Los personajes pertenecientes a Crepúsculo son propiedad de Stephenie Meyer, yo sólo juego con ellos, personajes originales son míos así como la trama, el fic es sin ánimo de lucro, y el único fin es de entretener al lector.
Cap. 1 Se llamará Isabella.
Esta historia sucedió hace muchos, muchos años, en un lejano reino, en un tiempo donde la fuerza y la espada estaban al servicio de los grandes Reyes y la realeza.
Las guerras por apropiarse de territorios o derrocar enemigos, era el común denominador de ese tiempo.
Grandez proezas o traiciones se daban en el campo de batalla como en los muros de los castillos, donde la realeza vivía. Y es aquí donde empieza nuestra historia, con una noche de tormenta, en una aldea, concretamente en una pequeña choza, una pareja acababa de ser bendecida.
—Es muy hermosa ¿verdad? —musitó la mujer mirando a la bebé dormir plácidamente en sus brazos.
—¿Cómo la llamaremos, amor?—le preguntó a su marido que estaba arrobado contemplándola.
—Isabella. Se llamará Isabella.—la mujer acurrucó a la bebé en su pecho y comenzó a tatarear una canción de cuna. En esa pequeña choza ahora todo era felicidad. A pesar de estar lloviendo a cantaros y de que los truenos cimbraban las piedras. No había gente más feliz que ellos.
La pequeña Isabella creció sana, su piel blanca como la leche siempre causaba curiosidad con los demás campesinos que observaban como sus hijos iban creciendo a la par que la pequeña Bella.
Su madre, Reneé veía con felicidad a su hija, tan hermosa. Poco a poco la pequeña y desastrosa Isabella se iba convirtiendo en una jovencita sana y muy inteligente. Más de una vez la regañaron porque se empeñaba en aprender a leer. Cosa que era imposible para la hija de un campesino. En la aldea situada junto al castillo Cullen, ellos eran los encargados de cultivar frutas y hortalizas para el rey Carlisle.
Bella siempre fue muy curiosa de niña y aprendía rápido. Su único problema eran sus dos pies izquierdos. Constantemente le provocaban accidentes y le acarreaba la burla de sus vecinas. Algunos chicos la defendían como Fred o Luca y eso molestaba muchísimo a Katherin y Lucy que siempre se burlaban de ella. A pesar de ser retraída y muy tímida, la mayoría de las veces su torpeza y curiosidad juntas, la metían en muchos problemas.
El tiempo pasó para esa pequeña pero feliz familia, y llegó el momento en que Isabella debería ir a pedir trabajo al Castillo Cullen. A pesar de que sus padres no querían que trabajara ahí, tuvieron que guardar silencio y apoyarla, la amaban demasiado y ya le habían advertido de los problemas que podía encontrar y que nadie la podría ayudar en caso de necesitarlo. Bella escuchó pacientemente todo lo que le dijeron sus padres y luego de decirles que no se metería en problemas, les besó y salió de la choza rumbo al castillo.
La verdad Bella moría de ganas de ver cómo era la vida en un castillo, ver a la realeza y todo lo que hacían, era algo que quería ver por sí misma. Y también necesitaba ganar dinero para ayudarles a sus padres, ya estaba cansada de sembrar y cultivar, ella quería, deseaba, necesitaba mucho más. Y lo obtendría.
Caminó hasta el imponente castillo, varias veces tuvo que apartarse del camino porque los caballeros y carruajes tenían prioridad en él. Bella iba caminando sorprendida de ver todo eso, un anhelo de algo indefinido estaba presente en su corazón. Con quince años cumplidos y las ganas de conocer la vida en el castillo, llegó al enorme portón que siempre estaba abierto, menos en tiempos de guerra; y entró.
Había mucha gente dentro, algunos llevaban hortalizas, otros llevaban pollos y pescado, algunos más llevaban barriles con vino. La actividad era incesante y Bella se maravillaba con todo eso.
Al caminar sin rumbo fijo, y sin mirar hacia adelante, tropezó con alguien.
—¡Ouch!, lo siento, no me fijé, iba viendo… —la voz se le congeló en la garganta cuando vio que había tropezado con un enorme caballero que la miró con despotismo.
—¡A un lado mocosa! ¡Debería mandarte a dar azotes por bruta!—gritó el caballero al ver que sus pies estaban salpicados de lodo por culpa de esa chiquilla.
—¡Yo limpiaré sus botas, mi señor! Perdónela ¡por favor!—Un hombre entrado en años llevaba un trapo con el que comenzó a limpiar el lodo de las botas del caballero, una vez que hubo terminado, el caballero miró con desprecio a ambos y se fue. El hombre respiró aliviado mientras Isabella se moría de la vergüenza.
—¡Has tenido suerte chiquilla!—Bella lo miró agradecida.
—¡Gracias señor!—musitó mientras veía con alivio que el buen hombre le sonreía.
—Yo soy Waylon, y trabajo en las caballerizas. Debes tener mucho cuidado si vas a estar aquí, ese es el Caballero Negro o James el despiadado. Todos lo evitamos porque como su apodo lo indica, es despiadado, y no lo pensará dos veces si puede lastimarte o hacerte daño. Cuídate de él niña.—Bella se paró frente al buen hombre y le dijo:
—Me llamo Isabella, Isabella Dwayer y estoy buscando trabajo aquí.—El hombre la miró con ternura y le tomó la mano con amabilidad.
—Ven, te llevaré con alguien que tal vez te pueda ayudar…—y la llevó hacia el interior del castillo, entraron por una puerta ancha de pesada madera, ahí estaban varias mujeres en una enorme cocina, preparando las viandas que los reyes junto con los demás nobles que habitaban el castillo después comerían.
No he abandonado las otras historias, estoy en ello, pero ya no podía más con esto, tenía que dejar salir estas historias porque me estaba volviendo loca. Ya terminé mundo de mentiras y ahora seguirá El amor es ciego, junto con otras más. Espero les guste la historia, porque esta es un poco diferente a lo que hemos visto.
Si les gusta, den review que ya saben que lo agradezco con el corazón.
Besos y nos leemos pronto.
