Disclaimer: nada me pertenece. Los copyright y trademark son de propiedad de la CBS. La serie fue creada por Anthony E. Zuiker y es producida por Jerry Bruckheimer. Nada del material que hay a continuación tiene la intención de adjudicarse ninguno de estos derechos.

N. del A.: es primera vez que escribo un fanfic, espero que les guste y dejen sus reviews (¡ya sean positivos o negativos!)

La Muerte, la Doncella y la Mariposa

por K. A. Mendelsohn

Capítulo 1: Allegro Vivace

Una bruma tenue envolvía el aire. Era una noche sin luna, por lo que era imposible distinguir el cielo del suelo. Grissom, extrañado y entrecerrando los ojos, miró hacia el infinito: no había estrellas. Sólo esta niebla sobre un fondo azul marino. A lo lejos, divisó una línea. A medida que se acercaba se hacía más gruesa. "Definitivamente, no es el horizonte". Recién cuando estaba al alcance de su mano pudo entender lo que era: una cinta amarilla con las letras "crime scene: do not cross" en negro. Abrió su maletín y sacó unos guantes de látex. Se los puso y levantó la cinta con una mano mientras con la otra sostenía el kit.

Estaba muy oscuro. "¿Dónde estarán los demás?" Un raro silencio llenaba la atmósfera. "¿Sirenas?¿Radios de policía?¿Ambulancias?" Por un momento creyó que la operación contra su otosclerosis había sido en vano, sin embargo miró a su alrededor y no pudo observar más que la neblina. Estaba solo en la escena del crimen.

Encendió su linterna y alumbró el suelo. Allí había un zapato negro. Se acuclilló y deslizó el haz hasta el rostro de la víctima, pero no estaba preparado para ver lo que vio. Nunca lo estaría. Perdió toda compostura y emitió un grito sofocado. "¡Dios mío, Sarah!" – exclamó aterrorizado, dejando caer la linterna.


Despertó intentando entender lo que sucedía. Estaba bañado en sudor frío y su corazón latía fuertemente. Pocas veces en su vida se había sentido así. Se miró a sí mismo metido en la cama. "¿Había sido un sueño?". Un poco más aliviado miró el despertador. Se sentó y se disponía a levantarse cuando sintió algo extraño y frío bajo los pies. Era el auricular del teléfono. Desde él emanaba una voz apagada, la voz de Catherine: "¿Aló?¿Grissom?¿Estás ahí?¿Grissom?...". Rápidamente tomó el teléfono y respondió: "Aquí Grissom"

-"Gil ¿estás bien? Por un momento me confundiste con Sarah."

En ese segundo comprendió que lo que había dejado caer no era la linterna. Avergonzado por el exabrupto decidió incorporarse rápidamente y cambiar de tema.

-"Estoy bien. ¿Qué sucede?".

-"Tenemos un 419 en el 186 Tropicana Ave. Ven rápido"

-"De acuerdo. Dame veinte minutos" – y cortó.

En camino hacia la escena, mientras conducía, miles de pensamientos se revolvían en su interior, haciéndole sentir más confundido aún. "¿Por qué aquél sueño?¿Tendría algún significado?" Independiente del sentido que puedan haber tenido las imágenes lo que más sorpresa le provocó fue su propia reacción. Cuando vio el rostro de Sara inerte contra el suelo, sintió como si le hubiesen extraído todo el aire de sus pulmones. No había sabido si gritar o correr. Nunca le había sucedido nada por el estilo. Nunca había sentido emociones tan íntimas y a su vez sobrecogedoras, estremecedoras. Ni siquiera en una escena de un crimen. Pero a Grissom no le gustaba analizar mucho sus sentimientos, se sentía acorralado, por lo que cuando se dio cuenta de que el sueño indagaba en algo más profundo, algo insondable por la mente, decidió levantar barreras y dejarlo para un análisis posterior (que él mismo sabía, no haría nunca y relegaría al olvido).

Abrió la puerta de la van negra y sacó su equipo de criminalista. Mientras se acercaba al lugar del siniestro, lo invadió un vago sentimiento de familiaridad: la noche intensamente oscura, la cinta amarilla, nadie alrededor. Un escalofrío le recorrió la espalda. "Aparece Cath, aparece". Detrás de él una voz le llamó:

- "¡Hey, Gil!" – Grissom se sobresaltó levemente, pero lo suficiente para que Catherine lo percibiera. – "Hey" – respondió él soltando un suspiro y mirándola con reproche. Catherine sonrió mordaz y una chispa de humor asomó a sus ojos. – "No me digas que te asusté. Te noto un poco tenso ¿No será que te hace falta… algo?" – "Algo como… qué" – le instigó a terminar Grissom levemente enfadado. –"Como… ¿vacaciones?" – le repuso Catherine con una falsa mirada de inocencia. –"Y supongo que tú harás el papeleo que me falta" – replicó Grissom con una ceja levantada y su típica sonrisa pícara. Con un gesto de la mano, Catherine desechó la idea y se dio por vencida en su intento de mortificar a Grissom. Le ofreció: "¿Entremos?"

El crimen había sido cometido en un teatro. Empujó la puerta giratoria y se encontró con una inmensa y elegante sala. Butacas de cuero genuino, una platea alta y balcón para la gente de gusto más refinado. Del centro del techo colgaba imponente una enorme lámpara de lágrimas. Al fondo del pasillo, se veía el escenario. Las gigantescas cortinas de pulcro terciopelo rojo estaban descorridas y la protagonista del espectáculo yacía muerta en medio del lugar. Sin embargo, no se hallaba en una posición común. Sus manos y cabeza descansaban apoyadas sobre las teclas de un piano. Un piano de cola para ser precisos. Se mantenía sentada en un piso de madera. Las luces aún estaban encendidas sobre ella. La sangre se había derramado sobre todo el marfil en una sola mancha uniforme, tiñéndolo todo de un rojo concentrado y escurriéndose entre los intersticios de las teclas, goteando del piano, al piso del escenario. El oscuro carmesí de la sangre contrastaba notablemente con la palidez de la víctima. Si hubiese sido un montaje, habría logrado un gran efecto estético en el público, pero esto era real. Alguien había muerto tocando el piano.

Dave aún estaba midiendo la temperatura del cuerpo. Era una joven de unos 30 años, caucásica, de finas facciones. Grissom decidió esperar por el momento. Se acercó al acomodador, que vestía de un inmaculado blanco con humita negra.

–"¿Qué ha sucedido aquí?" – inquirió

- "Becky sólo quería practicarla una vez más"- respondió el hombre visiblemente consternado.

-"¿Qué pasó?"

-"Becky era así, perfeccionista. Desde pequeña. Los errores no se los perdonaba jamás."

-"Cálmese un momento. Comience desde el principio." – y le invitó a sentarse en una butaca.

- "Becky… Rebeca tenía presentación todos los viernes por la noche. Ella tenía un talento especial ¿sabe? Su función era la única que llenaba el teatro. Yo no sé mucho de música clásica, pero era como estar en el cielo. Al menos, eso creo. Ojalá ella esté allá en estos momentos…" – Grissom comprendió que no era el mejor momento para un interrogatorio. Los asuntos que tenían que ver con "gente" los manejaba mejor Catherine. Le cedió su puesto y se acercó a Dave un poco inquieto.

-"¿T. O. D.?"

-" Hace aproximadamente dos horas. No más. No hay identificación, pero…"- apuntó hacia un cartel pegado sobre la pared del camarín. Allí aparecía Rebeca flamante en un traje de seda blanco, junto al piano. "VIERNES: Schubert, Cuarteto para Cuerdas Nº 14 en Re Menor, adaptación para piano por Rebeca Todmann".

De la nada apareció Sara e intervino: "Rebeca Todmann es… era una gran pianista. Solía escucharla en mi dormitorio, cuando estudiaba en Harvard. Comenzó su carrera a los 16 años. Era muy talentosa."- Grissom sonrió –"Para estudiar en Harvard también hay que tener talento" – lo que hizo que Sarah se sonrojara. Dave interrumpió:

-"Es todo suyo"- y se dispuso a salir cuando Catherine le tomó el hombro. –"Espérame, voy contigo"- y luego se dirigió a Grissom: "Hay otro D.B. cerca de East Harmon Ave. pero antes pasaré por la comisaría." – agregó mirando de reojo al acomodador que lloraba en una butaca en un rincón – "Está destrozado, Gil. Dudo que sea culpable, así que le llevo conmigo. No declaró nada importante. Dijo que había estado cuidando el teatro durante la noche y, como es usual, Rebeca volvió al escenario para un último ensayo antes de su presentación de mañana. Llamó al 911 cuando dejó de escuchar música y se encontró con la escena. No tocó, ni alteró nada."

-"Gracias, Cath"- replicó Grissom mientras los tacos de Catherine resonaban en el frío piso de mármol. Se dirigió hacia Sara, quien ya estaba inspeccionando el cuerpo.

-"Curioso. Muy curioso." –dijo Sara más para sí que para Grissom.

-"¿Qué es lo curioso, Sara?"- preguntó él intrigado.

-"Oh, no es nada"- ante la insistente mirada de Grissom, no tuvo más opción que continuar.-"La partitura que tocaba Rebeca antes de morir es el Cuarteto Nº 14 de Schubert."

Grissom la miró extrañado. Eso ya lo sabía del aviso pegado en la pared. No era ninguna novedad. De pronto, cayó en la cuenta de qué era lo que Sara quería implicar. "Claro, era muy obvio. Cómo no lo notó él mismo." Torció la boca hacia un lado en un gesto de satisfacción: "También conocido como La Muerte y la Doncella". Sara levantó su rostro para mirarle directamente a los ojos y sonreírle en premio a su agudeza. Grissom ladeó un poco la cabeza, enarcó las cejas y dijo: "yo también escucho música clásica, sólo que nunca estudié en Harvard."-y sonrió, luego añadió –"La diferencia entre la obra de Schubert y este caso es que no fue precisamente el dios de la muerte quien se llevó la vida de esta joven."


Pronto vendrá el segundo capítulo. Por favor díganme qué piensan. Espero sus reviews ;o)