Cuando Frodi llegó a disponerse al servicio de Andreas Riise, Utgard ya estaba ahí.
Según Heracless y Fafner, llevaba en aquel sitio más tiempo que todos ellos y, a la vez, era de quien menos se sabía. El guerrero de Garm no era de hablar y, por si fuera poco, siempre llevaba puesta una máscara que cubría todo su rostro y acrecentaba el halo misterioso que lo envolvía. Sin embargo, y era aquí donde comenzaba el desconcierto de Frodi, no parecía tener mal carácter. En más de una ocasión, había escuchado al resto de los god warriors decir que Utgard había entablado una conversación a la hora del desayuno, aunque su concepto de conversación no superara los monosílabos y los asentimientos. Eso no era lo que levantaba sospechas en el de Gullinbursti; de hecho, le parecía genial que el más callado del grupo no fuera huraño… pero el asunto radicaba en que todos habían conversado con Garm en al menos una ocasión. Todos, menos él.
Ni una sola vez lo había encontrado de casualidad en los pasillos de la fortaleza; ni una sola vez habían almorzado los ocho al mismo tiempo. Cada vez que llegaba al comedor, Utgard no se encontraba y, de turno, Surt o Sigmund afirmaban que se había marchado apenas unos minutos antes, luego de una'amena' jornada en conjunto. Había acontecido en otras oportunidades, que Frodi arribaba al comedor un poco antes y lograba coincidir con él; sin embargo,apenas ponía un pie en el salón, el de cabellos negros se paraba y abandonaba en silencio el lugar, incluso, habiendo dejado el plato o la taza a medias en un par de ocasiones. Lo que superaba la incredulidad del propio Frodi era que, aparentemente, nadie más parecía darle importancia al asunto. Si forzaba su imaginación, hasta podía llegar a creer que eran coincidencias; no obstante, cada escasa vez que había logrado cruzar miradas con el evasivo guerrero, como en las reuniones convocadas por Andreas, lo único que percibía en sus ojos vacíos era un frío penetrante, como si le lanzara estacas. Casi… como si lo estuviera acechando.
Lo curioso del asunto era que, las "muchas veces" a las que se refería habían tenido lugar en apenas un par de meses, si bien todos ya se conocían de antes en Asgard. Ese mismo detalle lo inclinaba a pensar que su reacio compañero también había crecido en las frías calles del pueblo. La motivación común de los god warriors había ayudado a cimentar su relación y a sobrellevar las distintas formas de ser y proceder. Andreas parecía satisfecho y eso los fortalecía como equipo, pero la ambigua presencia de Utgard inquietaba a Frodi, quien esperaba que, como mínimo, causase algo de sospecha en los demás.
¿O era solo él?
¿Se trataba de su extraño sentimiento de injusticia al no poder "socializar" con el muchacho al igual que el resto de sus compañeros? ¿O era a causa de las miradas indescriptibles que, estaba seguro, no le dirigía a nadie más? ¿Era incorrecto pensar que Utgard lo evitaba apropósito? No, no le parecía errado creer que era así, mas no lograba entender la razón de su comportamiento y eso comenzaba a transformar su inquietud en irritación. Por eso, con tal de evitar que su incipiente fastidio se transformara en genuina molestia, decidió forzar a la casualidad: resolvió perseguir a Utgard.
Ni siquiera podía imaginar que la casualidad lo sorprendería primero.
Precisamente, el día en que caminaba más determinado que nunca a sacarle aunque fuera un mugre saludo al azabache, cuando llevaba el mentón casi a la altura de sus ojos, lo detuvo la figura de su objetivo. Y todo hubiera salido de acuerdo al plan de no ser porque, en aquel pasillo ordinario de aquella fortaleza laberíntica, en donde no había otra alma además de la de ambos, Utgard yacía en el piso, aunque inconsciente a todas luces, aferrándose a su abdomen como si su vida dependiera de ello.
Así, toda la convicción de Frodi se le desinfló en el pecho y se transformó radicalmente en preocupación. ¿Había sido víctima de un ataque imprevisto? No había alcanzado a atormentarse con otro pensamiento cuando sus brazos ya recogían al chico del suelo y lo apoyaban contra la pared. Acto reflejo fue que intentara quitarle la máscara, creyendo, ingenuo, que le faltaría aire. Craso error, pues al tocarla, pareció haber encontrado el botón de encendido del de Garm. Este mismo abrió los ojos profusamente, al parecer, a causa de la sorpresa al ver a Frodi; con la misma rapidez, apretó la muñeca ajena hasta que el desprevenido Gullinbursti realizó una mueca de dolor.
— Utg- —
— Apártate.—
— ¿Te encuentras bi-
— ¡Aléjate!—
No podía decir que había esperado una sonrisa radiante o un abrazo, pero era sincero al pensar que hubiera apreciado un "gracias por echarme una mano en este lugar en medio de la nada". Aún así, no logró sentir molestia; al menos, no más grande que la preocupación de antes.
— ¿Qué fue lo que viste? —
— Nada,yo solo…
— Ya puedes marcharte… y no le digas a nadie que esto sucedió. —
— Hey, un momento. ¿Cuál es tu problema? —
Por fin había logrado dialogar con el de Garm, aunque no fuera como lo había proyectado en su mente. No podía desperdiciar esa oportunidad. Al contrario de la sugerencia recibida, Gullinbursti cruzó las piernas en el suelo y se sentó frente al malagradecido niño. Utgard, por su parte, no renunció a la postura de gato amenazado y sus ojos se clavaron en los ajenos con el triple de intensidad. Tampoco dejó de apretar su abdomen, aunque el dolor parecía haber disminuido.
— No sé de qué estás hablando. —
— No intentes verme la cara de idiota, ¿por qué me has estado evitando? —
— El mundo no gira a tu alrededor; tu ego de noble es visible desde Noruega. —
— ¿Qué fue lo que dijiste? —
— He dicho que te largues. ¿Te molesta? —
— ¡Claro que sí! ¿Qué demonios está mal contigo? —
— ¿Me odias? —
— . . . —
— ¿Lo haces? —
— ¿De qué estás hablando? —
— ¿Me odias lo suficiente como para matarme sin titubear? —
— Oye,no, un momento… —
— Frodi.—
— Hm. —
— Tienes que ser más fuerte. Si te vuelves un obstáculo para Odín,seré yo quien tome tu vida. —
Y ya.
Eso había sido suficiente para dejar a Frodi de Gullinbursti sumido en la confusión más grande de todos los tiempos. Nada de lo que Utgard acababa de decir tenía sentido. Aún intentaba desenrollar sus turbados pensamientos cuando Garm se marchó sin decir una sola palabra más, apoyándose en la pared del corredor y, seguramente, de regreso a sus dominios.
De ahí que, unos cuantos minutos después, Surt y Sigmund lograran dejar de lado una fútil discusión con tal de mirar a Frodi cual si se tratase de un fenómeno: ahí, sentado en el suelo de un pasillo cualquiera y con la mirada hacia la pared.
Todavía estaba desconcertado cuando tomó la primera decisión: Volvería a encarar a Utgard en cuanto lograra descifrar al menos la mitad de todo lo que había quedado almacenado en su cerebro.
Sin embargo…
"¡La prisionera ha escapado!"
"¿Lyfia…?"
"¡La vieron con un hombre de armadura dorada!"
"¡Lyfia!"
Esa segunda oportunidad nunca surgió.
