Disclaimer: Los personajes de este fic de Bleach no me pertenecen, ya que son totalmente autoría de Tite Kubo, por lo que solo la trama principal es de mi autoría.

Nota: Para una mujer que siempre ha sabido como sonreír, espero que te guste Mizca.


Ellas no se explicaban lo que estaba sucediendo o si era por deseo mutuo o por efectos del alcohol, lo cierto era que podía ser ambas o quizás más que terminasen en la misma situación, más que todo por mitigar el dolor, la necesidad de llenar ese vacío que acaecía salvajemente en el corazón de ambas.

– Ran… ¡Rangiku! – Gimio ante las caricias de la rubia exuberante, su cuerpo comenzaba a flaquear a tener olas de placer inconmensurable que jamás pensó experimentar por parte no de un hombre, si no de una mujer.

¿Estaba mal acaso? ¡No! No lo estaba, lo que término siendo una pequeña salida término siendo algo más. Sus manos acariciaban cada parte de ella, recorrían con extrema rapidez y suavidad las contorneadas piernas, suficiente para estremecerla, para saber que esta sucumbía ante su trato.

¿Pero era correcto? ¿Era acaso correcto utilizarla? En su opinión sabía que no, después de todo tanto Orihime como ella perdieron lo que más deseaban, lo que más amaban en el mundo, ella a su Gin y Orihime a Ichigo. No sabía que era peor ¿O la muerte de Gin en sus brazos o la despedida resignada de Ichigo? Sabiendo que jamás volvería a pisar la Tierra o siquiera la Sociedad de Almas, había logrado devastar a Inoue, solo por el hecho de volverse parte de la guardia real, vigilante del nuevo Rey Shinigami y quizás el más poderoso Shinigami después del Rey.

Ambas lo sabían, a ambas no le importaba lo que ocurriera entre ellas, meses, semanas o días que hacían lo mismo cada vez que se encontraban, se consolaban, se acariciaban y se deseaban, se tomaban la una de la otra por el simple hecho de apoyarse, de no dejarse solas, porque la guerra contra los Quincy les arrebato también a sus amigos.

Sintió como se agito nuevamente la mujer de cabellos anaranjados ante las caricias que recibía sus pechos con la lengua de ella, sus manos no paraban de acariciar sus piernas y el interior de estas llegando hasta su monte, hasta la cúspide y puerta de los más recónditos secretos que solo se abrían para ella, detenida por un pequeño obstáculo de tela que estaba traslucida que debido a las mieles que emergían del interior de ella ante las caricias.

Subió su vista hasta ver el rostro de su princesa, de su compañera y amiga, este estaba tan extasiado, tan ido, tan complacido y colorado, que incluso esa imagen le parecía tierna, adorable y hasta seductora. Para la chica no paso desapercibido que el tacto de su acompañante había parado, por lo que la miro inocentemente y pregunto.

– ¿Por qué has parado? – Dijo mirándola al rostro, perdiéndose en esos posos celestes.

– ¿Nunca te había dicho lo hermosa que luces? – Pregunto de pronto, haciendo que la chica se sonrojara – Y lo mas que te pones al sonrojarte – Sonrió y pudo ver a través de la comisura de sus labios, erigirse una sonrisa por parte de Orihime.

– Eres, la primera que me lo dice – Mirándola a los ojos y acercándose a la boca de ella, para terminar por besarla y subir sus brazos y rodear el cuello de Matsumoto.

El beso era tal, que era apasionado, lleno de frenesí, lleno de tantos sentimientos que estos no necesitaban ser dichos ¿Acaso estaba mal? ¿Era lo correcto? Era la pregunta que siempre se hacían, pero ellas realmente sabían que no, nunca mientras se deseasen, se consolasen la una de la otra y se quisieran como ahora y siempre lo habían estado haciendo desde el día que ambas perdieron a quienes más amaban en el mundo.