Wang Yao miraba interesado a la nueva sirvienta que su hermana había contratado, quien, sin un sonido o gesto aparte de sus elegantes ademanes al ejecutar su tarea, cumplía con lo que le era ordenado y lo hacía con una aparente felicidad.

Ese no es el tipo de personas que ves todos los días.

La chica japonesa murmuraba una suave tonada que Yao supuso, era una cancioncilla de cuna de su lugar natal; desde su posición el magnate podía apreciar de cerca a la chica, y no podía evitar pensar de nuevo que era una persona tan exótica y hermosa como lo sugería su nombre.

Sakura. Flor de cerezo.

Acercándose poco a poco a la menor, Yao fingió que examinaba el trabajo de esta y aprobaba de este.

—Trabajas muy bien, aru —comentó, observando divertido la expresión sorprendida de la joven—. Y con mucha diligencia, debo decir, aru.

La chica jadeó un poco, sorprendida al escuchar un complemento de su superior, pero después dejó salir una pequeña sonrisa al tiempo que la acompañaba de una ligera inclinación de la cabeza. Porque claro, Sakura era una chica de modales.

—Le agradezco su amable comentario, Yao-san, pero ¿es acaso que no debemos trabajar por qué queremos? —le preguntó intrigada, genuinamente confundida ante las palabras del otro, este, al comprender sus palabras trató de rectificarse.

—No es eso. Aru, es sólo que a pesar de que lo hacen porque quieren, no muchos parecen del todo satisfechos con ello, aru, no sé si me estoy explicando bien —agachó un poco la cabeza, y Sakura, sintiéndose empático por el otro, tomó su mano, tratando de mostrarle algo de consuelo.

—Comprendo perfectamente, Yao-san —le aseguró, con otra sonrisa ligeramente tímida al tiempo que tomaba aquella mano que a los ojos de su propietario era demasiado torpe, llena de callos y grande en comparación a las manos de porcelana de la pequeña y delicada Sakura.

Al verse incapaz de ver a otro lado, se perdió en esos dos carbones que parecían brillar con benevolencia y sintió un sonrojo del color del kimono de la chica asediarse en sus mejillas; entre disculpas por el violento jaleo que dio de las manos de la chica, pues quería terminar con esa vergonzosa escena, trató de calmarse y regresar a su anterior estado de paz mental… o algo parecido.

—Sí, eh, gracias, aru —giró hacia todos lados, rogando para sí mismo que hubiera algo que distrajera la atención de él.

Las desventajas de vivir sólo en tu mansión con sólo un par de sirvientes que nunca parecían estar alrededor tuyo como aquella chica nipona que le volaba la cabeza con sentimientos incomprensibles para el oriental.

Al de verdad no ver otra salida, tomó de nuevo las manos de la chica, deleitándose con la sedosa contextura de estas, tratando de ignorar aquella voz en su cabeza gritándole "no te acerques más, perderás los estribos". En ese momento sólo importaban él y Sakura.

Era como una secuencia de pequeños sucesos repetidos constantemente.


Okey, explico rápido: este fic es para un reto del foro Anteiku "70 días con tu OTP", en ese caso, China x Nyo!Japón (en realidad, Chuni en cualquier forma está bien para mí uwu), y este es el primer drabble, "tomándose de las manos"; tuvo 500 palabras exactas y Hetalia no me pertenece.

China es un magnate que se compró una mansión en la antigua Saigon, Vietnam y contrató a Nyo!Japón como su sirvienta, en caso de que hayan quedado dudas. Er, a pesar de que la casa que se menciona en el fic es muuuuy antigua, finjamos que es un AU moderno y que la casa asi como el dinero es heredado, ¿vale? "El cielo a mis pies" es el título de un poemario chino edición bilingüe que tengo ahí, sus poemas son hermosos, y si gustan, puedo compartirles un par.

Matane!