba una guía de su bolsillo y se ponía a leerla.

Según lo que el libro ponía, en aquella misma plaza debía haber una taberna que ofrecía habitaciones de alquiler. Miró a su alrededor y cuando encontró finalmente lo que buscaba, se metió de nuevo la guía en el bolsillo y volvió a ponerse en marcha con aún más decisión que antes.

El Lianlazer era un local que rezumaba vida: decenas de fornidos guerreros, mercenarios, hechiceros, asesinos a sueldo y ladrones de poca monta, hacían su vida y se jugaban el dinero ganado de forma más o menos legal dependiendo del caso. Algunos incluso, como los ladrones, trataban de hacerse con algunas ganancias más en aquella taberna donde las cartas marcadas, la sangre y el vino aguado se mezclaban en un maremágnum que al extraño hombre embozado no pareció importarle lo más mínimo…

Tras sentarse en una mesa apartada del centro de la acción y pedir tímidamente un café solo a la camarera que se le acercó, el extranjero se puso a sacar diversos objetos de su bolsillo, entre los que se encontraban varios mapas geográficos, una pluma y una cantimplora vacía con un brazalete rosa con una esfera azul que llevaba marcada una estrella de cinco puntas. El hombre se quedó mirando aquel objeto a través de sus ojos de un tono grisáceo durante un rato. Tras esto, se lo volvió a guardar y fue inspeccionando los mapas uno a uno. Para cuando la camarera regresó con su café, había llenado lo menos cinco de los mapas de tachones y anotaciones al margen. Miró entonces varias veces a su alrededor, como queriendo asegurarse de que nadie le prestaba atención y sólo entonces procedió a bajarse poco a poco el embozo que enmascaraba una cara cubierta de fragmentos de roca.

Mientras disfrutaba de los primeros sorbos de su café, súbitamente se produjo una explosión en la otra punta de la taberna. Sin embargo él ni se inmutó. Supuso que alguno de los hechiceros allí presentes había tenido algunas desavenencias con alguno de los parroquianos y trataba de resolverla por el método rudo…

Y habría seguido así de impasible si no hubiera oído aquella maldita frase:

– ¡Lina, qué haces¡Acabas de mandar a volar media taberna!

Automáticamente, Zelgadis Greywords escupió el café que se estaba tomando.

¡Maldita sea…! Había venido expresamente a Zefilia porque pensaba que, por lógica, aquel sería el último sitio en el que se encontraría con ELLA…

… Pero por lo visto las leyes de la lógica no se aplicaban a aquella hechicera tetiplana (de cuyo nombre preferiría no acordarse…)

– ¡No me dirás que encima le defiendes! – exclamó una voz chillona de mujer en respuesta a la primera frase que Zelgadis había oído - ¡Ése cabrón se lo merecía!

– Pero Lina, - replicó el que había hablado antes – no puedes hacer explotar una parte de la taberna cada vez que uno de los clientes te molesta…

– Gaudy – le advirtió de nuevo ella – escúchame lo que te voy a decir: NADIE me toca el culo y sobrevive para contarlo ¿Ha quedado lo suficientemente claro?

– Sí, Lina, lo que tú digas…

– ¡Pues eso¡Y ya pueden volar una, dos tabernas y las que hagan falta, que con tal de que esa panda de pervertidos se lleven su merecido, me da igual!

– Pues a Luna no le va a hacer mucha gracia…

Zelgadis se esforzó por hacerse invisible en aquel momento y discretamente se dirigió hacia la salida. Pero…

– ¡Andá, mira quién va por ahí¡Hola, Zel!

¿Quién fue el que dijo que todas las grandes batallas de la historia se habían perdido por dos palabras: "demasiado tarde"?

Pues bien, ya era demasiado tarde para que Zelgadis se escabullera.

Lina Inverse había regresado a su miserable existencia.


– En fin, Zel – le instó Lina mientras ella y Gaudy, sentados en la misma mesa que él, esperaban a que se terminase su café – Nosotros ya te hemos contado… ¿Y tú, qué ha sido de tu vida desde que nos separamos?

¿Su vida? A decir verdad no había nada nuevo que contar…

Gaudy y Lina sí que les habían pasado cosas: cosas como encontrarse con una pareja de cazarecompensas de lo más pesado, enfrenarse a la servidor de uno de los Dark Lords y salvar al mundo por millonésima vez de el tercer fragmento resucitado de Sabraagnibudú (1). Todo ello antes de regresar a Zefilia y acabar obligados a trabajar en la taberna para saldar sus deudas de restaurante…

¿Y él en cambio, qué había hecho con su vida?

– Nada del otro jueves – confesó la quimera mientras apuraba su café – Seguir buscando una cura para mi estado… y poco más… llegué a Zefilia por pura casualidad y me decidí ver qué podía visitar..

Eso último era mentira, claro. No ya porque pensaba que Zefilia, el hogar de Lina que ella no había pisado en años, sería el ultimo lugar del mundo en el que esperaba encontrarla, sino porque además, necesitaba hablar con alguien…

Tenía que confirmar si aquellos rumores eran ciertos.

– ¡Estupendo! – se alegró Lina - ¡Has hecho una gran elección, Zel! Ya verás: Gaudy y yo te haremos de guías… por un módico precio, por supuesto…

– ¡Lina…¡Que es Zelgadis! – le recriminó el espadachín

– Ya, lo sé, pero piensa en el negocio, Gaudy…

– ¿Y quién ha dicho que me voy a quedar el tiempo suficiente para una visita guiada? – inquirió la quimera, levantándose de su asiento y yendo derecho hacia la salida.

– ¡Eh¡Pero… Zel, espera! – le retuvo su pelirroja amiga - ¡Si acabas de llegar, hombre! Y ya que dices de visitar la ciudad…

– Francamente, después de veros a vosotros aquí, se me han quitado las ganas… - gruñó Zelgadis permaneciendo en sus trece.

De pronto una voz atronadora surgió de la cocina.

– ¡LINAAAAAAA¡¿QUÉ COÑO HACES QUE NO TRABAJAS!

– Oh-oh… - Lina pareció palidecer visiblemente al oír aquellas palabras.

– Te dije que se enfadaría, Linita… - le reprochó Gaudy.

– ¿Quién? – Zelgadis, totalmente confundido, se preguntó quién sería el monstruo que hiciese a Lina Inverse temblar ante su ira.

Obtuvo la respuesta en apenas unos segundos, cuando una mujer alta de cabellos violetas cortados a media melena, con un flequillo tan espeso que le tapaba constantemente la visión, vestida con un traje de camarera y blandiendo un cuchillo de cocina ensangrentado, se acercó hacia ellos amenazadoramente… la verdad es que la visión acojonaba hasta al mismísimo Zelgadis.

Pero lo más sorprendente de todo fue ver como aquella mujer, después de agarrar por el pelo a una Lina que intentaba escapar de su cruel castigo, le diera un soberano capón a la hechicera que era famosa a lo largo y ancho de aquel mundo como la Dra-mata, tirándola al suelo.

– ¡Maldita desagradecida! – le gritaba la mujer pateándola en el suelo con saña - ¡Encima que te doy un trabajo, vas tú y te pones a rajar como una portera¡¡No estás aquí para hacer el vago precisamente!

– Se-señorita Luna, tranquilícese no es lo que parece… - trató de serenarla el bueno de Gaudy – Verá es que Zelgadis es un viejo amigo nuestro y…

– ¡Como si es la mismísima LON-sama, me da igual! – le chilló Luna dándole un buen tirón de orejas al rubio – Las horas de trabajo son sagradas y no se ha de desperdiciar ni un minuto en tonterías ¿entendido?

– Sí, señorita Luna. – se resignó Gaudy.

– Pues eso. Y ahora llévate a la vaga de mi hermana a esa parte de la taberna que se ha cargado hace un rato y que la repare… ¡Y nada de holgazanear!

Mientras Gaudy se llevaba a rastras a una llorosa Lina, Zelgadis no pudo hacer menos que sorprenderse. ¡Conque aquella era la hermana de Lina, la famosa caballero de Ceipheid con quien Filia contactó para salvar al mundo y a quien tanto Lina temía! Claro… ahora que lo recordaba, Lina mencionó algo de que su hermana trabajaba a tiempo parcial como camarera…

Zelgadis jamás había tenido hermanos, aunque sí tenía entendido que los hermanos tendían, por norma general, a coincidir en ciertos rasgos del rostro, del cuerpo… lo que la gente comúnmente llamaba "parecido familiar" Sin embargo, cuando echó un vistazo más atento a la mayor de las Inverse no llegó a hallar parecido alguno entre ellas. Es más, Lina era justo lo opuesto a su hermana: mientras que una estaba más plana que una tabla de planchar, la otra tenía un buen par de…

– Perdona… ¿tú eres ése tal Zeldigass? – le preguntó la hermana de Lina sacándole de sus pensamientos y haciendo que se le resaltara una vena de su frente al volver a oír aquella deformación de su nombre (2)

– ¡Es Zelgadis! - replicó la quimera de mal talante.

– Sí, en fin, como sea… - le quitó importancia la camarera del Lianlazer - ¿vas a pagar tu consumición sí o no?

– Ah, sí claro. – accedió el hechicero sacando unas monedas de su bolsa - ¿Cuánto va a ser?

– 200 oros y 100 de plata.

El dinero por poco se le resbala de las manos al pobre Zelgadis al oír tan desorbitado precio.

– ¡Eso es demasiado caro para un café! – protestó al borde de la histeria.

– ¿Quién ha dicho que te cobro sólo el café? – inquirió Luna con cara de asesina psicópata y sacando el cuchillo de cocina mientras le hablaba amenazadoramente: - El tiempo que estás ocupando inútilmente tu asiento yo pierdo clientes, así que también te he cobrado la hora y media que has estado de charla con la inútil de mi hermana menor…

Ahora Zelgadis empezaba a ver el "parecido familiar" de las hermanas Inverse…

Ambas eran unas usureras de cuidado.

– Pe-pero es que no tengo tanto dinero…. – trató de excusarse la quimera, sudando la gota gorda ante la terrorífica visión de la hermana de Lina afilando el cuchillo delante de sus narices.

Luna Inverse se apartó momentáneamente de su cara y pareció meditar sobre aquello último. Finalmente, exhibió una sonrisa satisfactoria que hizo temer a Zelgadis que, lo que quiera que se le hubiera ocurrido, no iba a beneficiarle en absoluto.

Empezaba a arrepentirse de no haber aceptado la oferta de la visita guiada de Lina.

– Bueeeno… siempre podemos llegar a un pequeño acuerdo…


Muchas horas después, Zelgadis abría la puerta de la habitación que había alquilado aquella misma tarde con malos modos. Lina y Gaudy, que le esperaban dentro, pudieron ver la expresión mezcla de cansancio y de mal humor que exhibía su rostro, así como sus cabellos de alambre deformados y medio quebrados y un delantal lleno de grasientos churretones y restos de comida que sustituía a su atuendo habitual.

– ¿Zel, qué te ha pasado! – exclamó Lina al ver el estado lamentable en el que su amigo quimera había llegado.

– Ay… tu hermana es un ogro, Lina… - gruñó Zelgadis tirándose cuan largo era en su cama.

– ¿Me lo dices o me lo cuentas? – ironizó la pelirroja.

– ¿Te ha mandado a fregar platos? – trató de adivinar el rubio espadachín.

– Sí… y no sabes lo peor…

– ¿Es que hay algo peor que eso? – preguntó Lina.

– ¿Usar tu pelo de alambre como esponja para quitar la grasa incrustada de la olla de los garbanzos te parece suficientemente peor? - inquirió a su vez la quimera.

– Ugh… chico, eso tiene que doler…

Mientras Zelgadis contaba sus penurias, una sombra, invisible a los ojos de los tres amigos, les espiaba sonriendo desde las vigas del techo de la taberna.

– ¡Bueno, esto promete ser muy divertido! – dijo alegremente para sí, antes de desaparecer en un instante.


Unos días después, las calles de Zefilia empezaron a llenarse de guirnaldas y flores. Se corrió la voz de que alguien importante vendría en breve a la capital para entrevistarse con el Caballero de Ceipheid en persona. Los rumores fueron confirmados por el gobernador, quien anunció de manera oficial que un cortejo diplomático procedente de la capital de la magia blanca, Sailon, llegaría al día siguiente.

Sobre las once del mediodía de la fecha señalada se oyó un tañir de trompetas y la población zefiliense pudo contemplar agolpada en las aceras todo un desfile de tropas sailonienses que escoltaban a los enviados del Príncipe Philionel el di Sailon, marchando con paso firme hacia la plaza del ayuntamiento, donde los funcionarios y los obreros trabajaban a contrareloj para ultimar los preparativos y poder recibir a los emisarios como se merecían.

– Por lo que he podido oír – comentaba Zelgadis a sus compañeros Lina y Gaudy mientras veían pasar una carroza tras otra en medio del alborozo general – los exploradores que el rey Philionel mandó hará un año al nuevo continente han encontrado un extraño artefacto… y han querido solicitar la ayuda de la casta sacerdotal de Zefilia para que les ayude a averiguar para qué sirve…

– Sí, algo así me comentó mi hermana hace unos días. – añadió Lina – Creo que el embajador de Sailon tiene la esperanza de que el Caballero de Ceipheid les ayude de alguna forma… aunque la verdad es que no entiendo en qué puede ayudar Luna con todo esto…

– ¿Pero porqué¿Es que los hechiceros de Sailon no pueden averiguarlo ellos mismos? – preguntó Gaudy extrañado.

– No sé todos los detalles… - confesó la quimera – Aunque por lo visto el artefacto está protegido por una magia que va más allá del conocimiento de los hechiceros de Sailon. Pensé que una magia tan poderosa podría estar relacionada con la Biblia Clair…

– Aaaaah… ahora empiezo a entender el porqué de tu inesperada visita… - dijo Lina picarona.

– A estas alturas no te debería extrañar tanto… - eludió Zel el comentario poniéndose colorado – Puede que haya regresado al "viejo continente"… pero mi búsqueda de una cura está muy lejos de terminar…

Justo en ese momento, los gritos de la gente aumentaron de volumen y entusiasmo. Cuando Lina, Zel y Gaudy pudieron asomarse entre la muchedumbre (en el caso de la primera, subiéndose a hombros del último), vieron a la que parecía ser la carroza más elegante de la comitiva: de color blanco con cenefas doradas adornándolo, tirado por cuatro caballos tan blancos como el carruaje, unas espesas cortinas rojizas colocadas en los ventanales impedían ver quién iba dentro, aunque por la cantidad de escoltas de la guardia real de Sailon que lo acompañaban, no había que ser muy listo para deducir que se trataba del carruaje donde viajaba el embajador.

Pero si fuertes eran las medidas de seguridad en torno a la figura del embajador, aún más fuertes eran las que se habían desplegado alrededor del objeto extraño encontrado en tierras lejanas pos los exploradores: dicho objeto iba convenientemente encerrado en un cofre, atado con cadenas a un pedestal que había en un remolque del carruaje del embajador. Alrededor del remolque no sólo había guardias a caballo, sino también dos guardas en pie, en el mismo remolque, a ambos lados del pedestal. Y detrás del remolque, una comitiva aún más grande de soldados de infantería.

– ¡Esto pinta muy interesante! – a Lina se le iluminaron los ojos. Bajó de un salto de los hombros del rubio espadachín y corrió abriéndose paso entre la masa de espectadores, tratando de seguir el paso de la comitiva - ¡Quiero ver ese objeto de cerca!

– ¡Lina, espera! – le gritó su protector corriendo tras ella. Zelgadis, siguió su ejemplo, a falta de algo mejor que hacer -.

La caravana venida de Sailon atravesó la gran plaza de Zefilia a la hora convenida. El ocupante de la carroza blanca que Lina, Gaudy y Zel acababan de ver pasar, retiró ligeramente la cortina que cubría la ventana y miró al exterior, a la gente que se había reunido en masa ante aquel acontecimiento. Era preciso que el enigma de aquel objeto que los exploradores encontraron al otro lado de la barrera se resolviera pronto. Tanto si se trataba de un objeto maligno como un objeto destinado a servir con buenos propósitos a la humanidad, era su deber como embajador averiguarlo en nombre del reino de Sailon. Con un poco de suerte, la información que pudiera reportarles ese objeto podría servir para estrechar lazos entre las naciones de ambos lados de la antigua barrera…

El carruaje se detuvo, finalmente, a los pies de una plataforma puesta frente al ayuntamiento de Zefilia. Su gobernador, así como la famosa Caballero de Ceipheid y los miembros más destacados de la casta sacerdotal, se encontraban allí, vestidos con sus mejores galas.

– Es la hora, su excelencia. – le dijo su ayudante. Asintió con decisión y salió con la cabeza bien alta cuando los dos pajes le abrieron el portón.

Mientras tanto, a pie de calle, Lina y sus camaradas ya casi habían llegado a la altura de la plataforma desplegada frente al ayuntamiento, cuando de pronto, la turba volvió a estallar en vítores, estrechándose más e impidiéndoles el avance. Apartando con malos humos a la gente que le estaba aplastando, Lina pudo elevarse lo suficiente como para constatar que la razón de aquella reacción por parte del público se debía a que el embajador acababa de salir de su vehículo.

O mejor dicho, la embajadora, porque era una mujer.

– ¿Ves algo, Lina? – le preguntó Gaudy cuando llegó a su altura, seguido por Zel -.

– De momento, sólo a la embajadora salir… - le informó Lina, cuando hubo otro revuelo entre la gente - ¡Ah, mira, están descargando el cofre ahora!

Dos pajes más se encargaron de abrir el candado de las cadenas que mantenían fijo el cofre al pedestal y de entregárselo a la embajadora. Ésta lo cogió entre sus manos asintiendo de forma aprobatoria, tras lo cual, encaminó sus pasos hacia lo alto de la plataforma. Peldaño a peldaño, la embajadora de Sailon fue arropada por los gritos de alegría de los ciudadanos. Sonrió satisfecha: por una vez, las cosas estaban saliendo como planeado.

Se encontró cara a cara con el gobernador y el caballero de Ceiphied. Se inclinó hacia ellos con una reverencia, mostrándoles sus respetos y ambos hicieron lo mismo. Después, con solemnidad se dirigió hacia el sacerdote más anciano y le alargó el cofre con el preciado objeto dentro.

Y justo cuando el noble anciano iba a coger el cofre, ocurrió el desastre…

– ¿Eh¡Pero… esto es increíble! – saltó de pronto una voz entre el público, tan fuerte y chillona que la mayor parte de los congregados calló en aquel momento - ¡Mirad chicos, si es Amelia¡¡Eeeeeoooh, Amelia¡AMELIAAA!

Amelia Will Tesla Seyruun, embajadora del Reino de Sailon, se estremeció al reconocer la voz que gritaba su nombre.

CONTINUARÁ…


Free Talk: ¿Qué¿A que no ha sido para tanto? XDDDD Confío en que por lo menos no os hayáis muerto de aburrimiento con esto... Sí bueno, era evidente que el embajador de Sailon sólo podía ser Amelia¿acaso alguien lo dudaba? XDDD Vaaale, me reconozco culpable de no ser demasiado original, pero todas las historias tienen que comenzar de alguna manera… Y como muchos se habrán dado cuanta ya, el primer capítulo no ha sido largo, en contra de lo que suele ser mi costumbre. Me hice a mí misma la promesa de que cada uno de los capítulo de este nuevo fic debían durar un mínimo de cinco páginas y un máximo de 8; sé que a muchos de mi lectores les gusta que me alargue y expanda todo eso y más, pero hasta yo tengo que reconocer que tiendo a meter mucha "paja" y a hacer las historias demasiado largas para la paciencia de los lectores. ¡Pues esta vez nada de eso: voy a sintetizar lo más posible y así todos contentos:P

A lo que sí que no voy a faltar a mi costumbre es a poner las aclaraciones pertinentes. Esta vez no me tengo que matar mucho, sólo son dos:

(1) Todas estas aventuras y desventuras que le contaron Lina y Gaudy en la taberna sucedieron, evidentemente, en la tercera parte de las novelas.

(2) En los primeros capítulos de la serie, Gaudy no entendió bien el nombre de Zelgadis a la primera y le llamó así cuando se volvieron a encontrar.

Por último los agradecimientos: primero a Karoru, porque sin ese reto del mes que ella ideó, este fic no habría sido posible Y luego a mi eterna plasta, digooo, hermana Silver Lady, siempre ahí para darme apoyo y corregirme las puñeteras faltas que el Word no puede detectar… Y por último pero no menos importantes, gracias mil a los que han leído esto y a los que por lo menos les he arrancado una sonrisa en su casa, en el ciber o en esas horas muertas en la sala de ordenadores del/de la instituto/facultad (venga, reconozcámoslo, que yo sé que algunas clases pueden resultar tremendamente aburridas y todos hemos caído en la tentación… yo suelo hacerlo :P)