Lo de siempre: Personajes de Stephenie Meyer. Trama mía :)
Se busca compañero de piso
1. Tenemos un problema
—¡Tengo una noticia que daros!
Oh, oh. Eso no podía ser nada bueno.
Antes de empezar a relatar aquella conversación, sería mejor que me presente. Me llamo Isabella Swan, aunque todos aquellos que me conocen me llaman Bella. Estudio Literatura en la universidad de Washington, junto con mis amigas Alice y Rosalie, quienes estudiaban Diseño y Derecho, respectivamente. Cuando entramos en la universidad, nos alquilamos un piso que estaba cerca del campus y nos salía a muy buen precio. Estábamos muy contentas de aquel piso. Sin embargo, Alice nos ocasionó un problema, aquel día.
Había llegado a casa con una amplia sonrisa en su rostro. Rosalie y yo estábamos sentadas en el sofá, comiendo palomitas y viendo una película, la cual tuvimos que parar, ya que vimos que Alice quería hablar con nosotras. Lo sabíamos porque no paraba de suspirar, esa era su señal de "¡chicas, tengo que contaros algo!" Y esta vez, no fue diferente.
—¿Qué pasa, Ali?– le preguntó Rose, con cautela.
Alice se incorporó un poco en el sillón, con una sonrisa maliciosa en su rostro:
—Bien sabéis que Jasper y yo llevamos casi cuatro años saliendo –Rose y yo asentimos como autómatas. Jasper y Alice llevaban saliendo incluso antes de entrar en la universidad. Se habían conocido gracias a Rose, que era la hermana gemela de Jasper- pues hoy es nuestro cuarto aniversario…¡Y me ha pedido que me vaya a vivir con él!
Las tres gritamos emocionadas, ante tal petición. Rose y yo abrazamos a Alice, que reía sin parar.
—¡Eso es un gran paso! –la felicitó Rose- ¡Nos alegramos mucho por ti!
—¡Qué suerte tienes, Alie! –me hice la envidiosa un poco, lo que hizo que ella aún riese más.
—Chicas, de verdad que lo siento mucho –paró de reír, mirándonos seriamente- pero cómo es lógico, he aceptado.
—¿Y por qué te disculpas? ¡Es una gran noticia! –dijo Rose, sonriendo.
—Por dejaros tiradas. ¿Cómo pagaréis el piso?
La sonrisa de Rose y la mía se borraron al acto de nuestros rostros, al mismo tiempo que cruzábamos una mirada. Cómo bien se puede comprobar, en lo último en que habíamos pensado Rosalie y yo era en el apartamento.
Le dijimos a Alice que se fuera sin problemas. Ya nos apañaríamos las dos de alguna manera, y no queríamos que nuestra amiga déjase pasar una oportunidad cómo aquella. El día antes de que Alice se mudase, fuimos las tres a hablar con la señora Smith, la que nos arrendaba el piso. Era una mujer mayor, bastante afable, aunque tuviese cómo compañeros de casa a cinco gatos.
—¡Hola chicas! Qué bien veros por aquí, pasad –nos sonrió y se hizo a un lado para que entrásemos en su hogar Nos condujo a su salón, dónde nos sentamos en el sofá, mientras ella iba a por un poco de té y galletas.
Alice se removía inquieta entre Rose y yo. Cuando le preguntamos al respecto, nos respondió:
—No sé si deberíamos comer lo que nos dé…¡ni siquiera sé si deberíamos sentarnos aquí! Esta vieja está algo loca…
—Ali, sé más respetuosa –la regañé, aunque pensaba que algo de razón tenía.
Ella resopló, pero no se calmó. Rosalie y yo intercambiamos una divertida mirada. La señora Smith regresó con una bandeja con cuatro tazas de té y un plato de galletas, la cual dejó sobre la pequeña mesa de café que había delante del sofá. Ella se sentó en un sillón viejo y algo roído de color rojo, y nos sonrió de nuevo.
—¿A que se debe el placer de vuestra visita?
—Verá, señora Smith, -empezó a decir Alice, seriamente- mi novio me ha ofrecido mudarme a su apartamento, y he aceptado.
—¡Oh, eso es maravilloso! –se alegró la anciana, antes de fruncir el ceño- pero eso deja a mi piso con dos personas.
—De eso queríamos hablarle –intervine- ¿podría dejárnoslo por el mismo precio a Rosalie y a mí? No nos importa pagar un poco más.
La señora Smith nos miró, pensativa, antes de suspirar y negar con la cabeza.
—De hecho, cielos, me temo que eso no puede ser. No estoy pasando un buen momento económico, e iba a deciros que si no os importaría pagar un poco más. Y no creo que dos personas solas puedan pagarlo.
Mis amigas y yo intercambiamos una mirada preocupada.
—¿Y qué podemos hacer? ¡No queremos cambiar de piso! –exclamó Rose, desolada. Le habíamos cogido mucho cariño a ese pisito, y por nada del mundo lo íbamos a cambiar. De eso estaba completamente segura.
—¿No tenéis a nadie que pueda vivir con vosotras? –preguntó la señora Smith.
—Durante esta época del año, ya tienen todos apartamento –murmuré.
—Es cierto…pero no tenéis otro remedio. Os daré un mes para encontrar un nuevo inquilino. Sino, chicas, sintiéndolo mucho, tendré que alquilarlo a otro grupo que está interesado en él –suspiró de forma dramática y entonces entendimos que no era que estuviese pasando un mal momento. ¡Era que tenía una oferta mejor!
—No lo dude, señora Smith –dije, seriamente- encontraremos a esa persona que pague la tercera parte.
Ella asintió y luego nos acompañó hacia la puerta, cuando nos excusamos diciendo que debíamos irnos. Ni siquiera probamos el té o las galletas, de lo enfadadas que estábamos.
—Esa vieja bruja –escupió Rose, mientras caminábamos hasta casa- ¡Llevamos en ese piso casi tres años y piensa cambiarnos por una panda de niños ricos!
—Así es la vida –suspiró Alice- la gente solo mira por el dinero en esta vida.
—¿Y qué podemos hacer? ¡Ya todos tienen lugar donde vivir! ¿Dónde encontraréis a alguien que busque piso?
—Calma, calma –intenté tranquilizarla- podremos anuncios en el periódico y en la universidad. Alguien habrá que busque piso.
Rosalie me miró como si tuviese tres cabezas.
—No hay nadie que busque piso a estas alturas de curso.
—Y no lo haremos –le pasé un brazo por los hombros, dándole un apretón. Alice también se unió a nuestro abrazo.
—¡Claro que sí! No desesperes Rose. Además, tengo un buen presentimiento.
Rose y yo miramos a nuestra pequeña amiga, sonriendo. Sabíamos lo que significaba que tuviera un presentimiento, nuestra amiga era algo bruja. Pero a pesar de todo, no nos iban a tirar de ese piso, no señor. Encontraríamos a alguien aunque tuviésemos que buscar en Indochina.
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.
Alice se había mudado al apartamento de Jasper hacía una semana, aunque había venido muy a menudo a su antiguo piso. Con su ayuda y con la de su novio, Rose y yo habíamos colgado carteles preguntando por gente que buscase un apartamento. No había llamado nadie durante aquella semana e intentábamos no desesperarnos, sin demasiado éxito. Aquel día Rose se había quedado en la biblioteca de su facultad, ya que tenía que terminar un trabajo, y yo me encontraba en mi habitación escuchando música y leyendo mi manoseado volumen de Cumbres borrascosas, mi libro favorito, cuando mi móvil empezó a sonar. Lo cogí, sin despegar la vista del libro, y sin mirar así quién llamaba.
—¿Diga?
—Hola, llamaba por el piso…-dijo una voz masculina, similar al terciopelo, al otro lado de la línea.
—Sí-sí…-balbuceé.
—¿Aún está disponible? –preguntó, ahora con un deje divertido en su voz.
Al escuchar esto reaccioné. ¿Qué le parecía tan divertido?
—Sí, eres el primero en llamar –dije secamente.
—¿Podría pasar a verlo ahora? Estoy cerca de la dirección que señala el papel…
—Claro. Aquí estaré.
Y dicho esto colgué. Sin embargo de inmediato me maldije por ser tan despistada. ¡No le había preguntado el nombre! Bien, era realmente eficiente cuando me ponía nerviosa.
La puerta principal se abrió en aquel momento, dejando pasar a dos personas que hablaban. Reconocí la voz de Rosalie, seguida de otra masculina. Pensé que el chico que terminaba de llamar se habría encontrado con ella en el ascensor, pero me di cuenta de que aquella voz masculina no tenía aquel tono aterciopelado.
Salí de la habitación y me dirigí a la entrada, para encontrarme con Rose, riendo junto a un hombre alto, rubio y de ojos azules. Y al igual que ella, también parecía un modelo. Carraspeé, llamando su atención y los dos pusieron su atención en mí.
—¡Bella! –exclamó Rose, acercándose a mí, seguida del chico- este es Royce King. Viene a mi clase, y me ha preguntado por el piso.
—Oh –fue mi inteligente contestación- encantada de conocerte.
—Igualmente –dijo él, con una arrebatadora sonrisa.
Rose sonrió e iba a decir algo, pero antes la interrumpí:
—Enséñale el piso tú, Rose. Tengo que hacer una llamada –me excusé rápidamente y me metí en mi habitación. Iba a llamar al chico a partir del número en que él me había llamado, cuando el timbre de la puerta me lo impidió.
—¡Bella, ve tú por favor! –escuché que decía Rose desde el salón.
Resoplé y aún con el móvil en la mano me dirigí a abrir la puerta, pensando en que seguramente sería Alice que se habría dejado la llave del piso en su casa. Cuando abrí la puerta de un tirón, me quedé estática, al encontrarme con un chico alto, de piel trigueña, ojos negros como el carbón, al igual que su pelo, y musculoso. Muy musculoso. ¡Estaba buenísimo!
—¿Este es el piso que se alquila? –sonrió, enseñando sus blanquecinos dientes.
Asentí, cómo una autómata. Su sonrisa se hizo más amplia.
—¿Y aún está disponible? –preguntó.
—Sí, sí…-¡por fin encontré mi voz!- aunque ahora mismo hay otro chico visitándolo.
—Bueno, pues si no es molestia, seremos dos.
—Claro –le devolví la sonrisa y le invité a pasar.
—Por cierto, me llamo Jacob Black.
—Bella Swan –me ruboricé, cuando me miró directamente a los ojos.
Le invité a pasar al salón, que Rose y Royce habían abandonado ya y se encontraban en la cocina. Jacob lo miraba todo con atención, realmente interesado.
—¿Qué te parece? –le pregunté, impaciente, al ver que no decía nada.
—El salón es amplio y está muy bien –respondió, sonriendo en todo momento.
Me alegré al escuchar aquello. Iba a invitarle a visitar otra habitación, cuando el timbre volvió a sonar.
—Disculpa –Jacob hizo un gesto con la cabeza, diciendo que me esperaba allí.
Me dirigí rápidamente a la puerta y volví a abrirla de tirón. Y esta vez, fue mejor que la anterior, al encontrarme con dos esmeraldas que me miraban fijamente.
—¿Eres la chica con la que he hablado por teléfono? –preguntó aquel chico, con voz aterciopelada.
Mis ojos se abrieron de par en par. Delante de mí se encontraba un chico, más o menos de mi edad, de cabellos de color del cobre, de facciones perfectas, piel pálida que resaltaba sus ojos verdes.
Esto debería ser una broma, sin duda alguna. ¿Tres hombres perfectos que venían a pedir la plaza vacante de nuestro apartamento? O era mi día de suerte, o el de los inocentes.
¡Hola!
Esta idea fue la que ganó la encuesta y aquí la tenéis :) Espero que os haya gustado esta clase de introducción, si es así, os agradecería que me lo hiciéseis saber...ya me entendéis ;)
Aclarar para aquellas que se acuerden, que en un principio las que alquilaban el piso eran Alice y Bella. Cambié a Alice por Rosalie porque al poner a Royce se me han ocurrido más ideas ^^ Emmett tardará unos cuantos capitulos en salir aún, para las qu pregunten :)
Supongo que no he dejado más dudas al respecto...no sé xD
¡Nos vemos en el proximo capitulo!
Un beso,
Ali.
