CAPITULO 1:
Kazuha Toyama andaba por las transitadas calles de Tokio. Su amiga Ran Mouri le había llamado para excusarse. Otra vez.
-Kazu! ¡Lo siento muchísimo! Había olvidado que los padres se Shinichi venían esta noche a celebrar nuestro… compromiso. Mañana se van después de comer, quieres venirte a cenar con nosotros al Poirot?
-No te preocupes Ran, estas cosas pasan. Todavía no había salido de casa, llegaba tarde. Mañana no me va bien, lo siento, ya quedaremos otro día!
-Lo siento Kazuha…
-No pasa nada, Adiós!
-Adiós…
Mentía, y por varias razones. La primera era que llevaba media hora esperándola… ¡tenía tantas ganas de verla! Pero no quería que se atormentara. La otra mentira era que mañana tampoco tenía que hacer nada, pero se sentía incómoda con la parejita feliz dándose de comer o confesándose sus sentimientos cada vez que daban un bocado, pero aparte de eso, los envidiaba.
De repente algo despertó su curiosidad al pasar al lado de una tienda de electrodomésticos. Quizás era el ruido que emitían los programas de televisión, o a lo mejor solamente fue el impacto de ver a su amigo de la infancia siendo entrevistado. Habían pasado apenas cuatro años desde que le había ofrecido que fuera con él a América para cumplir su sueño de convertirse en el detective más famoso del mundo. Por supuesto solo era una proposición amistosa, sin ningún objetivo que no fuera más allá de no separarse de su mejor amiga. No se arrepentía de la elección de quedarse en Osaka, acabar los estudios y trabajar de lo que realmente ella quería ser, sin tener que seguirlo a todas partes como una segundona. Pero algo había fallado en sus planes. Lo echaba muchísimo de menos. Él le había prometido que la llamaría y visitaría, y así lo hizo durante un tiempo, pero luego empezó a aminorar sus llamadas para encontrarse, y finalmente un día le confesó que estaría una larga temporada sin llamarla, pero que siempre la recordaría e intentaría contactar con ella. De eso hacían ya tres años.
Y sin apenas darse cuenta, los locales fueron cerrando sus puertas una a una, las luces de los hogares se fueron apagando y todo se sumió en un terrible silencio. Kazuha, que había quedado fascinada por unos instantes (o lo que a ella le parecieron unos instantes) ante la imagen de Heiji Hattori, se asustó un poco. Las sombras de los edificios la asustaban, aunque en realidad fuera la oscuridad el menor de sus problemas. Echó a andar otra vez, prácticamente corriendo y maldiciéndose por haberse parado. Entonces fue cuando escuchó pasos.
Tres sombras se le acervaban sospechosamente. Cuando las identificó como hombres, no pudo evitar que un escalofrío recorriese toda su espalda y sus manos empezaran a temblar. Aunque era una experta en aikido, hasta ahora nunca se había encontrado en necesidad de usarlo en una situación crítica y estando completamente sola. Además aquellos hombres, a medida que se acercaban parecían más corpulentos. Rezó para que el gran detective Hattori saltara de la pantalla donde lo había estado contemplando y la salvara, pero aquel escaparate también había cerrado. Genial. Empezó a oír que los tres hombres la llamaban.
Eh, tú, ¡la de la cola! – Kazuha maldijo por lo bajo- ¿quieres venirte con nosotros?
No, ¡gracias! –Respondió la chica, sintiéndose completamente estúpida e indefensa-.
Esta es la quinta estrecha que nos encontramos esta semana… ¿qué hacemos con ella?
Kazuha empezó a repasar mentalmente todos los casos de violación, secuestro o asesinato en serie que hubieran ocurrido en aquella semana y recordó aquel que le había comentado su padre. Había dado casi en el clavo. No había ningún secuestro.
Veinte metros más arriba de donde se desarrollaba la escena, un ala delta cruzaba el cielo. Su ocupante estaba desolado. Llevaba años y años buscando la joya pandora y todavía no la había encontrado. Se sentía muy inútil. De golpe, como si su mente se aclarara escuchó el grito de una chica. Se dispuso tan rápidamente como pudo a aterrizar su vehículo y llego justo a tiempo. Aquella chica que acompañaba siempre al detective de Osaka acababa de darle un golpe en el estomago a su atacante, pero dos más se disponían a retenerla. El mago no se lo pensó dos veces y les empezó a tirar cartas con su pistola. No tenía intención de matar a nadie, solo ahuyentarlos, porque la chica ponía una cara bastante preocupante. Se acerco a ella y juntos despegaron en el ala delta hasta el tejado más cercano.
Kazuha no podía creerlo. ¡Estaba en el ala delta del mismísimo Kaito Kid! Cuando por fin toco tierra creyó derrumbarse, pero el ladrón de guante blanco la recogió i la sentó en unas cajas. La miraba de manera muy extraña, como si tuviera la cara de color azul. Ella se levantó y le hizo una reverencia dándole las gracias. Él le entrego una rosa, pero estaba dispuesto a hablar.
No hace falta que me dé las gracias señorita Hattori…
¿Perdone?
¿Ocurre algo malo?
¿Cómo me ha llamado?
¿Es que ustedes dos no están casados? Se veían muy unidos hace un tiempo.
El quizás no lo sabía, o quizás sí, pero acababa de dar en la diana. La chica se volvió a sentar en las cajas y puso su cabeza entre las manos. Kaito se agachó para que estuvieran a la misma altura y entonces prosiguió como si no hubiera pasado nada en absoluto.
No hace falta que se disculpe, por que querría que me devolviese el favor.
¿Cómo? –Kazuha se destapó la cara dejando a la vista unas mejillas rojas y unos ojos brillantes pero tristes-.
Ya que usted ha visto mi rostro y a descubierto mi identidad no puedo dejarla marchar como si nada, ¿me entiende? –soltó una carcajada malvada-.
Yo… juro que no se lo diré a nadie… no era mi intención…
Ahora, madeimoselle, le quedan dos opciones: Puede darme su palabra de que no dirá a nadie lo que ha pasado, o bien… ¿me permite preguntarle si usted lleva una vida divertida y emocionante?
¿Qué? Yo… bueno, se podría decir que… -enmudeció dándose cuenta de que su vida no era ni la mitad de emocionante que cuando Heiji la arrastraba en sus casos-.
¿No le parecería una buena idea… para compensarme, quiero decir… romper las normas de vez en cuando y acompañarme en mi búsqueda?
¡¿QUE? Pero… ¿quiere decir robar joyas con usted? No…
Yo no robo joyas por placer, solo ando buscando algo… si no encuentro lo que busco lo devuelvo… además mis acciones hacen feliz a la gente…
Pero…
Llevo demasiado tiempo intentando encontrar una joya en concreto, y me he dado cuenta que necesito ayuda. Concretamente tú ayuda. Además… Últimamente los policías y detectives están buscándome sin descanso alguno, si aceptara mi propuesta quizás cierto personaje le prestaría más atención…
¡Idiota! Perdone… lo siento… quería decir que creo que le daré solamente mi palabra si cree que podría confiar en mí.
Le daré 24 horas. Mañana a las 9 la espero en este mismo tejado. Piénselo.
Y sin articular más palabra, desplegó de nuevo el ala delta y se perdió en la oscuridad de la noche.
Eran las 7 y media del día después. Kazuha contemplaba las noticias donde hablaban de cierto ladrón de guante blanco, relatando todas sus "proezas". No le parecía tan malas sus intenciones después de todo. Pero debía ser racional. ¿Qué haría ella a sus 21 años asaltando edificios y escapando de la policía? Todo esto sin contar que su padre era uno de esos policías. Pero luego se le presentó la imagen de Heiji Hattori corriendo detrás de ella intentando agarrarla… con unas esposas. Tenía que ser realista, y conociéndolo le daría igual esposar a un criminal, que esposar a su propia madre… o a su ex mejor amiga en este caso.
Estuvo meditando el asunto hasta que llegaron las 9 menos cuarto. Aunque fuera a rechazar su propuesta, tenía que decirle algo, así que se dirigió a el mismo tejado donde la había dejado la noche anterior… todavía presa en sus pensamientos y dudas. Subió las escaleras del hotel a el cual le pertenecía el tejado y esperó. Llego al cabo de dos minutos, rodeado de la elegancia que lo caracterizaba. Llevaba algo en sus manos.
Hola de nuevo madeimoselle, ¿ha hecho ya su elección?
Bueno… -Al ver a aquel personaje misterioso le entraron las ganas de echarlo todo a perder y convertirse en su compañera- Todavía tengo mis dudas… ¿cuál sería el papel que desempeñaría estando a su lado?
Jo le daría el paquete que tengo en mis manos, y usted me podría acompañar a todos mis espectáculos ofreciéndome vuestra ayuda… también podría dejarse perseguir por cierto det…
¡Por favor! ¿Podría dejar de atormentarme ya? ¡Ya sé que Heiji Hattori no me hace caso! Ya sé que se fue a cumplir el sueño de su vida y no se dio cuenta de que…
¿Perdone?
Lo hare!
Esta segura señorita? Es bastante arriesgado…
No me lo haga repetir dos veces
¡Está bien, está bien! –una sonrisa surgía en los labios del ladrón- ¿mañana a las 10 de las noche hace algo?
No… ¿pero no querría usted que tuviera un poco más de practica?
Confío plenamente en usted… ah, por cierto, llámeme Kaito –Le guiñó el ojo- ¡espero que el atuendo sea de su agrado!
¿Qué?
El paquete que llevaba consigo Kaito apareció en las manos de Kazuha, y cuando levantó cabeza para darle las gracias ya había huido.
Kazuha, eres una idiota, pensó para sus adentros la chica.
