Buenas a todos amantes de los fanfics y las historias alternas. Aquí les traigo un fanfic de Attack On Titan que toma a Mina Carolina como protagonista. Este fic sigue casi los mismos hechos y batallas del anime pero con diferencias significativas que lo transforman en una historia alternativa. Por ejemplo: Aquí no existe tal cosa como el "poder Titan". Para no spoilear, solo diré que es un factor que prácticamente construyó toda la historia e hizo posible ciertas victorias y logros para la humanidad. Ya que ese poder no existe en mi versión de los hechos (para ningún personaje, lo que significa que los orígenes de ciertos "traidores" también cambiaron), verán una faceta un poco más realista de la obra de Isayama y que cambia totalmente el origen y la verdadera naturaleza de los titanes a como la conocemos en la versión original. Sin más preámbulos comencemos.
Primera Parte
Episodio 1: El día que nadie olvidará—La caída del Muro María (Parte 1)
Hace muchos siglos, aparecieron en la Tierra unos horrendos monstruos llamados titanes. Ellos eran unos seres gigantes con forma y apariencia de humanos. Iban completamente desnudos pero no poseían órganos sexuales. Los titanes pasaban todas las horas del día cazando humanos para comérselos en el acto. Los humanos siempre intentaban defenderse de los titanes pero la diferencia de poder y tamaño entre ambos era inmensa. Los titanes siempre ganaban. Ellos no tenían piedad con nadie. Asesinaban a todo hombre, mujer, niño y anciano que se cruzaba en su camino; la humanidad estaba al borde la extinción. Para poner fin a todo eso, la humanidad decidió encerrarse a sí misma con 3 inmensas murallas a las cuales llamaron María, Rose y Sina. Los 3 muros medían 50 m. Estos impidieron completamente el avance de los titanes porque estos llegaban a medir a lo mucho 15 m (35m de diferencia con respecto a los muros) y no eran capaces de derrumbar los muros ni escalarlos. Los muros permitieron a la humanidad a vivir en paz luego de tantas masacres cometidas por los titanes. Los sobrevivientes establecieron un gobierno, un ejército y toda una sociedad dentro de los muros para restaurar la raza humana e intentar olvidar el horror vivido por los titanes. 100 años pasaron desde que la humanidad terminó el Muro María, el primer muro que los puso a salvo de los titanes. La paz reinaba dentro de los muros hasta que llegó aquel día.
En el año 845, vivía una familia de pobres granjeros en un pueblo del Muro María. Los padres eran Hans Carolina y Esther Bähr. Ellos consumaron su matrimonio cuando eran muy jóvenes, Hans tenía 19 años y Esther; 16. En zonas pobres, como en la que ellos vivan, era normal ver a los muchachos casarse a tan temprana edad para que de una vez pudieran trabajar, compartir ingresos y de esa manera mantener a la familia. Los recién casados decidieron establecer una granja para poder auto abastecer al pueblo. Ellos comenzaron construyendo un establo que pronto se fue llenando de ganado. El matrimonio dormía y comía en aquel lugar junto a los animales. Todavía no tenían el dinero suficiente para elaborar una casa.
Luego de un año de casados, Hans y Esther decidieron tener hijos. La primogénita de los Carolina nació inesperadamente al séptimo mes. Esther estaba en la pocilga dando de comer a los cerdos cuando sintió que la fuente se le rompió. Ella, nerviosa, llamó a gritos a su esposo. Hans, igualmente nervioso, intentó ayudar a su esposa pero los dolores de esta no le permitían ni siquiera moverse. Hans no tuvo más opción que pedirle a un joven cartero que llamara a Grisha Jaeger, quien era un reconocido doctor de Shiganshina y considerado como el mejor dentro de los muros.
El doctor Jaeger llegó rápidamente al lugar para atender a Esther. Él hizo todo lo posible para aliviar el dolor de la mujer pero no lo logró. Esther no podía moverse ni con la ayuda de un terremoto. Grisha no tuvo más alternativa que anunciar que el bebé nacería ahí mismo: en la pocilga. Hans levantó la falda de Esther y le quitó la ropa interior para darle espacio al bebé. Grisha se colocó unos guantes quirúrgicos y una mascarilla de tela. Esther pujaba con mucha fuerza. En un determinado momento, Grisha vio la cabeza del bebe, ya estaba saliendo por su cuenta. El doctor Jaeger cogió al bebé y lo mostró a sus padres. Sin embargo, el bebé no lloraba. Una profunda sensación de terror invadió a los 3 presentes. Afortunadamente, el bebé comenzó a llorar pasados unos segundos lo cual llenó el corazón de alegría a sus padres y al doctor Jaeger. Era una niña, pesaba 2600 gramos y medía 48 centímetros. Estaba con la medida y el peso correcto según indicó el doctor Jaeger. Este entregó la niña a su madre. Hans y Esther abrazaron con mucho cariño a su recién nacida y le pusieron como nombre Mina.
Mina Erika Carolina Bähr era el nombre completo de la niña que nació en una pocilga y así vivió durante el resto de su vida con esa denominación de: Mina Carolina, la nacida en una pocilga. Todo el mundo la conocía por ese pequeño sobrenombre que la hacía ver como un ser peor que el ganado. Sus padres hacían todo lo posible para que Mina no se dejará influenciar por lo que decían los demás. Sobre todo si era algo para hacerla sentir mal. Pero Mina todavía no se lo creía al 100%. Ningún otro niño en el pueblo en el que vivía había nacido en semejantes condiciones. Ni siquiera los hermanos de Mina. Por más irónico que suene, Hans y Esther decidieron tener más hijos justo después de haber logrado por fin construir una casa. Eso convertía a Mina en la única miembro de la familia de los Carolina en nacer en una pocilga. Posiblemente, también era la única niña dentro de los muros en haber nacido en tal lugar.
Los hermanos de Mina se llamaban Uriel y Wallace. Uriel tenía 7 años y Wallace; apenas unos meses. Mina era la mayor al tener 10 años. Ella tenía cabello negro (como el de su padre) y ojos grises (como los de su madre). Medía 1.30 m y tenía una contextura delgada. A lo largo de su infancia, Mina desarrolló una personalidad bastante alegre a pesar de las burlas acerca de su nacimiento. Amaba mucho a sus padres y a sus hermanitos. A pesar de ser una familia pobre, a los Carolina no les faltaba nada. Esther siempre decía que la riqueza no se mide en el dinero sino en los valores y tradiciones que uno posee. Mina siempre guardó esa frase de su madre para usarla en cualquier ocasión que lo requiriera; a pesar de que la pequeña Mina no entendía en su totalidad el significado de la misma, sabía que tenía un gran valor moral, casi tanto como los textos de la Biblia.
A Mina le agradaba la vida en la granja, estaba rodeada de animales y naturaleza, en contraste con el ruido y el ajetreo de las ciudades; pero a pesar de disfrutar el trabajo granjero y los juegos con sus hermanos, Mina tenía una gran interrogante en su mente. Esta interrogante también la poseían muchos niños como ella. Mina se preguntaba: ¿Qué hay más allá de los muros? Ella, obviamente, sabía que más allá de los muros había titanes… pero ¿Qué más hay aparte de los titanes? Mina siempre escuchaba historias acerca del mundo exterior. Parecía fantasía pura. Escuchó hablar acerca de un gigantesco lago de agua salada que cubría el planeta entero, sobre campos de nieve y arena, sobre agua roja que quemaba a todo aquel que la tocaba, sobre colinas extremadamente altas, etc.
-¿En verdad habrán todas esas cosas fuera de los muros?.-se preguntaba Mina mientras veía el Muro María
-¡Hermana!.- sonó la voz de Uriel quien corría hacía Mina.
-¿Uriel? ¿Qué pasa?.-preguntó Mina
-Mira lo que he encontrado.- contestó alegre el muchacho
-¿Qué cosa?
Uriel le mostró a Mina un sapo vivo. Era bastante pequeño, su piel verde resplandecía con la luz del sol y tenía unos saltones ojos amarillos. Mina se sorprendió mucho por la belleza del animal.
-¿De dónde lo sacaste, Uriel?.-preguntó Mina emocionada
-De ese río.- señaló Uriel
-Se ve muy bonito. Jamás había visto un sapo así.- comentó Mina.
- ¿Tú crees que este sapo haya venido del mundo exterior?.- dijo Uriel emocionado.
-No lo creo. No hay forma de que nadie ni nada atraviese las murallas.
-Sería genial poder ir al mundo exterior.
- Lo mismo estaba pensando pero ya sabes porque no se puede.
-Si, si ,si, por culpa de esos titanes.- dijo Uriel resignadamente.
Mina y Uriel emprendieron el camino de regreso a su casa. Habían salido porque sus padres les habían pedido que compren verduras frescas. La granja de la familia Carolina no se dedicaba a la agricultura sino netamente a la cría de vacas, cerdos y gallinas; por lo que tenían que comprar verduras a los otros campesinos si es que querían comer platos decentes.
-Cielos, amigo. Espero que el estofado que mamá preparará este bueno.-dijo Uriel.
-¿Me hablas a mí?.- preguntó Mina confundida.
-No. Hablaba con el sapo.- dijo Uriel y acto siguiente le mostró el sapo a Mina.- Vendrá con nosotros a casa para ser nuestra mascota.
Mina se indignó por lo que dijo su hermano.
-¡Uriel! ¡¿Qué crees que estás haciendo?!
-¿Qué pasa, Mina? Solo quiero que este sapo se quede con nosotros.
-No puedes robarte al sapo y quitarle su hogar. Estuvo bien que lo veamos un rato pero merece estar en su hogar. Digo, solo mira su tamaño, podría ser un niño como nosotros que tiene mamá, papá y hermanos. Uriel, ¿A ti te gustaría que alguien nos separe de nuestros padres y jamás podamos volver a verlos?
Uriel se quedó mudo tras lo que dijo Mina. Jamás había escuchado a su hermana decir semejantes palabras. Uriel no hizo otra cosa más que acercarse al río y dejar al sapo ahí.
-Tienes razón, Mina. No me gustaría hacer lo mismo que hacen los hombres malos o los titanes.
Mina sonrió. No era normal que su hermano le hiciera caso en cosas tan triviales como dejar en paz a un pequeño sapo. Hasta él era consciente del valor de la libertad. Mina y Uriel regresaron a su casa y ahí fueron recibidos por su madre, quien estaba con Wallace en brazos.
-Mina. Wallace. Ya llegaron, hijos.-dijo Esther alegre.
-Hola, mamá.- respondieron los niños al unísono.- Trajimos las verduras para el almuerzo.
-Bien hecho, niños- dijo Esther.
Esther cogió las bolsas de verduras que llevaban sus hijos con una sola mano mientras que con el otro brazo sostenía a Wallace, el menor de sus hijos.
-Uriel, cariño, sostén a tu hermano mientras preparó el aderezo.-solicitó Esther.
-Por supuesto, mamá.-dijo Uriel para después coger a Wallace.
-¿Y yo que hago, mamá?.- preguntó Mina
La niña siempre estaba dispuesta a ayudar. No le gustaba quedarse como la última rueda del carruaje en cuanto a labores se trataba.
-Puedo ayudar, ¿verdad?.-decía Mina con una sonrisa.
-Claro, amor. Ahora quiero que me ayudes con algo muy importante.-respondió Esther a su hija.
-¿De verdad?.-pronunció Mina.-¿Qué es?
-Quiero que me ayudes a preparar el almuerzo, Mina.
Mina se sorprendió mucho. Toda la vida había estado acostumbrada a ver a su madre preparar la comida sola. Nadie la ayudaba y con mucha razón puesto que ella era la única que sabía cocinar en la familia y sus platos le salían exquisitos. Primero, Esther le enseño a Mina a agarrar el cuchillo para poder cortar las verduras. Está, naturalmente, se asustó porque ese utensilio en particular era una herramienta completamente intimidante a simple vista, sobre todo para un niño que jamás lo ha tocado. Esther le dijo a Mina que no tuviera miedo, que solo se trataba de un objeto, que no la iba a lastimar porque ella era quien lo controlaba. Mina hizo caso a las palabras de su madre y cogió el cuchillo. Ella empezó a picar la cebolla. Las sustancias propias del vegetal, hizo que los ojos de Mina empezaran a lagrimear un poco. Ella soltó el cuchillo, se secó apresuradamente los ojos y le dirigió una mirada triste a su madre como diciéndole: "Esto es muy difícil". Esther tan solo le sonrió a su hija y la animó a continuar. Ella la ayudó con las cebollas. Luego siguieron por las zanahorias, los tomates, las papas, el ajo y por último los guisantes. A Mina ya le estaba empezando a gustar el acto de cocinar.
Luego de varios minutos, quedó hecho un riquísimo estofado de pollo, preparado por Esther y su hija Mina, tras preparar las verduras y el arroz, el señor Carolina, llegó a la casa con carne de pollos que él mismo había matado en el granero para alimentar a su familia. Hans le dio un poco de carne a Mina para que esta la preparada junto a su madre. Mina alegremente y nada asqueada, cogió el pollo para condimentarlo y hacerlo comestible para el ser humano. Una vez que todos los platos quedaron hechos para los 4 miembros de la familia (porque Wallace a esa edad solo podía alimentarse con la leche de su madre), todos se sentaron a comer en la mesa familiar.
Mina, Uriel y los padres de ambos conversaban de temas variados mientras comían como por ejemplo: la creación de un controversial sindicato de obreros en Shiganshina, el escándalo de un oficial de la Policía Militar que tenía hijos bastardos en el Muro Rose, sobre la enorme vagancia de la Guarnición, sobre algunos planes de cómo la familia va a resistir el próximo invierno y por último; la amenaza de los titanes.
-Mamá, últimamente, he tenido malos presentimientos. Siento que algún día los titanes van a entrar a los muros.-decía Mina preocupada.
-¿Por qué dices eso, hija?.-respondió su madre
-No lo sé. Cada vez que paseo con Uriel cerca de la muralla, escucho los balbuceos de esos monstruos mientras se golpean con la pared. Es como si intentaran tirar abajo el muro
-Oh, no te preocupes, Mina. Los titanes hacen eso todos los días desde que la muralla fue construida.-contestó Esther con un tono dulce y apaciguador que cada madre usa para calmar los miedos de sus hijos.
-Tu madre tiene razón, Mina.-añadió Hans.- Los muros no fueron construidos como cualquier casa o edificio de por ahí. Tomaron muchos años y vidas de humanos pero al final el esfuerzo trajo sus frutos. Esos titanes son enanos en comparación con la muralla. No pueden ni escalarla y casi tan dura como un diamante.
Mina seguía sin estar muy convencida.
-Mina, si los titanes llegan a ingresar, cosa que no pasará, yo te protegeré. A ti, a tu madre y a tus hermanos.-dijo Hans
Mina sonrió por la seguridad de su padre. Después de almorzar, Uriel le pidió permiso a sus padres para poder ir a jugar con sus amigos de Shiganshina. Hans y Esther le concedieron el permiso con la condición de que Mina lo acompañara, que regresará antes de que se ponga el sol y que no se acerque mucho a la puerta exterior de Shiganshina. (aquella que usaba el Cuerpo de Exploración para salir a territorio de los titanes). Uriel aceptó sin quejarse porque siempre le gustaba pasar tiempo con su hermana mayor. Antes de salir, Esther le hizo recordar a Mina cada cosa que garantizaría la seguridad de ella y su hermano.
-Recuerda no molestar a los soldados de la Guarnición, ni aceptar invitaciones de los extraños, ni acercarte a la puerta exterior de Shiganshina porque el Cuerpo de Exploración salió de expedición esta mañana y cuando abran la puerta, de seguro vendrán con varios titanes pisándoles los talones. Recuerda regresar antes de que se oculte el sol y NO PIERDAS DE VISTA A TU HERMANO.-dijo Esther a Mina, resaltando sobre todo esta última parte.
-Entendido, mamá.-dijo Mina alegremente
-Ya tienes 10 años, Mina. Te falta poco para ser una mujer.-pronunció Esther con una sonrisa.- Si algún día, a mí y a papá nos pasa algo, tú tendrás que ser el sustento de tus hermanos. Quiero que recuerdes que desde que aparecieron los titanes, la única meta del ser humano ha sido la supervivencia. Así que quiero que cuides bien a tu hermano, ¿vale?
-Puedes contar conmigo, mamá.-contestó Mina.
-Muy bien, hija. Dile a Uriel que ya pueden irse.
Mina y Uriel salieron de la casa, dejando a sus padres y a Wallace, y se dirigieron en dirección a la ciudad de Shiganshina. Esa ciudad era una de las protuberancias que el muro María tenía. Había una ciudad amurallada en cada uno de los 3 muros. Estas ciudades estaban ubicadas en cada uno de los puntos cardinales. Los titanes, naturalmente, podían detectar la presencia humana y se concentraban todos en las afueras de las ciudades atraídos por la gran cantidad de humanos en cada ciudad. Gracias a las ciudades de los ejes, los costos de las defensas no eran tan altos. La mayor parte de los cañones y los soldados de la Guarnición eran posicionados en estas ciudades. De esa manera, no se tenía que cubrir cada rincón de los muros. Shiganshina estaba en el sur. La granja de Mina se encontraba en un pueblo pegado a la puerta interior de Shiganshina por lo que Mina y Uriel solo caminaron unos cuantos minutos y atravesaron una sola puerta para entrar a Shiganshina.
Lo primero que vio Mina al entrar a Shiganshina fue a un grupo de soldados de la Guarnición sentados en una mesa bebiendo alcohol y hablando estupideces que los hacían reír a carcajadas. Al lado de ellos, se encontraba una cadete parada, molesta y sobria a diferencia de los soldados. Ella era una chica de 17 años, tenía el cabello blanco y puntiagudo y ojos de color azul diamante. La cadete usaba anteojos. Medía 1,56 m y tenía la contextura delgada. La muchacha se quejaba de la actitud perezosa de sus superiores. Estos no hacían más que reírse de la cadete.
-¡No pueden estar flojeando y bebiendo todo el día! ¡Tenemos deberes que cumplir! ¿No han escuchado las órdenes de los capitanes?.- decía en voz alta la cadete.
Un soldado rubio y alegre llamado Hannes, se levantó y se rió como si la cadete hubiera contado algún chiste.
-¡Niña, relájate! No está pasando nada ahora mismo. El muro está bien limpiecito y casi no se escucha a los titanes balbuceando ni chocándose con el muro.- dijo Hannes en completo estado de ebriedad.
-Pero los capitanes dijeron que…
-¡Ellos están ahora mismo jugando póquer en el cuartel! No veo la razón por la cual nosotros, los soldados rasos, no podamos hacer lo mismo.
-¡Pero si están borrachos como van a poder ejercer bien sus funciones!
-Ella tiene razón.-dijo Mina quien se había acercado con Uriel.
Los soldados se rieron por la intervención de Mina.
-¡Mire, cadete Brzenska! ¡Ya se consiguió una admiradora! .-dijo Hannes a Rico, la cadete.
-No es eso, señor. Lo que quiso decir la cadete es que si ustedes están borrachos ¿cómo van a pelear con ellos?.-preguntó Mina
-¿Qué?.-dijo Hannes confundido.-¿Pelear con quién?
-Pues con los titanes, señor.-intervino Uriel.
-¡Eso es lo que intento decir! ¡¿Qué pasará cuando ellos atraviesen la muralla de alguna forma y ustedes no sepan que hacer!?.-vociferó Rico.
Hannes no pudo refutar eso. Rico, Mina y Uriel tenían razón. Sin embargo, los otros soldados siguieron riéndose.
-No digas eso en voz alta, cadete. Vas a asustar a la gente.-se burló un soldado
-Desde que el muro fue construido, los titanes jamás lo han atravesado. Esos pobres idiotas ni siquiera lo pueden escalar.-dijo otro soldado.
Rico sabía que hablar con soldados borrachos era como hablar con una pared.
-Deberían sentirse avergonzados de que unos niños tengan más sentido común que ustedes.-dijo Rico mirando a otro lado como forma de demostrar su descontento.
Mina no podía creer lo que estaba viendo.
-Señores soldados, pero, ¿Ustedes al menos están preparados para enfrentar a los titanes si sucede algo?.- preguntó Mina.
-La verdad es que no.- contestó Hannes secamente.
-¡Qué! Ni siquiera están preparados para luchar con ellos.- dijo Uriel un poco nervioso.
-¡No asustes a los niños, Hannes!.- intervino otro soldado más ebrio que los anteriores.- Escuchen pequeños, si los titanes entran algún día, nosotros haremos nuestro trabajo y punto, pero por ahora hay que disfrutar la paz, así que vayan a jugar o algo JAJAJAJAJAJAJA.
-Santo Dios… -dijo Rico mientras suspiraba.
Rico se alejó de sus superiores, muy decepcionada por la actitud de estos. Mina y Uriel la siguieron.
-Señora, ¿usted si está preparada para luchar contra los titanes?.-preguntó Mina a Rico.
Rico se sorprendió un poco por el interés de la niña.
-¡Por supuesto!.-contestó sin dudar.- Soy una cadete recién salida de los entrenamientos. Me metí al ejército para defender a la humanidad de todas las crisis que surjan. Pero, lastimosamente, la mayoría de los soldados no comprenden tal cosa y prefieren mantenerse en la zona de confort que trajeron las murallas hace 100 años.
-Pero no lo entiendo.-dijo Uriel.- Si la Guarnición es la principal unidad de defensa de la humanidad, ¿Por qué flojean tanto? Digo, ni que ellos fueran de la Policía Militar.
-Porque así de fácil es la vida que llevan dentro de la ciudad, niño. Los soldados comemos gratis y tenemos un techo y una cama en los cuarteles. Hasta los mercaderes y los jefes de las industrias y haciendas trabajan más que los soldados de la Policía Militar y la Guarnición.
-¿Y qué me dice del Cuerpo de Exploración?.-preguntó Mina
-Ellos son los únicos que merecen todos los impuestos que los civiles pagan. Hoy en la mañana, han salido de expedición y pronto volverán. Ellos sudan sangre todos los días para expandir el territorio de la humanidad y vencer a los titanes pero, irónicamente, es el regimiento más odiado y criticado de todos.
-¿Y eso por qué?.-dijo Mina
En ese momento, sonaron las campanas de la puerta exterior. Eso indicaba que el Cuerpo de Exploración había regresado.
-Ya llegaron. Si vas a verlos ahora mismo, descubrirás porque toda la gente los desprestigia. Me gustaría acompañarte pero tengo deberes que cumplir.- concluyó Rico.-Nos vemos por ahí, niños.
Rico se fue dejando solos a Mina y Uriel.
-¿Escuchaste eso, Uriel?.-dijo Mina
-Sí. Pensándolo mejor, quiero ir a ver a los exploradores. Mis amigos podrán esperar unos minutos más.
-Vale, de todos modos, mamá dijo que no te pierda de vista.
Mina y Uriel se dirigieron a la calle principal donde pudieron ver al Cuerpo de Exploración regresando a la ciudad. Había mucha gente reunida en las partes laterales de la calle. Mina y Uriel tuvieron que subirse a unas cajas para poder presenciar al grueso de las tropas de los exploradores. Cuando Mina pudo divisarlos, contempló la dura realidad del mundo en el que vivía.
Los soldados estaban todos decaídos y cansados. Ninguno hablaba y la mayoría de ellos estaban con la cabeza gacha montados en sus caballos o caminando. Una buena parte de los soldados tenían vendajes cubriendo vagamente sus heridas. A otros les faltaba un brazo, un ojo o una pierna. Cuando la formación avanzó lo suficiente, Mina pudo observar a un soldado con su caballo tirando la carretilla que cargaba con los cadáveres de los exploradores muertos en la expedición. Eran bastantes cuerpos cubiertos en mantas. Mina creyó que eso fue todo hasta que vio 1 carretilla de cadáveres más siendo tirada por un soldado rubio de ojos azules, montado en caballo. El nombre de este soldado era Erwin Smith. Erwin volteó a ver a Mina por unos segundos. La mirada desilusionada de la niña hizo que Erwin se sintiera peor de lo que estaba antes por lo que volvió a mirar a su camino.
-Son muy pocos. En la mañana había más soldados.-dijo un hombre al lado de Mina.
-Eso es lo que se consigue por salir de los muros. Todos esos hombres y mujeres deben estar en las carretillas de los cadáveres o en el estómago de los titanes.-le contestó otro señor.
En eso, la formación de los exploradores se detuvo en pleno calle. La razón era una pobre anciana que le preguntaba al comandante del regimiento, llamado Keith Shadis, la ubicación de su hijo Moses, quien era miembro del Cuerpo de Exploración, pero no lo había visto en la formación.
-¡¿Dónde está mi hijo, comandante?!.-suplicaba la mujer.-¡¿Dónde está Moses?!
-Oh… es la madre de Moses.-dijo Keith casi sin mostrar emoción alguna.
Keith volteó y se dirigió a una oficial del regimiento llamada Hanji Zöe quien era una soldado de 28 años; usaba gafas y tenía el cabello puntiagudo atado con una coleta.
-Trae a Moses, por favor.-pronunció débilmente Keith.
Hanji, quien se veía más deprimida y cansada que el resto de los soldados, fue hasta la carretilla que tiraba Erwin sin decir palabra alguna y sacó a Moses. Ella se lo entregó a su madre. Cuando la señora, movió la tela, vio que solo era el brazo de su hijo. Un titán se había tragado a Moses y solo dejó el brazo. La anciana comenzó a llorar frente a toda la multitud por la muerte de su hijo. Mina y Uriel presenciaron todo y ya se habían quedado sin palabras.
-Si sirve como consuelo, su hijo era muy bueno con su equipo de maniobras tridimensionales. Por eso era un soldado de elite, lamentablemente, a los titanes no les importa los rangos del ejército y lo devoraron como a cualquier otro soldado. Eso fue lo único que pudimos recuperar.-dijo Keith sin mirar directamente a la anciana.
La anciana dejo de llorar y se dirigió seriamente al comandante.
-Comandante Keith… ¿La muerte de mi hijo no fue en vano? Moses contribuyó a la causa de la humanidad, ¿¡verdad!?
-¡SI!.-contestó Keith rápidamente pero luego se arrepintió.-NO… Yo llevé a tu hijo a la muerte y a todos los demás soldados que perecieron en esta expedición. ¡Soy un completo fracaso! ¡Tantos sacrificios y hasta ahora no hemos logrado nada! ¡La humanidad no gana territorio ni conoce algo acerca de los titanes!
Luego de que Keith gritara de esa manera, los soldados de capas verdes, abandonaron Shiganshina sin volver a detenerse. El cuartel general de los exploradores quedaba en la zona rural del Muro María por el sureste. Los ciudadanos habían quedado perplejos al conocer el estado del Cuerpo de Exploración. Tantas expediciones, tantos impuestos gastados y tantas muertes solo para andar en círculos. Algunos civiles se compadecían por los pobres explorados pero otros estaban totalmente descontentos porque sus impuestos van dirigidos a cubrir los gastos de los soldados. Mina escuchó a 2 hombres hablar disgustados acerca de los exploradores.
-Eso fue más deprimente de lo normal.-dijo un hombre
-Pues la verdad es que el comandante Keith y sus soldados si han logrado algo. Lograron llenarse el estómago con nuestros impuestos y matar a los hijos de varios padres.-comentó disgustado otro hombre
-El rey Rod debería deshacerse de ese regimiento. Ni la Guarnición gasta tanto como ellos. La humanidad no puede hacer nada contra los titanes, ¿es que no lo entienden?.-volvió a hablar el primer hombre.
En eso, un niño de la misma edad de Mina, golpeó a uno de los hombres con un palo. El hombre furioso le gritó al muchacho e intentó devolverle el golpe pero una niña de pelo largo quitó al chico del lugar.
-¡Eren! ¡No hagas eso! - gritó la niña mientras lo cogía del brazo.
-¡Suéltame, Mikasa! ¡Le voy a enseñar a ese sujeto! -se quejaba el niño.
Mina y Uriel presenciaron aquel acto.
-Qué bueno que tú no eres así, Uriel. – dijo Mina
-Si, en parte, lo que dijeron esos hombres es verdad. Digo, ¿no viste la cantidad de muertos que cargaban los exploradores? Y eso son solo los que pudieron ser recuperados, no quiero imaginarme cuantos más habrán terminado en el estómago de los titanes.
-Uriel…
Tanto a Mina como a Uriel se le quitaron mucho las ganas de jugar con los niños de Shiganshina por aquello que vieron cuando los exploradores regresaron. Mina y su hermano se sentaron en unas escaleras sin decir palabra alguna. Los 2 estaban reflexionando acerca de lo que habían visto. Uriel estaba muy asustado. Creía que los titanes eran invencibles y la humanidad jamás iba a poder salir de los muros sin sufrir una muerte atroz. Mina, por su parte, pensaba que si los exploradores eran desintegrados, entonces nadie iba a poder luchar contra los titanes y la humanidad estaría confinada eternamente en las murallas mientras los titanes gozaban plenamente del enorme mundo exterior. Ya estaba comenzando a atardecer en el territorio de las murallas. Eran las 5:00 pm. Mina y Uriel ya tenían que regresar.
-Mina.-dijo Uriel.- Creo que ya no quiero ir al mundo exterior.
-¡¿Qué?! ¿Por qué?.-respondió Mina sorprendida.- En la mañana estabas tan emocionado de poder ir al mundo exterior.
-Eso fue antes de ver al Cuerpo de Exploración…Como regresaron a las murallas… Creo que mejor nos quedamos en los muros, Mina. Las cosas no son tan malas aquí. Digo, estamos con mamá, papá, Wallace y todos nuestros amigos.
-Uriel, en todos lados la gente muere. Ya sea por enfermedades, accidentes o porque alguien les hizo daño.
-Pero no es nada comparado con lo que hacen los titanes.
-Sí, pero a lo que quiero llegar es que la gente está siendo muy ilusoria si es que cree que los muros nos protegerán para siempre. La humanidad tiene que aventurarse de una u otra forma al exterior. Además, no hay nada que asegure que los muros no serán rotos algún día…
Uriel comprendía las palabras de su hermana pero el miedo del niño era más grande que su curiosidad. Mina levantó la mirada y observó a una pareja de pájaros volando hacía las afueras del muro.
-Ojala pudiera ser como ellos para poder ir al mundo exterior sin temor a los titanes. –dijo Mina en su mente.
De pronto, el viento dejó de soplar. Mina pensó que se trataba de algún cambio climatológico. Ni ella, ni Uriel ni nadie en Shiganshina le tomó importancia. Cuando los pájaros llegaron al extremo de la muralla, fueron abatidos por un potente rayo anaranjado. Este rayo causó un fuerte estruendo y sacudió la ciudad de Shiganshina y a sus habitantes. Mina y Uriel casi se caen de las escaleras debido al impacto.
-¡¿Qué fue eso?!.-dijo Uriel.- ¿Una explosión?
-No lo sé.-dijo Mina.
Cuando Mina, volteó a ver la calle, notó que la gente estaba saliendo de sus hogares para ver que estaba sucediendo. Mina tenía un mal presentimiento. Uriel se dejó ganar por la curiosidad y el nerviosismo por lo que corrió a ver el extraño suceso.
-¡Uriel, espera!.-gritó Mina.
Mina siguió a su hermano. Cuando lo alcanzó, vio que Uriel estaba mirando petrificado la cima de la muralla. Los demás ciudadanos también hacían lo mismo.
-¿Qué estás mirando, Uriel? - preguntó Mina
-Ahí… -dijo Uriel secamente.
Cuando Mina vio la cima de la muralla, se quedó igual de sorprendida que Uriel. Una gigantesca y carnosa mano estaba sosteniéndose de la muralla.
-¡Imposible!.-exclamó Uriel. - ¡Ese muro mide 50 metros!
-Están aquí… -dijo Mina- ¡Los titanes!
El titán se inclinó un poco y se dejó ver a todos los ciudadanos atónitos de Shiganshina. Era un gigantesco titán de 60 metros. No poseía piel y desprendía gran cantidad de vapor. Tenía unos penetrantes ojos negros y el cuerpo bastante corpulento. Mina, Uriel y toda la gente se quedaron congelados tras presenciar a semejante titán. El Titán Colosal inclinó su pierna hacía atrás y luego la regresó para darle una fuerte patada a la puerta exterior de Shiganshina rompiéndola en el acto. Los escombros volaron por todas partes, aplastando a varios ciudadanos. Afortunadamente, Mina y Uriel no recibieron daño alguno pero lo peor estaba por venir.
-Hizo… un agujero en la pared.- dijo Uriel perplejo.
En ese mismo momento, entraron varios titanes a la ciudad y se percataron de la presencia de los humanos.
-¡Son ellos!.-gritó un ciudadano.
-¡Los titanes han entrado!.- gritó una mujer.
-¡Llamen a la Guarnición!.- gritó un muchacho.
El Titán Colosal se agachó y desapareció de la vista de Mina. Los titanes empezaron a avanzar en la ciudad y a devorar a cada humano que estuviera en su camino. El terror invadió las venas de Mina. Tenía que salir de ahí a como dé lugar junto a Uriel pero este seguía en shock por lo que acaba de ver.
-¡Uriel! ¡Uriel! –gritaba Mina mientras jaloneaba a su hermano- ¡Corre!
Cuando Uriel por fin reaccionó, ambos hermanos empezaron a correr hacía la puerta interior. Mina corría más rápido que Uriel. La multitud de gente despavorida hacía difícil el escape de los niños. Uriel tropezó y se cayó. Mina, inmediatamente, retrocedió para ayudar a su hermano. Cuando lo levantó, ambos voltearon por un rato y vieron que los titanes casi estaban llegando a su posición. Lo único que los distraía eran los humanos con los que se encontraron primero. Mina vio a los titanes coger a varios hombres, mujeres y niños para llevárselos a la mandíbula y comérselos sin piedad. La piel se le puso de gallina al saber que eso le podía pasar a ella y a Uriel si no corrían. Mina y Uriel se cogieron de la mano y corrieron juntos para no volver a separarse. Mientras los hermanos corrían, presenciaban a cada paso la masacre de los titanes. Los gritos y los llantos de las personas no se acababan. Los titanes tumbaban casas y edificios con tal de capturar a sus presas. La ciudad estaba quedando completamente en ruinas. Mina solo cerró los ojos, agarró con mucha más fuerza la mano de Uriel y siguió corriendo sin cesar.
Mientras corrían, Mina y Uriel se chocaron con alguien. Era nada más y nada menos que Rico Brzenska, la cadete con la que se habían encontrado hace algunas horas. Rico llevaba puesto su equipo de maniobras tridimensionales y estaba con las espadas en mano. Ella reconoció a los niños al instante. No hubo tiempo de saludar ni de comentar nada.
-¡Niños, crucen la puerta interior, ya! –exclamó Rico- ¡Los titanes nos han invadido! ¡Debemos evacuar la zona!
-¿¡Tú que vas a hacer!? –gritó Mina preocupada.
-¡Los cadetes y la Guarnición mantendremos a los titanes ocupados para que los civiles puedan escapar! ¡Tú solo corre con tu hermano! –ordenó Rico
Mina hizo caso. No dijo ni una sola palabra más y se dirigió con Uriel hacía la puerta interior. En el camino, Mina vio a los mismos soldados de la guarnición que vio bebiendo antes. Ahora ya no estaban para nada ebrios y dispuestos a trabajar.
-¡Rápido! ¡Crucen la puerta interior y suban a los barcos!.- gritaba un soldado
Otros detrás de él, estaban preparando los cañones por si los titanes se acercaban demasiado. Mina y Uriel lograron atravesar la multitud y ponerse a salvo tras el muro interior. Sin embargo, los esperaba otra multitud del otro lado pero al menos un poco menos desesperada que la que intentaba escapar de los titanes en Shiganshina. Toda esa gente estaba subiendo a los barcos de emergencia que fueron diseñados para transportar a la gente de la ciudad y alrededores, hacía el otro muro en caso de un ataque de los titanes.
Los soldados de la guarnición les pedían calma a los civiles y que se deshagan de toda posesión innecesaria para que hubiera espacio en el barco para más personas. Mina y Uriel (ahora un poco más calmados) esperaron a que las cosas se tranquilicen y la Guarnición pudiera encargarse de los titanes. Mina miró hacía el barco de escape y vio a aquel soldado borracho llamado Hannes. Él estaba metiendo al barco a esos mismos niños que vio en la calle principal: Eren y Mikasa. Eren estaba completamente en shock y Mikasa tan solo estaba con la cabeza gacha. Mina no quería ni imaginar lo que fue lo que les había pasado.
Mina notó que Uriel estaba mirando constantemente a las personas. Llegó un punto donde se puso nervioso por una razón en particular.
-¡Mina! ¡No veo ni a mamá o a papá!.-gritó Uriel.
-Deben seguir en casa con Wallace. –contestó Mina
-¡No podemos escapar sin ellos, Mina!.-exclamó Uriel- ¿Y si tal vez todavía no sepan que los titanes han roto la muralla? ¡Si los abandonamos correrán el mismo destino que toda esa pobre gente que fue devorada!
-¡Tranquilo, Uriel! –dijo Mina- Mamá y papá vendrán pronto. Solo cálmate
-¡No podemos esperar, Mina! Yo sé dónde queda nuestra casa ¡Volveré pronto! –dijo Uriel y se fue corriendo rápidamente
-¡Uriel! –gritó Mina
Mina perdió de vista a su hermano (aquello que le prometió a su madre). Ella intentó seguirlo pero la multitud de personas no le permitía avanzar rápidamente ni ver por donde fue su hermano. Todo se puso peor cuando los soldados de la guarnición cerraron la entrada del barco y zarparon. Los civiles se volvieron a desesperar.
-¡Lo lamentamos, mucho! ¡El barco esta llenó! ¡Ya vendrá otro! ¡Mantengan la calma, por favor! –decía un soldado de la guarnición
Mina no sabía qué hacer. Estaba muy asustada. Ella no sabía si esperar a que Uriel regresara con sus padres o ir a por ellos. Los gritos, llantos y movimientos desesperados de las personas que la rodeaban le hacían más difícil pensar. Mientras tanto, la cadete Rico Brzenska hacía lo posible para enfrentarse a los titanes junto a sus compañeros cadetes. Los soldados de la Guarnición intentaban cubrirlos con los cañones pero los disparos caían en cualquier lado menos en los titanes. Estos ahora estaban devorando a los soldados y los cadetes que se acercaban a enfrentarlos. Rico mató a un titán de 10 metros dándole en la nuca pero no pudo celebrar su primer asesinato al levantar la mirada y ver que muchos titanes se dirigían a ella y a los demás escuadrón. Todavía podía ver como varios civiles no habían podido escapar y eran devorados por los titanes. Rico se asustó mucho. De tan solo ver a sus compañeros y a esos pobres ciudadanos siendo devorados, no quería pasar por lo mismo por lo que ella y los demás cadetes decidieron retroceder hasta la puerta interior. Ella estaba siendo acompañada por Ian Dietrich, un cadete compañero suyo de 18 años.
-Esto jamás nos enseñaron en la Unidad de Instrucción.- decía Rico desesperada.- ¡Nadie sabía que había un maldito titán mucho más grande que el muro!
-Ahora estamos pagando por ello, Rico.- contestó Ian.- Siempre yo decía que uno jamás aprenderá en el entrenamiento la dura realidad del campo de batalla pero esto es mucho peor de lo que esperaba.
Los titanes ya habían infestado la calle principal y estaban yendo rectamente hacia la puerta interior. Los soldados de la Guarnición ordenaron a los cadetes preparar los cañones en el otro lado de la puerta por lo que Rico, Ian y los demás jóvenes pudieron salir de Shiganshina para adoptar una mejor posición defensiva en el interior. Los soldados de la Guarnición que se quedaron seguían disparando a los titanes con los cañones pero nuevamente las balas caían en otros lados.
-¡A qué le estas apuntando, idiota! –gritó un capitán de la guarnición.
-Señor, estos cañones no pueden dispararle bien a objetivos en movimiento –contestó el soldado
-¡No me importa! –vociferó el capitán- ¡Carga otra bala rápido! ¡Los titanes se acercan!
Los soldados volvieron a disparar desesperadamente. El ruido de los cañones y las pisadas de los titanes ponían más nerviosa a Mina. Después de pensarlo bien, ella decidió ir a por Uriel, Wallace y sus padres. Estaba a punto de partir hasta que un soldado de la guarnición la detuvo.
-¿Adónde vas, niña? –dijo el soldado. – El próximo barco ya llegó. Ven, tienes que salir de aquí y ponerte a salvo
-¡No, señor! ¡Todavía no encuentro a mis padres ni a mis hermanos! –dijo Mina desesperadamente
-Lo lamento mucho. Ya no hay tiempo para buscar a nadie. Los titanes ya llegaron a la retaguardia. Si no sales de aquí, te devorarán.
Mina se resistió a ser llevada por el soldado. Ella sabía que él tenía buenas intenciones pero para la niña, su familia era primero. El soldado tenía razón, la situación era muy grave; tanto así que los oficiales de la guarnición decidieron cerrar la puerta interior. Los soldados dentro de Shiganshina se percataron de eso y se apresuraron para entrar a pesar de que todavía había civiles a merced de los titanes en la ciudad. Rico también se dio cuenta y le pareció una atrocidad. Ella dejó su puesto con los cañones y fue hacía los oficiales.
-¡¿Qué están haciendo?! –vociferó Rico
-No hay otra alternativa. Si los titanes atraviesan la puerta interior, perderemos mucho más que Shiganshina. La humanidad entera estará obligada a vivir confinada en el próximo muro. –contestó el oficial
- Pero eso no significa que vamos a dejar morir a los nuestros como si fueran carnada.
En eso, 2 soldados más entraron y le suplicaron al oficial que cerrará la puerta.
-¡Cierren la puerta ahora!
-¡Shiganshina está perdida!
-No lo haga. –suplicó Rico
-¡Cierre la boca, cadete! ¡Solo sigue nuestras órdenes! –gritó un soldado a Rico.
Rico no estaba dispuesta a seguir órdenes que llevaran al sacrificio de otros humanos. Ella intentó resistirse pero rápidamente fue detenida por sus superiores. Los soldados no le proporcionaron una paliza a Rico porque algo más llamó su atención. Se escucharon unas pisadas tremendamente fuertes y más pesadas que la de un titán normal de 15 metros. Todos la escucharon, desde Mina hasta Ian. Los soldados dentro de Shiganshina presenciaron a aquel titán responsable de las pisadas. Era un titán bastante musculoso de 15 metros. Su cuerpo entero estaba cubierto por verdes corazas similares a las de los insectos. La piel del titán era roja, su cabello era blanco con 3 puntas en la frente y sus ojos eran brillosos sin pupilas. Los soldados se lo quedaron viendo perplejos. El Titán Acorazado inclinó sus brazos como si fuera a correr y eso mismo hizo. Los soldados de la Guarnición se quedaron atónitos tras verlo avanzar de tal manera.
-¿Qué… diablos…está…haciendo… ese titán? –tartamudeó el capitán por el terror.
El Titán Acorazado había alcanzado una velocidad superior a la de un titán excéntrico cualquiera y dejaba bastante cortos a los titanes normales.
-¡Disparen! –gritó el capitán
Los soldados dispararon los cañones, pero cuando las balas impactaron al Titán Acorazado, estas rebotaron sin producirle daño alguno. Sus corazas eran extremadamente duras. La velocidad a la que llegó el Titán Acorazado fue tan alta que las casas por las que pasaba se reducían a escombros. Los soldados aterrados a más no poder, corrieron hacia la puerta interior antes de que esta se cerrase.
-¡Cierren la puerta! –gritó el capitán- ¡Ya vienen los titanes! ¡Rápido! ¡Cierren la puerta! ¡Nos van a matar a todos!
El Titán Acorazado siguió corriendo velozmente mientras desprendía gran cantidad de vapor hasta que chocó violentamente con la puerta interior destrozándola por completo en el acto. El Titán Acorazado no se lastimó ni un poco por haber traspasado el muro; sin embargo, los soldados, cadetes y civiles que estuvieron en el camino, perecieron a causa de los escombros y el impacto corporal del Titán Acorazado. Rico sobrevivió de puro milagro. Los oficiales y los soldados que estaban con ella habían muerto. Cuando ella levantó la mirada, vio la puerta destruida.
-La puerta… la ha destruido. Los titanes… ¡Invadirán el Muro María por completo! –dijo Rico casi sin aliento.
Mina también había sobrevivido a duras penas. Su suéter y vestido estaban completamente sucios al igual que su cara y cabello. Cuando se levantó, vio al soldado que intento llevarla al barco a su costado, tirado en el suelo. El sujeto estaba muerto pero seguía con los ojos abiertos. Mina, inocentemente, creyó que seguía vivo a causa de los ojos, pero cuando tocó su brazo, este estaba completamente tieso y helado. Ella casi grita del susto. A lo lejos, vio al Titán Acorazado y la puerta destruida. También alcanzó a ver a otros civiles y cadetes sobrevivientes pero ella no podía hacer nada para salvarlos. Mina corrió sin parar. Ella dejó de pensar. Simplemente permitió que su instinto natural de supervivencia tomara el mando para sacarla de aquella horrorosa situación.
Mientras avanzaba, veía cadáveres, sangre y escombros. Parecía que estaba en el Infierno. La zona apestaba a muerto y a carne cruda. Mina quería llorar. Quería detenerse y morir de una vez para dejar de sufrir, pero no se lo permitía porque ya había visto lo atroz que es morir. Mina solo quería volver a ver a sus padres y a sus hermanos. Ya no le importaba si moría después. Ella solo quería estar con ellos. Se sentía muy sola en medio de toda esa catástrofe. Cuando Mina se adentró más en el pueblo, escuchó el llanto de un bebe. Ella siguió el ruido y se encontró nada más y nada menos que con su hermano Wallace, quien estaba tirado en el suelo al lado de varios escombros.
-¡Wallace! –exclamó Mina casi a punto de llorar- ¡Gracias a Dios que te encontré!
Mina se apresuró para cargar a su hermano e intentar calmarlo
-¿Qué haces aquí tirado? –preguntó Mina- ¿Dónde están mamá y papá?
Mina empezó a mirar a su alrededor para ver si podía encontrar algún rastro de sus padres y lo encontró. Al lado de los escombros donde encontró a Wallace, vio a su padre aplastado por un pedazo de la puerta interior. Estaba igual que el soldado de antes: muerto con los ojos abiertos y con sangre cubriendo su frente y partes de la cara. Mina se quedó en shock. No pudo ni gritar o llorar. Cuando intentó acercarse a su difunto padre, vio a su lado el brazo de alguien más. Mina se acercó para intentar reconocer al otro muerto y vio un ojo gris ensangrentado. Eran muy parecidos a sus ojos. Mina al rato se dio cuenta que era su madre. La cabeza de Esther había sido tan aplastada que el ojo se le salió de la cara. Mina reconstruyó la escena al instante. Cuando el Titán Acorazado rompió la puerta interior, los fragmentos de esta cayeron sobre sus padres, pero su madre soltó a Wallace en el momento justo para que no sufra el mismo destino.
-¿Mamá? ¿Papá? –dijo Mina con lágrimas en los ojos.
Mina ya no podía hacer nada para salvar a sus padres. Ella se retiró de la zona con Wallace en los brazos. Ahora su prioridad era encontrar a Uriel. Ella rezaba en su mente para que no lo encuentre de la misma forma que sus padres. Mina se sintió aliviada cuando escuchó la voz de Uriel.
-Ayúdenme, ayúdenme… por favor –suplicaba Uriel débilmente.
Mina, veloz como una bala se dirigió hacia su hermano. Uriel seguía vivo pero aplastado por más escombros de la puerta interior.
-¡Uriel! –gritó Mina
-¡Mina! –exclamó Uriel - ¡Ayúdame! ¡Sácame de aquí!
-Gracias a Dios que te encontré, Uriel. Aquí tengo a Wallace.
-¿Dónde están mamá y papá?
Mina no contestó. La expresión en su cara fue suficiente para que Uriel supiera la verdad.
-Dime que no es cierto, Mina –dijo Uriel a punto de llorar.
-Lo sé, Uriel. Pero debemos escapar. Mamá y papá hubieran querido que nosotros sobrevivamos. –sentenció Mina
Mina dejó a Wallace en el piso para intentar sacar a Uriel de los escombros con ambas manos, pero obviamente, la fuerza de una niña de 10 años no era rival para un enorme pedazo de concreto. Mina hacía lo posible para sacar a su hermano de ahí. Jalaba con fuerza pero era inútil. La situación empeoró cuando Mina volvió a escuchar aquellos pesados pasos. Era el Titán Acorazado. Él había visto a Mina y sus hermanos y estaba dirigiendo hacia ellos para devorarlos.
-No, no, no,no,no. No, Dios por favor, no –lamentaba Mina.
-¿Qué pasa, Mina? –decía Uriel asustado- ¡Sacame de aquí
-¡No puedo, Uriel! –exclamaba Mina con los ojos en lágrimas- ¡No puedo!
El Titán Acorazado se acercaba cada vez más a los niños. Mina pensó que ese era su fin hasta que milagrosamente apareció Rico volando con su equipo de maniobras tridimensionales hasta que llegó a Mina, Uriel y Wallace.
-¡Eres tú! –dijo Mina un poco aliviada. - ¡Por favor, cadete, saca a mi hermano!
-No, primero debo matar a ese titán. Será más peligroso si lo dejamos pisándonos los talones. No se preocupen, niños. Los salvaré–dijo Rico.
Rico sacó sus espadas y se dirigió hacia el Titán Acorazado para enfrentarlo.
-¡Detente! ¡No puedes derrotarlo! ¡Te va a matar! –gritaba Mina preocupaba.
-La niña tiene razón. Debería sacar al niño de ahí, pero no puedo dejar que estos monstruos conquisten nuestro territorio. Me he preparado 3 años para esto. ¡Puedo hacerlo! –decía Rico en su mente.
Cuando Rico estuvo cara a cara con el Titán Acorazado, una sensación de pánico la invadió cuando lo vio de cerca. Era absolutamente terrorífico y peligroso. En ese momento, Rico tomó una decisión. Ella guardó sus espadas y regresó con Mina y sus hermanos. Mina pensó que Rico iba a sacar a Uriel de ahí pero en realidad ella hizo otra cosa distinta. Rico cogió a Mina y a Wallace (el pobre bebe lloraba del susto). El acto de Rico fue tan brusco que a Mina se le cayó una de sus ballerinas cuando fue cargada, dejándola descalza de un pie. Uriel fue dejado en los escombros a merced del Titán Acorazado. Rico corrió rápidamente hacia el norte para salir de la zona de Shiganshina junto a Mina y Wallace. Mina no lo podía creer.
-¡¿Oye, qué haces?! –gritó Mina llorando -¡Mi hermano sigue atrapado!
Rico había dejado de pensar. Su instinto de supervivencia estaba manejándola en ese momento. Ella no podía sacar a Uriel de los escombros y aunque lo hiciera, no hubiera tenido brazos suficientes para llevarse a los 3 niños, además el Titán Acorazado los hubiera perseguido. Por lo que su decisión fue salir solo con Mina y Wallace, dejando a Uriel para que el Titán Acorazado se distrajera con él y ella y los niños pudieran escapar. Bastante pragmático pero eficiente para la supervivencia.
-¡Mina! –gritaba Uriel con bastantes lágrimas en los ojos- No te vayas…
El Titán Acorazado ya había llegado hasta la posición de Uriel. Mina fue testigo de todo. El Titán Acorazado sacó a Uriel de los escombros, lo cogió con sus grandes manos y se lo estaba llevando a la boca. Para ese entonces, Uriel se había desmayado por el susto. El Titán Acorazado abrió la mandíbula y cada vez acercaba más a Uriel. Rico volteó y vio tal escena. Se sintió fatal por haber dejado morir al niño, por lo que devolvió la mirada bruscamente para no atormentarse.
-¡NO LO HAGAS! –gritó Mina al Titán Acorazado.
Finalmente el Titán Acorazado, mordió a Uriel desde el pecho, provocándole la muerte. Al menos, el niño no estuvo consciente para sentir el dolor. El Titán Acorazado procedió a tragarse el cuerpo del niño. La sangre de Uriel manchó el suelo ante la traumatizada Mina quien se alejaba con Rico y Wallace del lugar. Ese día, la humanidad recibió un horrible recordatorio: El miedo con el que vivían por los titanes y la desgracia de vivir en esas jaulas llamadas muros.
Continuará…
Próximamente:
-El Muro María ha caído. A la humanidad solo se le permite llorar, gritar, rezar y esconderse de los titanes. En medio del hambre, la soledad y el frío, Mina decide hacer un juramento: "VOY A MATAR AL TITÁN ACORAZADO AUNQUE SEA LO ÚLTIMO QUE HAGA". Para recuperar su hogar y vengar a su familia, Mina primero deberá sobrevivir a la crisis.
