Prólogo
La sangre no se detiene… me pregunto cuanto tiempo pasará para que al fin pueda morir…
Si algo puedo asegurar, es que mi existencia no tardará más en desaparecer que la de la persona que tengo frente a mis ojos.
Probablemente alguien venga y trate de hacer algo, pero será muy tarde para eso…
Las lágrimas caen por mis mejillas, al igual que la sangre, no dejan de salir…
El tiempo parece haberse detenido. Escucho una voz, pero el mareo es demasiado grande como para entender que me dice, el aturdimiento me sigue atosigando.
No se durante cuanto tiempo más pueda permanecer consiente.
Es como ver una película, los recuerdos de mi niñez son tan familiares y tan exactos, que parece que hubieran sido ayer. Todo pasa por mi mente, incluso las escenas sonde la sangre, los gritos y el dolor empañan mi vista.
Si hubiese sabido que esto pasaría, por lo menos habría dicho "adiós" a mi madre antes de salir de casa por última vez, quisiera no pensar en la expresión de terror y amargura que se apoderará de su rostro.
Tengan o no la culpa, les perdono, se que no imaginaron que esto sucedería, pero hay cosas que son inevitables y esta es una de esas, así que pido que no lloren por mi, no se tomen atribuciones que no les corresponden, como el pensar que si hubiesen hecho "eso", esto no sería así.
Abro mis ojos con pesadez, quisiera poder distinguir con claridad otra cosa, que no fuera su rostro cubierto de lágrimas y sangre, el dolor se refleja en su cara.
Me hubiese gustado que esto no pasara de esta manera, pero nada puedo hacer para cambiar esto.
Quisiera vengarme, pero no puedo, a sabiendas que la venganza no trae más que llanto y una vida llena de tristeza pecaminosa, abandono esa idea...
Recuerden que no deben odiarle por hacernos esto, simplemente sean fuertes y olviden el pasado, que la vida sigue y no podemos aferrarnos al pasado y sufrir por lo que fue o no fue. Sigan con sus vidas y recuérdennos con cariño y con una sonrisa muestren que la soledad y el odio no les dañará y cegará.
Quisiera poder decirles cuanto les aprecié y les quise, pero no tengo más tiempo y ya no tengo fuerzas para seguir aquí, tal vez esto fue lo mejor, no me gustaría que me vieran así… solo lograría que el miedo y el rencor corrompieran sus almas…
Por favor no nos olviden, pero tampoco se aferren, impidiéndonos ir en paz, cuando quieran vernos cierren los ojos y traten de recordar aquellos tiempos, cada cosa que hacíamos… es así… es así como me despido, pero no será para siempre, porque nada es para siempre, así que no me digan adiós, si no hasta pronto.
Cáp. 1: Silence
La noche se partió con un estruendo, el silencio reino por unos minutos durante los cuales la habitación se cargo de tensión.
Había cometido un gran error, su orgullo estaba destruido, había considerado el retiro y lo había dejado como su última alternativa.
Pero, nunca se imaginó que de todos, justo ella iba a ser la elegida
-Te ayudaré a atraparlo- la mujer de cabello negro levantó sus ojos directo al monitor, quedaban solo unos segundos un brillo de determinación apareció en sus pupilas.
Quizás no podía ver el rostro de su receptor, más sabía que este llevaba una sonrisa de victoria adornando en su tez.
-Gracias estaba seguro que esa sería tu respuesta-
-....-----..--------------------.----.-..----
Los Ángeles, Martes, mes y año desconocidos-¡Oigan!, ¿me acompañan? – la joven volteó hacia sus amigas, en su rostro se remarcaba una mueca de insistencia, levantó su mano derecha enredando un mechón castaño y rojo pasándolo por la abertura entre sus dedos.
-Ya has comido demasiado Haru-kun, si comes tanto dulce te enfermaras – replicó la castaña, sus miradas marrones chocando unos segundos.
-Nee Tsuki-kun exageras...- respondió la mayor de las cuatro, cabello largo y con leves ondulaciones, una mirada también marrón que observaba el perfil de su amiga, detallando las coletas que esta llevaba con la vista.
-Asa-san yo apoyo a Tsuki-san, creo que si come algo más le va a explotar el estomago – defendió la única con mirada distinta, una mirada celeste contrastando con su cabello castaño, muy parecido al de Asatsuki solo que con un matiz más claro.
-Nee Oba-chan, creí que estabas de mi lado – farfulló Haru, mirando a Asatsuki de forma cómplice
-Solo iremos a la tienda por chocolates y ya – dijo Asatsuki con voz calmada, mirando a las que se oponían.
Tatsuki y Oba-chan solo suspiraron mirándose de modo sumiso, no les iban a convencer.
-De acuerdo, pero compran solo eso y nos vamos – amenazó Tatsuki mientras comenzaban a caminar.
Haru y Asatsuki se dieron una última mirada clandestina y optaron por irse al frente de las otras dos.
Durante el camino ninguna dijo nada, cada una se perdió en sus pensamientos por completo, ignorando el resto del mundo, escuchando el sonido de sus zapatos golpeando el asfalto de la vereda.
Ya a pocas calles Tatsuki y Oba-chan se detuvieron bruscamente, Asatsuki trago duro y Haru cerró los ojos preparándose para una excusa creíble.
-Ya pasamos tres quioscos, ¿Adonde vamos? – Dijo la ojiazul suspicaz, cruzándose de brazos esperando respuesta.
Se hizo un silencio grupal, todas se quedaron en sus lugares, más la menor rompió el silencio.
-Ya sabes como soy con gastar dinero que no tengo – murmuró Haru sin voltear – A unas calles de aquí venden las cosas más baratas.
-Falta poco – agregó Asatsuki intentando convencerles, mirándoles con confusión fingida.
Tatsuki colocó su mano en su mentón, negándose a creer la tranquilidad que irradiaban las otras dos de adelante.
-Si ese es el caso Haru-kun, cómprate caramelos, en todos los quioscos salen igual – pudo haber inventado algo mejor para demostrar que no tenía confianza, más estaba agotada de aquél día y no tenía muchos ánimos de pensar en algo.
Haru volteó y miró a la de coletas – ¡Demo yo quiero chocolate! – hizo un falso capricho, sonriendo interiormente tras ver que comenzaban a caminar rumbo a la "tienda".
Haru divisó el lugar y no pudo evitar apresurar el paso parando frente a una enorme puerta abierta, se escuchaba el murmullo y la música de muchas personas provenientes de aquel distrito.
El rostro de Tatsuki y Oba-chan se deformó en una mueca de desagrado total, mirando el lugar con reprobación.
-¿Con que tienda eh? – acusó Oba-chan mientras miraba con una ceja alzada a las del plan.
-Nee, solo compraremos una botella de cerveza – musitó Asatsuki – Así tenemos algo para tomar mientras Haru se acaba sus chocolates –
-¡No pienso entrar allí!- ¡ni loca!- ¡En lo que a mi respecta, me voy a otra tienda ahora mismo! – gritó Tatsuki al ser jalada por Haru intentando hacerle entrar
-Yo también voy Tsuki, nunca me gustó el alcohol – apoyó Oba-chan separando a la menor de la de coletas
-Bien, Hagan lo que quieran, pero luego nos esperan aquí ¿eh? – dijo Haru mientras ella y Asatsuki entraban al "bar".
-¡Hmp! – gruño Tatsuki haciendo un mohín de disconformidad – No puedo creer que nos trajeron aquí, las voy a linchar y...- Tatsuki se puso roja tras observar que había hecho mucho escándalo, varias de las personas les estaban mirando extrañadas y otras susurraban y reían.
Tatsuki se quedó dura de los nervios.
-Nee, vamos a la tienda... ya olvídalo – dijo la otra, sonriéndole dulcemente, esto tranquilizó a la de coletas que suspiró de modo sonoro y hecho a andar.
Afortunadamente, la tienda de dulces estaba a unas casas del bar al cual habían ido a parar, Oba-chan sacó su billetera y pagó dos helados, invitándole uno de vainilla a la otra.
Salieron comentando asuntos triviales fuera del establecimiento, comenzando a caminar de regreso, parando en una banca para acabar sus helados.
El aire frío de la noche comenzó a mostrarse, la calle comenzó a tornarse silenciosa, marcando el eco de la música que provenía desde el bar.
Ambas jóvenes sintieron un leve aire de peligro, era algo tarde y estaba oscureciendo.
-Mejor vayamos al bar donde están Asatsuki y Haru, no sea cosa que se vayan sin nosotras – dijo la ojiazul al tiempo que escuchaba un sonido algo extraño.
-¿Escuchaste...?- Tatsuki asintió al segundo, ella lo había escuchado a la perfección.
Ambas observaron el callejón que estaba en una esquina más adelante, sigilosamente caminaron hasta quedar tras de un árbol algo pequeño pero que logró tapar sus cuerpos.
Sus respiraciones estaban algo cortadas del miedo, más sintieron que sus piernas fallaban cuando vieron a un hombre de constitución pálida tomar bruscamente a una persona adentrándola al callejón.
Ambas lograron divisar la aguja que este clavo en el cuello de su victima momentos antes, asimilando sus intenciones.
Tras escuchar el sonido de sangre cayendo al suelo Oba-chan decidió retirarse llevándose a Tatsuki, esta le tenía terror al fluido rojo por lo que solo lograrían volverse un blanco para ese chico.
Tatsuki casi comenzó a llorar del susto cuando vio unos ojos rojos brillar entre toda la oscuridad del callejón, mirándoles con atención.
Esta lo supo disimular muy bien por lo que fingió no haber visto nada y siguió caminando de regreso.
-O...Oba-chan...- susurró Tatsuki, con la voz cortada sintiendo escalofríos – Mejor no digamos nada sobre... ya sabes – le miró, esta miraba seriamente al frente.
-OK... – fue lo único que dijo, no abrieron la boca hasta que divisaron a sus amigas saliendo del establecimiento.
-¡Nee si que se tardaron! – gritó la menor de todas comiendo sus preciados chocolates
Tatsuki sonrió de forma forzada con miedo a que las otras dos notaran su temblor, afortunadamente Asatsuki y Haru estaban muy ocupadas viendo quien lograba acabarse su vaso de cerveza más rápido.
Pasó el rato y Tatsuki sintió más alivio, Oba-chan ya casi no recordaba aquel incidente o al menos eso aparentaba ya que se reía tras ver como se enfadaban cuando terminaban en empate de velocidad.
-Bueno, ya es algo tarde... regresemos a casa – dijo Asatsuki viendo que ya estaba por completo oscuro.
Tatsuki dio una última mirada hacia atrás pero esta vez no vio los ojos de hacía un rato, sintió que su corazón latía con normalidad nuevamente. Ese día si que había sido extraño.
