Nada, sólo una cochinadita enana que salió, la idea es robada del rol en el que participo *se esconde debajo de una roca*
Latin Hetalia no me pertenece, Martin (Arg) y Miguel (Pe) son de sus respectivos autores.
Y ninguno aparta la mirada
Martín no sabe muy bien por qué hacen esto, pero de alguna manera lo entretiene y sigue con lo mismo. Miguel frunce un poco el ceño y lo siente porque tienen las frentes pegadas, sabe Dios por qué. "Esto es raro" quiere decir, pero al final se queda callado, explorando los orbes dorados de Miguel. Miguel se remueve, sintiéndose algo incómodo así, sentado en el regazo del argentino, pero calla igual, sin apartar la mirada, sin atreverse a pestañear. "¿Qué carajos estamos haciendo?" se preguntan los dos, y Miguel frunce el ceño, cosa que hace que Martín se ría.
-¿Qué? –bufa Miguel.
-Nada –replica Martín y alza una ceja-. ¿Por qué tan serio, Miguel?
-No estoy serio –replica el peruano, removiéndose porque se está acalambrando.
Martin ignora el hecho de que lo que está haciendo es otra forma de restregarse contra él. Lo sujeta de la cintura, más que nada porque en alguna parte tiene que poner sus manos y esa es la más cómoda, y es ahora el turno de Miguel de alzar una ceja. Pero no dice nada, sino que vuelve a observar el verde argentino.
Se supone que deberían estar sentados mirando hacia el televisor, jugando Assassins Creed 3. Pero por alguna extraña razón, Miguel terminó sentado en el regazo de Martín, renegando sobre algo relacionado con Manuel, Martín sólo escuchando a medias, aunque sonriendo bastante entretenido por la cara que traía el otro. O al menos eso fue hasta que Miguel se percató que no le estaba escuchando realmente y frunció el ceño.
-¿Qué miras? –gruñó apegando sus frentes.
-Nada –musitó
Después de eso nadie dijo nada más. Miguel relajó su expresión y Martin se distrajo mirando las pestañas de Miguel, preguntándose si siempre fueron tan largas como parecían ahora.
Y ahí siguen, como el par de idiotas que son, mirándose. "Esto puede durar toda la tarde" piensa Martín, pero por alguna extraña razón no le importa. "Tengo hambre", piensa Miguel.
-Deberíamos hacer algo más productivo que esto –se le ocurre decir a Martin.
-Bien, entonces cierra los ojos –responde el peruano con una sonrisita algo infantil.
Ninguno aparta la mirada.
Miguel se remueve a cada rato, pero Martin en cambio siente que no puede moverse mucho dada la posición en que se encuentran. Por un momento piensa que preferiría estar arriba, pero luego se le ocurre que Miguel no aguantaría su peso por ser más pequeño. De nuevo sonríe y de nuevo Miguel lo mira sin entender el por qué.
-¿Qué…?
-Pesas bastante para ser tan pequeño –comenta Martín divertido.
-Vete a la mierda –sisea Miguel ofendido, realmente odiaba que el dijesen eso.
-Sin ofender –añade Tincho y Miguel lo mira incrédulo.
-¿Cómo se supone que eso es "sin ofender"? ¡Me acabas de decir que soy chato y encima también gordo!
-Yo no dije eso…
-Jódete… -otra risita- ¡En serio!
Martín le sonríe "inocente".
-Claro.
Miguel resopla indignado, pellizcándole el antebrazo. Martín ni se inmuta, sino que le sigue sonriendo de la misma manera. Miguel cierra los ojos, como hastiado, y luego de un rato, se tranquiliza y lo vuelve a mirar fijamente, con cierto destello decidido que refulgió en sus ojos ambarinos.
Y ninguno aparta la mirada.
