Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya y Lost Canvas, pertenecen a sus respectivos autores.
El reloj de Kronos
"Tal vez un humano pueda desafiar a los dioses, vencer y no ser castigado"
Presente
—¡¿Qué son los dioses?! —Preguntó Seiya reteniendo toda su furia, fijando sus ojos castaños en el ser frente a él. No estaba intimidado por su potente cosmoenergia, eso nunca lo había detenido antes, sino por las dudas que nacían en él con más fuerza—. ¿Qué son? —Repitió en un susurro—. Si no son capaces de perdonar a los humanos y transmitir su calidez, entonces… ¿qué son?
Por su mente paso cada uno de los rostros de sus compañeros en la Orden de Atena. Con los que alguna vez lucho hombro a hombro, y también contra los que había luchado. Todos en nombre de algún dios, no importaba si este era Hades, Poseidón, Artemisa u Odín. Todos habían sido personas excepcionales, con espíritus inquebrantables, fuertes como ningún otro y con una lealtad que los hacia descender en vida a las prisiones del Hades.
¿Por qué a pesar de ser los elegidos, sus vidas parecían solo hechas para sufrir?
—¡Saori a tratado de convivir con nosotros, para comprendernos!
Avanzó hacia el pelirrojo, que no apartaba su gesto de superioridad.
—Los dioses deberían de estar para proteger y amar a los humanos —murmuró Seiya, fulminando con su mirada al dios frente a él.
—Un humano jamás podrá rechazar a un dios, es su naturaleza. —La cosmoenergia cubrió la mano de Apolo, dispuesto asestar un único y mortífero golpe.
—Detente por favor, hermano —La suave voz de Atena se hizo presente en aquel bizarro lugar, que no pertenecía a la tierra. Seiya sintió su cosmoenergia detrás de él y sonrió. Su diosa jamás lo abandonaba—. O no sé lo que pueda pasar.
—¿Qué quieres decir?
—Que si toda vía deseas seguir con tu castigo contra la humanidad, seré yo quien te enfrente—. Sus ojos grises retaron a Apolo y un leve brillo dorado danzaba en ellos.
Seiya avanzó con la poca energía que tenia, sonriéndole a su amada diosa.
—Espera Saori —le murmuro—. Si el destino de los humanos es ser destruido por estos dioses, yo juro que lo golpeare. Aunque sea una vez. ¡Voy a demostrar, que los humanos también merecemos estar en este mundo!
Su cosmos brilló con todo su intensidad, como nunca antes, llenándolo de renovadas fuerzas. Para su sorpresa, se vio cubierto por la armadura divina de Pegaso, y en su interior sonrió, sintiéndose apoyado por las estrellas.
Lanzó el mítico meteoro de Pegaso, al mismo tiempo que Apolo golpeaba con su cosmos divino. El golpe de energía, cubrió todo de una luz blanca, segadora…
…Semanas después…
El chico caminaba por un prado hermoso, buscaba algo que ni el mismo podía definir, pero estaba seguro que al verlo lo reconocería. Debía encontrar eso que le faltaba. Se sentó en el césped deleitándose con la vista, hasta que escuchó unos pasos a su espalda. Se levantó rápidamente y al voltearse se encontró con una joven bella. Tenía cabellos lilas danzaban con el viento y lo miraba con sumo interés.
—Eh… yo… lo siento —bajó su mirada, para ocultar su sonrojo—. No era mi intención molestarla, señorita. Solo estaba de paso.
—No se preocupe, no hay nadie más aquí. ¿Hacia dónde se dirige? Tal vez pueda ayudarle.
La joven le sonrió y él no pudo evitar devolverle el gesto.
—Busco algo —respondió, dejando escapar un largo suspiro—. Este lugar me parece familiar —agregó en un murmullo, perdiendo la vista en las copas de los árboles que se extendían en todas direcciones.
—Entiendo. Espero que encuentres lo que buscas.
El castaño asintió y retomó su camino, perdiéndose en el bosque bajo la mirada gris de la pelilila. Ambos compartían el mismo pensamiento.
¿Qué era esa inquietud que crecía en su pecho?
