[!] Disclaimer: Los personajes del anime/manga de InuYasha pertenecen a Rumiko-sensei; yo solo los tomé prestados para esta pequeña actividad en unión oficial para el foro "Hazme el amor".

[!] Advertencias: El contenido de esta historia contiene AU y muy posible OOC.

[!] Summary: Rin ha dejado de ser la pequeña niña que conocimos para convertirse en una encantadora jovencita de dieciséis años. Curioseando un día entre los libros que Kagome ha traído desde su época al Sengoku jidai, se encuentra muy emocionada con un libro que narra las aventuras de una pequeña niña llamada Alicia, quien al caer por el hoyo de una madriguera en su afán por perseguir a un conejo blanco, va a parar a un extraño mundo conocido como el "País de las Maravillas". Shippō en una de sus tantas pruebas para convertirse en un gran demonio zorro, recoge una hoja y se la regala a Rin para que la use como separador de su libro, sin saber que el travieso kitsune tiene intenciones de hacer que forme parte de su prueba para poder ser promovido. ¿Magia kitsune, realidad o… mero producto de su imaginación? [Fic para la Unión Oficial al foro Hazme el Amor.]

[!] Nota: La idea surgió después de ver el capitulo de CCS con la versión seria la que hicieron para CCS, y pues... he aquí el resultado. No soy escritora ni mucho menos me considero como tal. Es mi primer intento en escribir una pequeña historia para el fandom de InuYasha con mi pareja favorita: Sesshōmaru y Rin.


~ Rin en el país de la maravillas ~

"Al dormir, se entra en un mundo que es enteramente nuestro, déjalo nadar en el profundo océano... o que se deslice sobre la nube más alta."
Albus Dumbledore
Harry Potter y el prisionero de Azkaban.


Tras finalizar sus lecciones sobre las plantas medicinales y sus propiedades con Kagome y Jinenji; decidió buscar resguardo a la sombra del árbol sagrado, con la esperanza de poder disfrutar de la agradable lectura de un libro que atrajo su atención desde el primer momento en que sus ojos se fijaron en la llamativa portada donde se apreciaba claramente el título de la obra: "Alicia en el país de las maravillas". Tras una curiosa y emocionante inspección entre los libros que Kagome acostumbraba a traer desde su época, y que cautivaban a la imaginación de cualquiera – incluyendo al mismísimo Inuyasha y al pequeño Taichi, a quienes Kagome tras leerles por primera vez la historia de "Peter Pan y sus aventuras en el País de Nunca Jamás", no han tenido suerte en encontrar un hada que les obsequie un poco de su polvillo de hadas –.

Tras soltar un débil suspiro, hizo una breve pausa a su lectura y sonrió genuinamente para sus adentros con un muy sutil, pero marcado rubor en las mejillas, al imaginarse la expresión que su señor Sesshōmaru pondría ante la idea de darle un 'beso' de la misma forma en que Wendy Darling quiso hacerlo con Peter Pan al momento de conocerlo. Solo que Rin no tenía ninguna intención de obsequiarle al señor una especie de 'dedal' como el protagonista lo malinterpretó. No, nada de eso. Había visto a Kagome y al señor Inuyasha demostrándose su afecto como la mayoría de las parejas de la aldea acostumbran a hacerlo – incluyendo a Sango y al Monje Miroku –, y justamente ahora que era una adolescente con inquietudes propias de su edad, no podía evitar preguntarse que sucedería. ¿Qué diría su señor Sesshōmaru ante la mención de aquella palabra? ¿Se molestaría con ella por tal atrevida petición? ¿La rechazaría? ¿Cómo saberlo? Las dudas y las inseguridades empezaban a hacer mella sobre sus acciones y manera de proceder. Lo que su señor Sesshōmaru le hacia sentir era único, pero a la vez difícil de explicar mediante palabras. Se trataba de un sentimiento cálido que inundaba su corazón. Un hermoso sentimiento que nunca antes había experimentado y que la llenaba por completo, alimentando sus sueños e ilusiones y haciendo crecer cada vez más ese profundo y sincero amor hacia el Lord de las Tierras del Oeste.

Tal vez era mejor no pensar en esas cosas, al menos por ahora, pensó poniendo un alto a sus pensamientos. Ya habría tiempo, como él mismo se lo dijo hace unos años en la tumba de su padre. El rubor en sus mejillas se acentuó al recordar ese día, lo que la instó cerrar los ojos para poder recordarlo con mayor nitidez. '¿Cómo olvidar ese día?' Recordó la joven con una dulce sonrisa adornando sus labios. Difícilmente podría olvidarlo, para ser honesta. Nunca imagino que su señor Sesshōmaru le confesaría sus sentimientos de una forma tan peculiar, si se lo preguntan, camuflando su confesión de una manera que solo ella fuera capaz de decodificar. Además… ya era todo un logro que su señor le permitiera besarlo en la mejilla cada vez que ella lo quisiera, y todo gracias a un día en que lo pilló desprevenido, pero fue tal su alegría al verlo que no lo pudo evitar. Fue simplemente un gesto espontáneo que desde entonces, se ha repetido con mayor frecuencia. Lo cierto es que, el contacto de los tersos y cálidos labios de Rin en la piel fría del demonio desencadeno extrañas, pero placenteras emociones en el interior de Sesshōmaru. Sensaciones que solo su humana provocaba en él.

Poco a poco el cansancio producto de un arduo y exhaustivo día de quehaceres, se fue apoderando de sus ojos, hasta hacerla caer en un profundo sueño del que no pudo escapar, sin ser consciente de que el daiyōkai que ocupaba su corazón y sus pensamientos rondaba los alrededores en búsqueda de su preciada humana. Lo que nadie sabía es que Shippō, el demonio zorro, era el responsable del sumirla en ese letargo, gracias a su magia impregnada en la hoja que le obsequio a Rin esa misma mañana para que lo usara como una especie de marcador para su libro, logrando que la joven mordiera el anzuelo sin desconfiar de sus verdaderas intenciones. La magia del demonio zorro en la pequeña hoja envolvió a la humana en un manto de luz que la hizo desaparecer al ser absorbida por el libro, sin dejar ningún rastro. De ahora en adelante, la joven humana tendría que buscar la forma de salir para no quedar atrapada entre las páginas de un cuento infantil.

No muy lejos de aquel pacífico sitio que invitaba a la tranquilidad y a la meditación, el Lord de las tierras del Oeste, en vuelto en halo de luz, aterrizaba en la región de Musashi con el propósito de cumplir con la promesa que años atrás le hizo a su Rin en la tumba de su padre, luego de su inesperada confesión implícita en un trabalenguas que nadie entendió y logro captar de no ser por un extraño artilugio traído desde para que solo su Rin fuera capaz de entenderlo, y de la que solo cuatro personas fueron conscientes en ese momento. Justo cuando el aroma de su protegida inundó sus sentidos, sus ojos se cerraron instintivamente deleitándose y llenándose por completo esa esencia floral y natural proveniente de su joven humana. El daiyōkai se desvió de su camino inicial con el objeto de averiguar que podría estar haciendo suprotegida alejada de la aldea de su estúpido medio hermano y esa escandalosa sacerdotisa que no pudo encontrar peor manera de denigrarlo al llamarlo "cuñado". Al llegar a los pies del árbol sagrado, justo donde el aroma de su protegida se intensificaba, los sentidos de Sesshōmaru se pusieron en alerta al no encontrar señales de Rin por ninguna parte. No fue hasta entonces que cierto objeto rectangular y sin dueño arrumbado en el césped, capturó la atención del daiyōkai, quien sin vacilar detalló el extraño libro con su habitual indiferencia. '¿Por qué el aroma de Rin estaba impregnado en las hojas de aquel extraño libro?' '¿Qué significaba eso?' 'Pero por sobretodo… ¿Dónde estaba Rin?'

Contuvo su furia dejando escapar un quedo gruñido.

Alguien tendría que rendirle explicaciones al daiyōkai, y si esa sacerdotisa llamada Kagome, la mujer del imbécil de Inuyasha, no lo satisfacía en darle respuestas claras, habría serios problemas.


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