Motorcity la película: La batalla de los Quema Ruedas.
I Acto
*Garaje de los Burners*
Suena la alarma. Los robots de Kane están atacando Motorcity. Pero el verdadero problema no son los robots, si no los tres H.O.U.N.D que se acercan a zona civil.
Mike entra en Mutt, coloca la caja de cambios, introduce la llave en forma de calavera y hace rugir el motor, Chuck ya estaba preparado con el cinturón de seguridad puesto. Tanteaba la pantalla luminosa que se alzaba sobre el salpicadero informando a Mike sobre la situación:
— Los robots de KaneCo provienen de la puerta Este, los Hound vinieron por el Oeste, se están acercando a la zona civil más cercana, justo a treinta metros, no tardarán en llegar.
— De acuerdo. —pisó el acelerador, Chuck gritó sobresaltado por la aceleración. Mike se puso en contacto con Texas y Julie. —Texas, Julie, dirigió hacia la puerta este, encargaos de los robots, yo me encargo de los Hound con Dutch.
Julie y Texas captaron la orden y cortaron la comunicación, luego Mike se pudo en contacto con Dutch.
—Dutch acompáñame a detener los Hound que se aproximan a terreno civil, cúbreme la retaguardia.
—Okay Mike, yo te cubro. —cortó la comunicación, Mutt y Whiptail tomaron rumbo al oeste pisando el acelerador y subiendo por carreteras altas y curvadas como montañas rusas.
Chuck gritaba espantado cuando tomaban una curva peligrosa o cuando el coche se ponía bocabajo. En menos de dos minutos ya divisaron la primera amenaza.
—Chuck, saca lar armas de los laterales y dispara. —ordenó Mike con apremio.
Chuck obedeció, y de los laterales del coche verde salieron cañones y armas láser con las que apuntó a la bestia y bombardeó a base de disparos.
Dutch detectó otro de los perros robóticos de Kane y tomo rumbo hacia el.
La bestia robótica a la que Mutt no paraba de disparar corrió hacia el coche para envestirlo haciendo poco caso de los láseres que no surtían efecto con el.
—¡Mike, viene a por nosotros! —gritó Chuck amedrentado.
Mike pisó el acelerador y giró el volante, pudo esquivar la embestida y ponerse detrás sin que la criatura lo advirtiera y de nuevo empezó el tiroteo. A pesar de que habían activado todas las armas de Mutt, no era suficiente para derribarlo.
—Kane los a mejorado, las armas de nuestros coches ya no les afecta como antes. —advirtió con un tono de desdén.
Mike cogió su Spark staff que hacía las veces de palanca de cambio, dispuesto a tener un enfrentamiento directo con el Hound.
—Chuck dispárale si se acerca, apunta al torso o las estremidades.
—Mike ¿Te vas a enfrentar contra esa cosa? —era una pregunta retórica, estaba claro que lo haría, otra vez.
—Sí, no tengo opción, no podemos hacer que se esté quieto para apuntarle al ojo —el ojo rojo que se situaba en el centro de la cabeza del Hound era el punto débil de todas las máquinas de KaneCo que lo tenían, donde estaba el cableado principal. Si lo destrozaba la máquina se paraba automáticamente y no volvería a ser una amenaza.
Mike no espero respuestas de su amigo y fue directo hacia la criatura. Activó el Spark staff convirtiéndolo en una barra electrizante por ambos extremos.
Mike se abalanzó hacia los pies de la criatura, empezó a escalar, pero le resultaba difícil, ya que esta se retorcía y agitaba como un toro desbocado. Chuck activó los paneles redireccionando las armas de Mutt y apuntó con ellas a las patas traseras del Hound que, por unos instantes esta se quedó quieta, los cuales Mike se aprovechaba para seguir escalando. Era una maquina grande, tal vez tres veces más grande que los Hound que solían penetrar Motorcity.
Pronto Mike aferró el cuello de la bestia. Para su sorpresa esta se sacudió y casi cae, pero consiguió mantenerse cuando esta dejó la sacudida. Chuck volvía arremeter con los láseres. Tendría que tener cuidado, estaba a pocos metros del coche, podría dirigirse allí y volcarlo o intentar aplastarlo. Mike se impulsó con un salto hacia la cabeza y acto seguido clavó un extremo de la barra electrificada al ojo rojo de la criatura. La bestia emitió un alarido atronador y lucho por librarse del acoso, Mike se mantuvo agarrando con fuerza la barra. Un láser impactó en el cuello de la criatura, haciéndola retroceder unos pasos, luego se mantuvo quieta y Mike aprovechó la situación para pisar terreno firme. Penetró con fuerza el extremo de la barra soltando una fuerte descarga. El Hound se paró y cayó al suelo con estrépito levantando una manta de polvo y pequeños desperdicios metálicos.
—¡MIKE! —gritó Chuck preocupado. Rastreó su señal con el ordenador. Una pantalla con marcos bermejo se hizo a un lado entre las pantallas de control. Apenas se atisbaba algo con el polvo fluyendo por el aire. —¡¿Mike?! —volvió a pronunciar preocupado.
Se oyó una tos y al despejarse un poco la zona se vislumbró el rostro de Mike en la pantalla.
—Bien Chuck, vamos por el siguiente .—dijo entusiasta.
Chuck soltó un suspiro de alivio que denotaba el cansancio y pavor.
Dutch estaba manteniendo a raya el Hound que había divisado antes mientras Mike y Chuck se encargaban del primero. Los ataques de su vehículo purpúreo apenas surtían efecto sobre la criatura perruna y robótica.
Unos láseres impactaron certeros sobre las patas de la criatura. Mike se unió al combate.
—Mike, ¿acabaste con el otro? —preguntó Dutch por el icono que aparecía en la pantalla de contactos sobre el salpicadero de Mutt.
—Sí, todo controlado, vamos a por este —contestó animado por la emoción de la batalla.
—¿Cómo lo derrotaste? no sirven los láseres contra ellos, ni las ondas, he probado todas las armas pero siguen igual, como si no hubiese echo nada. Kane los ha reforzado.
—Lo sé —admitió —Pero el ojo sigue siendo su punto débil, solo son más duros de aniquilar, eso es todo. —hizo una breve pausa y en su cabeza empezó a columbrar un plan de ataque que no tardó en comunicar. —Dutch, ponte detrás y distráelo para que se quede en el mismo sitio y nos de tiempo a puntar. Si no funciona tendré que ir mano a mano con el, tu sigue la misma estrategia aunque salga del coche.
—Entendido Mike —se esfumó la pantalla y Dutch se puso en marcha. Piso el acelerador y se apresuró al pasar debajo de Hound hasta ponerse justo detrás suya.
Mike condujo hasta estar a menos de diez metros por delante de esta, y la criatura pareció tenerlo en su punto de mira. Chuck ahogó un grito de terror. El ser o no se percato de que Dutch se encontraba a sus espaldas o no le dio importancia. El Hound corrió hacia Mutt. Whiptail disparó a sus patas traseras, nada, como si no le hubiese ni rozado.
Chuck empezó a temer por la situación y pregunto a Mike entre gritos como saldrían de esta.
—Chuck, cañones —a pesar de lo alterado que estaba obedeció sin vacilar.
No hizo falta Más, Chuck sabía por lógica lo que debía hacer, apuntar al objetivo controlado por el ordenador y disparar. Y eso hizo. Los cañones dieron en su objetivo; el ojo que tenía en el centro de la cabeza. Tuvieron suerte ya que esta se dirigía recta hacia ellos y pudo apuntar y disparar. Retrocedió y se paro en un instante, soltando berridos artificiales. Mike volvió a dar la orden a Chuck y de nuevo acertaron con el tiro. Realmente Kane los había mejorado, la criatura se sacudía, pero aun le quedaba energías para no ceder, aunque prácticamente, ya estaba acabada.
—Chuck, remátala con los láseres. —ordenó Mike apremiante.
Su amigo obedeció, y con una ráfaga de láseres que impactaron contra la cabeza del objetivo, lo derribaron al fin. Como el otro, cayó con estrépito como una estatua de hierro inerte.
Chuck dio un suspiro de alivio, pero la cosa no acababa aquí, había otro más de esos cerca. Pronto supieron de la ubicación del último Hound: se escuchó gritos de civiles no muy cerca de donde estaban, Mike se temió lo peor.
—Dutch —le dijo a su compañero através del icono.
—Voy para allá. —Respondió casi tan temeroso como Mike al hablarle.
Sus peores temores estaban a punto de hacerse realidad, no, eran un echo. Uno de los Hound reformados de Kane estaba en territorio civil, causando destrozos y posiblemente heridos entre los ciudadanos.
Dutch iba en cabeza, rastrando la señal del enemigo igual que Chuck dentro de Mutt. Estaban cerca del enemigo, pero puede que cuando llegasen, la escena con la que se topasen no sería agradable de ver.
El coche de Dutch fue el primero en divisar al objetivo y entrar en escena. El Hound miraba amenazante a un grupo de gente, entre ellos, un niño. Whiptail se interpuso veloz, cortando el paso a la criatura. El Hound pareció dirigir un amenazante ladrido artificial al coche que se interponía.
Mutt no tardó en colarse por detrás y llamar la atención de la bestia con un disparo potente en el lomo. Otro ladrido, el ser se volvió hacia el auto verde, y aunque fuera una máquina diseñada para la persecución y destrucción de los Quema Ruedas y Motorcity, se dirigió hacia ellos, despacio, cauteloso y amenazante. Chuck respiraba alterado por la tensión que se palpaba en el ambiente, el primer paso podría ser decisivo en este enfrentamiento.
Los civiles aprovecharon para huir con sigilo y alejarse del escenario en que daríaa lugar un peligroso combate. Esa fue la señal para Dutch de que ya podían actuar. No habló con Mike sobre como sería la estrategia de combate, ya que todo dependía de lo que se encontrarse al llegar. Dutch fue arriesgado al activar los altavoces del coche, pero confiaba en que Mike sabría actuar rápido y con precisión. Las hondas que emitían los altavoces de Whiptail parecieron molestarle al Hound y, volteó al captar su atención. Mike supo aprovechar la oportunidad que le brindó su compañero y pisó fuerte el acelerador, girando el volante y derrapó en una curva abierta hasta ponerse al lado del coche púrpura y blanco. Dutch no entendió bien la estrategia de su líder, pero no comentó.
—Chuck, arremete con las armas de y dile a Dutch lo mismo —se desabrochó el cinturón apurado y se apresuró al salir del coche.
—¿Mike? ¿No pensarás hacerlo de nuevo? —Preguntó temeroso al pensar que lo dejaría solo de nuevo dentro de Mutt, y, en frente de tal bestia.
—Este es diferente —confesó —Parece ser más listo que los otros dos. No lo vamos a distraer fácilmente. Atacad con todo lo que tengáis a las partes bajas, yo intentaré escalar por detrás… —No hubo tiempo para dar más detalles, se apresuró a pasar corriendo al lado de la bestia esperanzado de que esta no lo advirtiera, o si lo divisaba no esperaba que le prestase mucha atención, pero esas cosas, no solían suceder.
El Hound advirtió de la presencia de Mike y le dirigió un rugido estruendoso, iba a por el. Chuck arremetió con los cañones a la cabeza y parte del torso. Apenas distrajo su atención, pero la suficiente para que Mike pudiera escapar de su campo de visión, ocultándose entre los callejones. Escrutando desde su escondrijo, vio como el tiroteo empezaba a arremeter contra la bestia. Esta parecía molestarle los láseres a pesar de que no le hacían daño, parecía más sensible que las dos anteriores, más lista y menos agresiva, pues las otras dos se comportaban como bestias feroces que solo sabían atacar sin ningún tipo de estrategia previa, lo que era una máquina de Kane normalmente, es espacial, los H.O.U.N.D. Mike había advertido su inteligencia a tiempo antes de probar una estrategia que los llevase hacia la derrota, pero, esta estrategia tenía sus riesgos. Si a la bestia le daba por abalanzarse sobre los coches, estaba claro que Dutch sería hábil y rápido y lo esquivaría, pero no Chuck, que iba en el asiento del copiloto y más importante aún, no sabía conducir. Si Mike no se daba prisa es posible que las víctimas del ataque fuesen Mutt y Chuck.
Mike se deslizó con sigilo entre las paredes y cruzó al otro lado de la carretera con el mínimo ruido que pudo hace. Por suerte, el ser no llegó a percibirlo, tal vez, porque los coches lo habían "enfadado" demasiado y se notaba que se disponía a embestir.
Chuck estaba aterrorizado dentro de Mutt, dirigía las armas lo mejor que podía y disparaba, pero lo único que conseguían es provocar la ira del ser perruno.
—Hay que mover posiciones, en cualquier momento irá a por nosotros, ¡hay que darse prisa! —advirtió Dutch con el icono.
Chuck soltó un gemido que parecía un sollozo. Confiaba en que Mike lo salvaría de esta horrible situación, pero le era inevitable ponerse en lo peor, y con ello aumentaba su angustia.
Mike iba a subir por una de sus extremidades traseras despacio para que esta no advirtiera su posición, aunque en el fondo sabía que sería imposible, y que en el primer agarre habría que estar preparado por si la bestia empezaba a sacudirse violentamente.
Apunto ya de posar la mano sobre el ser perruno cuando esta adoptó una posición repentina que lo hizo retroceder. Una de sus patas derechas empezó a batir el asfalto, como preparándose para una embestida. Entonces a Mike le invadió el pánico.
Saltó sujetándose con gran agarre, se acabo el plan de ser sigiloso, si esta advertía su posición le daba igual, al menos, así detendría la embestida que estaba a punto de proceder. No supo si la criatura lo advirtió, pero noto un leve temblor al aferrarse. Escalo deprisa hasta erguirse sobre el lomo, y allí empezó la carrera contra reloj. Al parecer, la criatura estaba dispuesta a arremeter contra los vehículos en cualquier momento, Mike tendría que llegar a la cabeza a tiempo y asestar el golpe con empuje. Mientras corría por el lomo, activó su Spark staff sacándola del boldillo de su cazadora. En cuestión de segundos se abalanzó sobre la cabeza y clavó como la punta electrizada de la barra en la esfera roja, la barra penetró con fuerza. La bestia emitió un alarido tintineante y sacudió la cabeza con tremenda violencia, Mike resbalo y estuvo a punto de caer si no fuera porque tenía bien anclada la barra dentro del hueco que había echo. Por un momento, pendió del aire, aferrándose al mango de su barra, pero con impulso y una ágil acrobacia volvió a su posición actual. Intentó dar una fuerte descarga en el circuito de la criatura. Esta, sin duda, se resistía más que las otras, pero no tardó en caer. Mike aterrizó firmemente en el asfalto antes de que el Hound cayese con el, como casi pasa la última vez.
Mike miró atento a la criatura que yacía en el suelo, aun le quedaba algo de energía, el ojo rojo parpadeó intermitente unos segundos y luego se apagó al fin, y con ello, la criatura no volvería a moverse nunca más.
—Mike ¡Lo conseguiste! —gritó Dutch dando victorees al salir del coche para felicitarle. Mike sonrió feliz de que no hubiera ocurrido ninguna tragedia.
Mike ocupó su sitio en el asiento piloto colocándose el cinturón y volviendo a poner la palanca de cambios en forma de calavera.
—Que susto, creí que no lo contábamos. —Chuck suspiró aliviado y se dejó resbalar por el asiento.
A Mike casi se le pasa por alto. Julie y Texas se estaban encargando de los robots de Kane en el Este. Tanteó el panel luminoso y comunicó con Julie. El icono de Julie apareció.
—Mike —dijo el icono con la voz de la chica.
—¿Cómo os fue? ¿Necesitáis refuerzos? Nosotros hemos acabado.
—Oh bien, aquí también hemos acabado.
Julie miró a su rededor, que se extendía un mar de treinta cadáveres de los robots de KaneCo. Texas hacía maniobras y jugaba con su Gun-Chucks.
—Les hemos dado una paliza. —Afirmó Texas orgulloso. También se mostró su icono sobre el salpicadero de Mutt al adentrarse en Stronghorn.
—De acuerdo, misión cumplida Quema Ruedas, volvamos a casa. —Dicho esto, Mike, y el resto de los integrantes del grupo pusieron rumbo al garaje de los Quemadores.
Los chicos se sentaron junto a la barra del garaje, discutiendo sobre la misión que acababan de completar.
—Kane ha mejorado su tecnología, lo juro, uno de los Hound parecía actuar con raciocinio. —comentó Mike a sus compañeros.
—Mike tiene razón, no parecía como los otros —corroboró Dutch.
—Los robots de KaneCo tienen un tipo de inteligencia artificial, pero no creo que pueda desarrollar una máquina capaz de pensar por si misma. —Dedujo Chuck tanteando la pantalla luminosa.
—Bueno, no es como si pudiese razonar exactamente —sopesó Mike —pero era diferente de los otros dos con los que nos habíamos enfrentado antes.
—Kane está mejorando su tecnología, aunque los primeros indicios de esto fue hace un par de meses. —comentó Julie. Hace un par de meses Kane envió un ejército de Mini Grunt cuyos láseres eran más potentes y con mayor destreza en maniobras de vuelo.
—¿Estáis sugiriendo que Kane está metiendo cerebros humanos dentro de los robots? —Comentó Texas que, volvió a sacar sus propias conclusiones sobre el asunto. Los demás quedaron callado ante tal expresión algo impávidos y luego reanudaron la conversación.
—Si Kane está mejorando las armas de sus máquinas y, posiblemente su capacidad de reacción u inteligencia artificial habrá que tener cuidado. —reanudó Chuck.
—Y probablemente sea las máquinas con mejoras de Kane sean el preludio de algo más potente. Tal vez nos estén mandando ejércitos de prueba. —pensó Dutch después de pensar mejor en las teorías de Mike.
—Tienes razón Dutch, habrá que estar atentos más que nunca. —acordó Mike. Luego, se excusó y fue a ver a Mutt. Probablemente necesitaría algunas reparaciones, sobre todo en su armamento.
Es cierto lo que afirmó Julie, hacía ya meses que se percataron de las mejorías de las máquinas de Kane, cada vez eran más difíciles de derrotar. A causa de ello, Dutch había pasado semanas pensando y diseñando nuevas armas, y como mejorar los coches. También por culpa de eso, la moto de de Mike tuvo que volverse transformar en coche, ya que la moto no tenía armas suficientes y los enemigos, aparte de más fuerte, atacaban en grupos más numerosos de lo habitual.
Mike se alegraba en parte de que Mutt fuese un coche de nuevo, pero admitía que tener una moto no estaba nada mal, se podía maniobrar mejor con esta y pasar por casi cualquier recoveco de Motorcity. Con la moto, también podía luchar con su Spark Staff con otro tipo de movimientos más veloces.
Estaba claro que habría que estar alerta las veinticuatro horas todos los días, desde aquella vez que Mike fue preso de Kane y escapó por los pelos gracias a la ayuda de todo Motorcity. Este parecía haber puesto más ahínco aún en derrotarlo a el y conquistar la antigua Detroit. Mike se imaginó a Kane riéndose bélicamente, creando un ejército más fuerte de robots de combate armados, y si dejaba que sus pensamientos fueran a más, veía a Motorcity siendo arrasada por el ejército de KaneCo y él de nuevo en la celda, sin poder hacer nada, impotente.
Levantó el capó de Mutt y revisó el motor; todo parecía en orden, a primera vista, su coche no había sufrido daños graves.
Julie entró en la estancia donde guardaban a Mutt.
—Hola —saludó Julie, sonrió intentando animarlo. —¿Todo va bien? —le preguntó refiriéndose al coche, mirando el motor al descubierto.
El le devolvió la sonrisa.
—Oh si, todo parece estar en orden, aunque habrá que echarle un vistazo al armamento —cerró el capó.
—Ahora Kane está arremetiendo con más fuerza que antes —desvió la mirada, en parte se sentía algo avergonzada, ya que era su padre.
—Sí. —asintió con tono taciturno, pero no quería preocupar a Julie y como líder, debía levantar la moral de sus compañeros por muy difícil que fuese la situación. Se acercó a ella. —Pero no te preocupes, volveremos a estar como antes, mejoraremos los coches hasta el punto que volveremos a derrotarlos como antes.
Julie ensanchó sus labios, le gustaba la aptitud optimista de Mike, aunque sabía que se estaba forzando a serlo más de lo cuenta.
Texas irrumpió en la sala comiendo una de las creaciones de Jacob.
—Mike —dijo con la boca llena, luego tragó y prosiguió —Dutch dice que tenemos problemas.
Mike y Julie miraron a Texas, las expresiones de sus rostros mostraron preocupación.
Todos los Quema Ruedas, exepto Jacob, que estaba en su invernadero artificial experimentando con las hortalizas, acudieron al lugar donde estaba Dutch, en su pequeño garaje particular. Dutch estaba dando unos retoques a Whiptail, y dejando de lado su tarea, se incorporó y dio la mala noticia:
—Chicos, no hay suficientes piezas de recambio como para mejorar todos los coches y, en el caso de que se estropeara uno y necesitase recambios… —desvió la mirada e hizo una pausa dramática, la reacción de sus compañeros no sería de agrado precisamente. — tal vez no tuviésemos lo necesario para repararlo en caso de necesidad.
Nadie contestó, todos abrieron los ojos como platos, estaban en estado de Shock, exceptuando Texas, que seguía comiendo.
—Pero… ¿Cómo es posible? Que nos falten recambios es… —Chuck no se atrevió a terminar la frase.
—Creía que teníamos suficientes recambios al menos para sustituir las piezas rotas en caso de que se estropeasen. —Mike estaba confuso y molesto por el nuevo problema que se les presentaba. Si algún coche o lo que era peor, si en una batalla un coche salía mal parado, es posible que no pudieran hacer una reparación, y puede que algún coche quedara fuera de servicio. Justamente cuando las cosas se estaban poniendo difíciles, no solo tendrían que mantener a raya a Kane, si no que tendrían que sufrir una posible baja.
—¿Estás seguro al decir que escaseamos de piezas? —preguntó Julie algo retraída.
—Por desgracia si. —afirmó Dutch bajando la mirada, para el era doloroso tanto la situación como el echo de tener que informar de ello.
Texas engulló su último bocado.
—¿Cómo puedes seguir comiendo tan tranquilo? —la preguntó Chuck, incrédulo de que este seguía igual que siempre a pesar de lo que había dicho Dutch.
Texas adoptó una pose de Karate y expuso:
—Texas no piensa que haya motivos por los que estar de bajón, si nos faltan piezas habrá que ir a obtener más. —miró a Chuck con soberbia.
Mike sabía que Texas tenía razón, si les faltaban piezas tendrían que ir a buscarlas. Lo malo era; que creían haber cogidos todas las piezas que se podían usar de los coches oxidados de las zonas más asequibles. Había algo que escamaba a Mike, sabía que tenían muchas piezas de recambio, y piezas modificadas, no comprendía la repentina escasez de material, siempre se habían asegurado de aprovisionarse bien.
—Hemos cogido todas las piezas de los coches abandonados que nos podían valer de los sitios más cercanos. —Expuso Chuck cabizbajo, percatándose como Mike del asunto.
—Tenemos que ir a otros sitios. —Contestó resuelto Texas.
—Lo siento chicos —se disculpó Dutch. —las piezas eran más cosa mía que de nadie…
—He Dutch, tú no tienes la culpa. —le cortó Mike posando su mano sobre su hombro a modo de consolación.
—Juro que no lo entiendo, anteayer todo parecía en orden al menos —señaló las estanterías con ambas manos, ahora estaba más enfadado que disgustado.
—Y si… —Julie paró dubitativa un momento antes de manifestar. —¿Nos hubieran robado?
Se hizo el silencio. Todos pensaron en su hipótesis. Pensar en el robo era difícil, ya que Jacob se encontraba casi siempre en el garaje, aparte, tenían una puerta de metal grueso, muros y alarmas, si no eras un Quema Ruedas acceder al garaje de incógnito resultaría bastante complicado, pero no imposible.
—¿Dices que alguien pasó por la puerta de metal, burló las alarmas, consiguió que Jacob no advirtiera su presencia y que entró y nos robó las piezas? —Formuló Chuck un poco sarcástico y preocupado.
—Ya se que no suena muy convincente, pero tampoco podemos descartar esa posibilidad. —Aseguró Mike —No tenemos tiempo para especular quien ha sido, debemos centrarnos que conseguir más piezas.
—Y… vigilarlas mejor —contestó Dutch, que en el fondo, la idea del robo no le pareció tan descabellada a pesar de todos los niveles de seguridad que tenían.
—La cuestión es ¿a que más sitios podemos ir a conseguir piezas? —Chuck miró algo asustado a todos. Esperaba que el sitio no fuese muy lejano y por supuesto, que no fuese peligroso.
Mike vaciló, pero pronto supo que no habría otra alternativa más rápida de conseguir más piezas y a la vez, más arriesgada.
—Chicos —se dirigió a su grupo, todos lo miraron expectantes —Tenemos que hacer una visita al Duke…
Mike ya lo había dicho a todo, todos supieron de inmediato lo que se proponía, tendrían que ir a la mansión del Duke situada en un vertedero de coches. A pedirle permiso para coger las piezas que se encontrasen en su territorio. Tal vez no consiguieran nada, pero habría que intentarlo.
El Duke de Detroit no tenía mucha simpatía por los Quema Ruedas, y a ellos tampoco les agradaba él precisamente.
El Duke les había traicionado, o más bien a Mike, pues por su culpa capturaron a Mike, pero este también le salvó en un momento crítico.
De momento los Quemadores no habían caído en ninguna treta preparada por el Duke desde entonces, pero eso no quería decir que urdiera en algún plan para destruirlos.
De todas formas, no sería una tarea fácil pedirle algo al Duke, pero tendrían que intentarlo.
*Vertedero: propiedad del Duke de Detroit*
Mike, Chuck y Julie fueron los miembros que se habían ofrecido a ir a la mansión señorial del Duke. Aunque todos estaban dispuestos a ir, la idea de que alguien les hubiese robado las piezas todavía les rondaba la cabeza como un eco incesante, y Texas, Dutch y Jacob se quedaron en el Garaje para dar mejor vigilancia.
Ya habían caminado más de un metro desde que se adentraron en el vertedero y ningún guardia del Duke había intervenido. Eso le escamó a Mike, que estuvo todo el tiempo con la guardia alta desde que dejaron aparcados los coches más al sur.
Decidieron no entrar en las propiedades del Duke con los coches para evitar grandes enfrentamientos por si se daba el caso.
*!CRACK!*
Se oyó un ruido metálico, como si una de las piezas de los incontables coches que había en el lugar cayera al asfalto. Todos miraron con los nervios a flor de piel hacia la misma dirección donde se había producido el sonido.
No hubo nada.
—Iré a echar un vistazo —se adentró Mike. Y corrió con sigilo tras una montaña de coches apilados. No divisó nada extraño, los demás le seguían tres pasos por detrás.
—¿Qué pasa Mike? —preguntó Julie preocupada.
Chuck iba a decir algo, pero se cayó, estaba nervioso y temía que en cualquier momento los guardias del Duke le tendieran una emboscada.
Se oyó un tintineo metálico.
Mike miró el lugar de procedencia con sobresalto. Solo era un fino tubo cuyo extremo izquierdo estaba levemente curvado que se había desprendido del interior del coche, meciéndose colgando de un soporte inestable. Todos dieron un suspiro de alivio.
—Vale chicos, será mejor que sigamos. —Mike reanudó la marcha y sus dos compañeros le siguieron a sus laterales.
Tan solo cruzaron una parte del vertedero en dirección al oeste del vertedero fragmentado por hileras de coches apilados o pequeños montículos de chatarra, pero, si no hubieran tomado esa dirección tras el repentino cruce que dieron, no habrían visto lo que habían visto: Mientras caminaban algo tensos, en uno de los huecos que separaban las hileras, vieron algo resplandeciente, algo que resaltaba entre tanto gris y óxido.
Por un momento pasaron de largo, pero luego, pocos pasos después, se percataron de la sutil imagen de hace un momento. Todos retrocedieron hasta llegar al sitio en cuestión. Primero, Mike miró de reojo ocultando sus espaldas en uno de los coches herrumbrosos, Chuck y Julie hicieron lo mismo. Solo veían la parte trasera de algo que se asemejaba a un vehículo increíblemente blanco y resplandeciente, Mike pensó que podría tratarse de la limusina del Duke, pero los detalles no le cuadraban. Con paso acelerado, Mike se introdujo en el hueco hasta llegar a al siguiente vía.
No tardó en quedarse asombrado. Julie y Chuck le siguieron casi al unísono y no tardaron en pararse en seco como Mike al ver semejante belleza que tenían ante sus ojos:
Un Lamborgini aventador LP 700-4 roadster. Un asombroso coche blanco, con añadidos en gris y negro, con alucinantes dibujos de rayos tormentosos que ocupaban las puertas laterales y el capó en tono añil. Era un coche fabuloso, exceptuando los retoques del cromado, parecía cien por cien un Lamborgini auténtico, con todas sus piezas originales. A Mike le entró deseos de abrir el capo y echar un vistazo al motor, para ver si el motor también era original del coche, y por supuesto, de adentrarse en el interior de este.
Chuck, corrió excitado mirando por encima de los asientos el interior del coche al descubierto.
—Chuck, no —reprendió Mike. Podría ser uno de los coches del Duke, podría ser ese coche un tipo de anzuelo para caer en una trampa.
—Asombroso — su voz denotaba entusiasmo —Mike, tienes que ver esto, el interior es tan alucinante como por fuera, Oh, el salpicadero es fabuloso, tiene un aspecto muy moderno, todo está tan pulido… —Chuck no podía apartar la vista del interior. —Los forros de los asientos son amarillo pálido. —añadió entusiasta.
Mike, aunque sabía que podía ser peligroso, no pudo resistirlo y se acercó el también. El salpicadero estaba reluciente, tenía un aspecto fabuloso. Julie se acercó cautelosa, también atraída por el aspecto del coche.
—¿Crees que este coche podría ser del Duke? —Preguntó a Mike.
—No lo se, pero si lo fuera no estaría aquí, creo… —Ya no estaba tan seguro de que el nuevo hallazgo significase peligro.
Todos despegaron la vista del auto cuando oyeron otro ruido parecido al primero. Mike se aventuró y corrió tras uno de los huecos un metro más allá. Apenas tardó unos segundos en llegar, no encontró nada. Pero Mike estaba curtido en batallas, y presintió algo detrás de la hilera izquierda, con sigilo, acercó su mano a los límites de la oscuridad que proporcionaba las sombras al cernirse dos hileras de chatarra, flexiono el antebrazo, y con un impulso veloz extendió el brazo y sus dedos hasta la hilera izquierda. Había alcanzado a algo, presionó algo carnoso, debía tratarse de un brazo.
Mike sacó su Spark staff en forma de calavera y lo activó convirtiéndolo en un arma. Atrajo el objeto que había agarrado asta si con dificultad, ya que era algo pesado, lo tumbo, aferró el cuerpo con sus piernas y acercó un extremo de la barra electrizante en modo amenaza hacia un rostro que no estaba mirando con gran atención.
—¡HEY, HEY, HEY, chaval, no te pongas así, tampoco hice nada para que tuviéramos que llegar a estos extremos! —Contestó con apremio una voz nueva para Mike.
Mike supo enseguida que no era nadie que estuviese de parte del Duke. Y apartó la barra apresuradamente.
Era una chica, una chica que Mike no había visto nunca por Motorcity ni en Detroit. Se levantó y apartó de ella algo avergonzado. La chica se reincorporó pesadamente y sacudió el polvo de su ropa. A pesar del ataque que había sufrido sin previo aviso, no se veía alterada ni confusa. La chica apartó la mirada del polvo que había en sus prendas y miró a Mike, que tampoco le había prestado gran atención hasta el momento. Lo miró primero a los ojos, luego paseó su mirada observándolo de arriba abajo. Ella soltó un leve silbido de aprobación.
—Vaya, en el fondo no me habría importado que acabases conmigo. —lo miró con picardía.
—Siento lo de antes. —se disculpó y desactivó su arma, la guardó en el bolsillo. La chica pareció mostrarse sorprendida con la habilidad de su sofisticada arma.
—Increíble, menuda arma que tienes chaval, ¿La vendes? —la pregunta que formuló le cogió por sorpresa a Mike.
—He… No —tenía muy claro que no la vendería, pero tardó en contestar ya que no se esperaba que le dijera tal cosa.
—Bien, te entiendo, yo tampoco la vendería, aunque podríamos llegar a un acuerdo….
Julie y Chuck aparecieron por detrás, cortando en seco a la chica y, la aparición de estas dos personas pareció molestarle.
—¡Ah, Mike! ¿Quién es esa? —Chuck se escudó tras Julie al ver a la desconocida. Pensando que podría ser un enemigo.
—No te preocupes Chuck, no es peligrosa y… no creo que trabaje para el Duke. —se apresuró a decir. Las palabras de Mike tranquilizaron a Chuck y se acercó un poco a Mike y miró con más atención a la chica.
—Y… ¿Quién es? —se apresuró Julie a preguntar. Miraba atenta a la nueva.
—Oh, soy Kelynne —descubrió su nombre, y miró con altivez a Julie y Chuck.
A Julie no le gustaba mucho Kelynne, se veía prepotente, casi tanto o más que Texas. A Chuck tampoco le inspiraba confianza precisamente. Mike sin embargo, aunque se había percatado de su singular osadía antes que nadie, no tenía dudas sobre ella, para el estaba claro que no era ningún enemigo, aunque en el fondo sabía que no había que confiarse demasiado.
Kelynne era una mujer, aunque, sus gestos, su forma de hablar y dialogar no eran muy femeninos precisamente. Tenía el pelo corto oscuro, con puntas y mechas grises. Llevaba una camiseta de tirantes y cuello triangular color añil, vaqueros y unos zapatos que parecían una mezcla entre deportivas y mocasines de tono negro y blanco.
—esto… ¿Qué hacías aquí Kelynne? —preguntó Mike.
—Ah… pues… esto… yo —parecía estar buscando una escusa apuradamente, pero pronto dio con la respuesta. —Me he perdido. Bueno, estaba explorando la ciudad y bueno, vine a parar aquí ja ja ja ja… —Su risa no sonaba convincente, se veía forzada.
—Eh, vale —Mike se forzó por mostrarse complacido con la respuesta.
—¿Y ustedes que hacéis aquí? —el tono que mostró Kelynne era acusador.
Parecía como si intentase devolvérsela por haberla puesta en compromiso al preguntarle.
—Tenemos que pedirle un…. favor a alguien. —a Mike le costaba reconocer en parte que necesitaba algo del Duke.
—Bueno… —Kelynne se puso al lado de Mike y paso su brazo por sus hombros. Esto incomodó algo a Mike, pero no rehuyó por cortesía. —Os aré un favor a cambio de otro favor, yo os ayudo a convencer esa persona de la que habláis y ustedes me ayudáis a mi, tenis pinta de conocer este sitio, y no me refiero solo a este chatarrero. —movía expresivamente su mano libre —ya sabes Mike… —se había aprendido su nombre al oírlo por boca de sus amigos. —necesito que alguien que me guíe por toda la ciudad, como una especie de guía.
Aunque no se hubiera ofrecido a acompañarlos y simplemente hubiera dicho que necesitaba alguien para que le hiciera de guía, Mike se habría ofrecido o le habría dicho que le conseguiría a alguien dispuesto a hacerle ese favor. Sin embargo, no podía dejarla sola en medio de ese mar de coches y chatarra.
—De acuerdo, puedes acompañarnos, pero no hace falta que intervengas demasiado —se apartó de ella intentando mostrar naturalidad, pero en su voz se denotaba la incomodidad que sentía realmente.
A Kelynne no le gustó despegarse así de Mike, miró a Chuck y tuvo una idea. Rápida y sigilosa, se puso a la vera del rubio y rodeó sus hombros con su brazo como lo hizo con Mike. Chuck dio un respingo y gritó por la impresión del momento, intentó apartarse de de esta, pero ella lo seguía manteniendo cerca, sorprendentemente Kelynne tenía mucha fuerza, era capaz de mantener la misma postura en su brazo a pesar de que este se resistía.
Mike y Julie la miraron pasmados. Estaba claro que Kelynne sería una carga, pero los Quema Ruedas no podían decir que no a una persona que necesitase ayuda. Aunque Kelynne no parecía ni perdida ni necesitada. Estaba claro que no era de Motorcity y no parecía conocer el lugar.
—Hey rubio, quiero decir… ¿Eres Chuck, no? —se mostró amable al pronunciar sus últimas palabras. —Veras, llevo horas vagando por este vertedero y necesito un punto de apoyo, tu eres alto, casi de mi misma altura diría yo —tenía razón, parecía igual de alta que él, tal vez fuese algo más bajita, pero no era mucha la diferencia.
—Ya… pero no, no puedo ser tu punto de apoyo —negó nervioso. Mike quiso intervenir, pero Kelynne, a pesar de la negación de Chuck esta seguía aferrándolo y luego lo miró de tal forma que al final Chuck dejó de resistirse y decidió mostrarse sumiso —Ok, vale —Mike no supo el porque del cambio de opinión, tan solo lo había mirado a la cara a la vez que el, pero desde su posición no supo reconocer lo que trasmitieron esos ojos a su amigo.
Seguramente Chuck estuvo más incomodo que Mike con la presencia de Kelynne, ya que esta lo tenía aferrado. Pronto atravesaron el desguace y llegaron a los escalones de la gran mansión del Duke. No se habían topado con ningún guardia, para Mike eso fue un mal presagio, aunque tal vez se equivocase.
Subieron los escalones y antes de llegar a la gran puerta Chuck se quejó:
—Hey ¿Dónde tocas? —se quejó este y apartó su mano con brusquedad. Kelynne lo miró sorprendida por su reacción.
—Lo siento, me tropecé —excusó.
Chuck no la creyó pero tampoco dijo nada al respecto, sabía de sobra que no se había tropezado, y su mano no resbaló por inercia o accidentalmente. Mike y Julie los miraron algo sombrados y nerviosos, iban delante de Chuck y Kelynne, por lo tanto no sabían lo que había ocurrido realmente, pero estaba claro que Kelynne no era cien por cien trigo limpio. (Aunque tampoco una villana)
Mike golpeó con los nudillos la gran puerta de la mansión, paso unos segundos y no hubo respuestas, así que pegó más fuerte.
La puerta se abrió dejando ver a un guardia del Duke.
—Tenemos que hablar con el Duke — informó Mike
La cara del guardia permanecía impávida, pareció dudar unos momentos, pero pronto tomo una decisión: Abrió más la puerta y se aparto, señal de que podían entrar. Por el recorrido de los pasillos Kelynne escrutó sorprendida los pasajes; todo era lujo, pero le atraían más los retratos del Duke. Pasaron con el acompañamiento del guardia que les guió hasta la sala del trono.
Llegaron a las puertas de la sala que se abrieron a su paso. Kelynne se quedó entusiasmada al ver la cantidad de coches hermosos que contenía la sala, pero pronto el hombre sentado casi al final del largo pasillo en un gran trono acabó captando su atención.
El Duke se encontraba sentado, con una pose particular, sosteniendo una libreta y dibujando en ella, parecía muy concentrado, el pabellón cercano a su trono estaba cubierto de hojas donde se veían dibujos o garabatos fallidos hechos por el Duke.
El Duke levantó la vista y miró a Chilton y luego a sus acompañantes, reconoció a dos de sus amigos pero no al tercero.
—Oh no… —se quejó el Duke tirando el bolígrafo con el que dibujaba con gran ahínco. —se suponía que Mike no tenía que ver estos dibujos en una semana, al traste con la sorpresa de mi plan maestro. —dirigió una mirada a través de los cristales rojos de sus gafas al guardia que los acompañó, estaba frustrado.
—Lo siento señor, pero ellos han venido a verle a usted.
Aunque el Duke estaba molesto, la curiosidad lo llevó a preguntar con un tono sarcástico y soberbio:
—Oh Mike —dijo con un falso tono agradable. —¿Tú has venido a verme? Que sorpresa…
—Yo también he venido. —por un momento Kelynne captó la atención del Duke. Este la miro algo receloso y continuó.
—Y… ¿Cuál es el motivo de esta visita? —se recostó cómodamente en su trono dejando de lado su libreta.
—Pues… —decir aquello al Duke en persona era más difícil de lo que Mike había imaginado. —Necesitamos que des permiso a los Quema Ruedas para coger el material que necesitamos de tus propiedades, como este vertedero. —Lo había dicho al fin, fue más duro de lo que pensaba, pero el verdadero reto vendría ahora.
—¿Tú? —Levantó una ceja —tú Mike Chilton ¿Me estas pidiendo que te de permiso para que saques lo que te venga en gana de mis propiedades? —se inclinó mirando a Mike intensamente, este lo miró algo receloso, Mike por desgracia ya sabía de antemano la respuesta.
El Duke, antes de dar cualquier respuesta, carcajeó como nunca, se estaba regocijando en este momento. Se secó las lágrimas de tanto reír, luego, su rostro tornó serie y frío.
—No —soltó el magnate de sopetón, se levantó del trono, dio unas piruetas hasta llegar a una posición cercana y amenazarle con su bastón.
—Debes de encontrarte en apuros para pedirme algo así Chilton —contestó fríamente. —Y ahora, salid de mi propiedad. Por culpa de vuestra intromisión tengo que volver a rehacer todo mi plan. —Volvió a estar enfadado —He necesitado todo mi personal para trabajar en la elaboración de mi plan maestro. —Suspiró apenado y desvió la mirada —debí haber puesto algunos guardias dispersos al menos. —comprendió que cometió un error tonto al dejar el vertedero sin vigilancia aunque fuese por un día. Esto solo provocó más su ira. —Mike… —estaba dispuesto a soltar su amenaza fatal hasta que se percató de la chica que no había visto antes que estaba sentada en su trono, mirando sus dibujos.
—Ja, que gracioso el dibujo ¿eres tú? Bueno, no es por alardear, pero yo dibujo mejor, aunque no espero que me contrates. —opinó Kelynne pretenciosa.
—He, deja eso —fue directo hacia ella y le quitó la libreta de sopetón. —No puedes mirarlos.
—He, yo soy una persona que aprecia el arte. —lo miró por encima del hombro sin levantarse aun del trono.
La actitud de Kelynne enfurecía al Duke. Y Mike temió que esta provocase su ira hasta extremos peligrosos, estaba complicando la situación.
Chuck rió temeroso.
—He, será mejor que nos vayamos de aquí ¿no te parece Mike? —atajó temeroso el rubio.
—Si acabamos de llegar —respondió Kleynne. Los demás hicieron caso amiso.
—Perdónala, es nueva, no sabe mucho de este lugar —defendió Julie mostrándose pacífica y sonriente.
—Oh si, tenemos mucho que enseñarle —añadió Mike. No convenía que el Duke les cogiera más rabia de la que ya les tenía.
—Vamos, tranquilos —volvió a captar la atención. Hizo un ademán de calma. Kelynne se levantó del sitio del Duke, lo cogió por los hombros he izo que se sentase de nuevo en el. Lo miró fijamente a los ojos. El Duke levantó una ceja. —¿sabes? Duke… ¿realmente te llamas así? Bueno, no importa. Aunque ocultes tu mirada en esas gafas cool soy consciente de lo que sientes. —le dedicó una mirada penetrante. —No se porque te haces esto, porque ocultas lo que podrían ser los ojos más hermosos de Motorcity o… de todo el mundo. Estoy segura, desde el primer momento en que te vi supe que eras el hombre más bello con el que me he topado jamás, y yo he visto muchos hombres. —desvió la mirada hacia Mike, pero este no vio el movimiento de sus ojos. Los Quemadores estaban algo estupefactos por las palabras que estaba dedicando Kelynne al Duke.
—Oh, veo que tienes buen gusto y que eres sensata, pero no me puedes comprar con elogios. —cruzó los brazos con el ceño fruncido y apartó su mirada de ella. —¿Estas con ellos cierto?
Kelyne rió con un toque malévolo.
—¿No los oíste? Soy nueva, ellos fueron… amables con esta pobre alma vagabunda. —quiso mostrarse indefensa y dar pena con un tono suave y quejumbroso, pero no convencía a nadie.
Mike quiso intervenir en incontables ocasiones pero no supo que decir para que la chica lo dejase estar sin impedimentos. Miró a sus compañeros, que tampoco sabían que hacer. Mike pensó que si se pasaba más de la cuenta 8aunque ya lo hacía) intervendría.
—Bueno…
—Oh, tu voz, tus palabras, son flechas ardientes que penetran en mi corazón —se postró ante el, cubriendo su rostro con el antebrazo. Lo que estaba diciendo y haciendo era una pésima actuación, exageraba demasiado, gesticulaba demasiado, y su tono no se veía natural en absoluto, aun así, al Duke pareció divertirle Kelynne y su extraños métodos de convencer a la gente. —Creo que… deberías dejar a estos chicos coger lo que quieran, yo les vigilaré como si mis ojos fueran los tuyos —esta última frase inquietó hasta el Duke, pero dejó que siguiera hablándole. —¿Dijiste que los coches que hay en este desguace son tuyos verdad? Y… si no escuché mal, tienes más sitios así. —Kelynne era muy avispada para lo que le interesaba, tenía buen oído, sabía escuchar las partes claves de una conversación, eso había quedado patente hasta para el Duke que volvió a mostrarse distante con ella. —Oh, no me malinterprete, solo digo que seas hospitalario, como esta gente lo fue conmigo y… sin ellos yo no estaría aquí y no nos hubiéramos conocido—acercó su rostro al cuello del magnate. Este se apartó de un respingo he hizo un ademán brusco para que le dejara espacio.
—¡He, he! ¿Con qué derecho te crees que te puedes acercar a mí de tal modo? —Se mostraba irritado abiertamente, pero en el fondo estaba más aturdido que otra cosa.
Los Quemadores contuvieron un grito sorpresivo. Mike apretó los dientes pensado que ese era un buen momento para intervenir, pero Kelynne se adelantó:
—Wo… —se apartó aún más de el —veo que te haces el difícil, pensarás que con tu cara y tus propiedades tienes derecho a guardarte lo mejor, comprendo —sonrió. —Está claro que con alguien de tu calibre habrá que ser más… delicada, no eres un cualquiera querido Duke —añadir el "querido" no le gustó un pelo al Duke, pero por primera vez, se guardó su opinión y su frustración. —Tú te mereces respeto…. —"respeto" la palabra favorita del Duke. Actuación o no, el Duke acabó sintiendo un leve interés y simpatía por Kelynne. —Dime que es lo que puedo hacer por ti, dime que es lo que necesito hacer para mostrarte mi respeto y admiración.
El Duke no vaciló al decir:
—Lame mis zapatos. —y los señaló. Los zapatos del Duke eran blancos y brillaban de los limpios que estaban.
Kelynne ocultó una sonrisa lujuriosa. Mike y el resto miraron con escepticismo la situación, no sabrían decir si la chica nueva estaba acertando o cometiendo un gran error.
—De acuerdo. —dijo Kelynne abiertamente con una sonrisa. El Duke se sorprendió y, No.2, que estaba cerca del magnate observando la situación levantó una ceja como muestra de su sorpresa. Consta decir que los Quema Ruedas se quedaron con los ojos abiertos como platos. Chuck casi cae desmallado, pero solo ahogó un pequeño grito de sorpresa. —Pero no quiero conformarme con eso solamente. —a pesar de todo, fue el propio Duke el que se mostró más sorprendido. —Quiero algo más carnal.
Dicho esto, Kelynne se arrodilló y alzó uno de los talones del Duke, dispuesta a quitarle los zapatos. El Duke, asqueado por su prepotencia, la apartó de un empellón. Esta calló de espaldas al suelo, pero no se hizo daño alguno, ya que estaba de rodillas. En la mente del Duke vinieron imágenes poco afables de lo que esa mujer desvergonzada podría hacerle. Soltó un chasquido sinónimo de aversión.
—¡BLEG…! De acuerdo, no te acerques a mí. —sentenció este al final. —No voy a permitir que pongas tus… manazas sobre mi. —agitó las manos despectivamente. —Soy demasiado atractivo y sofisticado como para dejarme hacer por alguien como tú. —amenazó con su bastón que soltaba chispas, Kelynne retrocedió un poco.
—Pero, tengo que mostrarte mis respetos. —suplicó esta con tono remilgado, que no parecía fingido, aunque si exagerado.
—No hace falta, no necesito que me lo demuestres con tales asquerosidades… —ahora la chica le provocaba aversión. No sabía como había sido tan descarada como para atreverse a mostrar tales actos, y menos hacia él.
—No, no me iré al menos hasta que les hayas concedido el favor a estos chicos, si no…
—Vale, de acuerdo. —accedió el Duke al fin antes de que la chica terminara su frase. Se sentía frustrado por haber tenido que decir que si, pero no quería ver a esa mujer cerca suya por mucho más tiempo.
Los Quema Ruedas no daban créditos a sus oídos. Lo había conseguido, Kelynne había conseguido que el Duke de Detroit dijera haceptara. Tendrían piezas de recambio al fin y al cabo. Aunque, todo el proceso de convicción les resultó no menos que incómodos, sobre todo a Chuck, ahora si que si no dejaría que esta le tocase más, por lo que pudiera hacerle en un momento determinado.
Kelynne se irguió, miró al Duke, este la miró por un momento pero él desvió la mirada algo avergonzado y apático, era la primera vez en su vida que se negaba a que alguien se le sometiera, aunque Kelynne se lo tomó de otra manera, ella pensaba que el Duke se había puesto así de distante porque estaba avergonzado de sentirse atraído por ella, por eso, sin que el Duke se diera cuenta, ella lo miró por encima del hombro con altivez.
—Entonces…
—Ya dije que si, así que lárgate. —contestó furioso.
—Pero los términos del trato….
—Vale, ellos pueden coger todo lo que quieran de mi territorio, con la condición de que tú no te acerques a ellos. —apuntó irritado señalando a Mike. Este comprendió que el peso de la responsabilidad caería sobre sus hombros, si Kelynne se acercaba a el o a sus propiedades, luego vendrían a por el.
—Huy, si te haces el estirado difícil no conseguirás…. —el Duke la acechó con la mirada, y esta supo ver la penetrante ira que irradiaba sus ojos ocultos tras las gafas. Supo de inmediato que era momento de retirarse, ya que había conseguido lo que quería, o más bien, lo que Mike quería del Duke. No podía evitar sentirse orgullosa de su proeza, y se deleitó con ciertos pensamientos sobre lo que podría llegar a hacer Mike intentando devolverle tal favor con creces de lo acordado en un principio.
—En serio… ¡LARGAOS! —eso fue el ultimátum del Duke, tras eso, Mike y los demás se apresuraron a salir de la mansión.
Mike quería al menos dar las gracias por concederles el permiso, pero supo que no era el momento para decirle nada al Duke.
Al cerrarse con brusquedad las puertas de la mansión tras ellos. Kelynne presionó a Chuck de nuevo, pasando el brazo sobre sus hombros y cargando una mínima parte de su peso en él.
—Oh, esta intensa charla me dejó agotada Chuck. —acercó más sus hombros contra ella.
Chuck, después de haber visto y oído lo que hizo en la mansión del Duke, no titubeó y la apartó, alejándola al estirando sus brazos.
—No, no creo que necesites MI apoyo... Yo también estoy cansado. —acto seguido se adelantó al bajar las escaleras.
A Kleyne no le gustó esa actitud de menosprecio, pero solo frunció el entrecejo y siguió a los demás.
De camino a la salida, Kelynne no paró de alardear sobre como había manejado la situación, mirando a Mike y de vez en cuando a Chuck con orgullo. Creía que los había impresionado, y si, estaban impresionados, pero no de forma positiva.
—Bueno, el Duke no es un chico fácil —decía —pero uff… me da cosa dejarlo así. Pero lo superará, hay más mujeres en el mundo, pero yo soy única, espero que no se sienta muy desdichado. Comprendo que no quiera verme, eso apaciguará su dolor, pero nunca podrá olvidarme… —suspiraba pesadamente.
Mike, Chuck y Julie se miraban entre si. Tenían claro que Kelynne tenía una idea distorsionada de la realidad, pero la dejaron pasar sin comentar, al fin y al cabo, si no fuese por ella, tendrían que haberse ido con las manos vacías.
Luego de unos milagrosos e incómodos segundo en completo silencio, Kelynne comentó:
—Tengo coche, puedo llevaros a vuestra casa.
—¿Tienes coche? —inquirió Mike intrigado.
—Oh si, te puedo llevar donde tu quieras y cuando quieras. —mostró su pícara sonrisa y apretó sus hombros con su brazo. Mike se apartó rápido haciendo caso omiso sobre su acción.
—Gracias, pero ya tengo coche. —contestó resuelto forzando una sonrisa.
—Eso si que no me lo esperaba. —parecía decepcionada.
—Bueno, en Motorcity hay mucha gente que tiene coche…
—Si, lo del coche no es tan inesperado.
Mike calló, si no hablaba del coche ¿de que hablaba? ¿Qué era lo que no se esperaba? Igualmente Mike prefirió no preguntar.
—Oh, hay que seguir por aquí —dicho esto, Kelynne se metió por el hueco que existía entre los apilamientos de coches, los demás la siguieron dos pasos por detrás.
Al doblar una esquina y mirar a los lados, descubrieron para su sorpresa, el Lamborgini de antes. Kelynne estaba en frente del coche.
—Hey, podéis subir. —invitó orgullosa de su impresionante vehículo.
—¿Este coche es tuyo? —señaló Chuck sorprendido.
—Oh si. —se apoyó en el capó con una mano.
—No sabía que este coche era tuyo. —dijo Mike mirando más detenidamente las llantas del coche, con los salientes pintados en añil.
—¿Lo visteis antes? —especuló mostrando un rostro serio y dubitativo.
—Bueno, antes lo vimos, pero no nos dijiste que era tuyo. —se apresuró en contestar Julie, que la miraba retraída.
—Bueno, no pensé que tendría que enseñároslo. ¿Vuestros coches están cerca? —preguntó al recordar que ellos también tenían vehículos propios.
—Sí, están más abajo al salir del vertedero. —indicó Mike incorporándose.
—Bueno, os puedo ahorrar la caminata, ¿Montáis? —invitó Kelynne mostrando esa expresión de engreimiento, orgullo y deseo.
En verdad, Chuck y Mike estaban impacientes y excitados por montar en ese coche, pero la idea de que tenían que estar montados en el vehículo de aquella particular chica les echaba para atrás. Les gustaba el coche, pero ella no les inspiraba mucha empatía u confianza. Kelynne notó los sentimientos de ambos chicos y lanzó una oferta que, para ella, era de lo mejor, y para ellos, no tanto.
—¿Mike, quieres sentarte en el asiento del copiloto? —y abrió la puerta que daba al asiento en cuestión. Las puertas del vehículo se alzaban hacia arriba, eso les fascinó a los tres que contemplaban el coche.
—Em… ¿sabes? Tengo ganas de caminar un poco más—podría haber dicho que si, pero en ese preciso momento no confiaba lo suficiente en ella para aceptar, así que se sintió satisfecho de su respuesta y se quedó de pie, esperando el porvenir de los acontecimientos.
—¿Chuck? —le preguntó a Chuck algo decepcionada.
—Emmm…. —se palpó la nuca desviando la mirada avergonzado. No podía evitar titubear, quería mirar mejor el interior del coche y el salpicadero, pero no quería estar tan cerca de ella.
—Mejor me siento yo en el asiento del copiloto. —Julie puso fin al tema al sentarse en el asiento del copiloto. Kelynne se sentía enormemente decepcionada. Julie, por su parte, le mostró una sonrisa de satisfacción. Kelynne se resignó en silencio y se sentó en el asiento del conductor.
Lo malo de estos coches, es que solo tenía dos asientos.
—No hay asientos traseros, pero, podéis estar sobre la parte de atrás, no conduciré rápido. —intentó mostrarse amable.
—Si no te importa. —a Mike le pareció buena idea.
—no se si es buena idea estar en la parte trasera de un coche sin cinturón ni agarre….
—Vamos Chuck, a dicho que no conducirá rápido.
Ambos se sentaron en la parte trasera del coche, no era cómoda, pero si que ofrecía algo de agarre.
Aunque iban increíblemente lentos, casi tanto o más como un viandante a paso normal, Chuck no paraba de temblar y gritar cuando giraban en un cruce. Kelynne estaba empezando a hartarse, y Julie también. Mike estaba acostumbrado a las especialidades de su amigo, pero odiaba ir tan lento en un coche que podía dar mucho más de si.
—Chuck. —a Kelynne se le acabó la paciencia. —voy a darle más marcha a esto, así llegaremos antes.
—¿Qué? ¿Más aún? —volteó para mirarla.
—No te preocupes, te prometo que no te caerás del asiento. —ajustó el cambio de marcha y pisó el acelerador.
Iban más rápido que antes, A Chuck le pareció una locura, y se aferró con fuerza a los salientes del coche. Sin decir nada, la piloto aceleró un poco más y, al fin llegaron al sitio donde estaba Mutt y 9Lives. El Lamborginni frenó justo delante de estos dos coches. Kelynne los miró con asombro.
Chuck fue el primero en bajar recobrando el aliento por los gritos que había dado durante todo el trayecto. Mike bajó y se acercó a su coche, Mutt.
Kelynne abrió ambas puertas y se apresuró a examinar los coches. Ambos les parecieron fabulosos, pero miró con fervor al coche verde. Pasó una mano por el capó.
—¿Te gusta?
—¿Este es tu coche Mike? Es impresionante, no había visto nada igual, es una pasada. —no paraba de escrutar el coche.
—Sí, puedes echarle un vistazo al interior. —abrió la puerta.
—La gente mataría por algo así —dijo con ensoñación y aire siniestro. A Mike no le gustó esa última frase.
Kelynne asomó la cabeza al interior, se quedó aun más sorprendida.
—¡Wo, asombroso, es increíblemente moderno y futurístico! —sus ojos se llenaron de un brillo ambicioso.
—¿Qué tal si nos damos prisa en volver? —apremió Julie.
Chuck se adentró en el asiento del copiloto y se abrochó el complicado cinturón de seguridad.
—Chuck ¿y tu choche? —sopesó. Chuck se mostró exaltado. Mike contestó por él.
—El coche de Chuck está en nuestro garaje. —se adentró en el coche y sujetó el volante con ambas manos.
—¿Puedo ir con ustedes? —preguntó, aunque ella ya sabía la respuesta, es más, tenía pensado desde hace mucho ir con ellos.
Mike dudó, miró a Chuck un momento, este lo miraba con una mueca de desagrado. A ninguno le agradaba la idea realmente, pero, no podían ser descortés con ella, aparte de que le prometieron que tendría una visita guiada por la ciudad. Forzosamente, Mike sonrió y le dijo:
—Claro…
Todos ocuparon sus posiciones en los coches, al encender los motores casi al unísono se escucharon fuertes rugidos y los tres coches, casi enfilados, bajaron por las laderas. Pronto Mike tuvo una llamada de Julie dentro del coche.
—Mike, parece que nos está siguiendo…
—Si, bueno, viene con nosotros.
—¿Qué, vamos a dejarla entrar al garaje? —advirtió el enfado en su tono.
—No es que me agrade a mí tampoco, pero me lo pidió… además, le prometimos una visita guiada. Una vez que acabemos con eso se marchará en seguida, estoy seguro. —mintió, no estaba seguro de ello.
—No parece que sea de esa clase de personas que se quedan poco tiempo…
—Descuida Julie, la estaré vigilando. —cortó la llamada. A Julie aquella chica cada vez le iba cayendo peor, había estado tirando los tejos a Mike y a Chuck por increíble que pareciera, luego con una mala actuación intentó seducir al Duke, que por supuesto no lo consiguió, pero provocó que el Duke sintiera aversión por ella tras un baldón por su parte, y para mantenerla lejos de él, podría decir que "si" a cualquier petición. Aparte, era Ufana, y creía tener cánones por encima de muchos.
Los tres coches recorrieron por las carreteras de grandes curvas. Kelynne miraba atenta la panorámica de aquella ciudad tan extraña, tenía carreteras semejantes a montañas rusas, y se preguntaba, si estaban de adorno o como reto mortal, veía imposible que un coche fuera por las paredes o laterales. Por fortuna, se había traído su mejor coche, aunque solo tenía dos, ese Lamborgini, se conducía espectacularmente bien y se podía hacer muchas maniobras de ensueño, y como no, era buena conduciendo a gran velocidad, así que las carreteras no fueron un gran problema, pero si que se divirtió conduciendo más que en otros sitios, y conducía sopesaba. Se preguntó, como sería el garaje del que hablaban ¿vivirían todos allí? ¿O era simplemente un sitio secreto donde pasaban la mayor parte del tiempo? Sea lo que sea, pronto lo averiguaría.
*Garaje de los Quema ruedas*
Todos los miembros de los Quema Ruedas estaban en la barra y Jacob tras ella. Texas y Dutch la observaron, a primera vista, parecía una chica normal y corriente.
—Oh wo… —pronto se dejó llevar por sus emociones, se acercó a Dutch con actitud insinuante. Este se alejó unos centímetros de ella.
—He… ¿Hola? —saludó dubitativo.
—JA JA JA… No te preocupes, soy Kelynne, y te aseguro que no hay por lo que temerme. —le dedicó una sonrisa y mirada penetrante.
A primera vista parecía normal, luego, con el primer intercambio de palabras no tanto. A Dutch no le dio buena espina. Kelynne de acercó con avidez a Texas que estaba en otra parte de la barra.
—Vaya menudos músculos. —lo miró de arriba abajo.
A Texas el alabo lo animó.
—Son los músculos de Texas. —hinchó los músculos de sus brazos y cuello y emitió su típico grito.
—Vale, yo soy Kelyne y puedes llamarme cuando seas algo más alto. —eso último no lo entendió bien Texas, pero por alguna razón le molesto el comentario.
Mike que estaba sentado en uno de los sofás, observando como Kelynne daba muestra de su prepotencia ante los demás miembros del equipo. Movió negativamente la cabeza al soltarle ese último comentario a Texas.
La nueva divisó a Jacob y cruzó sus bazos sobre la barra.
—Vaya, si tuvieras cuarenta años menos…
—No tengo ningún interés en tener menos edad. —soltó Jacob cursándose de brazos, su comentario lo hizo sentir molesto, ya que parecía haberle echado más edad de la que tenía realmente.
—Kelynne ¿eres de Detroit Deluxe? —preguntó Julie, quería ver su reacción al preguntarle su lugar de procedencia.
—¿Detroit Deluxe? —todos se asombraron al ver que dudaba sobre el reconocimiento de la ciudad, realmente era una extranjera. —¿Os referís a la ciudad de arriba? —al fin cayó en la cuenta —No, no soy de allí —Se acomodó en el hueco que había en el sofá, al lado de Chuck, este ocultó su molestia.
—¿De donde eres exactamente? —interrogó Mike. Esta lo miró con interés a los ojos.
—Yo soy de Wisconsis, al fin y al cabo, no vengo de tan lejos.
—¿Y por qué estas aquí? —preguntó ahora Julie con la mirada atravesada.
—Venga, no os pongáis así, ni que alguien pudiera ir a ninguna parte sin tener un motivo específico. estoy de visita. —No parecía mentir, pero tampoco parecía haber expuesto toda la verdad.
—¿Estás solamente aquí de visita? —se animó a preguntar Chuck, que también sentía mucha intriga.
—Tendrá algún pariente aquí —defendió Dutch, no es que la nueva le cayera bien, pero el tenía una hermano y unos padres y supuso que podría estar de visita para ver algún familiar.
—No, no tengo familiares aquí. —dijo con acritud.
—Solo… ¿De visita? —insistió Chuck de nuevo.
—Bueno vale… —soltó un leve suspiro. —Es cierto que me gusta ir a sitios nuevos aunque, si os soy realmente sincera, estoy aquí por algo semejante a lo que veníais buscando en la casa del Duke —todos la miraron expectante, en espera de que dijese algo más. —Veréis, tengo este coche…
—¿Tienes un coche? —inquirió Texas muy excitado, no vio venir su coche.
—Si tengo uno… —lo miró con pesadez y prosiguió —Mi coche no es fácil de conseguir, y mucho menos las piezas de recambio, y repararlo si surge algún insignificante problema en la maquinaria ni te digo. También tengo otro, pero está en mi ciudad.
—¿Viniste aquí para ver si podías conseguir piezas de recambio para tu coche? —a Julie no le pareció que mentía, pero aun había algo que no le encajaba del todo.
—¿Ese es el motivo principal del porque estás aquí? —acució Mike inquisitivo.
—Más o menos, oí hablar de este lugar, tengo fuentes de información… digo, amigos que se enteran de todo. —intentó rectificar algo que según ella lo tomo como un desliz. Esto no pasó por alto a Julie. —Bueno, dicho así… sí, no se si ustedes podríais ayudarme, aunque si quisisteis pedirle al Duke que os prestara sus recursos es que andáis escasos…
Más que el comentario, lo que resultó molesto fue la forma de decirlo.
—Aunque aún no lo entiendo, creía que teníamos piezas de recambio de sobra y hoy… igual que si nos hubieran saqueado. Pero tengo una pista. —Dutch se vio iluminado, casi se le olvidó de comentarlo porque culpa de la distracción de la nueva. —Reformé e hice algunas piezas que tenía contadas y si las hubiera usado o puesto en algún vehículo lo hubiera recordado, hoy, al mirar el estante de esas piezas he visto que faltaban, la teoría de Julie sobre un posible ladrón se hace cada vez más patente.
Todos estuvieron serios ante tal evidencia, ya no eran especulaciones, había pruebas evidenciables. Todos estuvieron serios, pero más que nadie Kelynne.
—Entonces habrá que investigar —aportó Mike.
—¿Cuáles podrían ser los culpables? —inquirió Chuck pensante.
Mike tenía una idea de quien pudo ser, tal vez fuera el Duke, no era la primera vez ese hombre le tendía trampas, pero, si era él quien lo había echo ¿por qué entonces concedió permiso? ¿Por Kelynne? Estaba claro que si el robarle las piezas formara parte de algún plan para que no pudieran reparar lo coches y estar indefensos, jamás hubiera dicho que si, tendría que ser otra persona, pero por más que pensara no encontraba otro sospechoso. También pensó en Kane brevemente, pero pronto descartó tal idea, nadie de KaneCo sabía donde estaba su garaje aparte de otros grandes inconvenientes. La tarea pillar a un ladrón cuya identidad desconocían era más difícil de lo que parecía.
—Texas tiene una idea —se hizo notar Texas —Podríamos poner una trampa para los ladrones, hacer unas jaulas en forma de dragón con cebo en sus estómagos para atraerlos, entonces los ladrones se dejarán engullir por el ladrón y luego el dragón vendrá a nosotros, pillando así al culpable y lo sacudiremos y le meteremos tejones en los pantalones para que suelte todo los que nos ha robado. —Todos enmudecieron.
—Texas, no creo que podamos construir tal dragón, es más, la idea es absurda. —Objetó Dutch
—Pensaré en otra idea si quieres, pero pronto verás que es el mejor plan —dio unos golpes de karate animado.
Dutch volteó los ojos cansado de las ocurrencias de Texas.
—Habrá que pensar por poner algún sospechoso, no hay muchos a los que descartar.
Todos estuvieron de acuerdo con la idea de Mike y se pudieron a pensar en silencio por unos momentos.
—Si me permitís tengo que irme al baño. —se excusó de la sala.
Los Quema ruedas estaban tan absortos en pensar en algún sospechoso potencial que no se dieron cuenta de algo extremadamente extraño. Pero Julie no tardó en percatarse.
—Chicos —llamó la atención de sus compañeros. —Kelynne acaba de irse a un baño de un sitio en el que está por primera vez ¿En serio no os parece raro? —Entonces todos advirtieron de la desaparición de Kelynne.
Mike se levantó de un salto del asiento y fue en busca de la chica. Se dirigió afuera donde estaba su coche, seguía allí, eso significaba que tendría que estar aun en alguna parte del garaje.
—¿Mike? —llamó una voz ahora reconocible. Era Kelynne que estaba como si nada tras suya.
—Kelynne —alzó la voz —¿Dónde te habías metido?
—En el baño. —contestó ella algo exaltada. —¿me buscabas? —volvió a poner esa sonrisa pícara.
—¿Cómo es que has ido a un baño de un sitio que no conoces? Ni siquiera preguntaste. —la pilló por banda.
En el rostro de Kelynne se dibujó una expresión seria. Estaba tardando en contestar, y cada segundo que pasaba Mike se iba fiando menos de ella.
—Lo siento Mike —se disculpó con tremenda seriedad, pero pronto su voz y sus gestos volvieron a ser los de antes —Pero se dice que todos los baños están al fondo a la derecha ¿no? —mostró una abierta sonrisa que no ayudaba para nada.
Mike la miró con escepticismo y algo desdeñoso. No sabía que hacer con ella, y esto no iba a quedar así, tenía que asegurarse de quien era y porque estaba allí.
—Nuestro baño no está al fondo a la derecha. —informó.
—Si bueno, ya me di cuenta —tanteó sus mechones nerviosa.
—Si quieres conseguir piezas puedes hablar con Dutch sobre eso. Es el que mejor entiende sobre el tema —volvió con los demás. Kelynne se sintió mal, Mike le había hablado con tono distante. Ella también se dirigió al grupo momentos después.
—¿Encontraste el baño? —la sospecha seguía intimidante en la mirada de Julie.
—Si, tengo buena intuición, aunque en eso no es lo único en que soy buena. —miró a Mike que seguía terriblemente serio y distante con ella y luego a Chuck que ya no sabía de que manera podía mirarle a la cara.
—Oye, no tengo sitio donde pasar la noche, preguntaba si podría quedarme aquí, si tenis sitio o un hueco… —al principio empezó segura, y a medida que iba expresándose su tono fue casi suplicante.
Mike se había vuelto bastante receloso con ella. Pero aparcó sus sospechas a un lado. Si Kelynne tramaba algo, estaba claro que sería mejor mantenerla vigilada lo más cerca posible. Aun había muchas incógnitas sobre ella.
—Vale, puedes quedarte. —dijo más afable.
Ni Chuck ni Julie daban créditos a sus oídos. ¿Quedarse en su preciado garaje? Parecía increíble.
Kelynne se sintió animada de nuevo, pero más que nada no por tener ahora sobre un techo sobre el que dormir, si no de que Mike ya no pareciera tan frustrado con ella. Se abalanzó hacia su posición rauda.
—Bueno Mike, no diré que no, estoy agradecida. —Más bien parecía jactarse de ello —Puedo quedarme en tu habitación si quieres, no suelo ser ruidosa, aunque si no puedo conciliar el sueño…
—No… dormirás en uno de los pequeños garajes, lo despejaremos un poco y pondremos un colchón —sentenció. Aunque en el fondo se esperaba que fuese tan atrevida para querer quedarse en la habitación de un chico por la noche a solas. Pero después de lo que había echo con el Duke, tal vez era de esperar.
—Si, también me vale —intentó no sonar muy dolida por haber ignorado su propuesta.
Habían despejado uno de los pequeños garajes interiores y habían puesto un colchón con unas sábanas y una almohada. El colchón no era una maravilla, pero tenía que admitir que no era el peor que habría probado. Por supuesto Kelynne se sintió obligada (por las miradas acusadoras de los Quema Ruedas) a ayudar a colocarlo todo.
En Motorcity no se sabía cuando era de noche excepto por la hora. Allí no brillaba el sol, y había constantes luces en el alto techo cableado que le daban un aspecto taciturno a una ciudad iluminada por carteles y franjas en el suelo o techo de neón.
Kelynne estaba sola en el pequeño garaje que le asignaron. Estaba despierta, pero sabía que los demás estaban en sus camas, en algún lugar de aquel sitio extraño, menos Julie, que vivía en la ciudad de arriba. Kelynne no conseguía conciliar el sueño. Bisbiseaba con ella misma, daba vueltas alrededor del colchón, dubitativa.
—No me lo puedo creer… —rezongó —Si lo hubiera sabido no estaría en esta situación… no espera, tal vez esto sea una señal para dar mi gran golpe, este sitio es una mina de horo. Puedo sacar más beneficios del que puedo llegar a soñar. Lo sé. —musitó lo más bajo que pudo. —Se que puedo conseguirlo, si juego bien mis cartas puedo hacerlo…
Se dejó caer sobre el colchón agotada. En el fondo no se sentía tan optimista como pretendía. Se preguntaba para si sí había hecho bien en entrar allí y de hacer lo que hizo antes de conocerlos. Pero por otra parte, si no lo bebiera echo, no los hubiera conocido, o tal vez sí en otro momento determinado, pero la cuestión era en como resolver el presente, como hacer las cosas para quedarse con todo y salir impune. Lo que más odiaba de la situación en la que estaba metida, era que Mike no le hacía el caso que quería, por lo que había entendido, el era el líder de un grupo que se hacía llamar los Quema Ruedas (Quemadores), no sabía cuales eran sus objetivos, no lo habían dicho, pero tampoco es que le interesase especialmente. Si de algo estaba segura, es que tendría que seducir al líder; Mike, para que la dejase estar de buen grado, los demás, quisieran o no, tendrían que aceptar las decisiones de su líder sin rechistar. Kelynne pensó que la clave de la gran victoria estaba en poner a Mike de su parte y, en su "mundo" no le cabía duda que era la mejor en tirar los tejos y conseguir a cualquier hombre que quisiera, una prueba de ello era el Duke. (Es así, cree que se lo metió en el bolsillo de Cupido *risas*)
Mike había rehuido de ella, y Chuck en parte también, sabía que Texas no le interesaba y que, no era un componente muy importante del grupo, Dutch sin embargo era el mecánico y también le dieron a entender que el se encargaba de hacer mejorías, con lo que las piezas y demás recambios estaban a su cargo más que a nadie, quizás le vendría bien jugar a dos bandos con Dutch y Mike, pero pronto vio excesiva la idea, ya que los dos se veía prácticamente cada día y no funcionaría bien, pero intentaría ganarse el favor de Dutch, tal vez ganárselo pero sin aventajarse demasiado. Julie era una chica, no le interesaba, pero esta podría llegar a suponerle un problema ya que esta no se dejaría convencer tan fácilmente con sus encantos como persona fabulosa que podía aparentar ser. Por suerte, no estaba demasiadas horas diarias en el garaje, ya que vivía en Detroit Deluxe y parecía ser el "topo" que actuaba arriba.
Kelynne se sentía agotada, pero permaneció taciturna pensando en los hechos y las estrategias que debería de tomar. Pronto el sueño acabó venciéndola y durmió sobre el colchón.
*Torre de KaneCo*
En la torre de KaneCo bullía el ajetreo entre los científicos y desarrolladores de nuevas maquinarias y proyectos con los que desarrollar aun más la tecnología que controlaba la ciudad. En los pasillos todos actuaban con naturalidad, todo en orden como siempre, pero, en cierta sala de la torre, algo grande y casi prohibido se estaba llevando a cabo.
La puerta automática se abrió, Kane, Tooley y uno de sus científicos entraron en la sala. Todos los que trabajaban frenaron su actividad para mirar al jefe expectantes.
—¡Uh!, señor Kane, parece peligroso —aplaudió Tooley al ver el gran avance del proyecto.
—Ni te imaginas Tooley lo peligroso que puede llegar a ser, una vez que esté acabado tendré la victoria asegurada. —Kane se regodeó en sus pensamientos más oscuros.
Kane miró al científico que le acompañó, con voz tosca le preguntó sin rodeos:
—¿Cuándo crees que estará listo?
—Si seguimos trabajando a este ritmo, dentro de un mes señor…
—¿Un mes? —se enfureció.
El científico se cubrió con la carpeta de los documentos privados del proyecto temiendo por este. La voz iracunda de Kane era cuanto menos, temible.
El resto del personal también se asusto, sobre todo, porque ya se imaginaron lo que vendría luego.
—Llevo esperando mucho tiempo por esto, no podemos atrasar más esto —apretó el puño con fuerza. —Gracias a los nuevos prototipos de los robots de y sus mejorías, se que los Quema Ruedas no están aún preparados para enfrentarse como tal. Sus armas ya no son lo que eran contra mis nuevos robots. —Sonrió maléficamente —Si dejamos pasar esto mucho más tiempo ellos también tomarán ventaja, fabricarán nuevas armas, tunearan sus coches con ellas y entonces el progreso habrá sido inútil.
—Pero señor Kane, esta nueva arma los destruirá por completo ¿no? —reaccionó Tooley optimista.
—Así es. —verificó satisfecho. Se acercó al gran proyecto que aun le quedaba por concluir. Soltó su malvada risa, y Tooley también se rió, Kane lo silenció con un ademán. —No hay duda de que "esto" es perfecto, he pasado mucho tiempo investigando, horas desarrollando la nueva tecnología y al fin lo tengo. La otra vez, combatí el fuego con el fuego. Tal vez mi error fue confiar en uno de los gusanos que habitan en Motorcity, pero esta vez no, esta vez Mike Chilton no escapará, me aseguraré de ello, bueno, si logra sobrevivir tal vez. —retornó aquella siniestra sonrisa de satisfacción. —Muy bien. —Kane miró a su lateral derecho, un grupo de trabajadores lo observaban impacientes. —Doblad el turno de trabajo, esto tiene que estar listo antes de tres semanas.
Ya lo había soltado, lo que ninguno de los científicos e investigadores querían oír, más horas extra de trabajo, pero nadie se atrevería a discutírselo por mucho que les fastidiara. Luego del leve shock de la noticia, los trabajadores asintieron y simularon encajar bien la orden.
Kane se dirigió hacia la puerta dispuesto a salir, el científico le siguió a sus espaldas igual que Tooley, pero este volvió la mirada para fisgar la montura de la nueva arma de KaneCo y se paró en seco hipnotizado. Hasta que Kane gritó su nombre y salió corriendo de la sala. Una vez solos los trabajadores, resoplaron de alivio, pero de inmediato mostraron sus caras largas al tener que pasar más tiempo poniendo piezas.
Julie caminaba por los pasillos de la gran torre de KaneCo acompañada por Claire, que le hablaba de los complementos que se compró el otro día, no le estaba prestando gran atención ya que no podía dejar de pensar en aquella chica y en las tretas que escondería. Lo más molesto de ella, era su atrevimiento y desvergüenza al ponerse a coquetear con los chicos, como si estuviera en una discoteca, y como no, su soberbia, un poco más y competía con el Duke a ver quien era más creído y orgulloso de los dos.
—Julie ¿Me estás escuchando? —llamó su amiga al percatarse que no estaba prestando atención a sus comentarios.
—Lo siento Claire —se disculpo, luego suspiró flácida. —Estoy algo cansada he tenido un día muy duro.
—¿Ha pasado algo con los Quemadores? —inquirió temiendo que estos la hubiesen perjudicado de alguna manera.
—Oh, bueno, hoy nos topamos con una chica que procedía de otra ciudad…
—¿En serio? Que emocionante ¿Y de donde es? —preguntó fascinada por saber como vivirían en otros sitios y que tipo de cosas tendrían o como vestirían.
—No es tan bueno… —cruzó los brazos con la mirada baja y, algo decepcionada. —No tiene vergüenza alguna, le tira los tejos a cualquier chico que pase, encima es orgullosa como la que más, se monta sus propias películas, es…
—Vale Julie, tranquila. —le costó Claire viendo que su frustración aumentaba a medida que hablaba. —¿Estás celosa de ella?
—¿Celosa yo? —aun no se creía que le hubieran dicho eso.
—Bueno, dices que le tira los tejos a los chicos así que…
—Eso me frustra pero como casi todo de ella. De todas formas es lo de menos, ningún chico caería rendido hacia ella por la forma en que se comporta.
—¿Entonces?
—Es que creo que hay algo más, no es trigo limpio, trama algo, se que oculta cosas. —se sumió en sus conjeturas, recordando algunas cosas que había dicho Kelynne, y aun no se quitaba de la cabeza que fuese al baño de un sitio donde está por primera vez sin preguntar.
Cuando le comentó eso a Mike a solas, antes de irse a Detroit Deluxe, este le dijo que según ella, tenía intuición para los baños. La cuestión es que, aunque pareciera muy absurdo, viniendo de ella y conociendo su engreimiento no era tanto de extrañar, aun así, resultaba raro.
—¿Y ahora donde está ella? —Julie la miró dudosa, ya no se acordaba de lo que estaba contando a Claire. —Bueno, esta en el garaje de los Quema Ruedas…
—¡¿Qué?! —Exclamó Claire. —Si dices que tira los tejos a los chicos y está allí, en un lugar donde cuatro chicos jóvenes… y pronto se hará de noche, hay… —Claire se estaba asustando de lo que estaba imaginando.
—Em… yo no me preocuparía demasiado, no es de las que insisten mucho. —en verdad no creía del todo en sus palabras, no paraba de arrimarse a Mike siempre que podía, fuera o no oportuno, se obligó a tranquilizarse, diciéndose que tan solo dormiría y si se le ocurriese hacer algo demasiado raro Mike la echaría, pues el la evadía siempre que esta se acercaba de forma insinuante.
Kane se adentró en el mismo pasillo donde se situaban las chicas. Julie lo miró exaltada, no se esperaba encontrar a su padre a esas horas por los pasillos, ni el a ella. Aunque últimamente su padre había estado más tiempo despierto y trabajando más de la cuenta, Julie quería saber si tramaba algo grande, pero fuera en lo que dedicase su tiempo, no podía averiguar de que se trataba, sabía que se dedicaba a sus labores habituales, y sabía que accedía a sitios confidenciales, estaba planeando algo de gran magnitud, pero no sabía el que ni cuan grande era lo que planeaba.
—Julie —Kane abrió los ojos como platos, sorprendido de que su hija se encontrase a estas horas en la torre, charlando con su mejor amiga. —¿Qué haces aquí a estas horas? Claire, tu también deberías estar acostada.
—Lo siento señor Kane —Se disculpó Claire.
Desde el último enfrentamiento directo con los Quema ruedas, Kane estaba mucho más preocupado por su hija, ya que Mike acabó usándola como rehén. Julie lo sabía, por eso procuraba estar más en casa y no mostrarse aturdida por el incidente.
—No es tan tarde papá. —contestó Julie con voz dulce.
—Aun así…
—Papá no te preocupes, me iba a mi cuarto ya, estoy algo cansada. —le dedicó una agradable sonrisa a su padre, este se calmó.
—Y yo ya pensaba irme —añadió Claire.
—Solo quiero que tengas más cuidado… —advirtió su padre. Siempre que veía algo inadecuado empezaba su verborrea de padre.
—No te preocupes papá, estoy bien. —mostró su mejor sonrisa.
Claire se despidió de Julie, Kane sintió el cálido abrazo de despedida de su Hija, y esta se marchó a su habitación, una vez allí, cayó agotada a la cama, no tardó en dormirse.
