Kobato pertenece a CLAMP.

Este fanfic está situado antes del capítulo 19 del animé.


Caramelos


— ¡Ioryogi-san, Ioryogi-san! ¡Mira, volvió a suceder!

Ioryogi observó con extrañeza cómo un pequeño caramelo hacía aparición en el interior del recipiente mágico, algo que solo debía ocurrir cuando un corazón era sanado por Kobato. Ya era la quinta vez que pasaba sin que hubiese una razón identificable.

— Qué extraño, con lo perezosa que has estado estos últimos días no debería suceder algo así. — Comentó el espíritu en forma de peluche.

— ¡Debe ser que estoy haciendo un buen trabajo, Ioryogi-san! — Dedujo Kobato con el entusiasmo que le caracterizaba, a lo que su compañero respondió con sus habituales regaños:

— ¡Debe ser que ni siquiera eres consciente de tus actos, Dobato! — Kobato dejó escapar un chillido y se apartó como por inercia, pensando que en cualquier momento iba a quemarla con su aliento. Sin embargo, en lugar de eso Ioryogi suspiró y volvió la vista hacia la ventana de ese pequeño cuarto que ocupaban para vivir. — Aunque… quizá sea mejor…

— ¿Uhm? ¿Pasa algo, Ioryogi-san? — Quiso saber la chica, un poco intrigada por la misteriosa actitud de su compañero.

— No, déjalo así.

Desde no hacía mucho tiempo un caramelo aparecía cada mañana en la botella mágica, ayudando a Kobato a acercarse más y más a su anhelado deseo. Al mismo tiempo, Ioryogi podía percibir los esfuerzos de un muchacho por levantarse más temprano de lo que acostumbraba con el único fin de acompañar a la chica en su trayecto de la residencia a la guardería Yomogi.

Kobato no era consciente de ello, pero su presencia poco a poco estaba empezando a provocar sentimientos en el corazón del amigo de Fujimoto, en aquel cuya presencia se veía disminuida ante la fuerte personalidad del castaño.

Takashi Dōmoto. El segundón.

No había día que él no apareciese frente a Kobato con una gran sonrisa y la mejor de las disposiciones para apoyarla en sus aventuras. Él no esperaba competir contra su amigo por el afecto de la chica a pesar de que solía plantearse la posibilidad de que ellos sintieran lo mismo el uno por el otro. Solo quería estar con ella y verla sonreír. No necesitaba más.

"¿De verdad?"

— Kobato-chan, ¿quieres salir conmigo? — Le preguntó directamente una mañana como cualquier otra. Ambos se estaban dirigiendo hacia la guardería Yomogi.

— ¡Claro! ¿Dónde quieres ir? — Quiso saber ella con inocencia.

Ioryogi, oculto en el interior del bolso de Kobato, solo podía escuchar con fastidio lo torpe que era su compañera.

— No, me refiero… — El muchacho volteó a verla, aminorando su marcha hasta detenerse. Kobato hizo lo mismo, sin comprender. Al cruzar miradas con ella, supo que la pondría en una situación incómoda y se retractó de sus palabras. — Da igual.

— ¿Uh? — Kobato ladeó el rostro, extrañada.

— Me gusta verte todos los días.

— ¡A mí también, Dōmoto-san!

Y ambos intercambiaron sonrisas. Una más apagada que la otra.

"Está bien así. Déjalo así. Con verte todos los días es más que suficiente."

Ioryogi lo supo entonces.

Su corazón sanaba día a día gracias a la presencia de Kobato. Quién sabría cuántas heridas escondería el muchacho y de qué maneras su amistad con ella le estaría ayudando. Su sonrisa era contagiosa, después de todo.

Lástima que Kobato jamás descubriría de dónde salieron esos misteriosos caramelos.


Fin