Otro aburrido día en el ayuntamiento, tratando asuntos sobre como salvarían a Storybrooke. Se sentía harta de tener que escuchar a Mary Margaret y David con su estúpido positivismo siempre pensando que todo saldría bien, a Gold con su constante preocupación por su recién reunida familia, pero sobre todo se sentía irritada por Emma y los idiotas que la acompañaban, Regina no entendía porque rayos esos dos tenían que estar en todas las reuniones, muchas veces por su culpa la conversación terminaba en algo absurdo y un pleito entre ellos, simplemente quería matar a cualquiera.
También estaba cansada de que Henry prefiriera a Emma sobre ella, y ahora la preocupación era doble, pues su hijo adoraba pasar tiempo con ese hombre que decía ser su padre. Desde que regresaron de Neverland casi no veía a su pequeño, pues sino estaba con Emma estaba con su padre. Si la rubia antes tenía todo el protagonismo con su hijo y ella pasó a segundo plano, ahora con el padre ya no existía lugar para ella, no sabía cómo manejar esa situación, quizá debía de llamar a un abogado y reclamar los derechos a los que Emma renunció al nacer Henry, pero eso nunca se lo perdonaría el niño.
Abrió la puerta de su casa, encendió las luces y se dio cuenta que ese lugar era demasiado grande para una sola persona, de nuevo sufría la ausencia de su hijo, subió las escaleras, se quitó la ropa y se metió a la ducha. Intentó despegar la mente pero no pudo, tenía clavada la imagen de Henry compartiendo con sus "padres", Emma y Neal, ese hombre que por si fuera poco era hijo de Gold. Se sentía irritada ante la idea de que todos en ese maldito pueblo tenían algún lazo familiar, todos excepto ella, intentaba quitar ese pensamiento de su mente pero no pudo, se sentía sola. Salió de la ducha y se vistió con su habitual pijama gris. Se sentó a la orilla de la cama, suspiro y tomo un vaso de agua que estaba sobre la cómoda, se recostó en la cama detestando el rumbo que tomaba su vida. Casi había pasado un año desde que la salvadora llegó a Storybrooke, y en ese año su vida dio un giro de 360 grados, perdió a su hijo, se rompió la maldición y todo el pueblo la odiaba, su peor enemiga se reencontraba con su familia, ella mató a su madre, y mientras las cosas pintaban mejor para otros para ella iban a peor.
Un sentimiento de tristeza invadió todo su cuerpo y se preguntó si no sería mejor olvidar todo eso, irse de Storybrooke conocer el mundo, sería libre, extrañaría a su hijo, pero no estaba segura de que él sintiera lo mismo por ella. Se metió a la cama y lucho contra el sentimiento de soledad y tristeza, que amenazaban con hacerla romper en llanto, decidió ser fuerte y alejar esos sentimientos. Intentó cerrar los ojos y pensar en que mañana al despertar sería un mejor día, pero sabía que no sería así quizá nunca volvería a ser mejor para ella, todo a su alrededor se volvía cada vez más asfixiante y no sabía cuánto tiempo podría continuar de esa manera, mientras meditaba todo aquello el sueño por fin acudió a ella.
