Lenguaje legal: No soy la autora original de Harry Potter ni gano dinero de escribir este cuento. Sólo juego en el mundo de J.K. Rowling.
Presento una traducción de mi fanfic "The Perils of Innocence", que se puede hallar por mi retrato si quiere leerlo en el inglés original. Pero conozco bastante bien el español y quiero practicar escribirlo. (Y cuando una lectora pidió permiso de traducirlo al polaco, me dio la idea.) Tengo bastante confianza en la gramática (sino posiblemente matices entre los tiempos pasados), pero si hay unos hispanohablantes que quieren ofrecer sugerencias en maneras de expresar mejor una frase o usar la puntuación correcta en el diálogo, les escucho. Aprendí la mayoría de mi español en España y prefiero usar el castellano para ser similar en usar el inglés de Inglaterra.
Tengo este prólogo traducido y compartiré más cuando haya tiempo. Mi enfoque este verano es continuar escribir el cuento original.
17 febrero 1986
Era un lunes típico a la Casa de Esperança. Las clases de la mañana habían terminado y los niños se dispersaban por la sala grande que también servía como una cafetería. Un par de ayudantes trabajaban en coleccionar la basura del almuerzo.
Mary llamó la atención de Pippa e indicó con la cabeza. Pippa miró en esa dirección y suspiró.
—Te toca a ti hoy, Pip.
La chica suspiró de nuevo y tiró la basura en sus manos al basurero. Ajustando la cofia en la cabeza, ella movió al otro lado de la sala a la ventana grande y al niño pequeño que estaba allí.
Ella consideró un minuto cuando llegó, entonces se arrodilló e imitó la posición del niño, los codos en el alféizar y la barbilla en las manos. Ella pasó unos minutos mirando la vista nevada con él, simplemente esperando.
El niño se levantó una mano para empujar las gafas en la nariz. Pippa imitó su movimiento, tocándose la nariz con un dedo. Ella estuvo cauta de no mirarle directamente, pero vio una sonrisita detrás de su cara seria. Después de otro minuto, el niño se metió un rizo de pelo por una oreja. Pippa le copió otra vez. Y otra vez un toque de una sonrisa pasó por su cara. Él tamborileó los dedos dos veces en un staccato bajo. Ella hizo lo mismo y recibió una risita baja.
Ahora Pippa se levantó la mano y tocó la escarcha ligera en el vidrio con un dedo. Dibujó un círculo lentamente.
El niño le imitó el movimiento.
Con la garganta tensa por su esfuerza de no reaccionar, Pippa añadió unos ojos y una línea curvada para hacer una cara sonriente.
El niño dio una pausa y entonces siguió el ejemplo. Antes de que ella pudiera decidir qué hacer próximo, él añadió más círculos para darle gafas a su cara. Ella sonrió y continuó el juego nuevo, poniendo pelo rizado y una cofia a la suya. Él puso puntas para imitar su pelo lacio y dibujó una línea serrada hacia los ojos.
Pippa paró, confundida, y lo miró. Él se levantó el cerquillo abundante para mostrarle a ella.
Con ternura, para mantener la conexión, ella delineó la cicatriz estrecha en su frente. Ella hizo una cara de conmiseración y el niño le dio otra sonrisa débil.
Pippa se dio cuenta que Mary y unos de los otros muchachos les miraban intensamente. Poco dispuesta a una audiencia para impedir su progreso, ella le ofreció la mano e indicó el pasillo con la cabeza.
El niño la estudió por un minuto largo, como si juzgara el intento, y finalmente tomó su mano.
Pippa guardó bien escondida su canción de triunfo y lo dirigió al cuarto de juegos vacío más cerca.
Al entrar, ella indicó los juguetes, invitándole al niño a escoger algo. Le sorprendió cuando él seleccionó un juego de mesa. Aunque tenía reglas bastante básicas, el juego requería un conocimiento de estrategia tanto como suerte con los dados y ella había pensado que él necesitara ser mayor para gozarlo.
Prepararon la tabla y finalmente Pippa se atrevió a hablar. —¿Qué color quisieras?
—Rojo, por favor.
La voz del niño era baja y ronca por la falta de hablar.
Ella le pasó las fichas rojas. —Tomaré azul.
Empezaron a jugar sin hablar y Pippa notó rápidamente que las razones que el niño estaba en el instituto no incluían problemas de inteligencia. Él jugó con ingenio, empujándola en el concurso de ser el primero con todas las fichas en el espacio protegido. Ella estaba un poco consciente que Mary prevenía entrar a los otros niños y, más tarde, de una bata blanca en la puerta, mirando por unos minutos.
Jugaron sociablemente y la suerte cayó al niño cuando lanzó el número exacto que necesitaba para rescatar su última ficha antes de ella. Miró los dados y a ella inseguramente. Ella sonrió y dijo —¡Felicitaciones!
Él le ofreció la sonrisa más grande y movió su ficha. Ella le dio la mano y él respondió con entusiasmo.
—¿Quieres jugar mañana? Tengo que volver a trabajar.
Los ojos verdes y bonitos del niño se iluminaron y asintió con la cabeza.
—Me llamo Pippa, por cierto. ¿Cómo te llamas?
Él se encogió de hombros. —Pinche.
Pippa logró en guardar neutral su cara. —No me parece un nombre apropiado.
—Monstruo.
Ahora ella no podía contener su consternación. —Ay, no.
El niño se encogió de hombros otra vez, con una actitud molestada.
—Tengo una idea. ¿Puedo darte un nombre?
Él todavía parecía infeliz, pero asintió con la cabeza.
—Vamos a ver…qué tal…Humphrey?
Él negó con la cabeza, arrugando la nariz un poco.
—¿Bartholomew?
—¡Puaj!
—¿Poindexter?
Su respuesta de "¡NO!" estaba llena de risa.
—Ya, ya. ¿Qué tal algo más simple, como…Harry?
El niño paró, su mirada dirigida adentro como si tratara de recordar algo. Pippa no se atrevió a respirar.
El asintió lentamente con la cara.
—Vale, Harry. Tenemos una cita. Te veo mañana después del almuerzo.
Pippa continuó su ronda, pero se sonrió con triunfo a Mary. Después de arreglar el pasillo de las muchachas, uno de los médicos la recogió.
—¡Una esfuerza maravillosa esta tarde, Pip! ¿Está bien con hacerlo otra vez mañana?
—Claro que sí, Doctor Aymler. ¿Tiene sugerencias?
—Sólo continúe lo que hizo: juegue con él, hágase amigo para él. Si sigue interactuando con Ud. trataremos de introducir la Dra. Greene la semana próxima. Pero no se desanime si toma mucho tiempo; el hecho de su expresión verbal después de seis semanas con nosotros es una gran cosa por sí misma.
—¿No hemos oído nada de esa familia suya?
La cara del médico se endureció. —Pippa, me da la sensación que el pequeño Harry Potter estará aquí para que nosotros lo cuidemos lo mejor posible. Y al diablo con esa gente.
Nota de la autora: ¡Muchísimas gracias por leer!
