Disclaimer: Todo lo relacionado con Crepúsculo obviamente pertenece a Stephenie Meyer, si fuera mío no estaría publicando aquí, los más probable sería que estuviera despilfarrando el dinero en juegos de azar y hombrezuelos (?)


Se busca: Bella Swan.

Summary: "Para el amor no hay edad, ni límites, ni leyes… Eso dijo mamá luego de tirarse a Phil, el energúmeno de la tienda de vídeos. El amor llega cuando le da la puta gana, oficial Masen. Traiga sus esposas, felizmente me entrego como su prisionera" TH. OoC. Bella&Edward.


Gracias enorrrmes a Sarai GN, Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) por ayudarme con los errores de esta nueva locura (para que vean lo floja que me he vuelto en revisar y ella es uno de los dulces más que me ayuda)


Prólogo


10 de Junio, 2011.

Nublado.

Así me recibía el cielo todos los putos días, malditamente nublado.

A veces esto solo me hacía pensar que le gustaba mimetizarse con mi estado de ánimo, otras veces simplemente pensaba que el muy desgraciado quería deprimirme aún más. Un nuevo día, un nuevo turno en la comisaría. Cuando me enlisté para convertirme en un oficial, debo admitir que fue por culpa de todas esas series policiacas que pasan en la televisión hoy en día. Mira, joder, fue culpa de Esme que yo me obsesionara con esa mierda de CSI (1) y toda la parafernalia que ésta tenía. Díganme si no se han tentado a quitarse unos lentes tan misteriosamente como el jodido de Horatio Caine lo hace. Vale, aquí estoy yo, lo único que puedo llegar a sacarme es la ridícula gorra que nos obligan a usar y la cual detesto con todo mi puto ser.

Tanto así como también odio éste pueblo.

Forks, el pueblo con menos crímenes en todo el condado.

Llevaba un mes como jefe de policía y solo había puesto una multa de exceso de velocidad a la señora Cope luego de que los frenos de su silla de ruedas eléctrica se cortaran. Recuerdo ese día a la perfección, estaba comiendo una de las donas de Sue en la esquina de la plaza central cuando la ancianita pasó como si de Brian O'Conner (2) se tratara en su silla, le había puesto todo el nitro y ni siquiera se veía a la velocidad que andaba. Ese día terminé de comer mi dona bañada en glasé y luego, con una parsimonia que sinceramente aplaudí, caminé hacia ella cuando uno de los montículos de arena que estaban en la calle, debido a la construcción del nuevo inmueble en la calle principal, detuvieron sus intentos de carreras ilegales en sillas de ruedas.

Esas cosas eran simplemente aberrantes, joder.

Y ahora aquí me encontraba, estacionado en la patrulla junto al puesto de donas que tenía Sue. No sé qué haría sin ésta mujer y sus manos creadas en el olimpo, estas cosas eran manjar de dioses. Había pedido una dona rellena con manjar y con cobertura de frutilla, cuando la radio de la patrulla comenzó a sonar. Gruñí por la interrupción, tenía todo un método creado antes de comer estas exquisiteces, era mi maldito ritual y alguien osaba a interrumpirme, con un demonio… Y algo me decía que el novato de Newton era el que me estaba hinchando las pelotas en estos momentos.

—Niño, puede ser un problema. —Sue apuntó la radio que estaba en el carro de policías.

—¿La señora Cope y sus frenos otra vez? —Me dio un suave golpe en el brazo y negó con su cabeza, sonriente, entregándome una caja con seis donas dentro—. Eres un dulce, Sue, no te mueras nunca mujer, cuando quieras dejar al viejo de Harry, sabes dónde encontrarme.

—¡Pero qué cosas dices, niño!

Rio dulcemente y volvió a negar con su cabeza.

Dejé un beso en el tope de su cabeza llena de canas y me acerqué a la patrulla, asegurando primero que nada mis preciadas donas. Me senté en el asiento del piloto y eché a andar el carro antes de tomar la llamada de la radio. Conté mentalmente, esperando, cruzando los dedos porque ésta vez hubiera algo de acción en éste bendito pueblo. ¡No sé, joder, algún asalto a un banco que ni siquiera tenemos o una mierda de esas!

—Oficial Masen al habla, cambio.

—¡Tenemos un código rojo! —Entorné mis ojos y le di un nuevo mordisco a mi dona. Newton quería tomarme por estúpido, nunca, en lo que llevo de servicio en éste pueblo, ha habido un código rojo, ¡nunca ha habido ningún maldito código!—. Repito, ¡tenemos un código rojo en la taberna de Aro!, ¡cambio!

—¿Estás consciente de lo que es un código rojo, Newton?

Michael Newton era nuestro recluta más reciente, un mocoso de apenas veinte años que servía más como chico de los mandados. Era un inocentón todavía, él era perfecto para sacar multas a la señora Cope, yo había tenido mi cuota suficiente de carterazos provenientes de la señora, ahora era el turno del muchacho. Creo que ese había sido mi peor error, ¿qué haría en todo el día ahora?, la señora Cope era como la criminal más buscada del pueblo al ser una amante de la velocidad.

Nunca había utilizado tanta ironía en un día.

—¡Señor, sí señor! —gruñí, observando a mis pequeñas amigas con pena. Tenía planeada una tarde de donas y café hasta que el turno llegara a su fin, como siempre, y ahora tendría que ir donde Newton a ver que realmente no era nada, como todos los maldito días—, ¡avise a las demás unidades!, ¡esto es un completo descontrol!

—Newton, te lo preguntaré una vez más, ¿estás completamente seguro de que es un código rojo?

Él debía estar agarrándome el pelo. Esto es Forks, por todo lo santo, el tranquilo y lleno de ancianos pueblo de Forks. Como dije anteriormente, la señora Cope era la criminal más peligrosa por estos alrededores, ¡la señora Cope era una anciana de ochenta años! Un código rojo hablaba de un robo a mano armada, secuestro, asesinato, violación… ¡ni siquiera he tenido la oportunidad de manipular mi arma y Newton me habla de un jodido código rojo!, ¿qué parte de "en Forks solo hay partes por mal parqueo y sillas de ruedas con exceso de velocidad" nadie entendía? Alguien iba a tener que realizarle una alcoholemia a Newton, tal vez el chico había ido a por unas copas y ahora alucinaba.

—Oh, santo Dios, Dios todopoderoso que estás con nosotros, líbranos de este mal… —Se escuchó por la radio un gigantesco estruendo y cristales quebrándose. Fruncí el ceño y aceleré la velocidad de la patrulla—. Señor, ¿cree que si grabo esto y lo subimos a Youtube seremos famosos? —La voz confidencial de Michael me sacó de mis casillas.

—¡Oficial Newton, está de guardia! —grité por el radio—. Le exijo que guarde la compostura y me informe del infortunio, cambio. —Prendí las sirenas de la patrulla y la adrenalina se apoderó de mi cuerpo en un santiamén.

Santa mierda.

¡Finalmente iba a tener un caso como los de película!

Si no fuera un hombre hecho y derecho de veintisiete años, probablemente estaría ovillado sobre el asiento, meciéndome de adelante hacia atrás, llorando de felicidad porque la espera finalmente había llegado a su fin. Me creía incluso capaz de besar a los malditos malhechores por traer el caos a éste jodido pueblo, hacerles una juerga de bienvenida, invitarlos a realizar más fechorías con tal de que trajeran un poco de acción a la monótona vida que vivía en éste lugar. Era capaz, demonios que era capaz de hacerlo.

—Estaba haciendo mi turno, señor, cuando escuché un sonoro estruendo proveniente de la taberna de Aro. Me acerqué por mera curiosidad, incluso traté de pasar inadvertido entre la gente, camuflándome con ellos, me compré una botella de cerveza solo para guardar apariencias…

—¡Newton, al grano!

—Salí de la taberna, señor, ya que nada estaba pasando. ¡Y justo en ese momento comenzó todo!, ¡yo estaba de espaldas a la puerta cuando empezaron los golpes y a romper las botellas!, ¡es un caos total!, ¡no puedo contar cuántas son las personas involucradas!

—Newton, estoy doblando la esquina, estaré allí en unos segundos. Trata de mantener la calma y ve si puedes hacer algo, avisaré inmediatamente a las otras unidades, creo que necesitaremos respaldos.

¡Oh, por todos los infiernos!

¡Ésta mierda se ponía cada vez más emocionante!

Doblé en la esquina rápidamente, haciendo un pequeño derrape con la patrulla debido a la alta velocidad a la que andaba. Sí, joder, me sentía como el mismísimo Schumacher (3). La sirena estaba encendida, haciendo el característico y molesto sonido que estas hacían. ¡Pero me sentía como un jodido policía federal o alguna mierda así!, ¡a la mierda esos tipos del FBI, aquí viene Edward jodido Masen por su código rojo! Estacioné a unos metros de la taberna de Aro, justo a un costado de la motocicleta de Newton. El novato estaba en la acera contigua mirando hacia el lugar sin hacer absolutamente nada, creo que el crío se había meado los pantalones. Pero él había tenido razón después de todo, ¡algo estaba pasando en el lugar y era algo endemoniadamente grande! Uno de los ventanales principales de la taberna estaba destrozado, hecho añicos literalmente. Se había formado un círculo de hombres que portaban unas chaquetas rojas, sin mangas y de cuero, a alguien tenían acorralado en el centro del círculo, me era difícil ver a la otra persona entre tanta maldita testosterona junta.

Mierda.

Newton había tenido la razón todo éste tiempo, ¡era un puto código rojo!

Me bajé de la patrulla y tomé la radio para pedir por ayuda.

—Oficial Masen, reportándose —comuniqué, sin quitar mis ojos de los cuerpos que repartían golpes sin cesar de un lado a otro—. ¡Atención a todas las unidades!, ¡atención a todas las unidades! —grité, llevando mi mano inconscientemente hacia la pistola que descansaba en mi cinturón—, ¡tenemos un código rojo!, repito, ¡código ro…

Y ahí, entre esa multitud de testosterona motoquera, vi al causante de todo el embrollo.

La causante.

¿Pero qué demonios?

En medio de todo ese círculo de músculos y cuero estaba la menuda figura de una muchacha. Creía que era una muchacha, ¿qué chiquillo llevaría un canguro de color amarillo patito?, tenía que ser una fémina con un asqueroso gusto en ropa. Con el ceño fruncido me incliné para observarla mejor. Era casi imposible hacerlo ya que el capuchón de su chaquetón cubría su rostro, y sus largas hebras castañas la ayudaban a esconderse. En definitiva se trataba de una niña, y yo había visto ese horrible canguro en algún lugar antes.

—¡Oficial Masen! —Newton corrió hacia mí, su aniñado rostro estaba rojo como el infierno, una gota de sudor caía perezosamente desde su cuero cabelludo. Él era un nenaza con todas las letras de la palabra, ¡se había hecho en sus pantaloncillos como dije!

—Newton, ¿quién es la chiquilla? —le pregunté confundido, sin quitar mis ojos de su pequeña figura.

¿Dónde carajos había visto yo ese canguro amarillo?

—¡Isabella Swan, señor!

Isabella Swan.

La única hija del ahora retirado jefe de policía, Charles Swan, y de la peculiar Renée Swan.

—¡Falsa alarma! —chillé, cancelando el llamado con una nota de hastío en la voz—. ¡Falsa alarma!, es la chica Swan, yo me encargo de esto. —Suspiré volviendo a acomodar la radio en su lugar. Cerré la puerta de la patrulla y me preparé mentalmente para la pelea—. Newton, necesitaré tu ayuda para sacar a la chiquilla de ahí.

—P-Pero señor…

—¡Es una orden! —El novato asintió temeroso cuando alcé la voz.

Nos acercamos al epicentro del alboroto, donde Swan seguía batallando por sí sola contra esos grandes muchachos. Rodé mis ojos y me abrí paso entre la pelea. Una de las cosas buenas de ser policía era que, bueno, en pueblos pequeños eres como una jodida eminencia. Valía la pena lucir el ridículo sombrero, porque lo es, ridículo, lo odio como la puta madre pero son gajes del oficio, supongo. Los hombres dejaron de luchar cuando me vieron acercarme en compañía de Newton, todos menos Isabella, que seguía despotricando como una yegua salvaje.

Pero con clase.

La chiquilla hablaba de una forma que me hacía querer sacarle la mierda de encima por sabelotodo.

—¿Eso es todo lo que tienen? —preguntó la muchacha, pasando su brazo bruscamente por su labio donde tenía un corte que sangraba—. Y yo pensé que sus testículos habían bajado, ya veo que me he equivocado, por supuesto, deben tener un par de ovarios ahí dentro tan iguales a los míos. Ya saben lo que dicen, las apariencias engañan, me siento malditamente estafada. —La chiquilla sonrió, provocando a la pandilla.

—¡Cierra la boca, pequeño pedazo de mierda! —gritó uno de los gigantes, sosteniendo un arma corto punzante en su mano.

—Y ciertamente carecen de un amplio vocabulario, ¿qué esperabas, Isabella?, ¿delincuentes cultos? —Ella seguía con su monologo sin más—. Debería darles una asquerosa vergüenza que un "pedazo de mierda" como yo pueda patear sus traseros, me pregunto qué dirán sus mamis sobre esto…

Cuando el tipo iba a abalanzarse sobre la niña, hice algo que había esperado toda mi vida hacer. Saqué mi hermosa arma de su funda y disparé tres veces hacia el cielo. Santa mierda, creo que me fui en los pantalones por lo sublime de la emoción, ¡ahora sí que me sentía como un maldito policía! Fue mucho mejor que un orgasmo múltiple, se los aseguro, ¿un buen polvo?, ¿qué carajos es eso? El bullicio paró de repente, todos los ojos estaban sobre mí, el delincuente había parado a mitad de camino, aun sosteniendo la botella rota en lo alto de su mano. La chica Swan me observó de brazos cruzados, alzando sus cejas hacia mí.

—¿Qué creen que están haciendo en mi pueblo? —Utilicé mi voz de policía cabrón al hacer esa pregunta. Nadie contestó—. Preguntaré una vez más, ¿qué demonios creen que están haciendo en mi pueblo?

—Eh, jefe, no queríamos causar problemas, pero ella…

—Los causaron, no me importa el por qué, el cómo ni el dónde. Están haciendo un alboroto que tiene a los ciudadanos con los pelos de punta. —Acomodé mi gorra—. ¡Y tú, suelta esa maldita botella! —Apunté al hombre con mi pistola, solo estaba jodiendo, lamentablemente. El tipo abrió su palma dejando caer el resto de la botella en el suelo, los vidrios cayeron hacia todos lados y él se giró lentamente hasta enfrentarme—. Swan, ¿puedes explicarme esto?

La muchacha se giró lentamente, con una inteligente sonrisilla en sus dañados labios. Alzó una de sus cejas perezosamente y luego rodó esos ojos que me sacaban de quicio por la jodida astucia que mostraban. Mocosa insolente, eso era, una chiquilla que no conoce la palabra respeto hacia sus mayores. ¿Dónde demonios la había visto antes?

—Pasa que estoy rodeada de neandertales, eso es lo que pasa… —Ella entrecerró sus ojos y se acercó a mí lentamente, cuando estuvo lo bastante cerca su mirada se fijó en la placa sobre mi pecho. La muchacha luego bajo la vista con parsimonia, y con descaro me recorrió con sus adolescentes ojos—. Village People (4) —murmuró traviesamente.

Un puto tic se apoderó de mi ojo cuando me comparó con ellos.

¡Debe ser por el puto gorro!

—Váyanse de mi pueblo y no regresen nunca más —murmuré sin quitar mis ojos de la muchacha—, ya han hecho bastante daño por aquí, no queremos esto. No habrá cargos si obedecen. —Por favor que no aceptaran, por favor no, no quería volver a tener que lidiar con la señora Cope—. Y cuando digo "nunca más", me refiero a nunca más, muchachos. O si lo prefieren, puedo contactar con algunos de mis amigos en Seattle…

Los motoqueros comenzaron a hacer ruidos de molestia en general.

—¿Eso va para mí también, oficial?, no me importaría pasar una noche en la celda, podría mostrarte qué tan bien sé manejar eso que llevas en el pantalón. —Abrí mis ojos sorprendido por su descaro, ella rio—. ¿Qué?, ¿en qué piensa el oficial?, ¡me refería a la luma!

Claro, la luma, la había olvidado.

Carraspeé y mis ojos se desviaron hacia los Chaquetas Rojas.

—¿Y?, ¿a qué demonios están esperando? —Alcé una de mis cejas mientras me cruzaba de brazos.

La pandilla rezongó y reclamó fervientemente entre dientes mientras caminaban hacia sus motocicletas y seguían mis palabras al pie de la letra. Cuadré mi mandíbula y mantuve mi expresión estoica aunque estuviera llorando y gimiendo como una nena por dentro. Les juro que estuve a punto de llorar como una puta cría cuando los vi partir, ¿qué clase de maricas eran?, ¿no iban a enfrentarse a mí?, ¿por qué tenían que tocarme delincuentes obedientes? ¡Sabía que todo no podía ir malditamente bien con éste código rojo!, ¡no!, ¡claro que no!, ¡tenían que tocarme estos maricas, joder! Suspiré derrotado cuando sus motocicletas desaparecieron al final de la carretera. ¡Ellos ni siquiera habían intentado persuadirme! ¡Demonios!, ¡ahora me encontraba putamente enojado!

—Entonces… ¿Qué harás conmigo?, no puedo irme del pueblo, no puedes llevarme en tu patrulla, soy menor de edad. —Se encogió de hombros—. Y la correccional… nah, queda bastante lejos de Forks, no querrás mandar a una inocente como yo con todas esas aberrantes muchachas, ¿no? —Ella comenzó a hacer ojitos, haciendo sobresalir su labio inferior.

—Vuelve a tu casa, niña, y no te metas en problemas nuevamente…

—Tu cara se me hace conocida, oficial, ¿nos conocemos de antes? El oficial Black era quien se ocupaba de mí antes.

—El oficial Black fue transferido a la reserva Quileute, ahora estoy a cargo. —Me crucé de brazos, ella posó su mirada sobre mi brazo tatuado—. Y no creo que nos conozcamos, muchacha, primera vez que tengo que lidiar con algo como tú. —Me giré hacia Newton que había presenciado todo sumido en un eterno silencio—. Vamos a la comisaria, no tenemos nada más que hacer aquí.

—¡Es un demonio! —chilló Aro, saliendo de su taberna y apuntando a Isabella, quien sonreía divertida por la situación—, ¡la cárcel debería ser tu lugar, engendro del mismísimo demonio! ¡Debes pagar por tus pecados! ¡Estarás condenada!

—¡Oh vamos, hombre!, he traído un poco de diversión a éste deplorable lugar, ¿hace cuántos siglos que no veías algo así?, ¡te traje recuerdos de tu viejo oeste!

—¡No soy tan viejo!

—Pues, amigo, déjame decirte que esas arrugas dicen lo contrario. —La cara del viejo Aro se tornó roja por la rabia—. Y ese olor a cementerio que traes… tsk, a alguien le llegará la hora rápido, ¿qué dice, oficial?

—Isabella… —Alcé una ceja, mandándola a callar—. Aro, regresa a tu taberna. Esos tipos eran Chaquetas Rojas, la pandilla líder de Seattle. —Una pandilla bien malditamente cobarde, déjenme decirles—. Isabella hará trabajo comunitario en tu taberna, y con eso te ayudará a pagar los gastos que acarreó el problema, ¿cierto, chiquilla?

Infló sus mejillas y entrecerró sus ojos.

—Si me das una cerveza más, podrías considerarlo hecho, anciano.

—¡Quiero que ella pague!

Aro era un viejo borracho de unos setenta años que subsistía gracias a las ganancias que le daba el roñoso bar, que era de su propiedad desde tiempos remotos en los que yo reposaba tranquilamente como espermio en las bolas de mi señor padre. Con su huesudo dedo índice seguía apuntando a Isabella, tenía éste tic en el ojo que me estaba perturbando, el pobre bastardo había tenido un accidente unos años atrás por manejar borracho y su ojo salió dañado. Era como el ojo de un puto buitre, todo saltón, observándote fijamente.

Un escalofrío recorrió mi espalda, tuve que desviar la vista de esa maldita distracción que era.

—Y tú, no deberías permitir el acceso a menores de edad, y menos venderles bebidas ilícitas. —El viejo se puso blanco como la cal y tragó saliva, su dedo titubeó en el aire—. Hombre, guarda silencio y acata la orden, podrías salir más perjudicado tú si sigues con esto. Para nuestra desgracia, la nena es imputable, en cambio tú… —Aro asintió de igual manera, sin nada más que decir.

—¡Ya escuchaste al oficial buenote, viejo buitre!

—La próxima vez no estaré cerca para salvar tu trasero, muchacha. —Rodó sus ojos y me ignoró completamente—. Estaba hablando enserio sobre el trabajo en la taberna. Esos hombres eran unos Chaquetas Rojas, ¿sabes quiénes son ellos?

—No es como si me metiera a internet a buscar información sobre los criminales de la zona, ¿no? Sé que probablemente puedo Googlear esa información, pero, me creas o no, gasto mi tiempo en cosas muchísimo más productivas... Una de esas ahora será observarte, por ejemplo. Así que, sinceramente y poniéndome al nivel de esos trogloditas que tú haces llamar Chaquetas Rojas… Me vale verga. —Me guiñó un ojo, completamente sonriente.

—Pues no debería valerte verga, joder. Esos tipos son peligrosos, niña, son uno de los clubes motoqueros que manejan la ciudad de Seattle. No sé qué hacían por estos lados, pero procura mantenerte alejada de ellos la próxima vez. Peligro, ¿entiendes el significado de esa palabra?

—¿Eso que huelo es preocupación? —Me miró por sobre su hombro y sonrió con picardía.

La guie hacia la patrulla para llevarla a la comisaría y agendar lo del trabajo comunitario. Newton caminaba junto a nosotros observando a Isabella embelesado, y una curiosidad chisporroteante resaltaba en sus ojos azules al estar presente en nuestro intercambio de palabras. Jóvenes, no tenía nada qué decir, una vez yo lucí igual de idiota que el rubio. Swan iba tarareando una canción y movía su cabeza al ritmo de ésta, me estaba sacando de mis casillas fácilmente. Era como si ella hubiera sacado un máster en sacarme de mis casillas.

Una vez llegamos a la patrulla detuvimos nuestro andar.

—¡Ya sé de donde te conozco! —chilló, su sonrisa acrecentándose aún más.

Luego, ella hizo algo que me agarró completamente desapercibido. Con un veloz movimiento de su pequeña mano, me quitó la gorra de policía y se la puso sobre su cabeza. Swan dio una vuelta y luego se detuvo frente a mí nuevamente, estirando sus brazos a ambos costados de su cuerpo, queriendo decirme algo con ese gesto. Yo aún estaba malditamente sorprendido por la velocidad en la que me hacía arrebatado la gorra. Qué demonios, ¿era hija de Flash?

—Acabas de agregar otro delito a la lista.

En Forks había una jodida ley que condenaba a cualquiera que osara a arrebatarle la gorra a un oficial.

—Ya tenía acumulado uno de estos en la lista, realmente, ¿es que aún no me recuerdas? —preguntó con fingida tristeza—. Me hiere que no recuerdes a la delincuente más joven del condado, a los ocho años sabía malditamente bien cómo sacar Skittles de la tienda de la señora Stanley… Y esconderle la cartera.

Y ahí lo recordé.

Claro que había visto ese asqueroso canguro amarillo en algún lado.

¿Qué tienes ahí?

La pequeña niña debía tener unos ocho años o nueve años. Su espalda se tensó cuando le pregunté eso. Me habían mandado de niñera, todo por ser el nuevo, joder, ¿qué estaba haciendo aquí tras una mocosa cuando podría estar en la calle trabajando en algo real? El oficial Black me odiaba endemoniadamente, puto viejo, la agarró conmigo desde que puse un pie en la comisaría. La enana me miró por sobre su hombro, unos grandes y peligrosos ojos color chocolate. Mierda, yo había visto esa mirada antes en una personita igual de pequeña que ella, no traía nada, nada bueno.

Buenos días, señor policía. —Ella se dio vuelta toda sonrisitas y cruzó sus brazos por su espalda—, ¿me deja ver su placa?

No. ¿Qué estabas haciendo?

Nada.

Nos miramos fijamente por unos largos segundos, entrecerré mis ojos y me agaché a su altura.

Tiene unos bonitos ojos verdes, señor policía.

Y tú tienes una naricilla que hace un extraño movimiento cuando estás mintiendo, pequeña Swan. —Piqué la punta de su nariz con mi dedo índice, haciendo que la niña frunciera el ceño—. Ahora dime la verdad, ¿qué estás haciendo en éste callejón? No es un lugar para una niña.

¿Qué son esos dibujos? —me preguntó, ignorando por completo mi pregunta y pasando su pequeña mano por sobre mi brazo tatuado—, papá tiene uno de estos en el trasero, ¿sabe?, es un hot dog… —La niña hizo una mueca con sus labios—. Mamá lo odia, siempre le dice que no debe andar de borracho ya que esas son las consecuencias… ¿Qué tan borracho estaba usted oficial?

¿D-Disculpa?

¿Qué tan borracho estaba para hacerse uno de estos taaan grande? —Ladeó su cabecita con verdadera curiosidad. Carraspeé incómodo y rasqué mi nuca, la chiquilla me había deslumbrado con su cháchara por un lapsus de momento—. Los suyos son más lindos que el de papá.

Yo no estaba borracho. —Observé los diferentes motivos que llevaba tatuados en el brazo y sonreí—. Para nada de borracho, estaba completamente lúcido, corazón. Ahora, y antes de que vuelvas a desviar el tema —sonrió aniñadamente con inocencia—, lo preguntaré por última vez, ¿qué estás haciendo aquí?

Cuando iba en preescolar, a James le gustaba tomar los alimentos de Jasper —fruncí el ceño—, entonces, una vez le dije a Jasper que lo mejor sería esconder nuestras galletas, así James no se las llevaría… Funcionó —Ella me estaba tratando de engatusar nuevamente, demonios—. Y lo seguimos haciendo hasta el día de hoy, aunque James ya no esté con nosotros, señor oficial.

¿Qué tiene que ver todo eso con la pregunta…? —Una ampolleta se prendió en mi dura cabezota—, ¿qué estás escondiendo aquí?

Isabella se acercó a mi rostro, formando un cono con sus manitas sobre su boca, susurró junto a mi oído.

Escondo los Skittles de la señora Stanley.

Cuando se echó hacia atrás, cruzó sus brazos tras de su espalda, luciendo inocente de un momento a otro con esa suave sonrisa que adornaba su rostro de niña. No pude evitar sonreír por su ingenio, ella era inteligente para su edad. Suspiré poniéndome de pie y mirando una vez al cielo para pensar en qué íbamos a hacer. La señora Stanley me había hablado sobre la pequeña ladronzuela de dulces. ¿Qué carajos podía hacer yo con una niña?, claramente no podía leerle sus derechos y subirla a la patrulla, ¡era una nenita de ocho años! Rasqué mi cabeza, calentándomela de tanto pensar en…

Joder.

Esperen.

¿Dónde coño está mi gorra?

¡Nos vemos en otro momento, oficial Masen! —Con el ceño fruncido bajé la mirada, Isabella corría a lo largo del callejón, su canguro amarillo que era cerca de cinco tallas más grandes que ella seguía el compás de sus movimientos.

Y ahí, sobre su cabeza de niña loca, estaba mi gorra.

La pequeñina Swan se había convertido en una irreverente adolescente.

Debí haber hecho la relación luego de ver el horrendo canguro amarillo que llevaba.

—Swan… —Ella sonrió, aún con la gorra sobre su cabeza—. Quedas bajo arresto por tu falta de irrespetuosidad. —Y una mierda, ¿siquiera existía eso?, bueno, ¿quién es la ley aquí?, Edward jodido Masen, señores—. ¿Me haces los honores, muchacha? —Le enseñé las esposas que sostenía en mis manos.

—El sueño de cualquier chica es ser esposada por el amor de su vida, ¿eh?, lo estoy cumpliendo justo aquí.

—¿Amor?, te llevo más de diez años, mocosa. —La chiquilla estiró sus brazos, entregándose a mi merced. Ella me miraba atentamente mientras yo me acercaba a su menudo cuerpo para acomodar las esposas sobre sus magulladas y muy delgadas muñecas.

—Para el amor no hay edad, ni límites, ni leyes… Eso dijo mamá luego de tirarse a Phil, el energúmeno de la tienda de vídeos. El amor llega cuando le da la puta gana, oficial Masen. Traiga sus esposas, felizmente me entrego como su prisionera.

En un inesperado movimiento me atrapó entre sus brazos, las esposas nos mantenían unidos, sin darme acceso a escapar. La observé alzando una de mis cejas, ella sonreía completamente divertida con la situación, su cuerpo estaba jodidamente pegado al mío, su cabeza apenas y me llegaba a la altura del pecho. Ella estaba haciendo ese adorable gesto con su nariz que había hecho el día en que la había atrapado escondiendo los dulces que había sacado de la tienda de la señora Stanley.

Una niña.

Eso era, una niña que arrugaba su respingona naricilla cada vez que mentía… O se ponía malditamente nerviosa.

10 de Junio, 2014.

—Hey, tú, ladronzuela, ¿te llevo chocolates?

—¡Pero mira que buen cuñado salió nuestro Jazzy! —gritó Isabella, guiñándome un ojo—, por favor llévame unos Hershey's, tu hermano aquí tiene una obsesión absurda con las donas, es todo lo que comemos en la comisaría.

—Jasper no es tu cuñado —murmuré, apretando un poco más las esposas solo por el placer de verla fruncir el ceño—, y las donas de Sue son el paraíso, si no te gustan, joder, deja de meterte en tantos malditos problemas.

—¿Y dejar de ver todo esto? —Trató de abarcar mi anatomía pero las esposas eran un impedimento—. No lo creo, campeón, si yo no hago el intento de verte tú ni siquiera moverías un dedo, alguno de los dos tiene que mantener la llama viva, ¿no?

—Bien, es la hora. —Suspiré, cansando de hacer esto todas las putas semanas—. Isabella Swan, tienes derecho a permanecer en silencio, cualquier cosa que digas podrá ser utilizada en tu contra… Ya, vale, te sabes esa mierda de memoria, ¿podríamos simplemente irnos?

—¿Estás tan ansioso de que estemos solos? —Sonrió con picardía—. No tengo problemas en que nos vayamos moviendo. ¡Jasper no se te ocurra interrumpir si no encuentras a tu hermano tras su escritorio, probablemente lo esté entreteniendo tras las rejas!

—¡Y una vez más, joder, no quiero escuchar esas cosas!, ¡no seré cómplice de éste pedófilo de mierda! —Mi hermanito hizo una fingida mueca de asco con sus labios.

—Siempre dañas mis oídos con tus diatribas sobre qué tan estrecha era la vagina de tal fulana, de cómo concluyeron el coito y cuánto anhelas volver a vivir una experiencia así. Siempre es el mismo discurso, imagina eso teniendo en cuenta de que eres un asquerosos mujeriego. —Tosí tratando de aguantar la risa por las palabras que Isabella usaba, ¿es que acaso tenía realmente diecisiete años?—. Jasper, amigo, no te queda más que aguantar mis palabras, me la debes —Los ojos de Swan me miraron interrogantes—. ¿Nunca le hablaron a Jasper en casa sobre las enfermedades de transmisión sexual si iba de hoyo en hoyo?, sé que en el colegio lo hicieron, yo estaba allí, pero estamos hablando de tu hermano…

—Carlisle le dio la charla cuando tenía doce… ¿por qué demonios estamos hablando de esto?

—Curiosidad.

—Eh, Swan… ¿y qué se supone que haga con esto? —Jasper posó su mano sobre la cabeza marrón del mocoso que estaba junto a él. El niño resopló y se removió violentamente de su toque, como si le estuviera quemando como el mismísimo infierno. Seth se cruzó de brazos y observó a mi hermano con los ojos entrecerrados, retándolo a tocarlo una vez más—. Joder, quiere morderme, ¿no tiene la rabia?

—Para tu suerte y nuestra desgracia, él está con todas sus vacunas al día —murmuró Isabella, divertida—. Seth, Jazz cuidará de ti, ¿sí?

—¡No quiero!, ¡es un idiota!

—Idiota y todo es mejor que papá, ¿no? —Ambos Swan rodaron los ojos—. Jasper es mi elfo doméstico, y ahora lo dejaré libre para que sea el tuyo, ¿sí? Hará todo lo que digas.

—¿Todo? —El enano sonrió maléficamente—. Está bien.

—No, con un demonio, no cuidaré de Chucky, estás loca, Bella. ¡Mira esa maldita sonrisa!

—No tienes derecho a reclamar nada, te dije que me debías una… Aquí está tu castigo, solo será hasta que tu hermano se aburra de mí —Ella volvió a sonreír—. Esperemos que eso nunca pase. Seth, haz caso a Jazz en lo que te diga, no lo hagas sufrir… mucho, y por favor… ven a darle un abrazo a tu hermana, ¿sí?

Seth corrió hacia su hermana y enredó sus brazos en torno a su cintura.

—¿Por qué el oficial Masen sigue llevándote al calabozo?

—Porque a ese lugar van los chicos malos, y tu hermana es una de ellos —le respondí. El mocoso se mordió el labio inferior y asintió con su cabeza—. Tú debes portarte bien para que no sigas los pasos de Isabella, lo sabes, ¿no?

—Bella me lo dice siempre, oficial —Asentí a sus palabras, la atención del niño fue a su hermana mayor—. ¿Vendrás a buscarme?

—¿Quién más si no?, iré por ti apenas salga del calabozo —Isabella dejó un beso sobre la cabellera marrón de su pequeño hermano—. Quedan diez días para tu cumpleaños, enano, ¡serás un niño grande de siete!, esto es porque tu hermana finalmente consiguió lo que querías para ese día, ¿eh? —Ella le guiñó un ojo y luego se giró hacia mí—. También puedo darte tu regalo, ahora, si así lo desea mi querido oficial… Bueno, sería mi regalo adelantado de cumpleaños —Swan me observó con sus grandes ojos marrones—. ¿Qué dices?

—Digo que metas tu culo dentro de la patrulla para que sigamos con esto como corresponde —Abrió la boca para decir algo pero se lo impedí—. Diecisiete años —la apunté con mi dedo índice—, a punto de cumplir treinta —me apunté a mí—, no va a pasar ni ahora, ni mañana, ni nunca.

—Oficial Masen, nunca diga nunca.

Cuán malditamente cierta era esa frase.


(1) "CSI: En la escena del crimen" serie policial estadounidense.

(2) Personaje de las películas "Rápido y Furioso", intepretado por Paul Walker.

(3) Ex-piloto alemán de automóviles, conocido por su participación en la Fórmula uno.

(4) Fue una innovadora formación musical de estilo disco de finales de los años 70, uno de sus singles más conocidos es "YMCA".


¡Buenos noches!

Primero, antes de empezar con los típicos "Marina, no deberías estar haciendo esto", muchísimas gracias a Sarai por la ayuda que me brindara en esta historia como beta, ¡gracias mujer, eres un sol!

Y ahora empiezo:

"Marina, no deberías estar haciendo esto" pero bueno, que va, si quiero pues lo hago (?) ¿Vale decir que estoy emo total porque en la Universidad solo tendré una asignatura, por ende, solo debo ir un día? Eso para una persona cero-productiva como yo no es bueno, seré literalmente una lacra en mi casa y quiero sentirme útil en algo, así que aquí me tienen XD Ya tengo suficiente sabiendo que tendré clases con gente que no conozco y yo soy muy anti-gente-que-no-conozco, so, necesito algo que me saque de ese mundillo y que mejor que fanfiction, incluso se me vino a la mente como seguir "Tres, dos, uno, ¡estamos al aire!" miren lo que hace la depresión (?) XDDD Así que aquí les dejo el prólogo del fic, cierta persona me retara por esto (Aleja culiá, cállate) pero no me importa jijiji. Eso si, como siempre, les pido paciencia para esta oveja, porque a veces puede subir caps como bala y, pues, luego se puede demorar un tantito, pero me tendrán aquí si o si, aunque sea una vez a las mil quinientas.

¡Ojalá lo hayan disfrutado y nos seguimos leyendo!

Lamb.