"La distancia es la que te hace comprender cuando alguien te hace falta".
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Observó su estómago levemente abultado a la vez que un suspiro entrecortado abandonaba sus labios. Ya se había vuelto imposible seguir ocultándolo, solo era cuestión de tiempo para que InuYasha y los demás lo notarán, y era por eso que había tomado aquella decisión.
Con un suspiro observó la piedra brillante en sus manos a la vez que la aferraba fuertemente a su pecho. Ese sería el único recuerdo que guardaría consigo, de sus aventuras en la era feudal.
—¿Estás segura de esto Kagome?.—escucho la suave voz de sus madre tras ella.
Y asintiendo volteo su rostro, sonriendo débilmente.—Es lo mejor mamá, sí él se llega a enterar es capaz de matarlo… de matarnos.—se corrigió, llevando sus manos protectoramente a su abultado vientre.
Su madre solo asintió antes de acercarse a ella y acariciar su rostro con amor y cariño.
—Sera difícil…—le recordó haciendo que sus ojos se empañaran.
—…Lo sé.—susurro y su madre sonrió, con aquella sonrisa cálida tan propia de ella.
—Pero no estarás sola Kagome.—le recordó sonriendo tiernamente.—Me tienes a mí, tienes a Sōta y al abuelo. Cuenta con nosotros siempre, tu familia nunca te abandonará.—susurro antes de abrazarla fuertemente, haciendo que sus lágrimas finalmente cedieran y resbalaran por sus pálidas mejillas.
Lentamente su madre deshizo el abrazo sonriendo levemente al ver sus mejillas húmedas. Y cogiéndola por una mano volteo su mirada al pozo tras de ambas.
—Entonces hagamos esto.—susurro enfundándole valor en un suave pero firme apretón.
Suspirando estiró su mano hasta tocar la madera antigua de aquel pozo que sirvió de puente entre ambos tiempos.
—…Séllate.—susurro suavemente, con su mano tocando la madera.
El pozo frente a ella se iluminó de un color magenta por al menos unos dos minutos, antes de regresar a la normalidad. Haciendo que un vacío se instalará en su pecho.
—No hay vuelta atrás.—susurro, recordando la mirada dorada y cálida de InuYasha, la amable y cariñosa de Sango, la sabía de Miroku y la inocente de Shippo. Jamás los volvería a ver otra vez, el puente que los conectaba, ella misma se había encargado de sellarlo.—…Lo siento.—susurro sintiendo sus rodillas flaquear y de no haber estado su madre junto a ella habría caído de rodillas al suelo.
—Ellos entenderán.—susurro su madre y ella asintió, deseando que aquellas palabras fueran verdad, deseando que InuYasha y sus amigos entendieran sus acciones egoístas y cobardes.
" …Lo siento" se disculpó nuevamente abrazando protectoramente su vientre. Jamás permitiría que él lo viera, protegería la vida de su pequeño sin importar las consecuencias.
Sesshomaru jamás se enteraría de la existencia de su pequeño primogénito, de eso se aseguraría ella.
…
—¿¡Qué dices vieja!?.—grito InuYasha completamente incrédulo y sorprendido al igual que los demás, quienes miraron a la vieja sacerdotisa fijamente.
Kaede suspiro a la vez que acariciaba la madera de aquel viejo pozo devorador de huesos.—He dicho que alguien a sellado el pozo al otro lado.—repitió nuevamente, volviendo a suspirar.
Sango sorprendida negó a la vez que se acercaba al pozo por el cual tantas veces había visto a su mejor amiga saltar.—P-pero ¿Quién pudo haber sido?.—pregunto acercándose al pozo.
La anciana sacerdotisa le dedicó una mirada y por el silencio de los demás supo que ellos habían entendido el significado tras su mirada.
—Imposible…—susurro negándose a creer lo que todos sospechaban.
—Los únicos capaz de saltar en el tiempo son InuYasha y Kagome.—susurro la anciana mirando de reojo, al Hanyo que había adoptado un semblante serio y no apartaba la mirada del pozo.
—Pero ¿Por qué Kagome-san sellaría el pozo…?.—pregunto Miroku confundido acercándose a una aturdida Sango.
Los ojos astutos de la anciana no pasaron desapercibido el momento en el que el cuerpo del Hanyo se tenso ante la pregunta del monje.
—Su misión en este tiempo ya ha finalizado, quizás solo quiere regresar a su vida normal, antes de que el pozo la tragara.—explico la anciana suspirando y haciendo que el monje asintiera con entendimiento.
—Entonces Kagome ya no regresará ¿Cierto?.—pregunto el pequeño Kitsune quién había permanecido en silencio, atento a la conversación.
Las miradas se dirigieron al pequeño de quién se habían olvidado completamente, y un nudo se formó en todos al ver su mirada cristalizada.
—Ella no pertenecía aquí de todos modos…—susurro InuYasha con voz distante, atrayendo las miradas a él.
—Éramos familia.—susurro Shippo débilmente.—…Ella era mi familia.—sollozo.
—Nosotros somos tu familia shippo.—consolo Sango con voz rota acercándose al pequeño Kitsune que sollozaba destrozado.
—Ella tiene que regresar.—susurro Inuyasha de manera inaudible, observando hacia el frondoso bosque tras de él, logrando ver la espalda ancha de su medio hermano alejarse de ahí.
"Lo sabes ¿Verdad Sesshomaru?"
