Los personajes de Kingdom Hearts no me pertenecen, (cosa obvia) pertenecen a Nomura-sama.

Espero que les guste n.n

He aquí una breve introducción.


¡Sorpresa!

No entendía por qué el Maestro Xehanort lo había llamado a esas horas. Él tenía sus planes. No hacer nada. Quería tomarse el día libre, escaquearse un poco del trabajo, pero ni por esas. Resoplando, atravesó el portal que lo llevó ante él.

-Maestro.

-Has venido rápido. Ven, tengo una misión para ti.

-Espero que sea importante, tengo mejores cosas que hacer.

-Te gustará, sólo tienes que traerme a una persona. Si no cumples con tu misión, podría estropearse todo.

-Espero que sea algo más complicado que la misión anterior. Sino, me aburriré mucho.

-Tranquilo, estarás entretenido. Es más, puede que te resulte un poco difícil. Esta persona es muy escurridiza.

-¿Cómo la reconoceré?- el hombre soltó una pequeña risita.

-La reconocerás en seguida. Tratará de pasar desapercibida, pero acabarás por descubrirla. Ten cuidado, es fuerte, aunque no lo aparente.

-Genial, un poco de diversión.

-Ve a Agrabah, fue la última vez que la vi.

-Bien. No tardaré.

Sin decir nada más, el chico abrió un portal y se transportó al desértico mundo. El sol lo cegó por un momento. Parpadeó un par de veces, adaptándose a la claridad. Resopló, aburrido.

-Joder, qué calor hace aquí. Será mejor acabar cuanto antes.

Observó a su alrededor y entendió que se encontraba en un mercado; suerte que había aparecido en una calleja, por lo que nadie lo había visto. Decidió moverse por las sombras, oculto en la oscuridad. Veía cómo las gentes hacían su vida normal, hablando, comprando, mirando, riendo… Pero no le pareció ver a nadie sospechoso.

Siguió caminando, moviéndose por los barrios pobres, hasta hallar una escena muy peculiar en un callejón. Unos hombres con sables amenazaban a un chico indefenso, que llevaba una cesta con manzanas. El joven apretaba la cesta contra sí, negando la opción de soltarla y dársela a los matones.

Vanitas miraba la escena impasible, sin ninguna intención de intervenir, simplemente hacía de espectador. Cuando los hombres iban a darle fin a la vida del chico, una figura se metió en medio del grupo, parando los sables con su espada. El pelinegro se sorprendió ante tan repentina aparición, pero se mantuvo oculto. La figura, que tenía tapada con una tela la cara y el pelo, dejando visible sólo los ojos, apartó las espadas de los hombres y los encaró. Los varones se miraron entre ellos, impresionados de que un joven se atreviera a enfrentarlos solo. No dudaron un instante y arremetieron contra él, que los esquivó y consiguió golpear a dos con el contrafilo de la espada. Los otros tres trataron de coordinarse para golpearle, pero el joven fue más rápido y corrió hacia ellos, clavando la espada en el suelo y yendo desarmado. Vanitas frunció el ceño, pensando en cómo se defendería el joven.

El encapuchado golpeó a uno el la barbilla, y se agachó para propinarle a otro una patada en el estómago. Finalmente, sólo quedó uno, que lo miró indeciso. Tiró su espada y corrió hacia la salida, lloriqueando. El joven de la cesta miró a su salvador, sorprendido.

-G-gracias.- balbuceó. El mayor asintió, revolviéndole un poco el pelo y viendo cómo se iba.

-Sal de las sombras. –le dijo al pelinegro. Vanitas soltó una risita y salió de su escondrijo, con el casco puesto.- ¿Te diviertes viendo esta clase de situaciones?

-No te imaginas cuánto.- no tuvo ni que pensar. En seguida se dio cuenta de que esa era la persona que debía de llevarle a su maestro. –Tengo que llevarte conmigo a ver a una persona, aunque no me dijo en qué estado debía de llevarte…

-Supongo que te habrás imaginado que no iré voluntariamente…

-Hmph. Me lo imaginaba.- el chico invocó a su llave-espada y amenazó con ella al joven, que retrocedió para coger su sable.

El pelinegro avanzó utilizando una velocidad increíble, con lo que su oponente sólo pudo pararlo con su arma. Sin embargo, su fuerza fue tal, que el joven acabó estrellándose contra la pared, soltando un quejido.

-¿Ya está?- bufó Vanitas. El encapuchado logró ponerse en pie, y de una voltereta, esquivó el siguiente ataque.

Se subió a unos barriles y trepó rápidamente a una ventana, para conseguir llegar a un tejado. Vanitas lo miró sorprendido. ¿Acaso estaba…? Lo miró con odio y decepción.

-No puedo perder más tiempo aquí. Huir no te va a servir de nada, entérate. –observó cómo el joven se perdía de su vista.- Joder…

En dos pasos, llegó al tejado, pero no divisó a su rival. De pronto, alguien saltó por detrás, tratando de acabar con él.

-¿Me atacas por la espalda?- dijo, mientras paró el ataque en seco.

-No creas que soy idiota. No voy a perder ninguna oportunidad para acabar contigo antes de que tú lo hagas conmigo.

Vanitas soltó una carcajada. Esto será divertido…

Realizó un movimiento con su llave-espada y lanzó una potente explosión, pero pudo ver que su oponente era realmente rápido. Bueno, él también lo era, y mucho. Se colocó de un salto junto él, golpeándole con su arma. El joven salió por los aires, pero pudo reponerse en pleno vuelo. Dio una voltereta y cayó en cuclillas en un tejado más elevado que el anterior, aprovechando esto para escapar. Vanitas corrió tras él, y en menos de tres segundos le dio alcance.

-Ya te he dicho que huir no te va a servir de nada- repitió con impaciencia.- ¡Espero que eso te quede claro de una puñetera vez!

Acto seguido, golpeó al joven en el estómago, tirándolo al suelo.

-Tsk… y yo que pensaba que me darías problemas… Qué decepción.

-¿Me subestimas? –Contestó. El pelinegro lo miró con indiferencia- No voy a enfrentarte con todo mi poder en una ciudad, idiota. Pero supongo… que no me queda elección…

Respiraba con dificultad. Ese puñetazo le había dolido, y mucho. Se levantó y lo miró fijamente, con aquellos hermosos ojos azules. Vanitas se tragó su paciencia al ver que no sucedía nada y fue hacia él, que lo recibió con una estela de luz, que lo cegó momentáneamente. Cuando quiso enfocar la realidad, se topó con su rival, que le propinaba un corte en el abdomen.

-Arhg! Maldita sea… -Le hubiese gustado decir que no le había dolido, pero no era así. A pesar de ello, no se tapó la herida. No quería aparentar en absoluto debilidad.- Muy bien… no sé qué demonios has hecho, pero te aseguro que no te dejaré hacerlo la próxima vez.

El encapuchado se puso en posición de ataque, encarándolo de nuevo. Vanitas fue hacia él otra vez, volviéndose a repetir el proceso, pero esta vez, saltó y cerró los ojos, calculando cuánto duraba el haz de luz. Su rival lo vio saltar y lo imitó, chocando ambas espadas. Volvieron a enfrentarse, una y otra vez.

-Eres duro, ¿no?- admitió Vanitas. Ambos respiraban con dificultad, y el calor no ayudaba en absoluto.- Pero… me temo que esto termina aquí.

-¡No voy a ir contigo y no pienso rendirme!

-Ya lo verás.

El joven pelinegro utilizó su velocidad y lo golpeó, haciendo que su espada cayera al suelo y él se golpeara contra una pared, quedando inconsciente.

-Al fin… -suspiró el chico. Fue hacia su rival vencido y lo miró un momento, para después agacharse y quitarle aquella tela que le tapaba el rostro.

Cuál fue su sorpresa cuando una melena negra fue descubierta, junto con un rostro femenino.

-¡¿Una chica?


Lo siento, no pude resistirme, es que adoro este personaje.

Me pareció interesante experimentar un poco con Vanitas, ya que se sabe tan poco de él... bueno, en cierta medida. Espero no aburrir mucho con las batallas, pero no puedo evitar al menos poner una :D

Espero que les haya gustado. Para comentarios, críticas y tal, dejen review n.n

Un review, una sonrisa :)

Nos leemos!

Sayo!