El zumbido del televisor transmitiendo aquel ansiado partido de fútbol resonaba desde la sala. En la cocina este era casi opacado por el sonido que emitía la cafetera y la cacerola que contenía aquella delicia que consideraba una de sus especialidades: Sopa de Espinacas.
A pesar de que la mayor parte del día gastara su tiempo en actividades "Productivas" como fregar los platos, limpiar la casa, lavar y planchar la ropa de su esposo e hijo de 4 años, en la cocina era el único momento en el cual realmente lo sentía de esa forma. Era cuando se sentía de verdad mujer.
Ya que el destino le había negado una carrera profesional, había aprendido a amar algo tan trivial y básico de la vida como la cocina, tanto así como para desear poder ganar su propio dinero a costa de ello. ¡Y vaya que ahora era una idea que le apasionaba!
Hinata podía tener sueños. ¡Claro que aún los tenía!
Quizás interpretaba al papel cliché de una ama de casa dependiente del salario de su esposo, pero a pesar de ello aún era muy joven como para dar por muerta a su alma. ¡Demasiado a decir verdad!
¿Acaso a los 20 años se era muy tarde para convertirse en alguien?
¡Claro que no!
Su primo lo pensaba. Sus amigas lo pensaban. Hasta el maestro de su pequeño Boruto pensaba ello. TODOS lo pensaban.
Desde muy joven, inclusive desde que cursaba la primaria, no había nadie en toda la faz de la tierra que pusiera en duda sus capacidades. En la escuela era la mejor en matemáticas, literatura y ciencias como química y física, era el paquete completo.
A los 3 años ya sabía leer, y a los 7 podía recitar de memoria los elementos de la tabla periódica, y los países con todas y sus ciudades del mundo.
Durante su infancia y adolescencia gano muchos torneos de ¨nerds¨. Era una promesa para su familia y una joya nacional. Su padre estaba orgulloso, y su madre tenía contenido del que alardear con sus amigas en las tardes del café.
Siendo la hija mayor de unos simples panaderos era el futuro de toda su línea de sangre. Era quien definiría al apellido Hyuga en la sociedad. Esa había sido la razón por la cual su padre había invertido más de lo que tenía en su educación, porque él pensaba que lo valía. Inclusive desde que tenía 12 años su padre había comenzado a buscar universidades en el extranjero a las cuales podría aplicar a una beca. Y él estaba seguro de que lo conseguiría, nadie se atrevía a dudar de ello.
¿Pero qué había pasado con todo aquello?
¿Qué había pasado con todos esos sueños?
¿Cómo era que ahora a sus 20 años fuera huérfana de ambos padres, tuviera un hijo de 4 y fuese una simple ama de casa que no termino la secundaria?
¿Qué clase de lógica tenía todo aquello? ¿Cómo en un simple parpadear todo su mundo hubiese dado vuelta?
Pero Hinata lo entendía. Entendía que todo era el resultado de sus malas decisiones.
Más específicamente una sola mala decisión: Naruto Uzumaki.
-Cariño, ¿Puedes pasarme a mí y a mis amigos unas cervezas?
Tomó la espátula y le dio vuelta a una de las alitas de pollo que se freían en un sartén. Claro que personas tan arcaicas como su esposo y sus amigos no querrían tomar sopa en tal celebración que se llevaban desde tempranas horas. La sopa era para su preciado bebé, Bolt.
A Naruto, su esposo, le encantaban las fiestas, o si, ¡Pero cuanto le gustaban! Toda fiesta a excepción del cumpleaños de su esposa y su aniversario, fechas que parecía nunca recordar. Aquel hombre era la razón de ser de toda celebración. Sin su sonrisa radiante, chistes oportunos o habilidades en el salón de baile toda celebración parecería un funeral.
No comprendía como con un IQ de 200 había podido siquiera pensar que tal extrovertida personalidad sería la apropiada para alguien como ella, todo lo opuesto. Pues a pesar de haber sido dotada de gran inteligencia, al parecer su capacidad de establecer relaciones o de comunicarse era defectuosa. Hinata se había caracterizado por ser extremadamente tímida y carecer de amistades. Fue de hecho hasta que conoció a Naruto que finalmente pudo hacer amigas y ...tener novio.
Había sido amor a mi primera vista. O quizás él simplemente había sido lo suficientemente radiante como para ignorarlo en una época donde todo había sido oscuro, justo después de la perdida de sus padres. Naruto había sido su medicina, el salvavidas al cual se había aferrado. Con él había encontrado una familia nueva.
El error fue pensar que él la miraba de la misma forma. Naruto ya tenía familia, era obvio que solo era un adolescente con hormonas. Él no la vislumbraba como su primer y único amor. Él quizás ni pensaba en que su historia de amor sería para siempre. Pero sin importar lo que él pensará, al final un embarazo no planeado los había atado por siempre.
Ambos tuvieron que casarse de inmediato. Él continuando con sus estudios de secundaria, mientras que ella se quedó en casa esperando por nueve meses.
Y no se quejaba de ello. En su momento no le importo nada de aquello, porque finalmente tenía una nueva familia. No estaría sola. Y ni que decir de su esposo, él había tenido un comportamiento ejemplar durante su primer año juntos. Pero claro, no todo era para siempre, y ya 1 año después, justo después de su graduación, todo cambio. Todo.
Después de un feliz año donde había renunciado a cualquier ambición profesional y decidido ser la esposa perfecta, él decidió dejar de verla solo a ella y a tener unos ojos más traviesos.
Hinata ya no era la única.
Y eso...con él pasar de los años comenzó a enfriar a su corazón. Provocando que todo amor que sintiese por él se volviera recelo, resentimiento y quizás odio. Era como una flor que lentamente se marchitaba.
¿Por qué solo ella tenía que sacrificar las cosas que le importaban por esa relación? ¿Porque?
Eso se lo cuestionaba frecuentemente.
-¿Acaso no puedes ver que estoy ocupada?-fue la respuesta a la petición de su esposo, siendo esta acompañada con una mirada llena de molestia.
Naruto captó el mensaje de su esposa y con una sutil sonrisa de comprensión se levantó para ir a buscar por sí mismo sus ansiadas cervezas. Él la conocía mejor que nadie, desde hacía 8 años para ser exactos, donde 7 de ellos lo tenían de ser pareja, ambos habían sido el primer amor del otro.
Ya con el pasar del tiempo había comenzado a acostumbrarse al mal genio de Hinata, pues muy frecuentemente le daba razones para que lo odiara.
Pero él estaba seguro, muy seguro de que, pasara lo que pasara, hiciese lo que hiciese, Hinata estaría con él. Hinata nunca se cansaría de él, porque ella no podía vivir sin Naruto Uzumaki.
