- No lo entiendo Nami, ¿Porqué te enfadas? Ha sido un accidente.
Nami fulminó con la mirada a Luffy. Este se hurgaba la nariz mientras la miraba con confusión. Él en verdad, no entendía porque a Nami le molestaba tanto, muchas veces se había caído y había derramado cosas.
- Luffy, ¿de verdad no eres consciente de lo que has hecho? -Nami intentó calmarse.
- No, lo siento. -Luffy sacó su dedo de la nariz y se sentó. Se puso rojo. Le costaba mucho eso de pensar.
- Luffy, mírame. -Luffy la miró de pies a cabeza.
Nami ese día llevaba un vestido blanco sin mangas ni asas, unas medias grises hasta el muslo y el pelo suelto pero sujeto con una diadema roja. Sus zapatos eran blancos y tenían un poco de tacón. Entonces Luffy hizo un repaso más minucioso. Entrecerró los ojos y se fijó más en la vestimenta de Nami. Ahora se fijó en que tenía un tacón roto ,las medias con carreras y un gran parche marrón y rojo en el vestido.
-Oi Nami, deberías cambiarte. Estás desastrosa.
Nami, ante esto, le dió un golpe a Luffy. Aunque fuese de goma, los golpes de Nami le dolían mucho.
- ¿Y ahora porqué me pegas? No te entiendo Nami. -Luffy hichó los mofletes y cruzó los brazos. Nami suspiró e intentó relajar la respiración.
-Luffy. Que esto me lo has hecho tú.
-¿Yo? -Luffy se señaló a sí mismo y miró hacia los lados, cómo buscando al verdadero culpable. Nami suspiró.
-Sí. Tú. Somos los únicos en la cocina Luffy. ¿Recuerdas que hace dos minutos te has caído encima del bol de fresas con chocolate?
Luffy se rascó la cabeza. Pensó un poco, y cómo si la bombilla invisible que está encima de su cabeza se hubiese encendido, asintió.
-Pues si te fijas, el bol me ha caído encima. -Nami señaló con las manos el desastre.
-Ah ya veo. Qué desperdicio.
A Nami le regresaron los instintos asesinos. Tenía el puño levantado encima de la cabeza de su capitán cuando la detuvieron las palabras de Luffy.
-Nami es más dulce que el chocolate y las fresas.
Nami relajó el brazo y miró a su capitán.
-¿Qué has dicho Luffy?
Luffy sólo sonrió.
-Luffy, no sonrías.
-¿Porqué Nami?
Antes de que su navegante pudiese articular palabra alguna, Sanji irrumpió en la cocina con la carne que prepararía para la cena.
-Me voy a cambiar. Sanji-kun ,siento el desastre de las fresas y el chocolate, es culpa mía. -Sin dejar responder al cocinero, que ya estaba bailando y girando sobre sí mismo con corazones por ojos, Nami salió de la cocina y se metió en su cuarto. Se tumbó encima de su cama y miró al techo.
-¿Quieres saber porqué Luffy? Pues porque me enamoras. -Suspiró.
Lo que ella no sabía, era que cierto chico con un sombrero de paja la había seguido hasta su cuarto y se había apoyado en la puerta, escuchando lo que Nami decía. La sonrisa que ya tenía, se ensanchó más. Y en un susurro dijo:
-Pues ahora sonreiré más por ti, Nami. Y haré que tú sonrías también.
...
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