Nota: Hola ^^ Antes de que procedan con la lectura les informo que es el primer Fanfic que escribo, quizás no sea el mejor pero me esforzaré por mejorar y espero que al menos sea de su agrado :3 También agradezco a Yu-senpai quién me ayudo con todo, es un ángel a la que adoro con todo mi Kokoro sin ella no me hubiera animado a escribir. Gracias :3
AMOR UNILATERAL
El amor es tan caprichoso como una niña que hace una pataleta por no poder obtener lo que desea, es una comparación simple pero para mí, acertada. Nos enamoramos de quien menos pensamos y nos torturamos por cosas sencillas que en su momento vemos como una marea en la cual no podemos navegar.
Para mí es raro decir todo esto, pero lo hago porque me enamoré de una persona arrogante, tan diferente pero igual a mí al mismo tiempo.
La rivalidad surgió entre nosotros, eso fue indiscutible e innegable. Pasar tanto tiempo pensando en una sola persona aunque no sea en el ámbito amoroso, termina por hacer a esa persona importante para ti. Eso me paso a mí, él ocupaba la mayoría de mis pensamientos -¿Cómo le podía ganar? ¿Cuándo nos volveríamos a enfrentar? ¿Me llamará para quedar a jugar?- todos iban dirigidos por completo a nuestra rivalidad, viéndolo como una pared a la cual debo superar.
Aún no sé en qué preciso momento cambiaron nuestros encuentros de 1vs1 en ir a caminar o comer. Me di cuenta de que teníamos muchas cosas en común a parte del baloncesto. Su presencia se me hizo indispensable, él ya ocupada la mayoría de mis pensamientos, pero yo no me daba cuenta porque fue tan natural lo que sucedió… Quizás si hubiera analizado todo antes, me hubiera forzado a que no crecieran este tipo de sentimientos.
Me encontraba rotundamente enamorado de Aomine Daiki, una persona arrogante y cretina que sólo pensaba en sí mismo y que sólo mostraba sonrisas ladinas. Pero aprendí a conocerlo y a entender sus expresiones. Me enamoré de la persona que es, con los defectos y las virtudes que posee.
Él, mi amigo; alguien por quien no podía tener ese tipo de sentimientos.
Yo, su amigo incondicional; aquel que siente por él un amor incondicional.
Soy a quien recurrirá cuando sienta que ya no puede más, cuando se esté derrumbando, y yo lo recogeré mientras cae, lo abrigaré y lo protegeré de la tormenta que lo azote.
Quisiera todo de él y no miento. Cada vez es más difícil darle consejos o ayudarlo en sus conquistas… Y ya ni hablo de cuando me cuenta cómo en cada cita que tiene, termina follando con las chicas, porque él es así, no busca algo serio en una relación, sólo el placer carnal, la lujuria.
Él rara vez me pregunta si tengo citas o ese tipo de cosas, parece que no le gusta tocar el tema o que ya se ha dado por vencido con ello debido a las múltiples negativas que le he dado sobre salir en citas dobles.
Ese tipo de gestos o acciones hacen que mi corazón palpite y me impida dar de baja a este amor unilateral, y es que pienso que no será posible porque él ha calado en lo más profundo de mi ser. Porque como yo lo conozco a él, él me conoce a mí.
Él es cruel y sádico. A veces pienso que goza viéndome sufrir, pero no creo que conozca la magnitud de mis sentimientos. Es un Ahomine y yo soy un masoquista de primera, porque sé que me hace daño estar a su lado pero me encuentro disfrutando -y a veces odiando- su compañía.
Y así, después de meditar tanto, he llegado a una conclusión: que me encuentro en un punto sin retorno. Estar a su lado ya me es difícil porque quiero más, mucho más, y antes de que él decida alejarse de mí y odiarme, o mirarme con asco al enterarse de lo que siento, he decidido por fin olvidarme de su compañía y de estar a su lado. Era todo o nada, y yo sabía de antemano que sería nada.
Quizás sea un cobarde, al final ni siquiera pude confesarle mis sentimientos, pero es demasiado difícil y no podría cargar con su mirada o su voz de reproche. Por eso llevo una semana sin comunicarme con él, sin cogerle las llamadas y sin responderle los mensajes. He evitado todos los lugares en los que me lo podría cruzar, y él no ha venido a mi casa a buscarme. La última esperanza que tenía se aplastó frente a mis ojos. Sólo soy un amigo que a él no le importa si desaparece en la nada, porque piensa que regresaré.
El tiempo pasa y mi amor por él sigue intacto, pero como ya me imaginaba él sigue ocupando mis pensamientos. Lo amo con la misma intensidad a pesar de que ha pasado un mes desde que tomé mi decisión, y ha pasado una semana desde que dejó de llamarme o mandarme mensajes, y eso supone el fin, el fin de una amistad, pero no el fin de mi amor.
Ya puedo andar por todos los lugares sin temor a encontrármelo, seguro que si me ve no se acercará, lo sé, es orgulloso y eso le impedirá hablar conmigo a menos que yo lo haga. ¡Ja!. No lo haré, ya no… Dejaré de pintarte y coloreare en mi vida.
Hoy, habiendo pasado dos meses sin saber nada de ti -lo cual quizás es lo que me impulsa a ir a aquel lugar donde siempre jugamos- me quedo sentado en aquella banca vacía mirando la cancha, y no puedo evitar recordar. Sin querer dos lágrimas juguetonas se escapan de mis ojos, añorando aquel tiempo en el que podíamos existir los dos juntos. Aún no te supero. Tiempo al tiempo, me repito una y otra vez, retirándome de aquel lugar. Me desvío en lugar de irme directo a casa para comprar ingredientes para la cena, y es cuando te veo caminando con una chica -seguro que una más de tus conquistas-, pero tú no me ves y me voy enseguida a casa, olvidándome de lo que debía hacer.
Llegar a mi casa fue duro porque después de dos meses, verte hace palpitar mi dolido corazón y me frustro porque sé que nunca seré yo con quien estarás, y me vuelvo a repetir 'tiempo al tiempo' antes de dormir.
Y una vez más, soñé contigo, con esa mirada azul que llega hasta lo más profundo de mi alma. Me despierto porque quiero evitarte hasta en mis sueños, pero también porque el teléfono sonaba. Era una llamada de mi hermano Tatsuya, que me avisaba de que iba a venir a visitarme en dos meses, cuando tuviera vacaciones. Me alegro, una distracción para mí.
Las estaciones pasan y llegó el crudo invierno. Han pasado dos meses desde la llamada de mi hermano, supongo que llegará por la tarde.
Sentado en el sofá haciendo zapping por los canales sin nada que ver, decido apagar la televisión y empiezo a vagar por mis pensamientos. Recuerdo inevitablemente cuando te desagradaba Tatsuya, no soportabas que me quedara con él a solas y no parabas de fulminarlo con la mirada, ¡tan infantil!. Y es que eres así porque quieres dejar bien claro de quién soy más amigo. Una sonrisa sincera se me escapa después de mucho, hay tantos recuerdos graciosos de tus estúpidas peleas con Tatsuya o de las pequeñas peleas que teníamos cuando nos enfrentábamos para ver quién era mejor en todo.
Salgo de mis pensamientos al escuchar el timbre y supongo que es mi hermano. Cuando lo veo, noto que ha crecido unos centímetros y estoy feliz de verlo, por lo que sonrío y me mira, y no puedo evitar notar la tristeza en su mirada. Lo invito a pasar sin entender aún el por qué de esa mirada.
Nos sentamos primero a ponernos al día de todo y hablar de cosas irrelevantes, o del pasado, y de repente me dice que vayamos a jugar a basket. Accedo con felicidad, hace tiempo que no juego contra alguien. Y es cuando caminamos a la cancha que me pregunta por él, ya pensaba yo que estaba tardando ya que él conocía mis sentimientos por Aomine. Le conté mi decisión y cómo hacía cuatro meses que no había hablado con él, y que en ese tiempo sólo lo había visto una vez por casualidad. Agacho mi mirada, no quiero verme débil, pero mi hermano se da cuenta.
–Eres un cobarde, Taiga –dice Tatsuya duramente antes de proseguir– Sé que en el fondo te arrepientes de no decirle lo que sientes y que muy a menudo te preguntas "¿Cómo hubiera sido si…?" No me gusta verte mal y lo sabes, has bajado de peso, me he dado cuenta –dice con un atisbo de preocupación.
–No quiero preocuparte, Tatsuya, pero me es difícil expresarme, aun con todo, y más a él. No podría soportar que él… –mi voz se quebraba a medida que hablaba, y es que expresar mis más profundos sentimientos no es fácil.
–Ahora estoy aquí, Taiga, y si no puedo hacerte cambiar de parecer, al menos quiero que no te hundas. Sabes que cuentas con mi apoyo. A pesar de que Daiki no me cae bien en absoluto parecía que te quería de una manera diferente –dijo con completa sinceridad.
–Lo que veías sólo era una etapa de Aomine dando a entender que yo era más amigo suyo que tuyo –respondí con una sonrisa cansada.
–Lo que digas, Taiga, por ahora nos distraeremos –dice sin creerle, y es que Taiga por más que conociera a Daiki no podía ver que lo que sentía el de piel morena eran celos y que lo quería monopolizar.
Al llegar a la cancha empiezan a jugar un 1vs1, el que llegue primero a veinte canastas, gana. Se desamoraron alrededor de media hora después, Himuro es un oponente difícil ya que a cada punto que le hacía, se la devolvía. No obstante ganó Kagami veinte a quince.
Sentados jadeantes por el ejercicio realizado, se empiezan a reír antes de tomar cada uno su bebida sin que ninguno se dé cuenta de que entraba en la cancha el moreno -del cual hablaban antes del juego-, con una pelota en la mano, y por un breve momento sus miradas se encontraron, causando en Kagami un leve estremecimiento mientras la sonrisa se le borraba.
Daiki llegaba a la cancha con claras intenciones de jugar, pero al ver la escena de un Taiga riendo con Himuro, despertó viejas emociones y frunció el ceño.
Por otro lado, Himuro era sólo un espectador de lo que sucedía, y es que Aomine con su naturaleza impulsiva que tanto lo caracterizaba, fue directo hacia Kagami y lo levantó de su sitio, cogiéndolo de la muñeca y sacándolo de ese lugar. El pelinegro rió para sí mismo porque sospechaba de que los sentimientos de Taiga sí eran correspondidos, pero al ser los dos tan cabezas duras, se desamoraban en comprender eso. Sin más, recogiendo lo dejado por su hermano, se retiró a la casa de éste a esperar a las noticias que -aunque no lo demostrara- quería saber.
En ese mismo instante Aomine arrastraba a Kagami a un lugar apartado de donde se encontraban. Llegaron a un callejón donde dejó de sujetar su muñeca y ahí fue cuando el pelirrojo reaccionó.
–¿Qué te pasa, idiota? ¿No ves que estaba con alguien? –dijo Kagami rompiendo el silencio con clara señal de enfado, y es que no le parecía justo que cuando intentaba olvidarlo, él apareciera.
–¿Que qué me pasa? Te he estado llamando como un idiota todo este tiempo y tú ni señal. Aquí el único que tiene derecho a estar enfadado soy yo –dijo con voz alterada, ya que en realidad el moreno estaba cabreado por toda la situación que se había dado.
–Eres el bastardo más grande que conozco. ¿Todo este tiempo me has llamado? ¡Ja! Hace tiempo que dejaste de hacer eso, no te vengas a hacer la víctima –ahora sí que estaba enfadado ya que después de tanto tiempo sin verse, eso era lo único que decía. Sin duda Kagami quería golpearlo.
–No te comportes como una puta chica, Kagami. Si no me coges las llamadas cómo quieres que siga insistiendo. Tengo orgullo y aquí el que desapareció sin decir nada fuiste tú, ¿por qué lo hiciste? –dijo más calmado. No quería pelear, no ahora que se habían encontrado después de tanto tiempo.
–E-ese no es tu problema. Quizás sólo quería alejarme de ti –murmuró bajito, realmente no quería hablar de eso con él, aún no estaba listo. Quizás en unos años lo podría hablar libremente, pero no ahora.
–Mientes y lo sabes, estás tartamudeando y has agachado la mirada. Exijo la verdad, tengo derecho a saberla –no podía dejar de ser un narcisista, él era así.
–Re-realmente no quiero decírtela, Aomine. En cambio, ¿cómo has estado? –intentó cambiar de tema para ver si se olvidaba de lo otro, aunque sabía que no sería así, pero debía intentarlo.
–No me voy a olvidar del tema tan fácilmente –dijo como leyéndole la mente, y es que lo conocía tan bien…– Pero si quieres cambiar de tema, tengo una pregunta interesante que hacerte, ¿qué hacías con ese puto emo? –intentó no sonar enojado, pero sólo de pensar que en este tiempo había estado saliendo con él le hacía hervir la sangre.
–Se llama Himuro, Aomine –dijo con clara molestia. No estaba para aguantar ese lado de él ahora.
–No me cambies de tema, yo soy tu amigo, sólo yo puedo pasar el tiempo contigo –ya no podía aguantarlo, y sabía que pronto terminaría diciendo toda la verdad y entonces sí sería el fin, un pensamiento que claramente le aterraba.
–Tengo una vida y lo sabes, Tatsuya es mi hermano. Además, no tienes ningún derecho a decir con quién debo juntarme –su corazón latía rápidamente, las palabras de Aomine le ponían de esa manera por más que quisiera ignorarlas.
–Sabes que de todas las jodidas personas de este mundo, ese puto emo es el único que se te pega como una solapa. Y tengo todo el derecho sobre ti –Aomine se decía internamente "no lo digas, si lo dices, es el fin", pero sus labios lo pronunciaron finalmente– Porque me perteneces, todo de ti me pertenece.
–¡Cállate! No sabes lo que dices, si sigues así, lo malinterpretaré –Kagami claramente quería llorar y es que no le parecía justo que Aomine jugara así con él, diciendo esas palabras tan dulces cuando sólo buscaba su amistad.
Aomine iba a decir algo, pero se calló porque tomó la respuesta de Taiga como una negativa y eso terminó por romper todas sus esperanzas. Se dio la vuelta para marcharse sin mirar a Taiga, pero cuando avanzó unos pasos, escuchó cómo el pelirrojo se deslizaba por la pared y sollozaba. Quería regresar y abrazarlo, pero estaba dolido. Cuando ya estaba dispuesto a marcharse se detuvo al escuchar hablar a Kagami.
–¡Idiota! Eres un jodido sádico que goza viéndome sufrir, no sabes cuánto te amo y tú vienes y me dices eso cuando sólo me quieres como un amigo. Yo sé que es el fin después de haberte confesado mis sentimientos, pero es tu culpa por confundirme. Te odio, pero me odio más a mí mismo por no poder eliminar estos sentimientos –por fin lo había dicho y sí que se había quitado un peso de encima, pero aun así le dolía porque sabía que nunca podría tenerlo. Quería detener ese sabor amargo que sentía, lo hacía sollozar más y él no quería verse así de débil; no frente a él.
Aomine entró en shock, no esperaba esas palabras ya que siempre había pensado que su amor era unilateral, pero salió de éste con una sonrisa arrogante y se dirigió donde se encontraba su persona especial. Al llegar a él, le quitó las manos del rostro y le susurró en sus labios –Te amo, Bakagami, todo de ti.
Lo que pasó después de esa noche fue producto de un amor contenido. Un beso. Unos besos. Caricias. Cualquier forma de demostrar aquel amor que después de tanto tiempo acabó explotando. Esa noche, en medio de aquel ardiente amor una promesa nació…
Es tan difícil de decir, pero yo he estado aquí antes y estaré aquí hasta el final, porque después de todas las cosas que he hecho por ti, creo que ahora te amo más. Te entrego mi corazón y lo intercambio con el tuyo.
Y es que el amor es tan caprichoso como una niña que hace una pataleta por no poder obtener lo que desea.
