Autora: Aclaro que los personajes no son de mi propiedad, sino de Esquare Enix, tan solo es mío la trama. No pretendo hacer esto para fines de lucro, sino para el entretenimiento de los lectores de esta página.
Otra cosa, todos los personajes tienen entre 17 y 18 años, por lo que es después de la segunda aventura de nuestros amigos.
En este caso, Roxas no se unió a Sora, por lo que se quedó viviendo en Villa Crepúsculo. Si teneis alguna duda, preguntádmelo. :P
Sin más, espero que os guste... :3
Mi razón es tu existencia.
Villa Crepúsculo (Real)
Tumbada en el sofá del lugar de siempre, derrotada y avergonzada, no hacía más que pensar en lo que había ocurrido apenas una hora antes. Era increíble pero cierto, y lo que más me fastidiaba, lo que más odiaba de todo, era que le había pedido tiempo para pensarlo… ¿por qué? Solo para ganar algo de tiempo y pensar una respuesta idónea aun sabiendo que, eligiera lo que eligiera, lo haría mal…
Flash Back
El día en el instituto había sido horrible, los profesores se habían cebado con Hayner porque no hacía nada bien, y el pobre estaba furioso pero avergonzado. Ese día en concreto, no había traído los deberes y, como consecuencia, le riñeron. Yo intentaba darle las respuestas, pero simplemente no podía pues el profesor me miraba a cada rato y es que sabía que éramos muy buenos amigos y que le ayudaba siempre.
Pence solo le miraba preocupado, y yo, pues nada, me quedé callada para que no me regañara a mi también. Roxas solo miraba la apuesta de sol permanente desde su pupitre. Suspiré al mirarle, era tan guapo…
Si, estaba coladita por él, y no solo eso, me sentía dolida porque solo me veía como una amiga, la buena de la pandilla, la estudiosa y nada alterable… la buena amiga después de todo. Y era cierto, era todo eso, pero en mi interior, los deseos de abrazarle y de besarle no desaparecían… Crecían con más intensidad últimamente y eso me estaba matando. El verle y no poder tocarle, y, además, últimamente estaba muy ausente, casi como si supiera que fuera a pasar algo grave…
Ahora, caminando hacia nuestras casas, Hayner se ponía las manos detrás de la cabeza y se quejaba del profesor. Pence trataba de animarle mientras que Roxas solo caminaba con las manos en los bolsillos. Yo intentaba disimular que no miraba a Roxas, pero creo que se me notaba mucho. En medio de un suspiro, Hayner me tomó del brazo y me juntó a él.
–¡Ven conmigo un momento! –exclamó sonriendo. A pesar de haber sido ridiculizado en clase, este chico no perdía la sonrisa. Eso es lo que más deseaba para mi, poder poner buena cara al mal tiempo, mas eso no era mi costumbre…
–¿Para qué y a dónde? –pregunté yo separándome de él un poco. Pence y Roxas se detuvieron y nos miraron.
–Tienes que ayudarme con los deberes. –anunció algo sonrojado. ¿Qué le pasa? –Chicos, nos vemos mañana. –se despidió Hayner dando a entender que se marcharan.
–¡Hasta luego! –dijo Pence caminando. Roxas me sonrió y se despidió también.
Miré a Hayner algo cabreada, para un momento que tenía con Roxas, va y la fastidia.
–¿Ahora precisamente, Hayner? –me crucé de brazos dispuesta a irme –.Tengo que hacer cosas ahora.
–Ya, pero solo va a ser un momento, luego te puedes ir. –aseguró él algo nervioso. Me había cogido de la mano y tiraba de mi hasta El Lugar de Siempre. Impresionada por lo obstinado que era, nos metimos en la estancia y él se puso serio de repente.
–Bueno, ¿empezamos? –pregunté quitándome la mochila pesada y dejándola en el suelo. Me agaché y saqué los libros…
–Espera. –lo miré preocupada, él no solía actuar así de… formal conmigo.
–¿Qué ocurre? –se acercó a mi y me levanté quedando a la altura de sus hombros. Él era mucho más alto que yo –hombre, con diecisiete años es para que hubiera crecido, ¿no? –, y me sentí algo rara.
–En realidad, no quiero que me ayudes. –reveló sonrojado.
–¿Tienes fiebre? Te ves, raro. –le toqué la frente con mi mano y él me la quitó suavemente, dejando su mano encima de la mía por un buen rato. Vale, esto empezaba a ser incómodo.
–Olette, nos conocemos desde niños y te tengo mucho aprecio. Tu nos ayudas cada vez que algo nos sale mal y eres tan buena… –me acarició la mejilla muy colorado.
–Gracias, ¿pero por qué me dices esto ahora? –pregunté sonriendo. Él me miró intensamente con esos ojos marrones y supe lo que vendría a continuación.
–Porque me gustas, desde hace tiempo y, me preguntaba si… tu, ¿quieres salir conmigo? –dijo de golpe. Sin darme tiempo a pensarlo, me sentí tremendamente mal. No por el hecho de que me haya pedido salir, sino porque sabía que mi respuesta le dolería mucho, y no quería herirle. ¡Era mi amigo de toda la vida! No era justo… –¿Olette? –pronunció mi nombre con dolor. Casi como sabiendo que le diría que no.
–Hayner, dame tiempo para pensarlo, ¿vale? –pedí simplemente. Sabía que, aunque me lo pensara, le diría que no. Pero si podía evitarle el daño temporalmente, lo haría.
–Esta bien. –susurró desilusionado.
–Hayner, esto ha sido demasiado repentino… por eso te pido algo de tiempo. –expliqué tratando de sonar calmada. Él asintió.
–No te preocupes, pero decídete pronto porque no aguanto el suspense. –sonrió de nuevo y me tranquilicé. Sonreí a su vez.
Después de eso, se fue y me quedé en El lugar de siempre.
Fin del Flash Back.
Había pasado una hora desde aquello y quería morirme. ¡¿Es que no podía haber sido sincera?! Le hubiera dicho que me gustaba otra persona y punto, pero no, le tuve que pedir tiempo. ¿Para qué si estaba segura de la respuesta?
Suspiré abatida. Mis padres estarían preocupados, pero es que no tenía apetito, así que, simplemente, les llamaría para decirles que me quedaría a hacer un trabajo con una amiga y que comería en su casa. ¡Si! Eso haré… no tengo ganas de ir a mi casa y pensar más en eso… solo conseguiría dolor de cabeza.
Después de llamar a mis padres, eran las cuatro y media. Como no tenía que hacer nada, pues me puse a hacer los deberes para no pensar en ello mucho. Aun así, los hice mucho más lento que otras veces porque me distraía con facilidad.
Ya eran las seis y cuarto y pronto escuché el sonido de pasos provenientes del exterior. Me sobresalté al pensar que se podría tratar de Hayner, pero cuando vi que era Roxas, suspiré aliviada. Él me miró sorprendido de verme allí.
–Hola, ¿qué haces aquí? –entró y se sentó a mi lado. Solo con su cercanía ya me alteraba.
–Pues, ¡haciendo los deberes! –recordé de pronto levantando la libreta y sonriendo nerviosa. Él sonrió.
–Yo venía a por mi monedero. –explicó rascándose la cabeza.
–Ah, pues eso es importante. ¿Te ayudo a buscarlo? –ofrecí mi ayuda.
–Gracias.
Dicho esto, nos pusimos a buscar su monedero. Al final terminó encontrándolo él debajo de una silla.
–Se me cayó ayer, vaya despiste tengo. –anunció guardándose el objeto en el bolsillo.
–Si, eres un despistado… –"un despistado que me trae loca."
–Bueno, ¿quieres que te ayude? –esta vez se ofreció él. Sonreí como una tonta.
–No, gracias, ya he acabado. –miré al suelo y suspiré. Volví a recordar a Hayner y ya me sentía culpable.
Pronto, sentí que Roxas ponía su mano en mi hombro y me ruboricé.
–¿Qué te ha pasado? Pareces preocupada. –vaya, después de todo, somos muy amigos. Lo miré apenada y con vergüenza. ¿Se lo contaba? Ni hablar, él no podía saber que Hayner… pero por otro lado, tenía que contárselo a alguien, y si él se ha presentado primero pues…
–Prométeme que no se lo dirás a nadie, ¿vale? –él sonrió.
–Claro. –aseguró escuchándome.
–Verás, antes, cuando Hayner me pidió ayuda para los deberes, no era para eso, sino para decirme una cosa… –paré ahí porque me daba mucha vergüenza.
–¿Y qué te dijo? –quiso saber interesado. Lo miré angustiada. Y él se retiró un poco para mirar a otro lado.
–Que yo le gustaba. Me pidió salir con él… –al principio, no pareció reaccionar, pero luego, agrandó los ojos y, en lugar de alegrarse, sus ojos chispearon con algo parecido al cabreo. ¿Era eso o me estaba volviendo loca?
–¿Y qué respondiste? –preguntó volviendo a la calma.
–Que me lo pensaría… ¡Roxas, no sé que hacer porque no me gusta pero no le quiero hacer daño! –me eché a llorar desesperadamente y él me abrazó tratando de calmarme. Fíjate si estaba alterada, que no me di cuenta de que me estaba abrazando el chico que me gustaba hasta que ya me soltó.
–¿Pero qué tiene de malo para que no te guste? –hipé antes de responder.
–Él es mi amigo, no lo he visto de ese modo nunca… Y no lo haré ahora. –expliqué culpablemente.
–Pues, díselo y punto. No creo que se enfade contigo. –se levantó de golpe algo cabreado y caminó hacia la salida –. Tengo que ir a un sitio…
–¡Espera! –exclamé acordándome de su estado de ánimo últimamente –. Roxas, quédate un poco más. –me sonrojé y miré al suelo. Escuché como volvía a mi lado.
–¿Qué pasa ahora? –su voz, algo grave, destilaba conmoción. Si, definitivamente, le pasaba algo.
–No me engañes, Roxas, yo te he contado lo que me pasa, así que ahora desahógate conmigo. –pedí señalándole el hueco del sillón, a mi lado. Él suspiró y se tiró en el asiento de mala manera. Apoyó su brazo en el reposa brazos y me miró seriamente.
–Si es lo que quieres… pero no estoy seguro de saber explicarlo. –se quedó pensativo por un momento y prosiguió. Yo escuchaba atenta –. Últimamente, es como si alguien, yo creo que es Sora, me llamase… –lo miré preocupada.
Cuando Sora derrotó a la organización XIII se suponía que Roxas se uniría al cuerpo de Sora, porque es una parte de su interior, algo que salió de él. Pero eso no sucedió al parecer. El destino de Roxas y Naminé era estar juntos para siempre, al igual que Sora y Kairi. Mas Roxas no sentía nada por Naminé y, como consecuencia, no se introdujo en Sora. Naminé si lo hizo, así que, se supone, que el tema quedó zanjado.
Yo he llegado a estar verdaderamente preocupada por Roxas, temía que cualquier día desapareciera y volviera con Sora, pero no había ocurrido desde entonces, así que, me había olvidado del tema. Aunque ahora que vuelve a sacar el tema…
–¿Quieres decir que te irás? – mi voz sonó desesperada y aparté la mirada de su rostro avergonzada.
–No lo sé, pero siento algo dentro de mi pecho, algo que no es nada agradable. Es como si algo me faltara, como si tuviera que ver de nuevo a Sora para saciar algo dentro de mi. –anunció tocándose el pecho, a la altura del corazón. Mis ojos empezaron a humedecerse y él lo notó –. ¡Ey! Tranquila, no estoy seguro de si me iré. Solo me siento confuso… extraviado. Y siento que si no veo a Sora, no podré ser yo de nuevo.
–Pero… estoy segura de que si te vas, te fundirás con su corazón y no volverás a estar aquí. –en realidad quería decirle que no estaría conmigo, pero no lo dije –. No puedes irte, no porque… –él me miró con intensidad y de pronto me entraron ganas de besarle.
–¿Por qué…? –preguntó algo raro. Su voz sonaba distinta, estaba triste pero, a la vez, se notaba interesado en mi respuesta.
–Porque eres importante para mi. –ruborizada a más no poder, bajé mi cabeza hasta mirar los zapatos. De repente, su mano fue a parar a mi barbilla y me levantó el rostro. Lo miré con deseo, sin ocultar mis sentimientos por él, aunque saliera dañada, no quería seguir ocultándole lo que sentía…
–Ya lo sé, eres mi amiga, y te importo mucho. –sonrió y yo quise pegarle por lo tonto que era. ¡Le estaba expresando mis sentimientos y no lo entiende! Opté por no seguir.
–¿Y qué vas a hacer? –me separé un poco de él mientras guardaba mis cosas en la mochila.
–Sencillo, iré a visitarle. –sentenció decidido –. Gracias, Olette. Me has aclarado las ideas. –me sonrió con felicidad y yo me sentí peor que antes.
–Pero… –entonces me di cuenta de que verdaderamente estaba enamorada de él. No quería que se fuera por miedo a perderlo para siempre… –Iré contigo. –anuncié decidida. Él se sorprendió.
–¿En serio? –se levantó alegre y me tendió la mano para que hiciera lo mismo.
–¡Claro! Después de todo, somos amigos. –resolví cogiendo su mano. –Amigos…
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Continuará...
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