Lo sé, dije que no iba a hacer más cosas a parte de el de personajexlector, pero no podía resistirme ;_; Ayer por la noche me puse, me dio el venazo y escribí lol.
Y no, no me gusta el 6996, AMO el 6996. Últimamente me lio mucho escribiendo y me salgo del tema, pero en fin~~.. LOL.
Katekyo Hitman Reborn © Akira Amano. Yo solo me desvelo por la noche escribiendo cosos de ellos~~.
Estaban los dos tumbados en esa cama de sábanas blancas. Podían moverla, no pesaba, pero les gustaba ahí, sobre el prado verde y cerca del río.
Cada uno estaba haciendo una cosa, él estaba leyendo un libro con la vista al cielo, sonreía, no porque el libro tuviera especial interés, sino por ella, que estaba jugando con un gato negro, de ojos dispar que se había subido a la cama.
– Mukuro-sama, ¿Le gustan los gatos? – Preguntó. Si esto era una ilusión que él había creado para ambos, este gato también lo era, los ojos eran igual a los de Mukuro, y el gato… el gato era igual al de aquella vez, ¿Será qué es verdad qué los gatos negros traen mala suerte? Chrome diría que no, si le hicieras esa pregunta. Pues para ella, ese gato fue una salida. No fue fácil ni difícil, pero una salida.
Él no contestó.
Ella le miró. Mukuro le devolvió la mirada con una sonrisa y Chrome hizo lo mismo.
Todo era silencio, solo se escuchaban las páginas del libro cuando se cambiaban y los maullidos del gato, los ronroneos al sentir las caricias de la chica y el ruido que hacía al cambiar de posición las contadas veces.
– ¿Cuándo tienes que volver? – Mukuro rompió el silencio. Si era sincero, le importaba poco, podía retenerla aquí el tiempo que quisiera. Le daba igual lo que Tsunayoshi quisiera que Chrome hiciera, ella era de él.
– No sé. – Murmuró, recordando. – El jefe me dijo que no era urgente, pero su amigo insistió, y me dijo que llegara pronto.
– ¿Cuál de todos?
– El guardián de la tormenta. Últimamente está gritando mucho, por eso el jefe dice que no hace falta que vaya…
Mukuro rió.
– Mukuro-sama, ¿Voy?
– Haz lo que quieras, Chrome, es tú deber como… guardiana.
– No, Mukuro-sama… usted es el guardián Vongola. Yo sólo soy un…
– Espejo. – Sonrió. – Un espejo pequeño, delicado y precioso.
Chrome sonrió de nuevo, tímida y levemente sonrojada, mientras bajaba la mirada, otra vez, al gato negro y lo acariciaba.
Y de nuevo un silencio invadió el lugar. Pero era algo típico. Y, de todas formas, ellos no se sentían incómodos, puesto que lo único que querían era pasar un rato juntos, y desconectar, no hacía falta las palabras.
Ni en ellos ni en su relación.
Porque se parecían, sentían los mismo y se necesitaban mutuamente. Él era parte de ella y ella parte de él, era algo tan monótono repetirse eso durante estos meses que ya lo podían decir en voz alta sin querer.
Las palabras ya se las dirían cuerpo a cuerpo, cuando se vean "en persona" y cara a cara, no en una ilusión, ni en los sueños.
