Bueno, soy una enferma mental por haber escrito algo así XD (or maybe not, who knows?), pero estoy contenta con el resultado. Espero que les guste, hace mucho que no escribo nada para el fandom, eso se debe a diversas cosas que acontecieron en mi vida, pero espero escribir aún más fics.

DISCLAIMER: Osomatsu-san y compañía no son de mi propiedad, yo solo los uso para escribir este fic enfermo (or maybe not, who knows). Todos los personajes pertenecen a Akatsuka-sensei que en paz descansa.

ADVERTENCIAS: Algo de sangre, secuestros, violaciones, y no sé qué más, si son personas sensibles este fic no es para ustedes.

Sin más que decir, Enjoy!


Matsuno Karamatsu estaba nuevamente en el viejo puente del punto medio de la ciudad. Aquel punto que dividía las construcciones residenciales de los enormes edificios de la ciudad que a cada mes iba modernizándose.

Solo el puente parecía igual que cuando era niño, esa era una de las razones por las que le gustaba ese lugar. La otra era el azul lago. El color favorito de Karamatsu siempre había sido azul, ya que el cielo y el mar eran de ese tono. El agua le agradaba, el suave sonido del "gluglú" del agua y la belleza que tenía le relajaban cuando más estresado se sentía. Por otro lado el azul de cielo le hacía pensar que el mundo era enorme, tan basto, porque el cielo parecía no tener límite alguno, le hacía pensar que sus problemas, comparados con el cielo o el mundo, eran tan pequeños que dejaban de preocuparlo unos momentos después, y el cielo sin límites le hacía pensar en todas las opciones que tenía en la vida. En definitiva, gracias a eso, el color azul era su favorito.

Así que estaba allí, con su chaqueta de cuero negro, sus lentes de sol oscuros bien puestos sobre sus ojos, y una triste sonrisa pintada en su cara.

Había estado allí desde la tarde, y ya casi estaba anocheciendo.

Sinceramente, Karamatsu estaba muy molesto, por eso estaba lejos de sus queridos hermanos. Aunque Karamatsu parecía ser el tipo de persona que no sabía cómo enojarse apropiadamente con los abusones de sus familiares, la realidad era que él se enojaba, y mucho. Pero él no tenía ninguna manera de sacar esa frustración de sí mismo. Así que iba a su lugar favorito, el puente –donde el cielo y el agua se tocaban en el horizonte- y se relajaba. Cuando sentía que la ira dejaba su cuerpo ponía una sonrisa e iba con su familia.

Usualmente no le tomaba tanto tiempo des-enojarse. Pero últimamente, desde el incidente del secuestro con Chibita, su paciencia se agotaba cada vez más. Ya no soportaba que sus hermanos lo trataran como basura, como si él no fuera parte también de la familia. Dolía y eso le enfurecía. No entendía que debía hacer para que sus hermanos le vieran y prestaran algo de atención. Solo lograba que pasaran el tiempo con él cuando no tenían ninguna otra cosa interesante que hacer.

Como por ejemplo, el incidente de esa tarde.

Sus padres habían ganado unos boletos para pasar toda una semana en Kioto, donde celebrarían su aniversario número 25. Así que les habían dejado solos en casa con el suficiente dinero para sobrevivir una semana, encargado expresamente en Choromatsu, el más responsable de los seis hermanos.

Él, Karamatsu, había sugerido ir a comprar la suficiente comida en el súper para sobrevivir la semana, como Karamatsu sabía cocinar él se encargaría de prepararles la comida tres veces al día. Al fin sus brothers disfrutarían de su comida. Y aunque Choromatsu se mostró de acuerdo con la idea tristemente el resto de hermanos lo descartaron.

Ichimatsu no comería nada preparado por las manos de "Kusomatsu".

Y Osomatsu sugirió comer algo ya preparado, hamburguesas, pizza, sushi, y demás.

Todomatsu se mostró conforme con la idea, prefería comer algo realmente delicioso a algo hecho por el segundo hijo, y aunque el menor sabía que Karamatsu no era malo en la cocina, aún prefería comer algo delicioso como pizza o pasta.

Jyushimatsu era un amante de la pizza, entre comida casera y rica pizza no había competencia. Nada más era necesario oírlo cantar "pizza, pizza, pizza".

Como eran cuatro hermanos contra dos, Choromatsu no tuvo más opción que ceder ante los caprichos de los otros hermanos, aunque sinceramente también prefería comer pizza o algo así. Aunque puso de condición no gastar más del dinero que tenían, porque sino morirían de hambre los restantes seis días.

A Karamatsu eso le dolió un poco. Pero como era normal en él, solo sonrió aceptando la propuesta de los hermanos.

Así que habían ido a la pizzería de la ciudad, la favorita de todos, y pidieron varias pizzas familiares, todo iba bien, y hasta se divertían. Todo parecía ir bien.

Sin embargo, como era de esperarse de la familia problema número uno de la ciudad, la paz no duro lo suficiente.

Ya solo quedaba una rebanada de pizza de la última caja, todos los hermanos habían comido cada trozo de manera equitativa, salvo Totty, quien se había quedado revisando su Facebook. Así que Ichimatsu aprovecho para coger el último trozo, legalmente de Todomatsu. Cuando el menor se dio cuenta lucho por su pizza. La discusión llamaba la atención de los demás clientes, Osomatsu solo reía mientras Jyushimatsu gritaba "pelea, pelea". Choromatsu trataba de detenerlos, hablando sobre la vergüenza por la que los estaban haciendo pasar.

Karamatsu, quien aún conservaba su último trozo de pizza en perfectas condiciones, se las ofreció a sus hermanos sin reparo. Aun quería comerla, pero si ese trozo traería paz a sus queridos hermanos podía dar siempre el último trozo.

Sin embargo Ichimatsu lo empujo, Karamatsu cayo hacia atrás. Por auto reflejo trato de sujetarse de alguien, Osomatsu estaba cerca, pero este se alejó rápidamente para verlo caer, con su sonrisa maliciosa. Y sin pensarlo bien, Karamatsu tomo el mantel, desesperadamente evitando caer. Pero el mantel se fue con él al suelo, llevándose las dos últimas rebanadas de pizza, la del propio Karamatsu y la de Todomatsu.

Y como para no variar las cosas, los dos hermanos que habían peleado se enojaron con él, culpándolo en seguida del incidente, Choromatsu lo regaño por el jaleo, pues el gerente de la tienda ya se acercaba a ellos a toda velocidad con cara de pocos amigos. Osomatsu lo culpaba, con su cara de molestia, pero sonrisa maliciosa, Jyushimatsu decía como enajenado las palabras "Karamatsu niisan idiota, idiota", solo repitiendo lo que sus otros hermanos habían dicho.

Karamatsu, a quien le dolió el golpe, se puso de pie, enojado. Quería gritar un par de cosas a sus hermanos, pero no quería que la brecha, que tan desesperadamente luchaba por borrar, se volviera a hacer más grande, además de que no quería que el gerente los echase de allí para siempre. Así que con el orgullo en el suelo se disculpó con el gerente, para risa de los hermanos (Choromatsu era el único que se molestaba en ocultar su risa). Luego dejo dinero en la mesa y salió sin mirar atrás, escuchado a Osomatsu decir "solo bromeábamos hombre". Pero Karamatsu ya estaba cansado de ser su payaso. Así que para no decirles nada, solo salió, rumbo a su lugar feliz.

Luego de llegar allí rompió a llorar, que bueno que nunca iba a ningún lado sin sus lentes oscuros, así al menos podía ocultar su enrojecida mirada. Lloraba por el dolor que le provocaba que sus queridos hermanos lo tratasen así, lloraba de la impotencia que sentía de ser tratado como mera basura, lloraba de ira por ser tan menospreciado, a pesar de sus intentos de llevarse bien con los demás.

¿Por qué nadie lo quería?, ¿por qué?, ¿qué había hecho mal? Que él recordara, nada, no había hecho nada malo a ninguno de ellos. Así que… por qué…

Si no fuera porque eran sextillizos, Karamatsu pensaría que lo odiaban por ser adoptado.

Suspiro nuevamente, ya había terminado el atardecer, ya era de noche. Y como ya se sentía mejor debía volver con sus hermanos a casa.

Cuando pasaba por la zona residencial escucho a Chibita, hacer relajo, quejándose de estar tan ocupado, aunque no había clientes, y quejarse de los hermanos Matsuno. Karamatsu no sabía el por qué, después de todo, el extraño de Kamimatsu ya había pagado las deudas de todos.

Siguió caminando, pensando.

A veces deseaba ser secuestrado, pero no por el buen Chibita, sino por alguien malo, y ser secuestrado en serio. Quería que sus hermanos se dieran cuenta de que él si estaría en peligro mortal si ellos no hacían nada por salvarlo. Esa idea surgía en su interior, pensando en que sus hermanos no se habían esforzado en salvarlo porque había reconocido a Chibita, y como el fanático del Oden era su mejor amigo, pensarían que Chibita no le haría daño real. Se esforzaba en pensar en que esa era la verdad del por qué no salvarlo del secuestro.

Así que por eso se preguntaba que si de ser el caso de un secuestro real sus hermanos se movilizarían a salvarlo. Deseaba que eso fuera así. Pero le aterraba descubrir que, nuevamente, no era el caso y a sus hermanos le daba igual su vida.

Suspiro varias veces. No debía pensar así, pero en serio, la mayor parte del tiempo, se sentía como si no fuera parte de su familia. Como si el solo fuera un extraño que de repente había empezado a vivir en aquella casa.

— Será mejor que regrese —se dijo, no se sentía tan listo para regresar, pero no quería volver a quedarse a dormir afuera, ya le había pasado en varias ocasiones, y era doloroso que, al amanecer, su madre saliera regañándolo por dormir fuera, y sus hermanos aparecer tranquilamente a la mesa a desayunar mientras su padre le echaba la bronca de "preocuparlos" por desaparecer toda la noche.

— Ojala se preocuparan más por mí —murmuro a la noche, cuando escucho un par de pasos acercarse por detrás de él.

Aún estaba lejos de casa, así que no podía correr a esconderse, quedaría obvio que había descubierto a alguien siguiéndolo, y si ese alguien era peligroso era mejor no alertarlo o ponerlo nervioso. Así que camino tranquilamente, como sí no hubiese escuchado nada, pero apuraba el paso mientras comentaba despreocupadamente que ya iba tarde para llegar a casa.

Pero cuando pasaba por callejuelas de entre las casas escucho un rápido movimiento detrás suyo y unas manos lo apresaban por detrás, estaba por gritar por ayuda cuando una mano le tapó la boca, impidiendo cualquier manera de pedir auxilio. Trato de removerse para zafarse, pero una navaja apuntaba a su cuello, inmovilizándolo, dejándolo totalmente tieso de impresión y miedo.

— A pasado mucho tiempo —esa voz, esa voz se le hacía conocida, la voz ronca susurrándole al oído, en algún lugar ya la había oído—, Osomatsu-kun —la voz sonaba como una tierna caricia en su oreja, aun así, era claramente peligrosa.

Pronto, por una desconocida razón, la inconsciencia llego a él, volviéndolo todo en un profundo negro.

Esa voz, sin duda era de esa persona. Fue todo cuanto pudo pensar antes de caer por completo en la oscuridad.

La mañana vino de manera tranquila para los cinco hermanos.

— Karamatsu niisan no vino a dormir —comento preocupado Choromatsu, viendo el lugar vacío que usualmente ocupaba el segundo hijo en aquel enorme futon.

— Y más vale que no venga —gruño el cuarto hijo, sentado en un rincón, esperando a que el resto de los hermanos terminase de guardar el futon—, o lo golpearé por tirar mi pizza.

— ¿Tu pizza?, ¡querrás decir, mi pizza! Gracias a ti y Tontomatsu niisan no la comí —dijo con un puchero el menor, quien guardaba ya las almohadas en el closet.

Ichimatsu solo chasque la lengua.

— Bueno, no importa en realidad —dijo el hermano mayor, rascándose con pereza la despeinada cabeza— ya vendrá cuando tenga hambre, él debe hacer la comida —comento con un bostezo.

Con eso concluyó la conversación de la mañana.

Luego de arreglarse bajaban a la cocina para hacer un cereal, ninguno era bueno cocinando algo en serio, así que no planeaban almorzar algo preparado, solo cereal. Ya luego regañarían a Karamatsu por dejarlos abandonados.

Pasaron toda la tarde en casa, conversando de diversos temas. Durante la tarde oyeron dos veces el timbre, pero los cinco eran muy perezosos para ir. Después de todo, Osomatsu no tenía ganas de levantar el trasero del suelo, Choromatsu no planeaba ser la sirvienta de todos, Ichimatsu no se movería de su esquinar donde acariciaba mininos para ir a abrir, Jyushimatsu estaba más entretenido rodando con la enorme pelota de la salita, y Todomatsu prefería reírse de las cosas que publicaban en línea.

Cuando era tarde el timbre sonó de nuevo, pero nadie se levantó.

A las cinco de la tarde el quinto hijo estaba vestido para ir a jugar al béisbol como de costumbre.

— ¡Hay cartas y paquetes! —grito alegremente.

Los hermanos salieron de su letargo para ir a ver, preguntándose si sus padres habrían enviado algo.

— ¡Abramos las cartas! —dijo Jyushimatsu, moviéndose como loco.

— No, que aburrido, abramos el paquete —dijo Osomatsu, levemente interesado.

— ¿Cuál llego primero? —pregunto Todomatsu, inclinándose hacia Choromatsu quien era el que llevaba el pequeño paquete con los dos sobres.

Caminaron hasta la salita, dejando la caja en la mesita ratona. Era una caja pequeña, del tamaño de una carta de béisbol, atado con un moño hecho de tela azul. No había letra o cartas. Uno de los sobres era ancho, parecía tener algo en él, la última carta era solo un pedazo de papel doblado a si mismo con un sello mal puesto.

Todos tomaron asiento alrededor de la mesa, salvo Ichimatsu, que ya no parecía interesado en los objetos enviados a su domicilio.

Los hermanos peleaban por qué abrir primero, pero como todo estaba en manos de Choromatsu, este opto por la carta, la cual era más sencilla, para disgusto de los hermanos mayor y menor.

— La carta dice… Estimada familia Matsuno —comenzó a leer el de sudadera verde—, ha pasado mucho tiempo, casi 15 años, desde nuestro último encuentro. Solo escribo para decirles que aún les guardo mucho rencor, y quiero hacerles daño donde más les duela, un lugar donde la sangre de las heridas no es visible, pero es el lugar más doloroso para herir —mientras leía, el ceño de Choromatsu se fruncía. Osomatsu e Ichimatsu parecían levemente interesados, Todomatsu tenía un semblante burlón, como si no creyese las palabras escritas, Jyushimatsu solo miraba el paquete, quería abrirlo ya.

Eh estado observándoles por un tiempo, pero al final ayer decidí actuar, llevándome algo preciado para ustedes —leía el de verde, ahora la preocupación se mostraba en su voz y en su cara. Osomatsu ahora estaba serio, el resto igual, salvo Jyushimatsu, que estaba por abalanzarse a la cajita.

— Que miedo —dijo el de rosa—, alguien nos ha echado el ojo y nosotros ni cuenta —un temblor falso recorrió su cuerpo.

— Quizá una linda chica, atraída por mi encanto —dijo Osomatsu con prepotencia, aunque en realidad solo quería desaparecer la pesada atmosfera que invadió el lugar.

Choromatsu chasqueo la lengua y los ignoro, decidió seguir leyendo— en el transcurso del día les enviare las pruebas de ese algo valioso que me lleve. Deben reunir 100 millones de yenes si lo quieren de vuelta casi sano y salvo.

Los dos mayores intercambiaron miradas, eso sonaba extraño.

Ichimatsu se paró de su lugar para acercarse más, alzando una ceja, interesado en el tema, ¿qué se habrán llevado?

He secuestrado a uno de ustedes, y si desean…

El resto de la carta ya no se leyó, los hermanos rompieron a reír, casi parecía seria la cosa, pero había vuelto a secuestrar a alguno de ellos. La risa los mando al suelo, donde rodaban y lloraban, tratando de conseguir aire.

— Ese Chibita, a veces se luce, y yo que me temí lo peor —se reía Osomatsu, pero ya no tan estridentemente, limpiaba las lágrimas de sus ojos.

Nadie prestaba atención…

— Pero no entiendo —dijo Choromatsu, quien trataba de parecer serio, pese a que rio mucho también—, ¿no se supone que el tonto de Kamimatsu ya pago nuestra deuda con Chibita?

al quinto hijo que…

— Quien sabe —se encogió de hombros el menor de todos ellos—, quizá alguno de nosotros a pedido fiado de nuevo —aun reía quedito, casi se asustó.

tenía el pequeño paquete…

— Mira que volver a secuestrar a Kusomatsu, ya sabe que no pagaremos el rescate —dijo, nuevamente riendo, el de rojo.

desenvuelto entre sus manos…

— Es una estafa pedir tanto por Kusomatsu —dijo Ichimatsu, levemente irritado por reír tanto—, Kusomatsu no vale tanto.

poniéndose pálido de repente…

— Entonces dejemos que nos los devuelva —dijo Todomatsu, encogiéndose de nuevo de hombros—, ya sabe que no tenemos ni un…

Pero la frase no la termino, Jyushimatsu grito fuertemente, aterrado, mientras miraba la cajita.

Los hermanos se pusieron de pie, alarmados y asustados, viendo que había pasado con el alegre de ellos. Jyushimatsu nunca había gritado así antes.

La caja en sus manos cayo, y Jyushimatsu la apunto cuando sus hermanos le preguntaron que qué tenía.

Los cuatro pares de ojos miraron a donde apuntaba el de amarillo, poniéndose pálidos y enfermos de repente.

En la alfombra había un dedo humano y sangrante, cortado sin cuidado, la sangre estaba seca.

Los cinco hermanos gritaron de nuevo, aterrados.

Osomatsu, quien salió rápido del susto, tomo el sobre grueso, dispuesto a abrirlo.

Todomatsu había caído de sentón al piso, con las piernas temblando y el semblante pálido de horror, con los ojos llorosos y una mano tapando su boca.

Choromatsu tapo su boca con las dos manos, quería vomitar, y de esa manera reprimía el impulso.

Jyushimatsu parecía haber entrado en shock emocional, solo miraba el dedo con los ojos en blanco, bien abiertos, su expresión estaba paralizada en una mueca debido al susto.

Ichimatsu era el más lúcido de los cinco, por decirlo de alguna manera, él siempre se metía a sospechosos foros de internet y veía cosas como esas por el simple morbo. Pero también había palidecido, una cosa era ver sangre y miembros en internet, y otra muy diferente ver el dedo de, probablemente, uno de sus hermanos.

Rápidamente Ichimatsu se sentó junto a Osomatsu, quien estaba maldiciendo y diciendo groserías que nunca había escuchado antes, Choromatsu, una vez retenido su impulso de vomitar, fue a calmar a los dos menores que estaban pálidos de muerte.

— ¡Grandísimo hijo de puta!, ¡bastardo enfermo! —gruñía Osomatsu, su voz estaba cargada de veneno y odio. Cuando Choromatsu calmo a los dos menores fijo su mirar en la mesa, donde Ichimatsu y Osomatsu miraba con una expresión de ira y asco.

Y no era para menos.

Choromatsu se acercó a la mesa, lentamente, incapaz de creer lo que sus ojos veían, eso debía ser alguna clase de mentira.

En el sobre había varias fotografías, claramente de Karamatsu.

En una estaba atado y vendado, la posición que tenía el cuerpo, un poco inclinada en el suelo, parecía demostrar que la foto se tomó apenas y Karamatsu fue arrojado al suelo. Solo podía verse el piso de madera y una pared oscura como de piedra.

La siguiente fotografía era la de Karamatsu con un hilo de sangre recorriendo su sien, la venda no estaba y podían ver sus ojos llenos de odio hacia el fotógrafo. Eso encogió el corazón de Choromatsu, nunca había pensado que su hermano podía poner una mirada así, tan cargada de odio, su siempre amable hermano con una cariñosa mirada…

Las demás fotos variaban, mientras más las veía podía notar como Karamatsu tenía algún tipo de herida, y en la última tenía el rostro surcado en lágrimas y una expresión de dolor que desgarraría a cualquiera. Probablemente esa fotografía había sido tomada luego de cortarle un dedo a su hermano.

Choromatsu no tuvo coraje de ver las demás, puesto que la siguiente que vio fue la de una mano ensangrentada, claramente de su hermano, y eso era más de lo que podía ver. Incluso escuchaba el suave llanto de Todomatsu.

— Hijo de… —Osomatsu murmuraba con odio, tanto él como Ichimatsu seguían viendo las innumerables fotografías, las oscurecidas expresiones de ambos le decían a Choromatsu que tomo la decisión correcta de no seguir viéndolas.

Tomo la carta y siguió leyendo, solo por hacer algo—…He secuestrado a uno de ustedes, y sí quieren volver a verlo con vida será mejor que no contacten a la policía. Les daré una semana para juntar el dinero, y por cada día recibirán algo de su hermano. En este momento deben tener en posición un dedo. Espero les guste este obsequio… Es todo cuanto dice la carta —dijo lastimeramente el tercer hijo.

— ¡Maldición! —grito de pronto Osomatsu, poniéndose de pie y pateando la mesa, haciendo que se volcara junto a las fotografías, mismas que los menores vieron, entre lágrimas. Obviamente Todomatsu se desmayó, siempre había sido el más cobarde de ellos a esas cosas.

— Ese bastardo enfermo —la voz de Ichimatsu era un susurro, pero estaba tan cargado de odio y veneno que era algo aterrador.

Choromatsu sintió la desesperación querer apoderarse de su ser. No tenían el suficiente dinero para pagar, y no quería saber qué demonios pasaría. ¡Maldición!, ni siquiera quería pensar en que le devolvieran a su hermano en pedazos en casos de no cumplir. ¿Cómo demonios pudo pasar esto?

Pero no era momento de pensar en cómo, sino en quién.

Había bastado el resto de la tarde para que los cinco hermanos se calmaran al completo.

Así al anochecer estaban todos sentados en la sala, con las evidencias sobre la mesa, ni siquiera tenían hambre. Solo importaba cómo resolver el tema. Karamatsu llevaba más de 30 horas desaparecido.

— Veamos —empezó Osomatsu, sentado con las piernas abiertas y levemente cruzadas, los brazos también estaban cruzados. Sus ojos estaban llenos de ira y seriedad, era este tipo de situaciones donde Osomatsu realmente parecía el hermano mayor de los seis—, aparentemente no podemos alertar a la policía del secuestro, primero, porque Karamatsu es mayor de edad —le envió una mirada significativa al tercer hijo. Choromatsu tomo la palabra.

— Esto significa —comenzó a explicar el tercer mayor a los menores, claramente Jyushi y Totty no entendían eso. Choromatsu estaba sentado en seiza (*), también serio— que la policía no comenzará a buscar a Karamatsu. Al ser mayor de edad se piensa que solo fue a dar una vuelta o se ha escapado, a diferencia de los niños quienes no pueden hacer eso, por tanto, cuando un adulto desaparece deben esperar 48 horas (**) para empezar a buscarlo.

Los tres menores no dijeron nada, pero obviamente estaban en desacuerdo con ello.

— Pero —comenzó tímidamente Todomatsu, quien también estaba sentado en seiza, con las manos temblándole en el regazo y la cabeza hacia abajo—, tenemos pruebas de que Karamatsu niisan está secuestrado, por eso…

— Esa es la segunda razón Todomatsu —la voz de Osomatsu se oía molesta, irritada, seguro la situación parecía querer superarlo—, incluso con las pruebas del secuestro la policía hará muchas preguntas, no se movilizará al instante, incluso podríamos parecer sospechosos.

— La policía no nos dejara irnos luego de notificar, nos tendrían allí hasta que todos diéramos fe de lo sucedido —dijo comprensivamente Choromatsu.

— Exacto, además, eso alertara al secuestrado.

— ¿Porque nos dijo que no avisáramos a la policía? —pregunto Jyushimatsu, estaba sentado rígidamente, imitando la posición de loto de Osomatsu. Su voz se oía rasposa y su mirada estaba desenfocada en un punto de la pared.

— Exactamente —confirmo Choromatsu.

— Y aunque quisiéramos no podría servir de mucho, no hay muchas pistas —comento Ichimatsu, sentado levemente alejado de ellos, con las piernas contra su pecho y apoyando el mentón en las rodillas, abrazando sus piernas y mirando a la ventana—, la carta está escrita por Karamatsu.

Y era cierto, la estúpidamente floreada caligrafía era bien conocida por los seis hermanos, habían trazos irregulares, por lo que no se dieron cuenta en seguida, pero analizándola bien era una carta de su hermano. Algo bien jugado de parte del secuestrador. Aunque probablemente no reconocerían su letra, al mandarla escrita por Karamatsu, les decía que conocían al ladrón, por lo que este se preocupó de no darles pistas al escribir el mismo la carta. Otra cosa era que no estaba escrita con recortes de periódico. Si fueran al laboratorio de Dekapan, podrían pedirle un análisis de ADN, por si el secuestrador se hubiera descuidado y dejara algo de ADN en la carta e identificarlo. Eso también sugería que el tipo conocía la relación de los sextillizos con el científico loco de Dekapan.

Por supuesto, la misma carta les decía eso. El tipo ese los conocía, les guardaba rencor, y quería vengarse, dándoles donde más les doliera. Y debían admitirlo, había hecho un buen trabajo. Aunque Karamatsu fuera el más ignorado y molestado de entre los hermanos, también era muy querido, incluso si no lo decía, admiraban al chico, lo querían. Aunque en sí, cualquier hermano era muy querido.

— Que este escrita por Karamatsu y por el contenido de la carta, queda claro que el secuestrador nos conoce, y quiere venganza —dijo Osomatsu, escupiendo la última palabra.

— Así que todo o que resta es tratar de averiguar quién está haciendo esto —dijo Choromatsu.

— ¿Y de qué servirá? —interrumpió el cuarto hijo—, incluso si llegamos a saber quién es el puto bastardo detrás de todo esto, no quiere decir que sepamos cómo llegar a él y detenerlo. Podría estar tendiéndonos una trampa.

— ¡¿Estás diciendo entonces que nos rindamos?! —exclamo Todomatsu, totalmente exaltado, los otros hermanos no estaban mejor.

Ichimatsu bajo su mirada, escondiéndola en su flequillo—, no es eso lo que digo —susurro tan quedamente que si los hermanos no hubiesen estado en silencio no se hubiese hecho oír—, no podemos hacer nada contra ese sujeto, lo único que podemos hacer es recolectar el dinero.

Choromatsu pensó que Ichimatsu tenía un punto, pero…

— ¡Oh sí, claro! —comentaba Osomatsu sarcásticamente—, vayamos a pagarle el rescate, yo tengo 50 mil yenes en mi bolsillo, ¿alguien tiene más? ¡No seas estúpido Ichimatsu!, ¡No tenemos ni un…!

— ¡Es suficiente Osomatsu niisan! —decía decidido el tercer hijo, con el ceño fruncido—, calmémonos todos —sus ojos miraron rápidamente a Osomatsu y se desviaron hacia Ichimatsu, el de rojo miro también al de morado, y mordió su labio, Ichimatsu temblaba—, si pudiésemos conseguir dinero sería fantástico, pero no conocemos a nadie con el suficiente dinero que nos preste…

— ¡Hatabou!

— ¡Atsushi-kun!

Los dos menores dijeron en seguida esos nombres al unísono, con la esperanza en sus voces, el resto de hermanos también sonrió esperanzados. Hatabou era un tipo multimillonario que los amaba, por alguna extraña y retorcida razón, si ellos le pedían dinero para salvar a Karamatsu, seguro que el chico de la bandera entiende y les presta mucho dinero. Por otro lado, también el amigo de Atsushi era un rico empresario, dueño de su propia empresa y demás, el tipo siempre tenía dinero. Si Totty le pedía, seguro les prestaba.

Esperanzados decidieron actuar mañana a primera hora. Osomatsu mando un mensaje a Hatabou y Todomatsu otro a Atsushi, diciendo que querían verlos a primera hora de la mañana. Se dividirían en grupos, Ichimatsu se quedaría en casa, por si venían más paquetes, Choromatsu y Jyushimatsu irían a ver a Hatabou para pedirle dinero prestado, unos 50 millones de yenes, y Totty iría a ver a Atsushi-kun, también a pedirle 50 millones de yenes, porque no creían que fueran a soltar tanto de una vez. Osomatsu iría con Iyami, aunque no había dicho la razón de hacerlo.

Como sea, mañana a primera hora se dividiría y rescatarían a Karamatsu.

Atsushi miraba su celular, sonriendo suavemente, era un mensaje de su querido y tierno amigo, Todomatsu. Le pedía reunirse con él en la cafetería donde trabajaba el menor en cuanto esta abriera, diciendo que era urgente.

Sonrió un poco más, siempre había tenido un gusto por el dulce y tierno muchacho siempre vestido de rosa. Pero él sabía muy bien que cualquier afecto que pudiese tener no sería correspondido, Todomatsu era heterosexual. De todas formas, él haría cualquier cosa por ayudar al muchacho, eso es amor, ¿no es verdad?

Sonrió un poco más en una retorcida mueca. Luego rio levemente, de manera maliciosa.

Seguro que el muchacho le pediría dinero.

Él sabía que el Matsuno estaba bastante interesado en su dinero, su gran fortuna, pero nunca comentaba de ello, esa era una razón para admirar al pequeño, era codicioso y sin embargo sabía jugar sus cartas con paciencia. Probablemente aquello se debía a haber crecido con cinco hermanos mayores. ¿Quién sabría? El punto era que el chico buscaba en su cartera y no lo demostraba, aunque Atsushi no le interesaba eso, él podría regalarle cualquier cosa que Todomatsu pidiera. Incluso si debía comprarlo. Quizá se debía a que Atsushi tenía algo retorcido en su mente, probablemente herencia paterna.

Miro la pantalla del celular, era una fotografía de Todomatsu, en el último goukon (***), luciendo un poco irritado, y con un lindo puchero en sus lindos labios de cereza. La hora, 12 am, ya media noche.

Atsushi escucho un grito, y sonrió. Beso la pantalla del celular, y dejo su habitación.

La mansión de Atsushi estaba un poco a las afueras de la ciudad, un poco más allá de la zona residencial. Era realmente enorme, había pertenecido a su madre alguna vez. El estilo de la mansión era occidental, grande y bella, como una casona británica, de paredes verde suave y techos de madera. Tenía más cuartos de los que Atsushi podría usar, un enorme vestíbulo con bellas escaleras de mármol, muchos cuadros y pinturas, un enorme salón-comedor y una cocina bien equipada. Alguno que otro sirviente. Todo lleva decoraciones antiguas.

La mansión solía pertenecer a un rico comerciante británico que se había asentado en Japón, mandada a construir hace casi un siglo, y manteniendo aún su sublime belleza.

Incluso era uno de los lugares turísticos de la ciudad, ya que no había muchas mansiones como esa en la pequeña prefectura. Toda una belleza rodeada de jardines de miles de flores y muchos árboles.

Otra cosa interesante con la que contaba la mansión era un sótano, grande y empedrado, muy oscuro y aterrador, casi un calabozo. Atsushi sabía que la gran mansión fue construida a partir de una antiquísima mansión japonesa tradicional, y estas, en la época donde la mansión japonesa fue construida, estaban en constantes guerras, por lo que se habían construido priones subterráneas para mantener presos a los enemigos de guerra. Al señor que rehízo la casa al estilo occidental le pareció interesante mantener los calabozos, por tanto la mansión, hoy por hoy, aún los tenía.

Atsushi rio ligeramente, pensando en lo aterrado que estaría Todomatsu-kun si lo encerrara allí.

Su risa se volvió más macabra.

Camino tranquilamente por la mansión, hasta llegar a una puerta cercana a la cocina, atravesándola estaba un pequeño muro de piedra y más allá de él unas escaleras, esa guiaban a los calabozos.

Otro desgarrador grito resonó. Sonrió nuevamente, de manera sádica. Su padre no lo espero.

Bajo las escaleras, sus pasos resonaban entre el eco vacío del lugar, pero mientras más se acercaba, más se perdía ese ruido, los gritos de aquel chico eran desgarradores.

Finalmente llego. El calabozo era oscuro y lúgubre, un lugar que llenaría de orgullo a las horribles mazmorras de las épocas medievales de Europa occidental. El pasillo era largo, y terminaba con una pequeña mesa de madera, atreves de él habían tres celdas a cada lado, de barrotes oxidados.

— ¿Oh?, ¿terminaste con tu trabajo?

Cuando estaba acercándose, de una de las celdas salió un hombre, este era bastante mayor, quizá rozando los 40´s, pero se veía bastante bien, su osco rostro era muy viril, y de cierta forma le daba un aire sensual, llevaba la barba de varios días que le daban más belleza masculina al hombre. Su cabello era negro, pero ya había varias canas adornándolo. Sus ojos castaños brillaban con un tinte de locura, casi bañados en sangre, prácticamente era de un vivo color rojizo, usaba un pantalón a cuadros de un viejo traje Tweed, y una camiseta blanca, tan manchada de sangre como el pantalón.

— Si, padre —dijo el amablemente—, las empresas van muy bien, la de industria automotriz esta por asociarse a una marca alemana muy popular, y las acciones de la bolsa van en aumento. Mañana tengo una reunión con el director de una de las empresas de especias más importantes de China —decía, quitándose también el saco, había una silla cercana a ellos (donde yacía el saco del traje de Tweed del mayor) dejándolo allí—, parece que te diviertes mucho —dijo con sorna, el adulto asintió, mirando hacia la celda de la que acababa de salir.

Atsushi camino con paso lento a la celda, la más cercana del lado izquierdo del oscuro corredor, allí se encontraba una macabra escena.

Era un joven, de poco más de 20 años, semi sentado en el suelo, tenía cabello oscuro con algunos reflejos azules, unos bonitos ojos azules, piel pálida, y muchos cortes en su bello rostro, algunos en sus brazos y piernas desnudas. Usaba solamente una camiseta de color azul bebe con lo que parecía su rostro ridículamente bordado al centro de esta. Su mirada estaba perdida en la nada, su boca abierta, respirando con dificultad. Las heridas eran solo superficiales, pero aun así estaba manchado de sangre, había semen escurriendo por su estómago, tanto el propio como el de su padre. En la comisura de su boca había algo de semen también.

Era una hermosa escena, en opinión del joven adulto, quien se desanudaba la corbata.

— Muy artístico —comento con su voz, de manera cantarina.

El adulto mayor sonrió con orgullo— y hasta fui considerado, no lo llene de semen por dentro, disfrútalo hijo —agrego alegre y sádicamente.

Atsushi asintió, había deseado poseer a Totty desde hacía mucho tiempo, y ya que no podía obtener al de verdad, ¿qué mejor que su hermano físicamente igual a él que estaba tan a su disposición, para cumplir cualquier fantasía?

Entro con paso decidido, deseando enterrarse en el usurpado cuerpo, sin importar que tan manchado ya estaba.

Uso su corbata para vendar los ojos del joven, el cual se sobresaltó, trato de luchar, pero estaba tan débil que nada podía hacer.

— N-no má-más por favor… —lloriqueaba con una dulce voz, Atsushi rio cruelmente.

Acaricio suavemente el rostro del menor, beso las rojas mejillas con fervor, también estaban lastimadas, probablemente por bofetadas, cerró los ojos e imaginando a Todomatsu. El cuerpo frente suyo temblaba y lloriqueaba, suplicante por que cesase sus acciones.

Atsushi beso el cuello del hermano de Todomatsu, mientras lo hacía trataba de recordar el nombre del susodicho. Su padre lo había llamado Osomatsu, probablemente era el mayor entonces. Aunque no le importaba eso.

Sus manos de largos y finos dedos empezaron a acariciar las heridas piernas, tan largas, estilizadas y suaves, mientras besaba con devoción el cuello sin herida alguna. El muchacho bajo sus atenciones temblaba y se quejaba de dolor, las heridas no habían sido tratadas aún.

Una de sus manos se elevó junto a la ridícula blusa de Osomatsu, acariciando los suaves y erectos pezones, los cuales estaban mordisqueados hasta sangrar.

— N-no… arghh… ah… pl-please… no… —suspiraba el muchacho, dolorosamente suplicando.

Atsushi rio lóbregamente. Esos quejidos eran música para sus oídos, pero se supone que estaba imaginándose a su lindo Totty, no necesitaba escuchar aquella voz. Así que tapo la boca del menor con la otra mano, solo escapándose de esa boca los jadeos de dolor mientras él seguía jugueteando con sus pezones, estirando y apretando, viendo re abrirse las heridas y sangrando de nuevo.

Como probablemente aún estaba abierto por haber "jugado" con su padre, Atsushi solo saco su pene erecto de su prisión de telas, tomo una de las magulladas manos del menor, eran fuertes manos, pero al mismo tiempo eran delicadas y suaves (****), que agradable contradicción, y la llevó a su pene, haciendo que el chico le masturbara, este temblaba, pero hacía lo que se le ordenaba, Karamatsu no quería más golpes.

— Todomatsu-kun —susurraba en el oído del chico, sintiéndolo temblar y tensarse, podía sentir humedad deslizándose por su mano, aun en la boca del chico, el hermano de Todomatsu lloraba.

Atsushi chasqueo un poco la lengua, pero no dio mucha importancia, solo se concentró en su placer, cuando su miembro estaba mojado en pre-semen, quito la temblorosa mano del menor, y posiciono su pene en la abierta entrada, y sin aviso o contemplaciones, entro de una estocada, lo más profundo posible.

El chico tembló y gimió ahogadamente, de dolor, mientras las lágrimas se escapaban de su venda improvisada.

— ¡Maldición!... mhm… aun esta estrecho —dijo el joven adulto, saboreando sus labios.

— Aparta tu mano —escucho a su padre, tan concentrado estaba en su propio placer que no se dio cuenta de en qué momento el adulto mayor ya estaba frente a él, también tenía su pene afuera, masturbándolo, regodeándose con la grotesca escena que su hijo protagonizaba, sus ojos destellaban de una loca y peligrosa lujuria.

Atsushi obedeció, sacando la mano de la boca del hermano de Todomatsu-kun, y rápidamente salió de él para ponerlo en cuatro, previendo las intenciones de su padre. Antes de que el muchacho pudiese decir nada, ya el pene del mayor de los tres estaba hundido en la boca del menor.

— Chúpalo bien Osomatsu-kun, o juro que tu castigo será inaguantable —gruño el mayor, sujetando fuertemente al menos de los cabellos, empezando a envestir la boca de este.

Atsushi no perdió más tiempo y volvió a penetrar ese agujerito que se contraía en espera de ser penetrado brutalmente.

Karamatsu se sentía como mierda, literalmente, probablemente. Sentía unas enormes ganas de vomitar, el pene del hombre adulto estaba muy hundido en su garganta, casi rosándole la ovula, el gusto a semen era un poco agrio, era un sabor horrible. El pene del tipo ese dañaba su garganta, y sus manos sujetaban dolorosamente fuerte sus cabellos, casi parecía que quería arrancárselos.

Dolía, y mucho.

El sujeto atrás, cuya voz también se le hacía vagamente familiar, le penetraba sin ningún cuidado, solo buscando su propia satisfacción, era doloroso, su trasero ardía a cada envestida, el sujeto detrás de él agarraba fuertemente sus caderas, casi lastimándole.

Podía oír a los dos llamándole por dos nombres diferentes, Osomatsu y Todomatsu.

Cielos, se lo estaban cogiendo muy duro y no tenían la decencia de llamarle por su nombre, pensó irónica y sarcásticamente, con mucha crueldad para sí mismo.

Las envestidas eran muy potentes, así que usaba sus manos para aferrarse a las piernas del secuestrador y primer violador, sentía moverse violentamente de adelante hacia atrás.

Una de las envestidas atrás suya le hizo gemir contra el pene que se hundía profundamente en su garganta, ese punto le había dado mucho placer.

— Dale ahí de nuevo hijo, gime malditamente bien contra mi pene —dijo la rasposa voz del hombre que le secuestro.

— S-si —respondió el otro en un corto gemido.

Nuevamente le había dado en ese punto que le hacía delirar, una y otra vez, su pene empezaba a endurecer y mojarse. Se sentía tan bien todo que dejo de importarle, su sanidad se iba a algún lado. Solo podía deshacerse en gemidos.

Pronto una mano empezó a acariciar su pene, incrementando su placer, y en esa bruma de lujuria empezó a ser más cooperativo, su lengua se movía alrededor del pene en su boca, y sus caderas iban en contra del miembro que le penetraba por el culo, haciendo que llegase más profundo en su ser.

Pronto alcanzo el orgasmo, sus piernas temblaron, y de no sé por la mano en su cadera, se habría caído al suelo, las manos en sus cabellos también impedían caer de cara contra el piso. Pronto sintió una húmeda sensación llenar su culo, y dolía, ardía mucho, y poco después el sabor del pene regreso a su boca, y sin más opciones, volvió a beber la amarga sustancia.

El hombre mayor salió de la boca del chico, y esta cayó de cara al piso, Atsushi también salió del cálido agujero, y dejo de sostener al menor, este solo cayó al piso como peso muerto, sin fuerzas para levantarse, solo temblando, lleno de muchos fluidos.

Karamatsu se sentía horriblemente cansado, temblaba y escuchaba las voces de sus dos captores, sin poder aguantas más cayo en la inconsciencia.

Atsushi ya estaba acomodando su traje, miraba con interés su mano, llena del seme del menor, lamio un poco, el sabor era amargo, aunque un poco dulzón, ese chico era un buen niño. Su padre también se acomodó sus pantalones y sonrió con crueldad al chico.

— Ordena a alguien que se ocupe de sus heridas, no queramos que muera o algo así —rio cruelmente y salió de la celda.

Atsushi suspiro, se acercó al muchacho y acaricio sus mejillas, si tan solo ese muchacho fuera Todomatsu y estuviera con él por su propia voluntad, abría disfrutado aún más del sexo.

Acomodando su traje lo mejor posible y quitando la corbata de rostro del chico tomo su saco y salió del lugar.

No se arrepentía, de hecho deseaba volver a hacerlo, pero mañana debería levantarse temprano, ya jugaría con él después.

Una vez llegado al piso superior se encontró con Tanaka-san, el mayordomo en jefe, ordeno ocuparse del invitado en las celdas y se dirigió a su habitación.

Esta era enorme y ricamente decorada con muebles antiguos y algunos aparatos tecnológicos de última generación.

Se acostó en su enorme cama y miro su celular una vez más, volvió a besar la pantalla, deseándole buenas noches a Todomatsu-kun.

Mañana sería otro día lleno de diversión.

Chibita estaba limpiando el puesto, ya había acabado la jornada, y como había tenido más clientela de lo normal, estaba feliz. Una vez guardado todo se disponía a guardar el pequeño televisor que le había regalado Hatabou, cuando salió una noticia de última hora en el noticiero de media noche.

La noticia que ha estado revoloteando por la nación, antes que nada hemos de advertirles tener cuidado, un asesino serial anda suelto, la policía no ha encontrado muchas pistas, salvo cadáveres esparcidos por diferentes partes del país. Aquello que nos deja saber que es un asesino serial es el modus operandi, las victimas presentan tres puñaladas, una en la frente, justo al centro, otra en el centro del pecho, y la última en las regiones genitales. También se ha encontrado en las victimas sus dedos meñiques de la mano izquierda cortados, estos no se han encontrado por ningún lugar, así mismo, el jefe de departamento de…

— Cielos, que situación tan peliaguda, maldición —dijo Chibita, cruzándose de brazos, sería mejor no quedarse hasta tan tarde o podría ser asesinado—, será mejor que me apresure a guardar.

En otras noticias, el ladrón y estafador, conocido como Tougou, ha sido puesto en libertad condicional según el artículo 67 de la Ley Orgánica General Penitenciaria. Según el Juez de Vigilancia Penitenciaria, el señor Tougou ha presentado buena conducta, y su abogado ha apelado por la libertad de este, ganando el caso el día 5 del mes pasado. A sí mismo, la salida de este hombre coincide con los recientes casos de asesinatos. Sin embargo, el hombre a cargo de vigilar al señor Tougou, cuya identidad no será revelada, ha declarado firmemente seguir al hombre hasta en su casa y no ha presenciado cambio alguno en su personalidad, o la rutina establecida previamente. Y ahora, la noticia final, la Corte Penal…

Chibita apago la televisión, ya no tan interesado en esta. La foto del hombre que había salido en las noticias se le había hecho vagamente familiar, pero no estaba seguro de qué. Oh bueno, seguro no tenía nada que ver con él. Y con esto en mente se dispuso volver a su hogar.


(*)Para quien no sepa lo que es seiza, es la manera en que los japoneses se sientas sobre tus piernas, si desean verlo solo vayan a google imágenes-sama-senpai :3

(**) Esto puede variar dependiendo de la locación, son de 24 a 48 horas, por la misma razón, supuestamente los adultos tienen autonomía de sí mismos, por lo que la policía no empieza a buscar ipso facto. Con los niños comienzan las búsquedas rápidamente porque al ser niños no tienen muchos lugares a los cuales ir, además se debe esperar también un lapso de tiempo, pero mucho más corto que para un adulto.

(***) Ya tu sabes (¿?), el goukon es una fiesta a la que asisten muchas personas, es como una fiesta de ligue?, en el capítulo donde apareció Atsushi, la reunión que tuvo Totty con sus amigos, eso es un goukon.

(****) En una imagen de las muchas de Osomatsu mostraron las manos de los Matsus, si mal no recuerdo, las manos de Totty, Kara y Choro era muy parecidas.

Dato randomnamente ininteresante pa nadie (?) (oh mein gott, la palabra ininteresante realmente existe! Y yo que pensé que estaba con mi joda de siempre!... cof, cof, sigamos) como os decía… Dato random ininteresante, mientras describía la mansión de Atsushi, involuntariamente me acorde de la mansión de Aya-chan de Mad Father, amo ese juego 3

Bien, el siguiente capítulo será el final, es un pequeño two shot, y pienso que estoy enferma por ello XD, mein Gott :3, ah, pero como me divertí escribiendo esto, estoy mal, cada vez voy de mal en peor. Espero que el siguiente capítulo sea tan largo como este, casi 15 páginas de Word, estoy orgullosa del trabajo hasta ahora, siempre eh querido escribir AtsuKara y TouKara, y ahora lo logre, shey!

Por cierto, amo el headcanon de Atsushi-kun como hijo de Tougou, es tan fascinante y explotable!

Además, le daré una paletita para el que adivine como terminara esto. Al principio esto tendría cuatro finales alternativos, pero como uno de ellos es bien irrealista lo borre. Los otros son los que apenas escribo, aun me estoy decidiendo por cuál será el final "canónico" xD

Que pasara? pregúnteme yo a ustedes (?), será Kara rescatado por su hermanos? O será sodomizado por Tougou y Atsushi al mismo tiempo?, si desean saberlo no tienen más que seguir el fic.

Si les haya gustado agradecería dejaran un comentario, ya sea con sus dudas, teorías, quejas, sugerencias, etcétera, etcétera, siempre son bienvenidas (mientras no sea criticas destructivas)

Como no se me ocurre que más decir y voy tarde pal cine, eso es todo por hoy.

En verdad extrañaba escribir para este beshisimo fandom ;w;

Gracias por leer.

Ahora sí, ciao ciao.